La epidemia de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) alcanzó este martes una cifra crítica: las autoridades congoleñas elevaron a 2.011 las muertes confirmadas entre 4.381 casos, en un brote causado por el virus de Bundibugyo que se ha convertido en uno de los mayores registrados y que avanza con una velocidad excepcional. La situación ya activó mecanismos de vigilancia sanitaria en América del Sur y, particularmente, en los países del MERCOSUR, aunque no existe actualmente evidencia de transmisión comunitaria del virus dentro del bloque. La respuesta regional se está concentrando en vigilancia epidemiológica, control sanitario en puntos de entrada, identificación temprana de viajeros procedentes de zonas afectadas, protocolos de aislamiento y diagnóstico, preparación hospitalaria y coordinación con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Paraguay fue uno de los primeros países del bloque en anunciar públicamente el refuerzo de controles en todos sus puntos de ingreso, mientras Brasil activó su plan de contingencia y Argentina ya enfrentó y descartó un caso sospechoso relacionado con una viajera procedente de Uganda. Uruguay también mantiene seguimiento de la evolución del brote.
La cifra de 2.011 fallecidos confirmados coloca al actual brote en una dimensión muy diferente de la que se observaba cuando comenzó la alerta internacional. La República Democrática del Congo declaró el brote el 15 de mayo de 2026, después de que aparecieran casos en distintas zonas del país, y desde entonces la expansión ha sido extraordinariamente rápida. Los CDC de Estados Unidos señalan que el brote superó los 1.000 casos confirmados en apenas 40 días, mientras que el gran brote congoleño de 2018 necesitó aproximadamente 235 días para alcanzar esa cantidad.
La enfermedad corresponde al virus de Bundibugyo, una especie del virus del Ébola diferente de la cepa Zaire que estuvo detrás de algunos de los brotes más conocidos. Este detalle es importante porque la disponibilidad de vacunas y tratamientos depende de la variante viral. Actualmente, una de las dificultades de la respuesta internacional es que no existe una vacuna licenciada específica para el virus de Bundibugyo, aunque existen investigaciones y ensayos que buscan desarrollar una protección específica.
El problema tampoco se limita a la cantidad de personas fallecidas. El brote se desarrolla en regiones de la RDC afectadas por conflictos armados, desplazamientos de población, dificultades logísticas y sistemas sanitarios sometidos a una enorme presión. La OMS y los CDC de África pidieron el 6 de agosto acelerar la detección de casos, ampliar el rastreo de contactos, mejorar el acceso a la atención médica y proporcionar mayor protección al personal sanitario.
¿Existe peligro inmediato para el MERCOSUR?
La respuesta actual es que el riesgo existe, pero no significa que el virus esté llegando a Sudamérica ni que exista una epidemia en el MERCOSUR.
El ébola no se comporta como un virus respiratorio de transmisión masiva. Se transmite principalmente mediante contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de una persona infectada, o mediante contacto con determinados materiales contaminados. Una persona infectada puede viajar antes de presentar síntomas, pero la transmisión requiere posteriormente determinadas condiciones de contacto. Por eso, la detección temprana de viajeros potencialmente expuestos resulta fundamental.
La OPS considera que el riesgo para las Américas debe gestionarse mediante preparación, vigilancia y capacidad de respuesta, no mediante cierres indiscriminados de fronteras. En mayo y junio de 2026 la organización pidió a los países americanos reforzar sus sistemas de vigilancia, laboratorios, prevención y control de infecciones ante la evolución del brote africano.
Esto explica por qué los países del MERCOSUR están tomando una estrategia diferente a la utilizada frente a enfermedades de transmisión respiratoria: no se trata de cerrar las fronteras, sino de detectar rápidamente a una persona potencialmente infectada y evitar que genere una cadena de transmisión.
Paraguay: uno de los controles más visibles dentro del MERCOSUR
Paraguay fue particularmente explícito en su respuesta.
El Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social anunció el refuerzo de la vigilancia sanitaria en todos los puntos de entrada al país, incluyendo controles en aeropuertos y pasos fronterizos. Las autoridades indicaron que no existían casos confirmados de ébola en territorio paraguayo y que las medidas tenían carácter preventivo.
Esto es especialmente relevante para el MERCOSUR porque Paraguay posee una extensa red de fronteras terrestres, además de conexiones aéreas internacionales. Una estrategia basada exclusivamente en aeropuertos sería insuficiente para el país.
La vigilancia paraguaya contempla la identificación de viajeros con antecedentes epidemiológicos compatibles con exposición en zonas afectadas, la evaluación de síntomas y la activación de protocolos cuando aparece una persona sospechosa.
La lógica es sencilla: si una persona estuvo en una zona afectada por el brote y posteriormente desarrolla fiebre u otros síntomas compatibles, debe ser identificada rápidamente para evitar que tenga contacto sin protección con otras personas.
Brasil: el país con la estructura sanitaria más grande del bloque
Brasil representa el componente más importante de la defensa sanitaria del MERCOSUR debido a su población, extensión territorial, cantidad de aeropuertos internacionales y volumen de conexiones con África.
