Los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio desencadenaron una inédita ola de solidaridad regional que, por unas horas, logró borrar las profundas fronteras ideológicas que dividen a América del Sur, con gobiernos de todos los signos políticos tendiendo la mano al pueblo venezolano. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue uno de los primeros líderes regionales en pronunciarse, expresando su «preocupación y consternación» por los efectos del sismo. «Instruí al Ministerio de Relaciones Exteriores que evalúe, junto con la Embajada en Caracas, la situación del país y las medidas de asistencia que Brasil pueda adoptar», escribió el mandatario brasileño, quien además reafirmó «la determinación de apoyar al gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez en la recuperación de las zonas afectadas de ese país hermano, cuyo pueblo ha dado pruebas de gran resiliencia frente a las adversidades». La Cancillería brasileña informó que, hasta el momento, no se reportaron víctimas brasileñas y que el servicio diplomático está preparado para asistir a sus nacionales.
El gesto más significativo, por su carga simbólica, provino del presidente argentino Javier Milei, uno de los críticos más duros del régimen venezolano, que dejó de lado las diferencias políticas para sumarse a la solidaridad regional. «Más allá de las diferencias que puedan existir entre nuestros gobiernos, el presidente Javier Milei extiende su mano en solidaridad al pueblo venezolano frente a una catástrofe natural que demanda una reacción de toda la comunidad internacional», señaló un comunicado oficial de la Oficina del Presidente argentino. Esta declaración, que separa explícitamente la posición política sobre el gobierno venezolano de la solidaridad humanitaria con su pueblo, ilustra cómo la magnitud de la tragedia logró trascender las divisiones ideológicas que habitualmente marcan las relaciones en la región. Argentina manifestó su disposición a colaborar con asistencia humanitaria en coordinación con los organismos internacionales.
La respuesta solidaria se extendió a todos los países del Mercosur y sus asociados, en una movilización que abarcó el espectro político completo de la región. El presidente boliviano Rodrigo Paz, en medio de la crisis interna que atraviesa su país, expresó: «En nombre del pueblo boliviano, expreso nuestra profunda solidaridad con el hermano pueblo de Venezuela tras el terremoto. Nuestros corazones están con las familias afectadas. Bolivia se mantiene atenta y dispuesta a brindar el apoyo que sea necesario». El presidente ecuatoriano Daniel Noboa confirmó el envío urgente de ayuda humanitaria y subrayó que «la humanidad debe prevalecer sobre las diferencias políticas». México, Perú, Colombia, Panamá, Chile y numerosos países activaron mecanismos de asistencia, mientras que la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum anunció el envío de un equipo militar de rescatistas y personal médico, reconocidos mundialmente como especialistas en estructuras colapsadas.
La movilización internacional trascendió ampliamente las fronteras de la región y reflejó la magnitud de la tragedia. Estados Unidos, a través del secretario de Estado Marco Rubio, anunció el despliegue de equipos de búsqueda y rescate, mientras el presidente Donald Trump afirmó que Washington estaba «listo, dispuesto y capaz de ayudar». La República Dominicana, El Salvador —que ofreció 300 rescatistas y 50 toneladas de equipo—, México y Qatar anunciaron el envío de equipos especializados. Desde Europa, Francia anunció el envío de 85 socorristas, Suiza movilizó 80 rescatistas con perros de búsqueda y 18 toneladas de material, Portugal preparó una misión de unos 50 rescatistas, y el Papa León XIV envió una primera ayuda económica de 100.000 euros a través de la Limosnería Apostólica. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas se declaró «completamente movilizada» y envió un equipo de respuesta rápida, mientras la Unión Europea activó su sistema satelital Copernicus para apoyar las operaciones de rescate.
Para el Mercosur, la respuesta solidaria a la tragedia venezolana plantea una reflexión profunda sobre la naturaleza de la integración regional en momentos de crisis. Venezuela se encuentra suspendida del bloque desde 2017 por la aplicación del Protocolo de Ushuaia, y su eventual reingreso es uno de los temas más divisivos de la agenda regional; sin embargo, la magnitud de la catástrofe demostró que, más allá de las diferencias políticas e institucionales, la solidaridad humanitaria sigue siendo un valor compartido por todos los pueblos de la región. La movilización de gobiernos de signos ideológicos opuestos —desde el Brasil de Lula hasta la Argentina de Milei, pasando por la Bolivia de Paz y el Ecuador de Noboa— en favor del pueblo venezolano es un recordatorio de que la integración regional, en su dimensión más profunda, es una comunidad de pueblos que se acompañan en los momentos de adversidad. La tragedia venezolana, que ocurre a apenas días de la cumbre del Mercosur del 30 de junio en Luque, podría incluso convertirse en un punto de encuentro humanitario que tienda puentes en una región profundamente dividida. El Diario Prensa Mercosur seguirá documentando esta ola de solidaridad que, en medio del dolor, reveló lo mejor del espíritu de hermandad de los pueblos de América del Sur.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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