
Hoy les quiero hablar de un colombiano que migró hace cerca de diez años a los EEUU, buscando refugio, luego de que su padre hubiese sido asesinado por los cómplices sobrevivientes del cartel de Medellín, entre ellos probablemente algunos uniformados de la policía.
La violencia en este país no tiene límites, no respeta profesión, género, edad, atraviesa con su huella de sangre cualquier diferencia social o económica, muchas veces no nos concede el privilegio de saber por qué es ejercida con tal saña y sevicia contra personas que aparentemente han tenido una vida normal, incluso contra niños que ni siquiera han tenido una vida.
Hoy les vengo a hablar de Beto Coral (@Betocoralg). Como todo en este país, todas las personas y cosas tienen la impronta de pasiones extremas: Por una parte, apreciado por sectores progresistas por sus posturas valientes y documentadas en contra de personajes muy controversiales y, por otra, detestado y vilipendiado por sectores de la derecha justamente por lo mismo.
El nombre de Beto es Franklin Humberto Coral Garrido, desde tierras de los EEUU, hacia donde migró precisamente buscando la protección que no se le brindaba en su país de origen, este colombiano, activista político y creador de contenido que, como lo decía anteriormente, no ha tenido pelos en la lengua para criticar y denunciar a personajes del medio político colombiano, de todas las vertientes ideológicas, incluidos, en un ejercicio claro de honestidad política e intelectual, algunos de la propia izquierda, pasó por la terrible experiencia del brutal asesinato de su padre Humberto Coral Caballero, un capitán de la policía que participó desde el mítico Bloque de Búsqueda en la captura y muerte de Pablo Escobar.
Cuando este luctuoso y lamentable hecho sucedió en Medellín, Beto tenía apenas 3 años. Las investigaciones al respecto presentaron graves falencias que el mismo Beto ha denunciado, llegando a involucrar a personajes de la propia policía nacional como Hugo Aguilar y Danilo Gonzáles. Beto, quien es abogado, reunió pruebas que detalla en su libro “El asesinato de mi padre” y que, aun así, no han sido evaluadas ni tenidas en cuenta en forma minuciosa por la justicia colombiana.
A raíz de su búsqueda de testimonios y elementos probatorios que aclararan lo acontecido con su padre, Beto y su familia recibieron amenazas de muerte de personas desconocidas, lo que provocó en 2015 su desplazamiento a los EEUU para garantizar su vida. Residente en Estados Unidos desde entonces, ha desarrollado en ese país una agenda que lo ha conducido a denunciar abusos de políticos y empresarios de todos los pelambres, involucrados en la corrupción y la violencia en Colombia, evitando con mucho cuidado exponer opiniones sobre procesos y situaciones de índole política o administrativa en la nación del norte.
Justamente hace algunos meses Beto instauró un proceso ante el FBI denunciando al presidente electo, por entonces candidato, Abelardo de la Espriella, de vínculos con el paramilitarismo y el narcotráfico, además del lavado de activos y solicitaba la investigación del origen de la rápida e inmensa fortuna de De la Espriella.
Unos días después fue detenido arbitrariamente por agentes del departamento de inmigración de los EEUU, pues, aunque su petición de asilo lleva en trámite más de diez años y tiene autorización judicial para residir y trabajar en ese país en vista de su riesgo vital, en tanto se cumplen los eternos trámites de asilo, este último hasta el momento no se ha decretado, situación que aprovechó el secretario de Estado Marco Rubio para anular el proceso y solicitar su expulsión, aduciendo que no era permitido en el país de las libertades que una persona ejerciera su libertad de opinión y se fuera en contra de un candidato para la presidencia de Colombia aliado del gobierno de Trump.
Ante el evidente abuso y desconocimiento de su derecho a opinar y a gestionar su condición migratoria en libertad, Beto Coral ha recibido el apoyo de muchas personas, incluyendo congresistas de los EEUU quienes solidariamente solicitaron su liberación y la investigación forma y detallada de los bienes y andanzas de Abelardo de la Espriella en la nación del norte.
En el presunto “mejor país del mundo”, hoy tristemente en manos de un sujeto autoritario y autocrático con ínfulas de dictador, quien ayer recibió la confirmación por parte de la Corte Supr3ema de Justicia de los EEUU de su condena por violación y difamación de una escritora norteamericana, Beto ha sido sometido a vejámenes, traslados injustificados por varios estados del país, lo que ha perturbado en forma notoria su proceso de defensa, amenazas y torturas, incluidos el dejarlo por largas horas de pie, negarle alimentación, dificultar la gestión de sus abogados y, en los últimos días, la generación de falsas evidencias de presunta intención suicida, intención, la cual Beto ha negado categóricamente.
Horas antes de conocerse la decisión del departamento d Estado en contra de Beto, el, por entonces candidato, de la Espriella se ufanaba en redes sociales de una “buena noticia” en los EEUU para los seguidores de su campaña. Esto y las declaraciones posteriores de Donald Trump en el sentido de que Abelardo le debe la presidencia a su intervención imperial han generado gran controversia en lo que parece ser una aberrante intervención en la política colombiana y en la vida de un ciudadano amenazado que creyó que los EEUU lo protegerían.
Estaremos atentos a lo que suceda en los próximos días con Beto, la primera víctima, por lo visto, del destripamiento prometido por Abelardo de la Espriella en contra sus contradictores.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

