Un estudio publicado el 10 de agosto de 2026 en la Revista EdUCA analiza el material educativo de la 14ª Bienal del Mercosur, realizada en Porto Alegre en 2025, y plantea una discusión de fondo sobre el papel que deben cumplir el arte y la educación en la formación de las personas. El artículo, titulado “El discurso educativo de la 14ª Bienal del Mercosur a la luz del materialismo histórico-dialéctico y de la pedagogía histórico-crítica”, fue elaborado por Isadora Gonçalves de Azevedo y Maria Cristina da Rosa Fonseca da Silva y examina específicamente los textos conceptuales del material pedagógico de la exposición. Las autoras reconocen que el proyecto educativo abordó cuestiones relevantes como diversidad cultural, ancestralidad y descolonialidad, pero sostienen que su orientación teórica se aproxima más a una pedagogía basada en la experiencia que a una pedagogía de la praxis. Desde esa perspectiva, el trabajo propone volver a relacionar arte, educación, trabajo, historia y realidad social como elementos de una formación verdaderamente emancipadora.
La investigación adquiere especial importancia porque no analiza una exposición artística de manera aislada, sino una de las principales experiencias culturales de integración regional desarrolladas en el sur de Brasil. La 14ª Bienal del Mercosur, denominada “Estalo”, se desarrolló entre el 27 de marzo y el 1 de junio de 2025 y ocupó 18 espacios de Porto Alegre y su entorno. La Fundación Bienal del Mercosur señala que participaron 77 artistas de 30 países y cinco continentes, con una programación gratuita que incluyó exposiciones, actividades públicas y un amplio proyecto educativo.
La dimensión educativa no fue secundaria. Según la propia Fundación Bienal del Mercosur, la edición alcanzó casi 900.000 visitantes, mientras que el proyecto educativo llegó a aproximadamente 30.000 estudiantes y tuvo contacto con alrededor de 4.900 escuelas. La institución también registró más de 800 agendamientos escolares y grupos que participaron de visitas mediadas. Estos números permiten comprender por qué analizar el discurso pedagógico de la Bienal tiene relevancia más allá del mundo universitario: el modelo utilizado llegó a decenas de miles de estudiantes y profesores.
El origen de la discusión
La 14ª Bienal fue construida alrededor del concepto de “Estalo”, palabra portuguesa que remite al chasquido producido al juntar los dedos, pero que también puede representar una transformación repentina, un impacto, un cambio o incluso una revelación. La curaduría de Raphael Fonseca utilizó esa idea como punto de partida para pensar las relaciones entre cuerpo, movimiento, sonido, transformación y resistencia.
La propuesta curatorial buscó observar la transformación en diferentes escalas: desde cambios físicos y corporales hasta transformaciones sociales, culturales y ambientales. La Fundación Bienal explica que algunas obras fueron concebidas como verdaderos “estallidos”, mientras otras representaban transformaciones más silenciosas y casi imperceptibles.
En ese contexto se desarrolló un programa educativo que pretendía aproximar las obras al público mediante mediación, formación docente, seminarios, conversaciones, materiales pedagógicos y experiencias artísticas. La propia Fundación sostiene que su programa educativo tiene, desde hace años, una función formadora de profesionales de la educación artística y busca generar impactos en el campo de la educación museal y de la enseñanza del arte en Brasil.
La investigación de Azevedo y Silva entra precisamente en ese punto: ¿qué concepción de educación aparece detrás de ese material?
Qué analizaron las investigadoras
El estudio no pretende evaluar todas las obras expuestas durante la Bienal ni realizar una crítica general de los artistas seleccionados. Las autoras delimitan su investigación al material educativo, particularmente a la primera parte del documento, compuesta por textos conceptuales que ocupan las páginas 8 a 139.
Esta distinción es importante. El objeto central de la investigación no es determinar si las obras eran buenas o malas, ni cuestionar la calidad artística de la exposición, sino analizar qué fundamentos teóricos orientaron la construcción del discurso educativo utilizado para acompañar la muestra.
Las autoras reconocen que el material incorpora conceptos contemporáneos relacionados con la diversidad cultural, la ancestralidad y la descolonialidad. Sin embargo, sostienen que la manera en que esos conceptos son articulados se distancia de una interpretación materialista de la realidad.
Es allí donde aparece el núcleo de la crítica académica.
Experiencia o praxis: la diferencia central
El artículo utiliza como referencia la Pedagogía Histórico-Crítica, una corriente de pensamiento educativo vinculada especialmente al trabajo del pedagogo brasileño Dermeval Saviani.
Esta perspectiva entiende la educación como una práctica social históricamente determinada. No considera al estudiante únicamente como alguien que necesita experimentar, expresarse o construir significados individuales, sino como un sujeto que se forma dentro de relaciones sociales concretas y que necesita apropiarse críticamente del conocimiento producido históricamente por la humanidad.
Por eso, para las autoras existe una diferencia fundamental entre una pedagogía de la experiencia y una pedagogía de la praxis.
