
Todos los que conozco anhelan un descanso. Los adolescentes de mi entorno están agotados por los estudios, las actividades extracurriculares y los dramas relacionales. Las madres y las abuelas hacen malabares con los horarios de todos mientras se las arreglan para sacar tiempo para sus propias tareas. Mis compañeros de trabajo están haciendo horas extras y contando los días que faltan para las próximas vacaciones pagadas. Las alarmas nos despiertan temprano y nuestras listas de tareas nos mantienen despiertos hasta tarde, y cada semana trae consigo un nuevo conjunto de responsabilidades urgentes. Estamos cansados.
Gracias a Dios, la Biblia presenta constantemente el día de reposo como un regalo del Señor para los agotados. El día de reposo es el patrón que Dios estableció desde Génesis hasta Apocalipsis, y debemos reconocerlo y defenderlo en nuestras vidas. Un día de cada siete, el Señor nos invita a dejar de lado las cosas cotidianas y experimentar la bendición de las cosas espirituales.
Consideremos cinco formas en que el descanso del día de reposo reorienta a las personas agotadas hacia lo que más importa.
1. El descanso en el día de reposo reorienta nuestro tiempo
Por muy tentador que sea creer que somos dueños de nuestro tiempo, manipulando cuidadosamente un complejo rompecabezas de entradas en el calendario de Google, no lo somos. Dios es quien creó el tiempo, quien nos situó en él y nos sometió a él, y Dios es quien legítimamente nos indica cómo utilizarlo. Cuando nos sometemos a Su patrón de seis días para trabajar y uno para adorar, reconocemos que Dios es el Señor del tiempo.
El Señor nos invita a dejar de lado las cosas cotidianas y a experimentar la bendición de las cosas espirituales
El descanso disruptivo en el día de reposo es una oportunidad para recordar que incluso nuestros horarios están bajo la autoridad del Señor. Una vez a la semana, el Señor irrumpe en nuestra rutina y nos recuerda que nuestras citas y planes no son lo más importante, ni se priorizan según nuestros deseos. Cuando el primer día de cada semana le pertenece por completo, eso reorienta cada minuto de todos los días que siguen.
2. El descanso en el día de reposo reorienta nuestro trabajo
Me encantan las listas de tareas pendientes. Soy conocida por completar una tarea y luego añadirla a mi lista de tareas pendientes simplemente por el placer de tacharla inmediatamente. Mido el éxito de cada día por el número de elementos que tienen una raya oscura que los atraviesa. ¿Reunión telefónica? Hecho. ¿Recoger las medicinas? Hecho. ¿Hacer compras de comida? Hecho. ¿Entregar el proyecto? Hecho. Satisfecha con mis esfuerzos, me acuesto feliz.
Excepto los domingos. Los domingos por la noche, tengo que aceptar el hecho de que he hecho muy poco. No he marcado mi tarjeta en el trabajo ni he hecho ningún mandado. Tengo menos dinero en mi cuenta bancaria, ya que he dejado algo en la ofrenda de la iglesia. No he completado ninguna tarea que pueda tachar de mi lista y felicitarme por ello. Pero ¿sabes una cosa? Tuve comida en el estómago y aire en los pulmones; el sol siguió brillando y la tierra siguió girando. Yo no hice nada, y el Señor hizo todo.
A menudo nos sentimos tentados a pensar que nuestro esfuerzo es lo que nos mantiene a flote, pero el descanso del día de reposo nos recuerda que es el Señor quien nos da el pan de cada día, quien nos provee de ropa y quien nos da un lugar donde vivir (Mt 6:11, 25-30).
Lo que es aún más importante, el descanso dominical nos recuerda que no obtenemos ninguna bendición espiritual por nuestras propias manos, incluyendo nuestra salvación (He 4:1-13). En la cruz, Cristo lo hizo todo, y nosotros no hicimos nada. Comenzamos cada semana, no con trabajo, sino con descanso, recordando que Cristo ya ha obrado por nosotros.
3. El descanso en el día de reposo reorienta nuestras lealtades
La mayoría de nosotros interactuamos con cientos de personas en una semana cualquiera. Intercambiamos sonrisas con el cartero y mensajes de texto con nuestra mejor amiga de la escuela primaria. Pasamos tiempo con compañeros de clase, compañeros de trabajo, vecinos, familiares y conocidos en el gimnasio. El descanso del día de reposo, sin embargo, aclara con quiénes estamos conectados de manera más significativa: los miembros de la familia de Cristo.
