
Somos minúsculos y vulnerables. A veces la naturaleza nos lo recuerda y de qué manera. Pequeñas partículas de polvo de estrellas con ínfulas y osadía de aprendices de brujo.
La vida es frágil, pero es un milagro que se repite y se repite con cada amanecer, cada despertar, cada parpadeo, cada respiración que hacemos. Pasajeros fugaces atrapados en una esfera que ya los científicos ni siquiera reconocen como esfera sino como esferoide geoide, un guijarro azul lanzado al capricho de fuerzas colosales en una intersección particular del tiempo y del espacio.
Moderación, sensatez y cuidado le debemos a ese guijarro madre del cual somos peculiares excrecencias provistas de algo aún más extraño que llamamos consciencia, inteligencia y voluntad, respeto por la naturaleza que siempre tiene el poder de dar y de quitar en un instante.
A las 7:32 de la mañana del lunes 10 de agosto de 2026 Colombia se vio sorprendida por un sismo que luego el Servicio Geológico Colombiano definió como que había alcanzado una intensidad de 7.4 en la escala de Richter y una profundidad superficial con epicentro en San José del Palmar una población en el corazón remoto del húmedo y selvático Chocó. Los ciudadanos sintieron un movimiento telúrico intenso y extenso en el tiempo cuya duración posteriormente se estableció entre 90 y 120 segundos, algo inusitado para un país que se encuentra asentado en una zona con alta sismicidad escenario de encuentro y disputa entre diferentes placas geológicas.
Desde entonces a la fecha (Escribo esta nota el miércoles 12 de agosto, a las 9:20 am) se han continuado registrando réplicas, una detrás de otra con intensidades variables, pero notoriamente menores que alcanzan un número de más de un centenar y una intensidad que no supera los 4 grados en la escala enunciada.
Según los expertos, esa situación obedece al natural proceso de liberación de la energía acumulada en las placas que antagonizan y chocan o se subducen entre sí, lo cual puede extenderse en el tiempo a semanas o meses tras el devastador evento telúrico. Tal situación contribuye a la sensación de alarma e inseguridad, incertidumbre entre la población, ya que dichas réplicas, aún siendo de menor intensidad, pueden afectar las estructuras ya debilitadas y provocar colapsos tardíos de las mismas.
Lo anterior obliga a las personas a tomar medidas para evitar convertirse en víctimas de tales eventos, manteniendo activos los planes de emergencia familiares y, a los mandatarios locales y regionales, difundir, educar y reforzar los planes de emergencia locales y regionales.
Los datos provistos por la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) revelan que en las zonas afectadas con mayor intensidad y que comprenden cinco importantes capitales de la nación (Pereira, Cali, Quibdó, Manizales y Armenia) se registran al momento entre 190 y 240 víctimas mortales, especialmente en Santiago de Cali, la hoy atormentada y agobiada Sultana del Valle, donde los fallecidos ascienden a 95, sin embargo, estas cifras podrían incrementarse en las siguientes horas, a medida que avanzan las heroicas acciones de remoción de escombros y rescate y recuperación de víctimas.
Así las cosas, el Valle del Cauca se erige como la región más afectada pues, a las 95 víctimas mortales de Cali, se unen 27 más, registradas en los municipios de Buga, Buenaventura y Sevilla, lo que eleva su porcentaje de participación en el saldo luctuoso de la catástrofe a más del 50% de los fallecidos.
Esa situación se refleja también en el saldo de heridos: Se han reportado 1679 heridos de diversa intensidad, un millar de los cuales solamente en la bella y cálida capital del Valle. Pero a esta impresionante cifra se unen un número de 180 desaparecidos reportados y cerca de 240 personas atrapadas aún bajo los escombros. El número de desaparecidos, como es natural, aumenta a medida que las personas acuden a las autoridades.
Los daños materiales son cuantiosos: Se han registrado más de 165 edificaciones colapsadas en especial en el suroccidente del país, 1136 viviendas con daños estructurales severos, a las que se suman miles más con daños no tan menores.
El colapso afectó también estructuras hospitalarias como el Hospital del municipio del Águila en el Valle del Cauca, al igual que en los municipios de Zarzal y Cartago y el bloque pediátrico del Hospital Evaristo García, amada alma mater de este corresponsal.
Así mismo se desplomaron o dañaron decenas de colegios (Sólo en la bella Manizales el número alcanza 24 entidades de este tipo en condición crítica), monumentos religiosos como las catedrales de Manizales y Cali, daños importantes e inhabilitantes en los aeropuertos de Manizales, Quibdó, Armenia, Cali y Buenaventura y algo menores, pero habilitantes con restricciones en los de Pereira, Popayán y Cartago. Así mismo hay derrumbes en vías del Eje Cafetero y Chocó, suspensión de servicios básicos como gas y electricidad en ciudades como Popayán y algunas zonas de Cali.
la ciudadanía se reportó masivamente para dar apoyo a las autoridades en las labores de remoción de escombros y rescate de víctimas, pero, como tristemente suele suceder en estos eventos, no faltaron quienes, aprovechándose de la desgracia ajena, quisieron hacer su agosto protagonizando saqueos, que obligaron a las autoridades a declarar toques de queda bastante polémicos como sucedió con el alcalde de la ciudad de Cali y militarización de extensas zonas de esa capital.
La solidaridad internacional no se ha hecho esperar, países hermanos como Venezuela, recientemente afectada por un sismo de épica intensidad, México, entre otros, han ofrecido su ayuda. Sin embargo, hay decisiones y entrabamientos controversiales e irresponsables que han dificultado que actores internacionales con gran experiencia participen en este momento en las labores de rescate.
Sin duda alguna habrá tiempo para establecer los responsables de esa execrable conducta que hace más onerosas para las víctimas la espera y las consecuencias de la tragedia.
En cuanto al gobierno nacional se sabe que ha movilizado funcionarios de alto nivel a las regiones afectadas para coordinar con las autoridades locales la asignación y desplazamiento de recursos hacia esas agobiadas zonas. Las intervenciones, no exentas de polémica, del presidente de la Espriella, por su innecesario nivel de alarde propagandístico, confirman la decisión de darle apoyo a las zonas y personas afectadas también mediante la asignación de subsidios.
Colombia agradece la solidaridad que la crisis actual ha despertado entre las naciones hermanas, más allá de las eventuales diferencias y contradicciones que puedan persistir entre los gobiernos, que, aunque pretenden interpretar el sentir de sus pueblos, no son sino protagonistas transitorios de relaciones de hermandad que se remontan a siglos.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

