La Intendencia de Montevideo recuperó 621 toneladas de materiales reciclables durante julio de 2026, un 38,6% más que en el mismo mes de 2025, cuando se habían enviado 448 toneladas a las plantas de clasificación. El incremento de 173 toneladas en apenas un año coincide con la consolidación de la Agenda Ambiental Estratégica y representa uno de los primeros indicadores concretos del cambio que la capital uruguaya busca impulsar en su sistema de gestión de residuos. Más significativo todavía es que la proporción de envases recuperados respecto del total de envases descartados pasó del 13% al 18%, lo que significa que cinco de cada 100 envases adicionales están logrando regresar al circuito de valorización. El resultado involucra a más de 40.000 hogares incorporados al programa Hogares Sustentables, cuatro cooperativas de clasificación y una política pública que pretende reducir progresivamente el enterramiento de residuos y convertirlos en recursos económicos y productivos.
El dato divulgado el 10 de agosto llega exactamente en un momento en que Montevideo intenta demostrar que la política ambiental puede medirse mediante resultados concretos y no solamente mediante declaraciones institucionales. La recuperación de materiales reciclables aumentó de 448 a 621 toneladas en doce meses, pero la importancia del resultado está también en lo que ocurre después de que esos materiales son retirados de los hogares.
Los residuos recuperados son enviados a las plantas de clasificación gestionadas por las cooperativas Burgues, La Paloma, Géminis y Durán, donde los materiales son separados, acondicionados y preparados para su posterior valorización. El proceso permite que determinados residuos vuelvan a ingresar a circuitos productivos en lugar de terminar directamente en sitios de disposición final.
Esto introduce un cambio fundamental en la concepción de la basura. Un envase que antes era considerado simplemente un residuo pasa a ser entendido como un material con potencial económico. La clasificación, por tanto, no es solamente una cuestión ambiental: también está vinculada con empleo, actividad industrial, economía circular e inclusión sociolaboral.
Del modelo de “recolección y entierro” a la valorización
Durante décadas, uno de los grandes desafíos de las ciudades latinoamericanas fue gestionar cantidades crecientes de residuos mediante sistemas concentrados en la recolección y disposición final. El problema de ese modelo es que cuanto más consume una población y más residuos genera, más infraestructura necesita para enterrarlos.
Montevideo intenta modificar esa lógica. La Agenda Ambiental Estratégica, presentada en agosto de 2025, estableció como una de sus prioridades aumentar significativamente la captación de materiales reciclables y orgánicos para destinarlos al reciclaje y al compostaje. También planteó avanzar hacia alternativas al enterramiento y fortalecer la participación ciudadana.
La estrategia no surgió de manera aislada. Forma parte de una transformación de mayor alcance que vincula la política departamental con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París, incorporando además cuestiones como biodiversidad, calidad ambiental, servicios ecosistémicos y acceso equitativo a la naturaleza.
El crecimiento registrado en julio de 2026 constituye, en ese contexto, una primera señal de que las medidas adoptadas están comenzando a modificar el comportamiento del sistema.
El papel de los hogares
Uno de los elementos centrales de la estrategia es el programa Hogares Sustentables, que busca trasladar parte de la responsabilidad de la gestión de residuos desde el sistema de recolección hacia el lugar donde los residuos se generan: el propio hogar.
La Intendencia informó en junio que ya se habían incorporado más de 40.000 hogares al sistema mediante la entrega de contenedores intradomiciliarios e intraprediales. Al mismo tiempo, se habían retirado cientos de contenedores de la vía pública, como parte de un proceso que busca modificar progresivamente la forma en que los vecinos separan y entregan sus residuos.
La lógica es relativamente sencilla, pero sus consecuencias pueden ser importantes: cuanto mejor se separan los materiales en el lugar donde se generan, mayor es la posibilidad de que conserven calidad suficiente para ser recuperados y vendidos a la industria.
En abril, la Intendencia ya había reportado un récord de recolección dentro de Hogares Sustentables, además de más de 400.000 kilogramos vendidos a la industria. Ese dato demuestra que el circuito no termina en la clasificación: existe una segunda etapa en la que los materiales recuperados vuelven a adquirir valor económico.
La cifra más importante puede ser el 18%
Aunque el aumento del 38,6% es el dato que más rápidamente llama la atención, existe otro indicador que puede ser incluso más relevante para medir la transformación estructural.
En julio de 2025, Montevideo recuperaba aproximadamente 13 de cada 100 envases que ingresaban al circuito de descarte. Un año después recupera 18 de cada 100.
La diferencia representa cinco puntos porcentuales y muestra que el sistema no solamente está recolectando más toneladas, sino que está consiguiendo que una proporción mayor de los materiales descartados vuelva al circuito de valorización.
En términos ambientales, esto significa menos materiales destinados al enterramiento. En términos económicos, representa una mayor disponibilidad de materia prima recuperada. Y desde la perspectiva social, implica fortalecer las actividades desarrolladas por las cooperativas de clasificación.
Las cooperativas como parte de la transformación
La economía circular necesita trabajadores y estructuras capaces de convertir un residuo mezclado en un material aprovechable. En Montevideo, ese proceso tiene una dimensión social importante porque las cooperativas de clasificación participan directamente de la recuperación.
El modelo busca combinar dos objetivos que históricamente fueron tratados por separado: mejorar la gestión ambiental y generar oportunidades laborales para personas vinculadas con la clasificación de residuos.