El Ministerio de Salud brasileño activó un plan de contingencia contra el ébola y estableció mecanismos de seguimiento para personas que hayan viajado a países afectados. La estrategia brasileña no contempla un cierre general de fronteras, en línea con las recomendaciones internacionales.
La Agência Nacional de Vigilância Sanitária (Anvisa) también implementó medidas preventivas en puertos y aeropuertos debido al brote de ébola en el Congo. El objetivo es que las estructuras de vigilancia sanitaria puedan identificar rápidamente pasajeros potencialmente expuestos y activar los protocolos correspondientes.
Brasil posee además una ventaja estratégica: cuenta con una amplia infraestructura de vigilancia epidemiológica, laboratorios de referencia y hospitales capaces de aplicar protocolos específicos para enfermedades infecciosas de alta peligrosidad.
El estado de São Paulo, por ejemplo, actualizó en mayo sus orientaciones a la red sanitaria para reforzar los procedimientos de identificación, notificación, aislamiento y atención de casos sospechosos.
Y en agosto de 2026 se difundió una nueva nota técnica brasileña sobre la conducta ante un caso sospechoso de enfermedad por el virus del Ébola, señal de que el sistema sanitario continúa actualizando sus procedimientos mientras evoluciona la emergencia internacional.
Argentina: ya tuvo que activar un protocolo
Argentina ofrece un ejemplo concreto de cómo funcionaría el sistema si apareciera un viajero con antecedentes compatibles.
A finales de junio, las autoridades argentinas informaron que habían descartado un caso sospechoso de ébola en una persona que había viajado a Uganda. El caso fue incorporado al seguimiento epidemiológico y finalmente las pruebas realizadas permitieron descartar la enfermedad.
Esto demuestra algo importante: activar un protocolo no significa que exista un caso confirmado.
El sistema sanitario tiene que investigar cualquier situación compatible con los antecedentes epidemiológicos. La persona puede terminar teniendo malaria, dengue, una infección respiratoria u otra enfermedad con síntomas similares. Lo importante es que el sistema no espere a tener certeza absoluta para comenzar las medidas de aislamiento y diagnóstico.
Argentina también dispone del ANLIS-Malbrán, uno de los principales centros de referencia científica y diagnóstica del país. En agosto se anunció además un acuerdo destinado a fortalecer la vigilancia genómica argentina, ampliando la capacidad tecnológica del sistema sanitario.
Uruguay: vigilancia y seguimiento de la evolución africana
Uruguay también activó mecanismos preventivos.
El Ministerio de Salud Pública uruguayo comunicó desde mayo que estaba siguiendo la evolución del brote declarado por la OMS y analizando las recomendaciones internacionales. El país se incorporó así a la estrategia regional de preparación ante una eventual introducción de casos importados.
Uruguay tiene una particularidad adicional: mantiene personal militar desplegado en misiones internacionales, por lo que la vigilancia de personas que regresan de determinadas zonas de África constituye un elemento que debe ser contemplado dentro de la preparación sanitaria.
En este contexto, la estrategia uruguaya se basa principalmente en seguimiento epidemiológico, preparación del sistema sanitario y coordinación con los organismos internacionales.
¿Y Bolivia?
Aquí existe una diferencia importante.
Bolivia no es miembro pleno del MERCOSUR en el mismo sentido que Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, aunque participa como Estado Parte desde su incorporación y avanza en el proceso de adecuación normativa al bloque. Por su posición geográfica, sin embargo, resulta imposible analizar la seguridad sanitaria del MERCOSUR sin incluirla.
Bolivia comparte fronteras con Brasil, Paraguay y Argentina, por lo que cualquier evento sanitario importante que llegue a esos países podría tener repercusiones indirectas sobre el territorio boliviano.
La vigilancia boliviana, por tanto, tiene una importancia particular en los corredores terrestres sudamericanos. La coordinación con Brasil y Paraguay resulta especialmente relevante debido al movimiento de personas y mercancías por la región amazónica y por los corredores internacionales.
En otras palabras, la defensa contra una eventual introducción del ébola no puede ser exclusivamente nacional.
El punto débil: las fronteras terrestres
Aquí aparece uno de los mayores desafíos para el MERCOSUR.
Los aeropuertos internacionales pueden implementar protocolos relativamente estructurados: identificación del itinerario, declaración sanitaria, evaluación del pasajero y activación de mecanismos de vigilancia.
Pero el MERCOSUR posee una enorme cantidad de fronteras terrestres, con millones de desplazamientos anuales.
Un viajero procedente de África puede llegar primero a un gran aeropuerto internacional de Brasil, Argentina o Uruguay y posteriormente desplazarse por carretera hacia otro país. También puede ingresar desde un país vecino sin que el segundo Estado tenga acceso inmediato a toda la información epidemiológica de su recorrido.
Por eso, el verdadero desafío consiste en construir una vigilancia sanitaria regional conectada, capaz de compartir información rápidamente entre los ministerios de Salud.
La existencia de fronteras abiertas dentro del proceso de integración económica hace especialmente importante esta coordinación.
