Chile y Argentina reabrieron el Sistema Integrado Cristo Redentor, que conecta ambos países a través del Paso Los Libertadores, después de 34 días de interrupción provocada por el mal tiempo y una acumulación de nieve que superó los seis metros en sectores de la cordillera. La reapertura será gradual y, durante los primeros días, estará limitada al transporte de carga, mientras continúan las restricciones para automóviles particulares y buses de pasajeros.
El cierre fue uno de los más prolongados registrados en los últimos años y generó importantes consecuencias para el intercambio comercial entre ambos países. Más de 5.000 camiones quedaron varados a ambos lados de la frontera, obligando a transportistas y empresas a enfrentar demoras, mayores costos logísticos y dificultades para mantener el flujo normal de mercancías entre Mendoza y la zona central de Chile.
La reapertura comenzará este martes 18 de agosto y, hasta el jueves 20, solamente podrán cruzar camiones provenientes de Argentina con destino a Chile. El tránsito estará habilitado entre las 08:00 y las 20:00 horas de Chile, con prioridad para los vehículos que ya se encuentran documentados y esperan en la zona de Uspallata.
A partir del viernes 21 y hasta el sábado 22, el sentido de circulación se invertirá y se permitirá el paso de camiones desde Chile hacia Argentina, manteniendo el mismo horario. La medida busca ordenar progresivamente el enorme volumen de transporte acumulado durante las semanas de cierre y evitar una reapertura simultánea que pueda generar nuevos problemas de circulación.
Por el momento, los vehículos particulares y los buses de pasajeros continuarán sin autorización para cruzar. Las autoridades de ambos países decidieron aplicar una apertura por etapas después de evaluar las condiciones de la ruta y los pronósticos meteorológicos, con el objetivo de recuperar la transitabilidad sin exponer a los usuarios a nuevos riesgos derivados de la nieve y las condiciones de alta montaña.
El impacto económico del cierre fue especialmente importante porque el Paso Los Libertadores constituye uno de los principales corredores terrestres para el comercio bilateral. Por esta vía circulan productos destinados al mercado chileno y argentino, además de mercancías que utilizan el corredor para conectar con otros mercados de la región. Una interrupción prolongada afecta directamente la cadena logística y aumenta los costos de transporte y almacenamiento.
La situación también volvió a poner en discusión la vulnerabilidad de este corredor frente a los fenómenos meteorológicos extremos. El paso atraviesa la cordillera de los Andes a una elevada altitud y está expuesto durante el invierno a nevadas, hielo, avalanchas y otros fenómenos que pueden impedir la circulación incluso cuando las carreteras se encuentran operativas en zonas de menor altura.
Empresarios y representantes de distintos sectores productivos de ambos países plantearon que el cierre de 34 días debería servir como una señal para acelerar la búsqueda de soluciones permanentes. Entre las propuestas aparecen mejoras en los sistemas de monitoreo, tecnología para anticipar avalanchas, coordinación binacional y obras destinadas a reducir la vulnerabilidad del corredor.
Desde Chile, dirigentes empresariales plantearon incluso la necesidad de analizar alternativas a menor altura que permitan garantizar una conexión más estable durante el invierno. Entre las opciones mencionadas aparece nuevamente el Paso Las Leñas, además de la posibilidad de estudiar soluciones ferroviarias o un túnel de menor altitud que reduzca la exposición a las condiciones climáticas extremas.
La discusión no es nueva. El Paso Los Libertadores representa una conexión estratégica, pero sus características geográficas hacen imposible eliminar completamente los cierres durante determinados episodios meteorológicos. Por eso, el desafío consiste en reducir tanto la frecuencia como la duración de las interrupciones y mejorar la capacidad de respuesta cuando ocurren.
En Mendoza, el gobernador Alfredo Cornejo propuso que Argentina y Chile liciten conjuntamente las tareas de despeje del corredor y las entreguen a empresas especializadas. La idea apunta a acelerar la limpieza de la ruta después de las grandes nevadas y reducir los períodos durante los cuales el tránsito permanece suspendido.
También se planteó la necesidad de mejorar la coordinación entre las autoridades de ambos países. La circulación internacional depende de organismos de Argentina y Chile, por lo que cualquier emergencia exige decisiones coordinadas sobre seguridad, despeje de rutas, documentación y habilitación del tránsito.
El prolongado cierre dejó además una enseñanza para el comercio regional: la dependencia de un único corredor terrestre puede convertirse en un problema estratégico cuando una emergencia climática se prolonga durante semanas. Para empresas que trabajan con entregas programadas, las interrupciones generan costos que terminan trasladándose a toda la cadena comercial.
La reapertura no significa, por lo tanto, que la situación haya vuelto inmediatamente a la normalidad. Primero deberá descongestionarse el transporte de carga acumulado y posteriormente deberán evaluarse las condiciones para ampliar la circulación a otros vehículos.
Si las condiciones meteorológicas se mantienen estables, el proceso podría avanzar hacia una reapertura más amplia. Sin embargo, las autoridades mantienen el criterio de avanzar de manera gradual y segura, debido a que todavía se trata de una zona de alta montaña que puede experimentar cambios bruscos del tiempo.
El episodio también vuelve a poner en el centro la necesidad de fortalecer la integración física entre Argentina y Chile. Ambos países mantienen un intenso intercambio comercial y turístico, pero parte de esa conexión depende de pasos cordilleranos que enfrentan dificultades estructurales durante el invierno.
La búsqueda de una alternativa permanente tendría consecuencias que irían más allá de las temporadas de nieve. Un corredor con mayor disponibilidad durante todo el año permitiría reducir costos logísticos, mejorar la previsibilidad del comercio y fortalecer la conexión entre los puertos y centros productivos de ambos países.
Después de 34 días, la reapertura del Paso Los Libertadores permite comenzar a recuperar una conexión fundamental para Argentina y Chile, pero también deja expuesta la necesidad de encontrar una solución de largo plazo. La prioridad inmediata será normalizar el tránsito de miles de camiones acumulados y garantizar que la circulación se realice con seguridad. A más largo plazo, el desafío será modernizar la infraestructura, mejorar la coordinación entre ambos países y avanzar en alternativas que permitan reducir la dependencia de un corredor altamente vulnerable a las condiciones climáticas.
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