La primera puede privilegiar la vivencia, la percepción, el intercambio y la construcción subjetiva de sentidos. La segunda intenta conectar esa experiencia con la comprensión crítica de las condiciones históricas y sociales que producen la realidad.
El argumento central del estudio es que la educación artística no debería detenerse en la experiencia estética, sino avanzar hacia una comprensión de por qué la sociedad funciona de determinada manera, cómo se producen las desigualdades y qué papel puede desempeñar el conocimiento en la transformación de esa realidad.
El debate sobre la educación artística
La discusión no comenzó con la 14ª Bienal. La relación entre arte y educación ha sido objeto de debate durante décadas.
En una concepción más tradicional, la educación artística podía estar asociada principalmente al aprendizaje de técnicas, estilos, historia del arte y producción estética. Posteriormente surgieron enfoques que pusieron mayor énfasis en la experiencia del estudiante, la interpretación personal, la diversidad cultural y la libertad creativa.
Las pedagogías críticas introdujeron otra pregunta: ¿qué relaciones sociales y materiales están detrás de aquello que una sociedad considera conocimiento, cultura y arte?
Ese interrogante cambia el papel del museo, la bienal y la escuela. El estudiante deja de ser únicamente un espectador que interpreta una obra y pasa a ser un sujeto que puede relacionar esa obra con su contexto histórico, económico, político y social.
La investigación publicada en Revista EdUCA se sitúa precisamente dentro de ese debate.
Una Bienal con una dimensión educativa considerable
Para entender el alcance de la discusión hay que observar la estructura educativa de la 14ª Bienal.
La Fundación Bienal organizó actividades en 12 espacios, con visitas mediadas destinadas a escuelas, grupos e instituciones. También desarrolló programas de formación para profesores y mediadores, además de producir material pedagógico específico para acompañar la exposición.
La propuesta incluyó además la serie de encuentros denominada “Roleta: giro de ideas”, desarrollada entre noviembre de 2024 y marzo de 2025. Los encuentros abordaron cuestiones relacionadas con el hacer colectivo, el movimiento, el cuerpo, las luchas, las danzas y las manifestaciones culturales en rueda.
Esto demuestra que el proyecto educativo no fue una actividad complementaria agregada al final de la exposición. Formó parte de la arquitectura conceptual de la Bienal.
Y precisamente por eso la investigación académica adquiere relevancia: el modo en que una gran institución cultural define educación puede influir en la manera en que miles de estudiantes interpretan el arte y la sociedad.
Porto Alegre como laboratorio cultural
La elección de Porto Alegre también tiene una importancia particular.
La Bienal del Mercosur nació en 1997 y se convirtió en uno de los principales proyectos de arte contemporáneo de América Latina. A lo largo de sus diferentes ediciones, buscó establecer conexiones entre artistas, instituciones y públicos de diferentes países de la región.
La 14ª edición llevó esa integración a una escala urbana. En lugar de concentrarse en un único edificio, ocupó numerosos espacios culturales de la ciudad, desde instituciones tradicionales hasta lugares situados en diferentes regiones de Porto Alegre. La estrategia permitió que la exposición dejara de ser exclusivamente un acontecimiento del circuito artístico central y se relacionara con diferentes públicos.
Ese carácter descentralizado también tuvo consecuencias educativas. El proyecto pretendió convertir la ciudad en una especie de territorio pedagógico, donde el contacto con el arte pudiera producirse fuera de las estructuras tradicionales de una escuela o museo.
El concepto de “decolonialidad”
Uno de los elementos reconocidos por las investigadoras es la presencia de cuestiones vinculadas con la decolonialidad y la diversidad cultural.
El término ocupa un espacio creciente en los debates académicos latinoamericanos porque busca cuestionar estructuras de conocimiento heredadas de la colonización y analizar cómo determinados sistemas culturales, históricos y epistemológicos adquirieron una posición dominante.
En una exposición internacional como la Bienal del Mercosur, esa cuestión adquiere una dimensión regional. América Latina posee una historia marcada por colonización, desigualdad, desplazamiento de pueblos indígenas, esclavitud, migraciones y diferentes formas de resistencia cultural.
El problema que plantean las autoras no es que esos temas estén presentes. Por el contrario, reconocen su importancia. Su cuestionamiento se dirige hacia la base teórica desde la cual esas cuestiones son interpretadas y hacia la necesidad de conectarlas con una lectura material e histórica de la sociedad.
Por qué la discusión importa fuera de la universidad
A primera vista, puede parecer un debate reservado a especialistas en pedagogía, arte contemporáneo o filosofía de la educación. Sin embargo, sus consecuencias son mucho más amplias.
Cuando una institución cultural prepara material educativo para estudiantes, está tomando decisiones sobre qué preguntas hacer, qué conceptos destacar, qué conocimientos considerar relevantes y cómo interpretar la relación entre arte y sociedad.
Eso significa que una exposición puede enseñar mucho más que el nombre de un artista o la descripción de una obra.
Puede enseñar a observar, comparar, cuestionar, relacionar acontecimientos históricos, reconocer desigualdades y comprender diferentes perspectivas.
