
Un niño de 7 años y dos adolescentes de 13 y 15 años fueron asesinados durante un ataque armado contra una vivienda en el sector Flor de Bastión, en el distrito Nueva Prosperina, al noroeste de Guayaquil. El hecho ocurrió la noche del viernes 14 de agosto, cuando un grupo de hombres armados llegó hasta el inmueble, ingresó por la fuerza y abrió fuego contra las personas que se encontraban en el interior. El padre de los menores, de 49 años, también resultó herido y permanece bajo atención médica.
De acuerdo con la información preliminar recopilada por la Policía Nacional, alrededor de seis hombres llegaron al lugar en dos motocicletas poco después de las 20:00. Los atacantes irrumpieron en la vivienda y efectuaron numerosos disparos antes de escapar. Hasta el 17 de agosto no se habían informado detenciones ni se había identificado públicamente a los responsables.
Cuando llegaron los primeros agentes, encontraron a dos de los menores muertos dentro de la casa. El adolescente de 15 años fue trasladado de urgencia a un centro médico, pero murió poco después debido a las heridas provocadas por los disparos. El padre recibió un impacto en la espalda y fue hospitalizado. La madre sobrevivió después de arrojarse al piso al comenzar la balacera.
Los investigadores encontraron al menos 18 vainas percutidas, diez dentro de la vivienda y las restantes en los alrededores. Los indicios serán sometidos a pericias balísticas para determinar la secuencia de los disparos y establecer qué armas fueron utilizadas durante el ataque.

La investigación está a cargo de la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, cuyos agentes trabajan sobre diferentes líneas para reconstruir el crimen. Entre las diligencias se encuentran la toma de testimonios a vecinos, el análisis de cámaras de seguridad y la reconstrucción de las rutas utilizadas por los atacantes antes y después del asesinato.
Uno de los elementos que genera mayor incertidumbre es que, según familiares de las víctimas, la familia no había recibido amenazas recientes ni mantenía conflictos conocidos que permitieran explicar un ataque de semejante magnitud. Esta circunstancia llevó a los investigadores a mantener abiertas varias hipótesis.
Una de ellas apunta a una posible relación con las disputas entre organizaciones criminales que operan en Nueva Prosperina. Otra posibilidad es que la vivienda haya sido atacada por una confusión de objetivos. Ninguna de estas hipótesis ha sido confirmada oficialmente, por lo que la Policía continúa trabajando para establecer el móvil.
Flor de Bastión forma parte de una zona de Guayaquil especialmente afectada por la expansión del crimen organizado. Nueva Prosperina se ha convertido en uno de los principales escenarios de enfrentamientos entre grupos que buscan controlar territorios vinculados al narcotráfico, la extorsión, el sicariato y otras actividades ilícitas.
La fragmentación de las organizaciones criminales también ha incrementado la violencia en distintos sectores de la ciudad. Las disputas por el control territorial pueden generar ataques dirigidos contra integrantes de bandas rivales, pero también exponen a familias y personas que no tienen participación en las actividades criminales.
El ataque ocurrió además en un contexto de fuerte presión sobre las autoridades ecuatorianas. El Gobierno mantiene desplegadas fuerzas policiales y militares en distintas zonas consideradas de alto riesgo, mientras intenta contener una ola de violencia relacionada con organizaciones delictivas.
La muerte de los tres menores vuelve a poner en primer plano una de las consecuencias más graves de esa violencia: la exposición de niños y adolescentes a enfrentamientos armados que se producen dentro de barrios residenciales y viviendas familiares.
El caso también ocurre pocos días después de otro ataque en Nueva Prosperina en el que cuatro jóvenes fueron asesinados dentro de una vivienda. La sucesión de hechos violentos en sectores cercanos refuerza la preocupación por la capacidad de las organizaciones criminales para actuar incluso dentro de zonas habitadas.
Las autoridades deberán determinar si ambos episodios tienen alguna relación o si se trata de hechos independientes. Por ahora, no existe una confirmación oficial que permita vincular directamente los dos ataques.
La investigación sobre el asesinato de los tres menores continuará con el análisis de las imágenes de videovigilancia y de los elementos encontrados en la escena. También será necesario determinar si los atacantes conocían previamente a las víctimas o si actuaron siguiendo información equivocada.
El esclarecimiento del móvil será fundamental para establecer si el crimen estuvo relacionado con una disputa entre bandas, con una posible represalia o con otro tipo de conflicto.
El asesinato de un niño de siete años y dos adolescentes de 13 y 15 años vuelve a mostrar la dimensión humana de la crisis de seguridad que atraviesa Ecuador. Mientras la Policía intenta identificar a los responsables y determinar por qué la vivienda fue atacada, una familia quedó marcada por una tragedia que se produjo dentro de su propio hogar. El caso permanece abierto y, por el momento, ninguna persona ha sido detenida por el triple asesinato.
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