La Administración Nacional de Usinas y Trasmisiones Eléctricas (UTE) informó que logró restablecer el 97 % de los servicios eléctricos afectados por el intenso temporal que golpeó a Uruguay, después de desplegar a más de 1.000 trabajadores para reparar una red que sufrió cientos de incidencias en distintos departamentos. El fenómeno meteorológico dejó en su momento más de 42.000 clientes sin suministro y afectó especialmente a Maldonado, Rocha, Cerro Largo y otros departamentos del este del país. Aunque la mayor parte de los servicios fue recuperada, todavía quedaban alrededor de 2.200 conexiones pendientes de reposición según el balance difundido el 9 de agosto, con dificultades particulares en zonas donde el acceso de las cuadrillas se vio complicado por los daños provocados por el viento. La emergencia volvió a mostrar la vulnerabilidad de las redes eléctricas frente a fenómenos meteorológicos extremos y puso a prueba la capacidad de respuesta de la empresa pública.
El episodio comenzó durante la noche del 6 de agosto, cuando un intenso temporal de viento atravesó buena parte del territorio uruguayo y provocó caída de árboles, ramas de gran tamaño, columnas, cables, voladuras de techos y daños en viviendas e infraestructura pública. Los equipos de emergencia tuvieron que trabajar simultáneamente en distintos puntos del país, mientras las cuadrillas de UTE comenzaban a identificar y reparar las averías de la red eléctrica.
El impacto inicial fue considerablemente mayor que el que refleja el balance posterior. Durante la mañana del 7 de agosto, UTE contabilizaba 42.425 clientes afectados, equivalentes al 2,44 % del total de usuarios de la empresa, y había identificado 346 incidencias en la red de distribución. Maldonado concentraba entonces 18.802 clientes sin suministro, seguido por Rocha, con 6.746, y Cerro Largo, con 6.575.
En términos relativos, la situación era todavía más severa en algunos departamentos. Cerro Largo tenía aproximadamente el 15,15 % de sus clientes afectados, mientras que en Rocha la proporción alcanzaba el 12,24 % y en Maldonado el 11,29 %. Esto significa que, aunque el número absoluto de cortes era diferente entre departamentos, determinadas zonas rurales y localidades pequeñas enfrentaban una afectación proporcionalmente mucho mayor.
Un temporal que golpeó primero al este
La distribución geográfica de los cortes coincide con las zonas donde se registraron algunas de las ráfagas más fuertes.
En Punta del Este, el Instituto Uruguayo de Meteorología registró una racha máxima de aproximadamente 100 kilómetros por hora, mientras que la estación de Laguna del Sauce alcanzó los 99 km/h. Ambos registros quedaron entre los más elevados del episodio meteorológico.
El problema para la infraestructura eléctrica no reside solamente en la velocidad máxima del viento. La combinación de ráfagas fuertes, árboles debilitados, ramas sobre las líneas, columnas derribadas y daños en instalaciones de distribución puede provocar múltiples interrupciones simultáneas y obligar a las empresas eléctricas a reconstruir sectores completos de la red.
Por eso, la recuperación no consiste simplemente en volver a conectar un interruptor. En numerosos casos las cuadrillas deben localizar la falla, despejar el acceso, retirar árboles o elementos peligrosos, verificar cables y columnas, reparar conductores y comprobar que la instalación sea segura antes de energizarla nuevamente.
Más de mil trabajadores participaron en la recuperación
UTE desplegó más de 1.000 trabajadores para enfrentar la emergencia. La presidenta de la empresa, Andrea Cabrera, recorrió el 8 de agosto zonas afectadas de Maldonado y acompañó a las cuadrillas durante las tareas de recuperación.
La presencia de las autoridades en las zonas afectadas tuvo además un componente operativo. En una emergencia de esta magnitud, la prioridad es determinar cuáles son las averías que pueden solucionarse rápidamente y cuáles requieren intervenciones de mayor complejidad.
La empresa explicó que la mayor parte de los servicios pendientes podía recuperarse durante el fin de semana y que solamente algunos casos podían prolongarse debido a problemas de acceso a los puntos afectados.