La pregunta fundamental es si esa educación debe concentrarse principalmente en la experiencia individual o si debe conducir también hacia una comprensión estructural de la realidad.
La investigación publicada por Azevedo y Silva responde defendiendo la segunda posibilidad. Su conclusión es que el arte y la educación deberían regresar al terreno de la historia, el trabajo y las relaciones sociales, utilizando la totalidad concreta como fundamento para una formación emancipadora.
El “antes”: una tradición educativa que viene de lejos
La crítica presentada en el estudio tampoco puede separarse de la historia de la propia Bienal.
La relación entre la Bienal del Mercosur y la educación se desarrolló durante décadas. Investigaciones académicas anteriores ya analizaron cómo las diferentes ediciones utilizaron la mediación, la formación de profesores y las experiencias educativas para ampliar el acceso al arte contemporáneo.
La propia Fundación reconoce actualmente que su proyecto pedagógico ha contribuido a formar profesionales del campo de la educación artística y que sus experiencias han tenido repercusiones en la educación museal brasileña.
Por lo tanto, la discusión actual representa una nueva etapa de una pregunta antigua: qué significa educar mediante el arte y qué tipo de ciudadano se pretende formar mediante esa educación.
El “ahora”: una crítica académica en una nueva etapa de la Bienal
El artículo fue publicado el 10 de agosto de 2026, más de un año después de la realización de la 14ª Bienal. Su aparición permite observar el proyecto con una distancia que no existía durante la exposición.
La Bienal ya terminó, los visitantes regresaron a sus rutinas y las estructuras temporales fueron desmontadas. Pero el material educativo permanece disponible y puede seguir siendo estudiado, utilizado y reinterpretado.
Esto transforma la exposición en un objeto de investigación.
La discusión deja de ser solamente “qué ocurrió durante la Bienal” y pasa a ser qué modelo de educación artística quedó registrado y qué consecuencias puede tener para futuras iniciativas culturales.
El “después”: una oportunidad para revisar el modelo
La principal consecuencia posible de investigaciones como esta no es necesariamente abandonar el modelo educativo desarrollado por la Bienal, sino revisarlo críticamente.
La propia Fundación Bienal informa que está avanzando en la construcción de un proyecto educativo permanente. Esto resulta especialmente relevante porque significa que las experiencias acumuladas durante las ediciones anteriores podrían convertirse en una estructura educativa continua y no limitarse a los períodos en que existe una Bienal.
Si esa iniciativa se consolida, el debate planteado por el artículo adquiere todavía mayor importancia.
Una estructura educativa permanente tendría la oportunidad de incorporar diferentes corrientes pedagógicas, confrontar perspectivas y desarrollar materiales que combinen experiencia estética, conocimiento histórico, pensamiento crítico y comprensión de la realidad social.
Una discusión que también alcanza al Mercosur
Existe además una dimensión regional que merece atención.
La Bienal del Mercosur no es simplemente una exposición brasileña con un nombre relacionado con el bloque económico. Su propia trayectoria está vinculada a la construcción de un espacio cultural sudamericano.
La participación de artistas de 30 países en la edición de 2025 demuestra que el proyecto funciona como una plataforma de circulación internacional de ideas, lenguajes y experiencias.
Por eso, discutir cómo se enseña el arte dentro de la Bienal también implica discutir qué imagen de América Latina se transmite a sus públicos.
Si el arte se presenta únicamente como experiencia individual, el visitante puede salir con una percepción estética determinada. Si además se relacionan las obras con historia, trabajo, desigualdad, territorio, colonialidad y relaciones sociales, la experiencia puede adquirir una dimensión política y educativa mucho más profunda.
Ese es, en última instancia, el núcleo de la investigación.
Un estudio que convierte una exposición en objeto de debate educativo
El trabajo de Isadora Gonçalves de Azevedo y Maria Cristina da Rosa Fonseca da Silva no pretende ofrecer una lectura definitiva sobre la 14ª Bienal del Mercosur. Su importancia reside precisamente en abrir una discusión sobre los fundamentos que orientan la educación artística en grandes instituciones culturales.
La investigación reconoce los avances del proyecto y la sensibilidad hacia temas contemporáneos, pero cuestiona que la experiencia educativa pueda quedar separada de las condiciones históricas y materiales que producen la realidad.
La conclusión propone recuperar la praxis como vínculo entre conocimiento, acción y transformación social.
El debate queda abierto: ¿debe una bienal enseñar principalmente a experimentar el arte o también a comprender críticamente el mundo en el que ese arte existe?
La respuesta tendrá consecuencias para las próximas generaciones de estudiantes, profesores, mediadores y visitantes que se acerquen a la Bienal del Mercosur. Y, mientras la Fundación avanza hacia un proyecto educativo permanente, la discusión planteada por esta investigación puede convertirse en una oportunidad para transformar una experiencia cultural de gran alcance en un espacio todavía más profundo de formación, pensamiento crítico e integración latinoamericana.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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