México enfrenta una nueva fase de la crisis provocada por el gusano barrenador del Nuevo Mundo, una plaga causada por la mosca Cochliomyia hominivorax cuyas larvas se alimentan de tejido vivo y que ya ha provocado más de 500 casos de miasis en seres humanos durante el actual brote, además de miles de infestaciones en animales. La situación ha obligado a las autoridades sanitarias y agropecuarias a reforzar la vigilancia, especialmente en el sur y sureste del país, mientras aumentan las preocupaciones por su impacto sobre la ganadería y por el riesgo de que la expansión del parásito vuelva a complicar el comercio de ganado con Estados Unidos. Aunque la enfermedad humana no se transmite de persona a persona, una herida abierta puede convertirse en la puerta de entrada para las larvas, capaces de destruir tejido y provocar infecciones graves e incluso la muerte cuando la infestación no recibe tratamiento oportuno. La evolución del brote muestra que México ya no enfrenta únicamente un problema veterinario: se trata también de un desafío de salud pública, económico y fronterizo.
El nombre popular de la enfermedad puede resultar engañoso. El denominado “gusano barrenador” no es un gusano independiente, sino la fase larvaria de una mosca conocida científicamente como Cochliomyia hominivorax. La hembra deposita sus huevos en heridas, cortes, mucosas u otras zonas vulnerables de animales de sangre caliente. Cuando las larvas nacen, comienzan a penetrar y alimentarse del tejido vivo, provocando lesiones que pueden aumentar rápidamente de tamaño.
A diferencia de otras formas de miasis que se desarrollan principalmente sobre tejido muerto, esta especie tiene una característica particularmente peligrosa: las larvas necesitan tejido vivo para alimentarse. Por eso una pequeña herida puede convertirse en una infestación grave si no es detectada y tratada a tiempo. Estudios especializados describen a Cochliomyia hominivorax como un problema tanto de salud animal como humana.
La infección tampoco funciona como una enfermedad respiratoria o viral. No existe transmisión de persona a persona, y una persona infectada no contagia directamente a otra. El riesgo aparece cuando una mosca encuentra una herida adecuada y deposita allí sus huevos. La Secretaría de Salud de Ciudad de México ha insistido precisamente en este punto al explicar los casos atendidos en la capital.
De una enfermedad principalmente ganadera a un problema humano
El brote mexicano comenzó a adquirir una dimensión sanitaria especialmente preocupante cuando aparecieron los primeros casos humanos. La Secretaría de Salud confirmó el primer caso humano en México en 2025, correspondiente a una mujer de 77 años en Chiapas. Posteriormente, la infección comenzó a aparecer en otras entidades.
Durante 2025 se contabilizaron 111 casos humanos de miasis vinculados con el gusano barrenador, de acuerdo con información presentada ante la Cámara de Diputados. La mayor concentración se produjo en Chiapas, aunque también se registraron infecciones en otros estados del sureste.
La situación evolucionó durante 2026. En mayo, Veracruz ya acumulaba 30 casos humanos, mientras Chiapas registraba 34, convirtiéndose ambos estados en los principales focos de la enfermedad en personas. En ese mismo período comenzaron a detectarse casos en nuevas entidades, ampliando geográficamente la preocupación sanitaria.
Para julio, los informes epidemiológicos oficiales ya mostraban cientos de casos acumulados. Un reporte basado en los datos de vigilancia de la Secretaría de Salud situó en 372 los casos confirmados hasta el período analizado, mientras informes posteriores del brote elevaron el acumulado por encima de 500 y registraron tres fallecimientos.
Esto explica por qué la cifra de “más de 500 personas” que circula actualmente debe interpretarse como una actualización del acumulado del brote y no como el número de nuevos casos aparecidos en pocos días.
¿Qué ocurre dentro de una herida?
El proceso puede comenzar de una manera prácticamente imperceptible.