A lo largo de la semana, hacemos un espacio en nuestra agenda para las personas que nos importan, pero en el día del Señor, Dios hace un espacio en nuestra agenda para las personas que le importan a Él. Cuando nos reunimos con la iglesia, nos reunimos con aquellos por quienes Cristo murió.
Puede que no sean las personas que elegiríamos para nosotros mismos, pero son las personas que Dios ha elegido para nosotros. Son las personas a las que las Escrituras nos llaman a amar (Jn 13:34), saludar (Ro 16:16), conocer (3 Jn 15), por las que orar (Stg 5:16), a las que servir (Gá 5:13), a las que perdonar (Col 3:13) y a las cuales mostrar hospitalidad (Ro 12:13). Al igual que yo, probablemente te cueste hacer estas cosas en tu ajetreada semana, pero durante un día entero tenemos la oportunidad de poner en práctica nuestro compromiso con el pueblo de Dios en la iglesia.
4. El descanso en el día de reposo reorienta nuestras prioridades
Vivo en la zona metropolitana más secular de los Estados Unidos. Los domingos por la mañana, me cruzo con vecinos que cortan el césped o salen a correr. Algunos cargan sus automóviles con sillas y sombrillas para ir a la playa; otros preparan los materiales para un proyecto de renovaciones en sus casas. Nunca he visto a mis vecinos dirigirse a la iglesia.
Sus costumbres dominicales dan testimonio de lo que es importante para ellos: una bonita casa, un cuerpo sano, tiempo con la familia. No hay nada de malo en ninguna de esas cosas, pero ninguna es lo más importante.
El pastor puritano David Clarkson escribe: «Las cosas más maravillosas que se hacen ahora en la tierra se llevan a cabo en las ordenanzas públicas, aunque su carácter común y espiritual las hace parecer menos maravillosas».
En otras palabras, puede que lo que ocurre en tu iglesia los domingos no parezca gran cosa, pero es lo más importante que sucede en todo el mundo. Cuando el pueblo de Dios se reúne para adorar, el Señor promete Su presencia (Mt 18:20), proclama Su Palabra (1 Ts 2:13), recibe nuestras oraciones y alabanzas (Ap 5:8), nos santifica (Ef 5:25-27), convierte a los pecadores (Ro 10:14) y nos sella para Sí mismo en el bautismo y la Cena del Señor (Ro 6:4; 1 Co 11:24).
Visto a través de la lente de las Escrituras, la adoración en la iglesia es el punto culminante de cada semana. En verdad, «mejor es un día en Tus atrios [del Señor] que mil fuera de ellos» (Sal 84:10).
5. El descanso en el día de reposo reorienta nuestro peregrinaje
Durante varios años utilicé una agenda que tenía espacio cada mes y también cada trimestre para anotar los objetivos generales de las semanas siguientes. Sin esas indicaciones, la lista de tareas de un día se prolongaba hasta el siguiente. Las páginas en blanco servían como oportunidades para detenerme y reflexionar sobre dónde había estado y hacia dónde me dirigía.
Comenzamos cada semana no con trabajo, sino con descanso, recordando que Cristo ya ha obrado por nosotros
Del mismo modo, el descanso dominical es un recordatorio constante para los peregrinos cristianos: Detente aquí y reorienta tu rumbo. Reflexiona sobre tu camino. Fija tu corazón en tu meta. Un día a la semana, tenemos la oportunidad de hacer balance de lo recorrido. ¿Dónde he experimentado la obra del Espíritu? ¿Dónde he visto respondidas mis oraciones? ¿Dónde he caído en las trampas de Satanás? ¿Dónde he crecido en la gracia?
Aunque podemos (¡y deberíamos!) hacernos estas preguntas a lo largo de la semana, el descanso en el día de reposo nos libera para dar un paso atrás y contemplar el panorama general. Al igual que la piedra de Ebenezer de Samuel, nos impulsa a recordar: «Hasta aquí nos ha ayudado el SEÑOR» (1 S 7:12).
Luego, dirige nuestros corazones hacia el futuro. Dios nos creó para un fin mayor que repetir tareas monótonas sin fin. Nuestra labor terrenal está sujeta a un contrato limitado, y la pausa del descanso semanal nos reorienta hacia ese día final en el que descansaremos de todas nuestras labores (Ap 14:13). Cada semana, nos detenemos a reflexionar sobre dónde hemos estado y, luego, renovados, partimos de nuevo hacia esa ciudad santa donde está Cristo.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Megan Hill
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/razones-necesitas-dia-reposo/
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