
Las autoridades ecuatorianas detuvieron en Guayaquil a dos personas presuntamente vinculadas con Los Choneros y decomisaron un dron aparentemente acondicionado para transportar explosivos, además de un mapa de la Penitenciaría del Litoral. El hallazgo encendió las alarmas porque la información encontrada durante el operativo apunta a un posible ataque contra el principal complejo penitenciario del país, aparentemente con la intención de facilitar una fuga de personas privadas de libertad. El procedimiento se realizó el 15 de agosto en el sector de Monte Sinaí, en el noroeste de Guayaquil, dentro de una operación del Bloque de Seguridad.
Los detenidos fueron identificados por las autoridades con los alias de “Nica”, un ciudadano dominicano, y “Sara”, una mujer ecuatoriana. Hasta el 17 de agosto no se habían difundido públicamente sus nombres completos y tampoco se había informado sobre una eventual formulación de cargos relacionada específicamente con este operativo.
Durante la intervención fueron encontrados, además del dron y las cargas explosivas, dispositivos tecnológicos y municiones. El conjunto de elementos decomisados es ahora analizado por los investigadores para determinar qué tipo de operación se preparaba, quiénes podrían estar detrás de ella y si existía una fecha prevista para ejecutarla.
Uno de los elementos que más preocupa a las autoridades es el mapa de la Penitenciaría del Litoral. La instalación, ubicada en Guayaquil y conocida administrativamente como Guayas N.º 1, es el principal complejo penitenciario del país y ha sido escenario de graves episodios de violencia entre organizaciones criminales durante los últimos años.
El hallazgo adquiere mayor relevancia porque los grupos delictivos ecuatorianos ya han utilizado drones como parte de sus operaciones contra centros penitenciarios. En septiembre de 2021, por ejemplo, se registraron ataques con drones contra la cárcel Regional de Guayaquil, en una acción que estuvo relacionada con las disputas entre organizaciones criminales.
La diferencia ahora está en la aparente intención de utilizar estos dispositivos no solamente para vigilancia o reconocimiento, sino para transportar explosivos. Esa posibilidad amplía considerablemente el riesgo, porque permite aproximarse a sectores determinados de una instalación sin necesidad de que una persona ingrese físicamente al perímetro de seguridad.
La tecnología también modifica las condiciones de vigilancia penitenciaria. Un dron pequeño puede desplazarse por encima de muros, alambrados y otros obstáculos físicos, lo que obliga a las fuerzas de seguridad a desarrollar mecanismos específicos para detectar, bloquear y neutralizar este tipo de aeronaves.
El mapa incautado podría ser igualmente importante para establecer el nivel de planificación. Los investigadores deberán determinar si contiene únicamente una representación general de la cárcel o si señala lugares concretos, accesos, sectores de seguridad, pabellones, puntos de vigilancia u otras instalaciones relevantes.
Por el momento, las autoridades no han informado públicamente todos los detalles del material encontrado. Esa reserva puede estar relacionada con la necesidad de preservar información operativa y evitar que otros integrantes de la organización conozcan qué elementos ya fueron descubiertos por los investigadores.
La hipótesis inicial apunta a que el objetivo podía ser generar una situación de violencia dentro o alrededor de la penitenciaría para facilitar una fuga. Sin embargo, esta posibilidad forma parte de la investigación y todavía no constituye una conclusión judicial definitiva.
La Penitenciaría del Litoral es especialmente sensible porque concentra una importante población penitenciaria y ha estado en el centro de la guerra entre organizaciones criminales que disputan el control de cárceles y territorios.
Durante los últimos años, la violencia penitenciaria en Ecuador ha dejado centenares de muertos. Los enfrentamientos entre bandas han incluido armas de fuego, explosivos y ataques coordinados, convirtiendo a varias cárceles en escenarios de disputa por el control interno.
En diciembre de 2024, por ejemplo, tres granadas explotaron dentro de la Penitenciaría del Litoral y dejaron 11 personas heridas, entre ellas nueve privados de libertad, un guía penitenciario y un militar. El operativo posterior permitió detener a varios internos y a dos guías penitenciarios señalados por una presunta facilitación de las granadas.
Ese antecedente muestra que el sistema penitenciario ecuatoriano enfrenta amenazas que no proceden únicamente desde el exterior. Las organizaciones criminales han desarrollado mecanismos para introducir armas y explosivos, establecer redes de comunicación y mantener capacidad operativa aun cuando sus principales integrantes permanecen encarcelados.
El nuevo operativo añade otra preocupación: la posibilidad de utilizar tecnología aérea para apoyar acciones criminales contra las propias instalaciones penitenciarias.
Para las autoridades, el desafío no consiste solamente en impedir que un dron llegue hasta una cárcel. También deben determinar quién lo controla, desde dónde se opera, qué información permitió planificar el ataque y qué personas dentro o fuera del establecimiento podrían colaborar con la organización.
La presencia de municiones y otros dispositivos tecnológicos entre las evidencias decomisadas puede ayudar a reconstruir esa estructura. Cada elemento debe ser sometido a peritajes y relacionado con los demás para establecer si existía una operación organizada.