¿Qué tendría que ocurrir si aparece un caso?
El protocolo ideal no comienza con el cierre de una frontera.
Comienza con la detección de una persona con síntomas compatibles y antecedentes epidemiológicos relevantes.
Después debe producirse el aislamiento del paciente, utilización de equipos de protección por parte del personal sanitario, notificación inmediata a las autoridades, investigación epidemiológica, identificación de contactos y realización de pruebas diagnósticas.
Los contactos de alto riesgo deben ser identificados y monitorizados durante el período correspondiente, mientras que el material potencialmente contaminado debe manipularse bajo protocolos estrictos.
La experiencia internacional demuestra que la detección temprana es mucho más importante que intentar detener indiscriminadamente todos los viajes.
El gran problema: el tiempo
El ébola tiene una característica que juega a favor de los sistemas sanitarios: no es altamente contagioso durante el período en que una persona permanece asintomática.
Esto ofrece una ventana de oportunidad.
Una persona puede viajar desde África hacia Sudamérica sin necesariamente transmitir el virus durante el trayecto. El problema aparece cuando comienza a presentar síntomas y entra en contacto con familiares, compañeros de trabajo, personal sanitario u otras personas.
Por eso, cada hora de retraso en identificar un caso puede aumentar el número de contactos potenciales.
La OMS y los CDC de África están insistiendo precisamente en detección precoz y seguimiento de contactos porque la rapidez determina en gran medida la posibilidad de contener una cadena de transmisión.
La situación mundial también está cambiando
El actual brote es especialmente preocupante porque está demostrando una velocidad de expansión muy superior a la observada en otros episodios recientes.
Los CDC estadounidenses señalan que este brote ya se convirtió en el segundo brote de ébola más grande registrado, después de superar rápidamente los 1.000 casos confirmados.
La situación también está ejerciendo presión sobre los sistemas sanitarios africanos. Médicos Sin Fronteras advirtió recientemente que la respuesta está atravesando una situación especialmente crítica y que las dificultades operativas, la cantidad de casos y las necesidades de atención están complicando el control de la epidemia.
Esto significa que Sudamérica no puede limitarse a observar la evolución del problema.
Lo que el MERCOSUR debería hacer ahora
La primera medida ya está en marcha: vigilancia reforzada.
Pero el siguiente paso debería ser una coordinación regional mucho más visible.
Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia deberían mantener intercambio permanente de información epidemiológica sobre viajeros procedentes de las zonas afectadas, establecer criterios comunes para definir un caso sospechoso y garantizar que los sistemas de salud de frontera conozcan exactamente qué hacer ante una alerta.
También resulta importante mantener preparados los laboratorios de referencia, disponer de equipos de protección personal, capacitar al personal sanitario y garantizar que existan instalaciones capaces de aislar a un paciente sin poner en riesgo a otros pacientes ni al personal médico.
La OPS está justamente promoviendo este tipo de preparación regional. La organización ha recomendado reforzar vigilancia epidemiológica, capacidad de laboratorio, prevención y control de infecciones y preparación de los servicios sanitarios.
Antes, ahora y después
Antes de esta epidemia, el ébola era para gran parte de Sudamérica una enfermedad asociada principalmente con África occidental y central y con brotes relativamente localizados.
Ahora la situación es diferente. La magnitud y velocidad del brote de 2026 obligaron a los países americanos a reforzar sus sistemas de preparación, aunque el riesgo de transmisión sostenida en América continúa siendo considerablemente menor que en las zonas directamente afectadas. Paraguay ya reforzó sus fronteras, Brasil activó su plan de contingencia, Argentina demostró que sus protocolos pueden activarse ante un viajero sospechoso y Uruguay mantiene seguimiento de la situación.
Después dependerá de dos factores: la capacidad de África para controlar el brote y la capacidad de Sudamérica para detectar rápidamente cualquier caso importado.
Si el MERCOSUR consigue mantener vigilancia coordinada, diagnóstico rápido, aislamiento efectivo y seguimiento de contactos, la aparición de un caso importado no tendría necesariamente que convertirse en una epidemia regional.
El escenario que los sistemas sanitarios deben evitar es otro: que una persona infectada llegue a Sudamérica, permanezca varios días sin ser identificada, viaje entre países y establezca múltiples cadenas de contacto antes de recibir diagnóstico.
Por eso, la pregunta más importante no es solamente si el ébola puede llegar al MERCOSUR. Sí puede llegar un caso importado. La verdadera cuestión es si los sistemas sanitarios del bloque están preparados para impedir que ese primer caso se convierta en transmisión comunitaria.
Por ahora, la evidencia disponible indica que los países del MERCOSUR están tomando medidas preventivas y que no existe una epidemia de ébola en la región. Pero la velocidad con que la enfermedad está avanzando en la República Democrática del Congo justifica mantener la vigilancia elevada y, sobre todo, fortalecer la coordinación sanitaria entre los países que comparten fronteras y un espacio de libre circulación.
En otras palabras: el MERCOSUR no está frente a una epidemia de ébola, pero sí frente a una prueba de preparación sanitaria regional.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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