Una mosca adulta puede localizar una herida pequeña y depositar allí sus huevos. Entre aproximadamente 12 y 24 horas después, las larvas pueden comenzar a emerger y alimentarse del tejido. Durante varios días aumentan de tamaño mientras penetran progresivamente en la lesión. Una vez completado su desarrollo, abandonan al huésped y caen al suelo, donde continúan su ciclo biológico.
Por eso las autoridades insisten especialmente en la revisión y tratamiento inmediato de cualquier herida en personas y animales.
En humanos, los síntomas pueden incluir dolor, inflamación, secreción, mal olor, sensación de movimiento dentro de la lesión y destrucción progresiva del tejido. Dependiendo de la localización, la infestación puede comprometer tejidos profundos y generar complicaciones secundarias.
El tratamiento requiere retirar las larvas y limpiar adecuadamente la herida. En determinados casos se utilizan medicamentos antiparasitarios, además de procedimientos destinados a eliminar completamente las larvas restantes.
El sureste mexicano concentra buena parte del problema
La expansión no se produce de manera uniforme.
Chiapas ha sido históricamente el principal epicentro mexicano del brote. Su ubicación en la frontera con Guatemala es especialmente relevante porque el gusano barrenador avanzó desde Centroamérica hacia México antes de extenderse progresivamente hacia otras regiones.
También han aparecido casos en Veracruz, Oaxaca, Yucatán, Campeche, Tabasco, Quintana Roo y otros estados, mientras las autoridades continúan ampliando la vigilancia epidemiológica.
Las condiciones climáticas también desempeñan un papel importante. Las temperaturas elevadas y la humedad favorecen el desarrollo del insecto, especialmente en regiones tropicales y subtropicales.
Por eso el avance de la temporada cálida y lluviosa constituye un factor que las autoridades deben observar con especial atención. Una mayor población de moscas significa también mayores oportunidades para que los animales con heridas sean infestados.
El verdadero gigante del problema está en los animales
Aunque los casos humanos son los que generan mayor alarma pública, la principal amenaza económica continúa estando en la ganadería.
El gusano barrenador puede afectar bovinos, equinos, ovinos, caprinos, porcinos, perros y otros animales de sangre caliente. Una herida aparentemente pequeña puede transformarse en una infestación grave y provocar pérdidas productivas, gastos veterinarios y, en determinados casos, la muerte del animal.
México ya acumulaba miles de casos de gusano barrenador en animales antes de que la dimensión sanitaria humana alcanzara las cifras actuales. En enero de 2026, información presentada ante el Congreso señalaba más de 14.000 casos acumulados desde la primera detección del brote en noviembre de 2024.
Estados como Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro también han reportado centenares de casos acumulados en animales, lo que demuestra que la expansión dejó de estar limitada a la frontera sur.
El problema que llegó hasta la frontera con Estados Unidos
La expansión del gusano barrenador tiene además una dimensión internacional.
Estados Unidos considera la plaga una amenaza seria para su industria ganadera porque el país consiguió erradicarla hace décadas y no quiere que vuelva a establecerse de manera permanente.
México y Estados Unidos ya habían desarrollado una de las campañas de control de plagas más exitosas del mundo. Mediante la denominada Técnica del Insecto Estéril, ambos países lograron reducir progresivamente la población reproductiva de la mosca hasta declarar a México libre del gusano barrenador en 2003.
La técnica consiste en producir grandes cantidades de moscas macho, esterilizarlas mediante radiación y liberarlas en las zonas afectadas. Cuando estos machos se aparean con hembras silvestres, los huevos no producen descendencia viable, reduciendo gradualmente la población.
El método fue tan exitoso que se convirtió en un modelo internacional de control biológico.
Pero el regreso de la plaga cambió nuevamente el escenario.
La reapertura del comercio de ganado depende de controlar la plaga
La preocupación sanitaria se transformó rápidamente en un problema comercial.
Estados Unidos llegó a suspender las importaciones de ganado mexicano debido al avance del gusano barrenador. Las restricciones provocaron importantes pérdidas para productores mexicanos y alteraron una cadena comercial que mueve millones de dólares.