La investigación también deberá confirmar el vínculo de los dos detenidos con Los Choneros, una de las organizaciones criminales más importantes de Ecuador. Por ahora, esa relación fue señalada por las Fuerzas Armadas, pero no se han divulgado todos los elementos que permitirían establecer judicialmente la pertenencia de los sospechosos a la organización.
El caso se produce además en un contexto de fuerte presión sobre las autoridades ecuatorianas para recuperar el control de las cárceles. El sistema penitenciario ha sido uno de los principales escenarios de la expansión del crimen organizado y de las disputas entre grupos que buscan controlar rutas de narcotráfico, extorsiones y otras actividades ilícitas.
Las organizaciones criminales han demostrado capacidad para adaptarse a las medidas de seguridad. Cuando las autoridades aumentan los controles sobre determinadas rutas de ingreso, las bandas buscan mecanismos alternativos para introducir armas, drogas, dispositivos de comunicación y otros elementos.
El uso de drones representa precisamente una evolución de esa lógica de adaptación. La tecnología permite observar, transportar determinados objetos y operar a distancia, reduciendo la exposición directa de los integrantes de una organización.
La amenaza tampoco se limita a las cárceles. Los drones pueden ser utilizados para vigilancia de objetivos, seguimiento de personas, reconocimiento de instalaciones y otras actividades criminales. Por ello, los organismos de seguridad de distintos países de la región han comenzado a considerar estos dispositivos como una herramienta potencial del crimen organizado.
En Ecuador, el problema tiene una dimensión adicional debido a la situación de las cárceles. La disputa por el control de los centros penitenciarios puede convertirse en una extensión de la guerra territorial que mantienen las organizaciones fuera de ellos.
La Penitenciaría del Litoral ha sido uno de los principales escenarios de esa confrontación. Su importancia estratégica hace que cualquier intento de ataque o fuga organizada tenga consecuencias potencialmente mayores que un incidente aislado.
El hallazgo del mapa también puede ser utilizado para determinar si los sospechosos habían realizado tareas previas de reconocimiento. Si el documento contiene información detallada sobre la infraestructura, podría indicar que el operativo requirió algún nivel de preparación anterior.
Los investigadores tendrán que establecer ahora cuánto tiempo llevaba preparándose la operación y si existían otros integrantes involucrados. La detención de dos personas no significa necesariamente que se haya desarticulado toda la estructura que estaba detrás del supuesto plan.
También será importante determinar si el dron ya había sido probado y si los explosivos estaban preparados para ser instalados en el dispositivo. Los análisis técnicos pueden aportar información sobre la capacidad real del aparato y sobre el tipo de amenaza que representaba.
La investigación deberá avanzar con especial cuidado porque cualquier error de interpretación podría llevar a atribuir intenciones que todavía no han sido demostradas. El decomiso de materiales sospechosos constituye un elemento relevante, pero la responsabilidad penal de los detenidos deberá ser determinada por la Justicia.
El caso vuelve a demostrar, además, que la lucha contra el crimen organizado en Ecuador está entrando en una etapa en la que las herramientas tecnológicas adquieren una importancia creciente.
Las bandas ya no dependen exclusivamente de armas convencionales y comunicaciones tradicionales. La utilización de drones, sistemas de geolocalización, teléfonos encriptados y otros recursos tecnológicos puede aumentar su capacidad de planificación y coordinación.
Para el Estado, esto obliga a invertir también en tecnología de detección y contrainteligencia. Los sistemas de vigilancia tradicionales pueden ser insuficientes frente a amenazas que llegan desde el aire y pueden ser controladas a distancia.
La seguridad penitenciaria, por tanto, comienza a depender no solamente de muros, guardias y controles de acceso, sino también de la capacidad para detectar actividades externas alrededor de los complejos carcelarios.
El operativo de Monte Sinaí podría convertirse en una pieza importante para comprender cómo las organizaciones criminales intentan aprovechar esas nuevas herramientas. Si las autoridades logran establecer la cadena de planificación, podrían obtener información sobre otros posibles objetivos y prevenir nuevos ataques.
Por ahora, el principal resultado es la incautación del material y la detención de los dos sospechosos. La investigación deberá determinar qué papel cumplía cada uno y quién habría proporcionado los recursos necesarios para preparar la operación.
El hallazgo de un dron con explosivos y un mapa de la Penitenciaría del Litoral representa una señal de alerta sobre la capacidad de adaptación del crimen organizado ecuatoriano. El caso combina tecnología, explosivos, planificación y el intento aparentemente dirigido contra una de las instalaciones penitenciarias más importantes del país. Las autoridades deberán establecer si realmente se preparaba un ataque para facilitar una fuga, identificar a todos los participantes y determinar el alcance de la estructura que habría estado detrás del plan. Mientras tanto, el episodio vuelve a colocar a las cárceles de Ecuador en el centro de la lucha contra las organizaciones criminales y demuestra que la disputa por el control penitenciario ya incorpora herramientas tecnológicas que obligan al Estado a modificar sus mecanismos de seguridad.
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