
Nueve años después de los atentados de Barcelona y Cambrils, uno de los episodios que mejor permite comprender aquella tragedia ocurrió horas antes del ataque de Las Ramblas: una explosión destruyó una vivienda en Alcanar y, detrás de los escombros, la policía descubrió que una célula yihadista preparaba una operación mucho más ambiciosa contra algunos de los lugares más emblemáticos de Barcelona. La Sagrada Familia y el Camp Nou figuraban entre los objetivos que los investigadores vincularon posteriormente con aquella organización. La detonación accidental cambió sus planes y terminó precipitando una cadena de ataques que dejó 16 muertos y alrededor de 140 heridos.
La noche del 16 de agosto de 2017, poco después de las 23, una enorme explosión destruyó una vivienda ubicada en Alcanar, en la provincia de Tarragona. En un primer momento, todo apuntaba a un accidente doméstico provocado por gas. Sin embargo, cuando los equipos de emergencia comenzaron a trabajar entre los restos, aparecieron elementos que no correspondían con una simple fuga.
En el interior había numerosas bombonas y materiales destinados a la fabricación de explosivos. La vivienda no era solamente un lugar donde un grupo de jóvenes se había reunido: funcionaba como la base desde la que una célula preparaba una operación terrorista en Barcelona.
La explosión provocó la muerte de Abdelbaki Es Satty, un imán que había ejercido influencia sobre varios jóvenes de Ripoll, y de Youssef Aalla. Mohamed Houli Chemlal sobrevivió y posteriormente se convirtió en una de las piezas centrales de la investigación judicial.
Lo que inicialmente parecía un accidente comenzó a adquirir otra dimensión cuando los investigadores relacionaron la vivienda con otros miembros de un grupo que había estado desplazándose por Cataluña durante los meses anteriores.
La célula estaba integrada principalmente por jóvenes de Ripoll, una localidad catalana de unos 10.000 habitantes. Muchos se conocían desde la infancia, habían compartido actividades deportivas y tenían trabajos comunes. La transformación de algunos de ellos en integrantes de una organización terrorista sorprendió profundamente a sus vecinos.
El papel de Es Satty fue considerado fundamental. El religioso había llegado a Ripoll y comenzó a relacionarse con jóvenes de la comunidad musulmana. Con el tiempo, según las investigaciones posteriores, consiguió ejercer una influencia ideológica sobre varios de ellos.
La investigación reveló que el grupo había pensado inicialmente en una operación de mayor escala. El objetivo no era simplemente atacar a personas en la calle, sino provocar un impacto masivo en lugares de enorme concentración de público y fuerte significado simbólico.
Entre los lugares vinculados a la planificación aparecieron la Sagrada Familia y el Camp Nou, dos espacios que representan aspectos diferentes de Barcelona: uno religioso, cultural y arquitectónico; el otro, deportivo y asociado mundialmente al FC Barcelona.
La elección de esos lugares no era casual. La Sagrada Familia recibe millones de visitantes y constituye uno de los símbolos más reconocibles de España. El Camp Nou, por su parte, representa uno de los grandes centros deportivos y turísticos de la ciudad.
Los investigadores encontraron además evidencias que mostraban que algunos integrantes de la célula habían realizado desplazamientos para observar otros lugares emblemáticos de Europa. El objetivo parecía ser estudiar posibles blancos y evaluar cómo llevar adelante una operación de gran impacto.
Pero la explosión de Alcanar destruyó buena parte de la infraestructura que habían preparado.
Ese accidente fue el momento que cambió completamente la historia. La célula perdió su principal base y parte de sus integrantes murieron o resultaron heridos, mientras los sobrevivientes comprendieron que la policía podía comenzar a relacionar la explosión con ellos.
En lugar de abandonar el plan, decidieron actuar rápidamente con los medios que todavía tenían disponibles.
Al día siguiente, 17 de agosto de 2017, Barcelona se encontraba en plena temporada turística. Las Ramblas estaban llenas de visitantes cuando una furgoneta ingresó al paseo peatonal y recorrió aproximadamente 600 metros.
El conductor era Younes Abouyaaqoub, uno de los integrantes de la célula. El vehículo atropelló a numerosas personas antes de detenerse. Trece personas murieron inicialmente en Las Ramblas y más de un centenar resultaron heridas.
La escena provocó caos en uno de los lugares más concurridos de Barcelona. Personas que caminaban tranquilamente por el centro de la ciudad comenzaron a correr buscando refugio, mientras policías, médicos, bomberos y trabajadores de emergencia acudían al lugar.
El atacante consiguió escapar a pie y permaneció prófugo durante varios días. En su huida asesinó a un hombre para robarle el automóvil y posteriormente abandonó el vehículo.
Mientras la policía buscaba a los responsables, la investigación conectaba cada vez con mayor claridad la explosión de Alcanar con el atentado de Barcelona.
La segunda parte de la operación ocurrió horas después en Cambrils, una localidad turística situada a unos 120 kilómetros de Barcelona.
Un vehículo con cinco integrantes de la célula intentó atravesar un control policial. Los ocupantes llevaban armas blancas y elementos que simulaban cinturones explosivos. Una mujer murió después de ser atacada.
Los agentes lograron abatir a los cinco integrantes del grupo. Con ello terminó la fase operativa de una célula que, en cuestión de horas, había convertido Cataluña en escenario de uno de los atentados terroristas más graves sufridos por España.