Aunque Washington y Ciudad de México han trabajado posteriormente en reaperturas graduales, la amenaza continúa condicionando el comercio. Las autoridades estadounidenses mantienen controles sanitarios estrictos para impedir que animales infestados crucen la frontera.
El problema tiene una dimensión todavía mayor: si la mosca consigue establecerse permanentemente en el sur de Estados Unidos, el costo de erradicación podría ser enorme y afectar directamente a uno de los sectores económicos más importantes del país.
En 2026, incluso se confirmaron nuevamente casos del gusano barrenador en animales en Texas, después de décadas sin presencia establecida de la plaga en territorio estadounidense.
México vuelve a utilizar la estrategia que ya había funcionado
Ante la expansión, las autoridades mexicanas están reforzando una estrategia basada en vigilancia, tratamiento de animales infectados, control de heridas, inspecciones y liberación de insectos estériles.
Senasica ha impulsado además investigaciones con especialistas en entomología, parasitología, biotecnología, epidemiología y ecología para desarrollar métodos sostenibles de control. La antigua infraestructura de producción de moscas estériles en Chiapas también vuelve a adquirir importancia estratégica.
La experiencia histórica demuestra que la técnica funciona, pero también que requiere una operación masiva y sostenida. No basta con liberar algunos insectos estériles durante unas semanas: la estrategia debe cubrir grandes áreas y mantenerse durante el tiempo necesario para reducir la reproducción natural.
El desafío actual es mayor que el de décadas atrás porque la población de la mosca ya ha avanzado por amplias regiones de Centroamérica y México.
El cambio climático también entra en la ecuación
La expansión geográfica del gusano barrenador ha generado otra línea de investigación: qué papel desempeñan el clima, las temperaturas y los cambios en los patrones de movimiento de animales.
Las altas temperaturas y la humedad pueden acelerar el ciclo reproductivo de la mosca. Además, el movimiento de ganado entre regiones puede facilitar la llegada del parásito a nuevos territorios.
Por eso el control sanitario ya no depende exclusivamente de combatir al insecto. También requiere controlar el traslado de animales, inspeccionar heridas y detectar rápidamente cualquier infestación.
La movilidad ilegal de ganado representa otro riesgo particularmente delicado, porque puede permitir que animales infectados atraviesen controles oficiales y lleven la plaga a regiones donde todavía no estaba presente.
Antes, ahora y después
Antes del actual brote, México había logrado demostrar que el gusano barrenador podía ser eliminado mediante cooperación internacional, vigilancia y biotecnología. La campaña desarrollada junto con Estados Unidos durante décadas se convirtió en un ejemplo mundial de control de una plaga mediante insectos estériles.
Ahora el país enfrenta una situación completamente diferente. La plaga regresó desde Centroamérica, se estableció en amplias regiones del territorio mexicano y pasó de representar principalmente un problema veterinario a generar más de 500 casos humanos acumulados y al menos tres fallecimientos durante el actual brote.
Después, el resultado dependerá de la velocidad con la que México pueda contener la reproducción de la mosca y evitar que continúe avanzando hacia el norte. También será decisivo el nivel de cooperación con Estados Unidos y otros países centroamericanos.
La prioridad inmediata será identificar y tratar rápidamente los casos humanos y animales, mientras se intensifica la vigilancia de las poblaciones de moscas. En paralelo, las autoridades deberán proteger las exportaciones ganaderas y evitar nuevos cierres fronterizos.
La historia ofrece una advertencia clara: México ya logró erradicar esta plaga una vez, pero el regreso del gusano barrenador demuestra que una enfermedad que parecía derrotada puede reaparecer cuando las condiciones ambientales, la movilidad animal y la pérdida de vigilancia favorecen su expansión.
Y esta vez el desafío es mayor. Ya no se trata solamente de salvar ganado. La presencia de Cochliomyia hominivorax en seres humanos convierte la lucha contra la mosca en un problema que involucra simultáneamente a hospitales, veterinarios, productores rurales, autoridades sanitarias, organismos de frontera y gobiernos de varios países.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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