Ese detalle es importante porque muestra que el tiempo de recuperación no depende únicamente de la capacidad técnica de UTE. Cuando una línea se encuentra en una zona rural, rodeada de árboles caídos, caminos bloqueados o terrenos difíciles de atravesar, incluso una reparación técnicamente sencilla puede requerir varias horas adicionales.
De 42.000 cortes a una fracción en pocos días
La evolución de las cifras permite dimensionar el trabajo realizado.
El 7 de agosto, más de 42.000 clientes estaban afectados. Dos días después, UTE informó que había recuperado el 97 % de los servicios afectados, lo que dejaba aproximadamente 2.200 conexiones todavía pendientes.
La diferencia representa una reducción muy importante en el número de hogares y establecimientos sin suministro en un período relativamente corto.
Sin embargo, para las personas que permanecen sin electricidad, el porcentaje nacional puede resultar engañoso. Para un hogar que continúa sin suministro, que el 97 % del país haya recuperado la energía no cambia el hecho de que todavía enfrenta problemas concretos: conservación de alimentos, calefacción, comunicación, trabajo remoto, comercio y necesidades básicas.
Por eso, la etapa final de una emergencia eléctrica suele ser una de las más complejas. Los primeros cortes pueden ser resueltos en grandes cantidades mediante reparaciones relativamente rápidas, mientras que los últimos casos tienden a concentrar averías más difíciles, aisladas o ubicadas en lugares de acceso complicado.
Bomberos también enfrentó una emergencia de gran escala
La crisis eléctrica fue solamente una parte de los efectos del temporal.
Hasta las primeras horas del 7 de agosto, la Dirección Nacional de Bomberos había realizado 143 intervenciones en todo el país: 103 en el interior y 40 en el área metropolitana. Las actuaciones estuvieron relacionadas principalmente con voladuras de techos, caída de árboles, columnas derribadas, derrumbes parciales e ingreso de agua.
Rivera concentró 20 intervenciones, mientras que Melo registró 15, Minas 12 y Maldonado nueve. También hubo operaciones de emergencia en Rocha, Cerro Largo, Lavalleja, Paysandú, Salto, Florida, Colonia y Tacuarembó.
La distribución de los daños demuestra que no se trató de un fenómeno exclusivamente costero. Aunque el este sufrió algunas de las consecuencias más visibles, las ráfagas y los daños alcanzaron una parte considerable del territorio nacional.
El antecedente de otros temporales
Uruguay conoce desde hace años los efectos de los ciclones extratropicales y de los temporales de viento. El país ha experimentado episodios capaces de producir cortes masivos de electricidad y daños en infraestructura, especialmente durante los meses de otoño e invierno.
Un antecedente ocurrido en abril de 2026 permite comprender la dimensión del desafío. En aquel episodio, más de 110.000 clientes de UTE llegaron a quedar sin electricidad en el momento de mayor afectación, con fuertes impactos en Rocha, Maldonado, Lavalleja y Canelones. También se registraron cientos de intervenciones de Bomberos y una víctima fatal en Punta del Este después de un siniestro relacionado con un árbol caído.
La repetición de episodios de este tipo plantea una cuestión cada vez más importante: cómo preparar las redes eléctricas y las ciudades para fenómenos meteorológicos capaces de generar daños simultáneos en grandes extensiones del territorio.
La red eléctrica frente a un clima más extremo
El problema tiene una dimensión que trasciende a Uruguay. Las empresas eléctricas de todo el mundo están enfrentando una presión creciente para mejorar la resiliencia de sus redes ante tormentas, olas de calor, inundaciones, incendios forestales y vientos extremos.
En una red tradicional, buena parte de la infraestructura se encuentra expuesta al ambiente: líneas aéreas, postes, transformadores y otros componentes pueden resultar vulnerables cuando las condiciones meteorológicas superan determinados umbrales.
La alternativa de enterrar completamente las líneas puede reducir determinados riesgos, pero implica costos de inversión muy elevados y tampoco elimina todos los problemas. Por ello, las estrategias de resiliencia suelen combinar mantenimiento de la vegetación, renovación de postes, automatización de redes, sensores, sistemas de detección de fallas y planificación de contingencias.