El balance final de los ataques de Barcelona y Cambrils fue de 16 personas asesinadas y alrededor de 140 heridas. Las víctimas tenían distintas nacionalidades, reflejo de la enorme cantidad de turistas que se encontraban en Barcelona durante agosto.
Pero el atentado también dejó una pregunta que durante años permaneció abierta: ¿qué habría ocurrido si la vivienda de Alcanar no hubiera explotado?
La hipótesis de los investigadores es que la célula habría contado con más tiempo para ejecutar su plan original. La destrucción accidental de la vivienda obligó a los sobrevivientes a improvisar y adelantó el ataque.
De alguna manera, aquella explosión frustró una parte de la operación que se estaba preparando, pero al mismo tiempo desencadenó una respuesta inmediata y desesperada de los integrantes que permanecían con vida.
La investigación posterior permitió reconstruir buena parte de la estructura del grupo. Los investigadores analizaron teléfonos, fotografías, desplazamientos, relaciones personales y materiales encontrados en las viviendas utilizadas por los integrantes.
Uno de los aspectos más sorprendentes fue que los responsables no constituían un grupo de desconocidos llegados desde el exterior. Muchos habían nacido o crecido en Cataluña y conocían perfectamente las calles, las costumbres y los lugares que terminaron utilizando como escenarios de los ataques.
La radicalización de estos jóvenes se convirtió posteriormente en objeto de numerosos estudios. El caso de Ripoll abrió un debate nacional sobre cómo una persona puede ejercer influencia ideológica sobre jóvenes aparentemente integrados en su entorno.
También generó preguntas sobre los mecanismos de prevención y sobre la capacidad de las autoridades para detectar procesos de radicalización antes de que desembocaran en violencia.
Es Satty, además, ya había tenido antecedentes con la Justicia española. Había cumplido una condena por narcotráfico y había sido objeto de contactos con organismos de seguridad durante su estancia en prisión.
Años después, España desclasificó documentos relacionados con esos contactos. El asunto generó una discusión política sobre qué información tenían los organismos de inteligencia y hasta qué punto podían haber conocido la evolución posterior del religioso.
Las investigaciones judiciales terminaron concentrándose en los integrantes sobrevivientes de la célula.
En 2021, la Audiencia Nacional condenó a Mohamed Houli Chemlal a 53 años y seis meses de prisión y a Driss Oukabir a 46 años por su participación en la organización terrorista. Said Ben Iazza recibió inicialmente una condena de ocho años por colaboración, aunque posteriormente el Tribunal Supremo redujo esa pena.
Ninguno de los principales autores materiales de los ataques llegó a ser juzgado porque todos murieron durante la operación policial posterior.
El caso de Barcelona también dejó una profunda huella en la seguridad europea. La investigación descubrió conexiones y contactos que trascendían las fronteras españolas y mostró cómo una célula aparentemente localizada en una pequeña comunidad catalana podía mantener vínculos y referencias internacionales.
La historia de Alcanar adquirió así una importancia particular. La explosión no fue simplemente el prólogo de los atentados: fue la pieza que permitió descubrir que detrás de una vivienda destruida había una operación terrorista en preparación.
La tragedia pudo haber sido todavía mayor si el grupo hubiera conseguido completar sus preparativos y mantener el factor sorpresa.
La Sagrada Familia y el Camp Nou quedaron finalmente fuera de aquella ofensiva, pero permanecieron como símbolos de lo que los terroristas habían pretendido atacar.
Hoy, ambos lugares continúan recibiendo millones de visitantes. La Sagrada Familia, además, atraviesa en 2026 un año especialmente significativo por la finalización de elementos fundamentales de la obra de Antoni Gaudí y por el centenario de la muerte del arquitecto.
La historia de los atentados de 2017 vuelve a recordarse cada agosto, pero el aniversario también permite mirar más allá de las imágenes de Las Ramblas. El verdadero comienzo de aquella tragedia ocurrió horas antes y a más de 100 kilómetros de Barcelona, cuando una explosión accidental destruyó una casa y dejó al descubierto un plan terrorista que hasta entonces permanecía oculto.
La vivienda de Alcanar terminó convertida en una pieza fundamental para entender lo que sucedió después. Entre sus restos apareció la evidencia de que los atacantes preparaban algo mucho mayor que el atentado finalmente ejecutado.
La explosión cambió sus planes, pero no consiguió detenerlos. Los sobrevivientes aceleraron su decisión de atacar y, al día siguiente, Barcelona sufrió una tragedia que quedó grabada en la memoria de España. Nueve años después, la secuencia de Alcanar, Las Ramblas y Cambrils sigue mostrando cómo una operación terrorista puede transformarse en cuestión de horas cuando pierde su estructura inicial y sus integrantes deciden actuar de manera improvisada.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★La 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante se prepara con nuevas propuestas, grandes artistas y una renovada infraestructura
- ★Uruguay: impulsan un proyecto para prohibir las redes sociales a menores de 15 años
- ★España: la explosión de una casa que reveló el plan terrorista que buscaba golpear la Sagrada Familia y el Camp Nou
- ★Uruguay se prepara para recibir a León XIV y la Iglesia busca calcular cuántos fieles participarán
- ★México: nació en un circo, subió al ring vestido de novia y terminó convertido en campeón mundial

