China enfrenta una nueva señal de enfriamiento económico. Los datos oficiales correspondientes a agosto muestran una economía con dos velocidades: mientras la producción industrial consiguió acelerar y la industria tecnológica mantiene una importante capacidad de expansión, el consumo interno continúa prácticamente estancado y el sector inmobiliario profundiza su retroceso. El resultado aumenta la presión sobre Pekín para adoptar nuevas medidas que reactiven la demanda de los hogares.
La producción industrial creció 5,2% interanual en agosto, por encima del 4,5% registrado en julio y también de las previsiones de los analistas, que esperaban un avance cercano al 4,8%. La manufactura fue el principal motor, con un crecimiento de 6,1%, impulsada especialmente por sectores de tecnología avanzada, inteligencia artificial y producción destinada a la exportación. La minería, en cambio, retrocedió 1,4%.
Pero el buen desempeño de las fábricas no se está trasladando al conjunto de la economía. Las ventas minoristas, uno de los principales indicadores del consumo de los hogares, crecieron apenas 0,4% en agosto, frente al 0,6% de julio y muy por debajo del 0,8% que esperaban los analistas. Según Capital Economics, al descontar la inflación, el consumo real habría registrado incluso una contracción cercana al 0,7%.
Este comportamiento constituye uno de los principales problemas para el Gobierno chino. La estrategia económica necesita que los consumidores recuperen confianza y aumenten sus gastos, pero los hogares continúan mostrando cautela. El debilitamiento de las ventas también alcanzó a los servicios, cuyo crecimiento registró en agosto su nivel más bajo desde finales de 2022. El efecto de los programas gubernamentales destinados a estimular la compra de electrodomésticos y productos electrónicos parece estar perdiendo fuerza.
La crisis inmobiliaria sigue siendo el gran lastre
El otro gran problema se encuentra en el mercado inmobiliario. La inversión en promoción inmobiliaria cayó 19,9% durante los primeros ocho meses del año, mientras que las ventas de inmuebles medidas por superficie descendieron 12,1% interanual en el mismo período. El mercado residencial tampoco consiguió estabilizarse: los precios de las viviendas nuevas bajaron por trigésimo noveno mes consecutivo.
En agosto, los precios de las viviendas nuevas disminuyeron 0,17% respecto de julio en las 70 ciudades analizadas por la Oficina Nacional de Estadística. En el mercado de viviendas usadas, la caída mensual fue todavía mayor, de 0,31%. Solo tres de las 70 ciudades registraron aumentos en los precios de los inmuebles de segunda mano.
El problema tiene una dimensión mucho mayor que la construcción. La vivienda constituye uno de los principales vehículos de ahorro e inversión de las familias chinas. Cuando los precios caen y las propiedades pierden valor, los hogares tienden a consumir menos y a aumentar su precaución financiera. Esa relación ayuda a explicar por qué la crisis inmobiliaria termina afectando directamente al consumo y, por extensión, al crecimiento económico.
La situación llega después de años de dificultades en el sector. El colapso de grandes desarrolladoras, viviendas sin terminar y la caída de las ventas han debilitado la confianza de los compradores. La crisis de Evergrande se convirtió en uno de los símbolos de este proceso, pero el problema actualmente afecta a una parte mucho más amplia del mercado inmobiliario chino.
También cae la inversión y aumenta el desempleo
La debilidad no se limita al consumo y la vivienda. La inversión en activos fijos disminuyó 7,2% durante los primeros ocho meses del año. Dentro de este indicador, la inversión manufacturera cayó 2,3% y la destinada a infraestructura retrocedió 4%. El desempleo urbano también mostró un deterioro y llegó al 5,3%, frente al 5,2% esperado.
Otro indicador que refleja la cautela de empresas y familias es el crédito. En agosto, los bancos chinos concedieron nuevos préstamos por unos 60.000 millones de yuanes, una cifra muy inferior a los 400.000 millones que esperaban los analistas. El endeudamiento de los hogares cayó por sexto mes consecutivo y el crecimiento de los préstamos en yuanes se situó en su ritmo más bajo registrado.
La combinación es compleja: el Estado y las empresas pueden mantener sectores industriales dinámicos, pero si los consumidores no gastan y las familias no quieren endeudarse, la economía encuentra dificultades para generar un crecimiento equilibrado.
La industria tecnológica evita un escenario todavía peor
El panorama no es completamente negativo. La industria tecnológica se está convirtiendo en uno de los principales motores de la economía china. La producción vinculada con inteligencia artificial, baterías de ion-litio, robots industriales y manufactura avanzada está creciendo con fuerza, mientras las exportaciones continúan ofreciendo respaldo a la actividad.
El problema es que este dinamismo industrial no compensa todavía la debilidad de la demanda interna. Reuters describe una brecha cada vez más evidente entre la fortaleza de las fábricas y la capacidad de los hogares para sostener el consumo. La situación alimenta además las preocupaciones de otros países, que observan el crecimiento de las exportaciones chinas y el riesgo de que el exceso de producción termine presionando a sus propias industrias.
Pekín enfrenta una decisión difícil
Las autoridades chinas ya han aplicado medidas para sostener la economía y estabilizar el sector inmobiliario. Entre las iniciativas recientes se encuentran modificaciones relacionadas con las hipotecas y esfuerzos para abandonar gradualmente el modelo de preventa que dejó numerosas viviendas sin terminar. Sin embargo, los analistas consideran que la recuperación del mercado inmobiliario será lenta.
El desafío para Pekín consiste ahora en encontrar un equilibrio entre estimular la actividad y continuar corrigiendo los excesos acumulados durante el prolongado auge inmobiliario. Una política de estímulo demasiado agresiva podría prolongar desequilibrios; una respuesta insuficiente podría permitir que la debilidad del consumo y la vivienda se extienda durante más tiempo.
China llegó al segundo trimestre de 2026 con un crecimiento interanual del PIB de 4,3%, su ritmo más lento en más de tres años y por debajo del objetivo oficial anual de entre 4,5% y 5%. Los nuevos datos de agosto aumentan las dudas sobre la capacidad de la segunda economía mundial para alcanzar ese objetivo sin nuevas medidas de apoyo.
La fotografía de la economía china en agosto es, por tanto, contradictoria: las fábricas producen más, la tecnología avanza y las exportaciones continúan sosteniendo parte de la actividad, pero los consumidores no acompañan y el mercado inmobiliario sigue contrayéndose. Para Pekín, el problema ya no es simplemente conseguir crecimiento, sino lograr que ese crecimiento llegue a los hogares y reduzca la dependencia de la industria y de las exportaciones.
Foto: Reuters / Archivo
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