En Uruguay, la capacidad de UTE para recuperar rápidamente el suministro constituye una ventaja institucional importante. La empresa dispone de una estructura nacional y de equipos que pueden desplazarse desde zonas menos afectadas hacia aquellas donde la emergencia es mayor.
La recuperación también tiene un costo económico
Los cortes de electricidad no representan solamente una molestia doméstica. Cada interrupción puede generar pérdidas económicas para comercios, industrias, productores rurales, restaurantes, hoteles y pequeñas empresas.
En Maldonado y Rocha el problema adquiere especial relevancia debido al peso del turismo y de las actividades comerciales vinculadas a la costa. Una interrupción prolongada puede afectar sistemas de refrigeración, medios de pago electrónicos, comunicaciones, iluminación y operaciones comerciales.
En el sector rural, además, la electricidad puede resultar esencial para bombas de agua, sistemas de ordeñe, refrigeración de alimentos, instalaciones productivas y comunicaciones.
Por ello, la velocidad con la que UTE logra recuperar el suministro tiene un impacto que va mucho más allá del número de clientes que aparecen en un mapa de cortes.
Ahora comienza la etapa menos visible
Una vez superada la emergencia inicial, comienza una segunda fase que suele recibir menos atención pública: la evaluación de los daños permanentes y la prevención de nuevos incidentes.
UTE debe identificar cuáles componentes de la red resultaron dañados de manera estructural, cuáles requieren reemplazo y cuáles pueden continuar funcionando después de una reparación. Paralelamente, las intendencias y otros organismos deben retirar árboles, reconstruir infraestructura y despejar caminos.
El objetivo no es solamente devolver la electricidad. Es dejar la red en condiciones para soportar el próximo episodio meteorológico.
El sitio oficial de UTE informó el 10 de agosto que todavía trabajaba en zonas afectadas por el temporal en tareas de seguridad y reposición, con 19.651 servicios interrumpidos en ese momento, lo que muestra que la recuperación continuaba después del balance inicial del 97 %.
Este dato también obliga a distinguir entre el balance del 9 de agosto y la situación posterior: el 97 % corresponde al comunicado sobre los servicios afectados por el temporal y no significa que posteriormente no hayan existido otras interrupciones o trabajos pendientes en sectores específicos de la red.
Antes, ahora y después
Antes del temporal, la red eléctrica uruguaya funcionaba dentro de parámetros normales y UTE mantenía una de las estructuras de distribución más extendidas de la región. El episodio meteorológico puso a prueba esa infraestructura de manera repentina, afectando decenas de miles de conexiones y obligando a movilizar a más de un millar de trabajadores.
Ahora, la mayor parte del servicio ha sido recuperada, pero las zonas más afectadas todavía requieren trabajos técnicos, revisión de instalaciones y reconstrucción de elementos dañados. El desafío consiste en cerrar los últimos puntos de interrupción sin poner en riesgo a las cuadrillas ni a los usuarios.
Después vendrá una etapa más estratégica: analizar qué falló, dónde se concentraron los daños y qué inversiones pueden reducir el impacto de futuros temporales.
La experiencia de agosto de 2026 deja así una conclusión que trasciende el dato del 97 % de recuperación. La verdadera medida de resiliencia de una red eléctrica no consiste únicamente en cuánto tarda en volver la electricidad después de una tormenta, sino también en cuánto puede resistir la infraestructura, qué tan rápido puede localizarse una avería y qué capacidad existe para evitar que el próximo fenómeno meteorológico produzca daños todavía mayores.
Para Uruguay, donde los temporales intensos forman parte de la realidad climática, esa capacidad de anticipación será cada vez más importante. El trabajo de UTE durante esta emergencia permitió recuperar rápidamente la mayor parte de los servicios, pero la siguiente etapa será convertir las lecciones de este episodio en infraestructura más resistente, sistemas de respuesta más rápidos y una red preparada para un escenario meteorológico cada vez más exigente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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