Por eso, el Plan Departamental de Limpieza y Gestión de Residuos 2026–2027 incluye entre sus objetivos la inclusión social, la valorización de materiales y la sostenibilidad económica, además de la limpieza urbana y el cambio cultural.
El desafío es conseguir que el crecimiento de la recuperación no dependa exclusivamente de campañas puntuales, sino que se convierta en una actividad estable capaz de sostener empleos y generar materiales para diferentes sectores industriales.
El nuevo plan tiene 50 líneas de acción
El aumento registrado en julio debe ser interpretado dentro de una política mucho más amplia. El Plan Departamental de Limpieza y Gestión de Residuos 2026–2027 fue concebido como una hoja de ruta de dos años y se organiza alrededor de 10 objetivos estratégicos y 50 líneas de acción prioritarias, cada una acompañada por metas e indicadores.
El plan contempla cuestiones que van desde la limpieza y la valorización hasta la inclusión social, la sostenibilidad económica, el cambio cultural y el fortalecimiento institucional.
La importancia de este diseño es que intenta evitar que el reciclaje funcione como una política independiente. La intención es modificar el conjunto del sistema: prevenir la generación de residuos, reducirlos, reutilizarlos, valorizarlos y disminuir progresivamente aquello que termina enterrado.
La Intendencia también ha reforzado los mecanismos de información y fiscalización. Desde mayo de 2026 comenzó a implementar acciones destinadas a mejorar el comportamiento de hogares, comercios e instituciones, incluyendo advertencias sobre prácticas que pueden ser sancionadas, como abandonar residuos voluminosos o depositar residuos comerciales en lugares inadecuados.
El cambio cultural es tan importante como la infraestructura
Una ciudad puede instalar contenedores, construir plantas de clasificación y contratar servicios de recolección, pero el sistema tendrá dificultades para funcionar si los ciudadanos mezclan todos los residuos.
Por esa razón, Montevideo comenzó también a trabajar con el Ministerio de Educación y Cultura en una agenda orientada a generar cambios culturales relacionados con la reducción, clasificación, valorización y correcta gestión de los residuos.
La educación ambiental se convierte así en una infraestructura invisible. No ocupa el espacio de una planta ni aparece en las estadísticas de toneladas recuperadas, pero determina en gran medida la calidad de los materiales que ingresan al sistema.
La transformación buscada requiere que la separación de residuos deje de ser vista como una actividad excepcional realizada por ciudadanos particularmente comprometidos y pase a convertirse en un hábito cotidiano.
Montevideo está construyendo un modelo diferente
La estrategia también está acompañada por otras medidas. La Intendencia ha impulsado programas como Ecoficinas, destinado a mejorar la clasificación en origen dentro de las propias dependencias departamentales, y Nuestro Barrio Limpio, que combina recuperación de espacios públicos, valorización de materiales, educación ambiental y participación comunitaria.
Esto revela que la política ambiental de Montevideo está intentando dejar de ser exclusivamente una política de residuos.
La agenda incorpora simultáneamente limpieza urbana, reciclaje, compostaje, biodiversidad, cambio climático, participación ciudadana, educación ambiental y economía circular.
Ese enfoque es especialmente relevante para una capital que concentra una parte significativa de la población uruguaya y que enfrenta los mismos desafíos que otras grandes ciudades latinoamericanas: crecimiento del consumo, aumento de residuos, presión sobre los sitios de disposición final y necesidad de reducir los impactos ambientales.
Antes, ahora y después
Antes, el desafío de Montevideo estaba concentrado principalmente en recolectar los residuos y mantener limpia la ciudad. La valorización existía, pero tenía un peso menor dentro del sistema y una proporción importante de los materiales terminaba fuera de los circuitos productivos.
Ahora, la ciudad intenta cambiar esa ecuación. 621 toneladas recuperadas en julio de 2026, un crecimiento del 38,6% en un año y una recuperación que pasó del 13% al 18% de los envases descartados son señales cuantificables de esa transición.
Después, el verdadero desafío será mantener y ampliar ese crecimiento.
El objetivo de la Intendencia no consiste solamente en superar nuevamente las 621 toneladas. La meta estructural es que cada vez más materiales sean recuperados, que la separación en origen alcance a una proporción mucho mayor de los hogares, que aumente el volumen comercializado por las cooperativas y que disminuya de manera sostenida la cantidad de residuos que terminan enterrados.
La propia Intendencia estableció como horizonte que el sistema de Hogares Sustentables alcance al 60% de la población del departamento.
Si esa expansión se consolida, Montevideo podría convertir el resultado de julio en algo más importante que un buen dato mensual: podría ser una señal de que una política pública sostenida consigue modificar simultáneamente hábitos ciudadanos, actividad económica, empleo y desempeño ambiental.
El verdadero éxito de esta estrategia no se medirá únicamente por cuántas toneladas se reciclan, sino por cuánto consigue la ciudad reducir la generación de residuos, cuánto material logra reincorporar a la economía y cuánto puede disminuir su dependencia del enterramiento.
En ese sentido, el salto registrado durante el último año representa apenas una etapa inicial. Montevideo está intentando pasar de una ciudad que administra residuos a una ciudad que administra materiales, y esa diferencia puede terminar siendo mucho más profunda de lo que refleja una cifra de 621 toneladas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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