El dolor de rodilla es una de las molestias musculoesqueléticas más frecuentes y puede aparecer por lesiones, sobrecarga, desgaste articular o enfermedades como la artrosis. Pero no todos los dolores tienen el mismo origen y, por eso, tampoco existe un único tratamiento que funcione para todos los pacientes. La evidencia científica apunta a una conclusión importante: antes de buscar una solución rápida, es necesario identificar qué está provocando el dolor.
La rodilla soporta una parte importante del peso corporal y está sometida diariamente a movimientos repetitivos. La artrosis es una de las causas más frecuentes de dolor persistente en esta articulación. La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 528 millones de personas vivían con artrosis en 2019, y la rodilla es la articulación afectada con mayor frecuencia.
Sin embargo, sentir dolor en la rodilla no significa automáticamente tener artrosis. Una lesión deportiva, un problema de meniscos, tendones o ligamentos, una inflamación, una sobrecarga muscular o incluso determinadas enfermedades pueden producir síntomas similares. Por eso, el tratamiento debería comenzar con una evaluación clínica y, cuando sea necesario, estudios de imagen.
El ejercicio sí tiene un papel importante
Uno de los puntos con mayor respaldo científico es el ejercicio terapéutico. En personas con artrosis de rodilla, fortalecer los músculos que rodean la articulación puede mejorar la movilidad y reducir el dolor. La actividad física también ayuda a mantener la función de la rodilla y evitar el círculo de dolor, inactividad y pérdida de fuerza muscular.
Esto no significa que cualquier ejercicio sea conveniente. Cuando existe dolor, la intensidad y el tipo de actividad deben adaptarse a la condición de cada persona. Caminar, realizar ejercicios de fortalecimiento, bicicleta estática o actividades acuáticas pueden ser alternativas, pero el programa debe individualizarse cuando existe una lesión o enfermedad articular.
El peso también puede influir
En personas con sobrepeso u obesidad, reducir el peso corporal puede disminuir la carga mecánica sobre las rodillas y contribuir a mejorar los síntomas. La OMS identifica la obesidad como uno de los factores que aumenta el riesgo de artrosis de rodilla.
Esto no significa que el dolor de rodilla sea simplemente consecuencia del peso. La artrosis es una enfermedad que afecta a toda la articulación y en su desarrollo intervienen factores como la edad, lesiones anteriores, predisposición genética, enfermedades metabólicas y sobrecarga articular.
¿Y los medicamentos?
Los analgésicos y antiinflamatorios pueden utilizarse para controlar el dolor en determinados pacientes. Entre ellos se encuentran los antiinflamatorios no esteroideos, aunque su utilización debe considerar los antecedentes médicos y posibles efectos adversos.
Por esa razón, automedicarse durante semanas no es una estrategia recomendable. Un medicamento puede disminuir temporalmente el dolor sin solucionar la causa que lo produce.
La OMS señala además que algunos tratamientos populares no cuentan con evidencia suficiente para recomendarse de forma general. Entre ellos se encuentran los opioides, la glucosamina y los viscosuplementos para la artrosis; tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que las células madre sean beneficiosas como tratamiento de esta enfermedad.
Cuando el dolor no significa que haya que dejar de moverse
Una de las ideas más perjudiciales para algunas personas con dolor crónico es pensar que deben mantener la rodilla completamente inmóvil. La falta prolongada de actividad puede provocar pérdida de fuerza muscular y empeorar la capacidad funcional.
En cambio, un programa progresivo y supervisado puede ayudar a recuperar movimiento y fuerza. La OMS considera el ejercicio una parte fundamental del manejo de la artrosis y recomienda mantener actividad física dentro de las posibilidades de cada paciente.
¿Cuándo consultar?
El dolor después de un golpe fuerte, una caída o una lesión deportiva merece valoración médica, especialmente cuando aparece una inflamación importante, imposibilidad para apoyar la pierna, bloqueo de la articulación o pérdida marcada de movilidad.
También conviene consultar cuando el dolor persiste durante semanas, empeora progresivamente o empieza a interferir con actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o dormir.
En pacientes con artrosis avanzada, cuando el dolor y la pérdida de movilidad son importantes y los tratamientos conservadores ya no resultan suficientes, la cirugía de reemplazo de la articulación puede reducir el dolor y recuperar la movilidad. No obstante, se trata de una alternativa para determinados casos y no de la primera opción para todos los pacientes.
La clave no está en encontrar un remedio milagroso
El mensaje más importante para quienes padecen dolor de rodilla es que el tratamiento debe corresponder a la causa. Una persona con una lesión de ligamentos no necesita necesariamente lo mismo que alguien con artrosis; tampoco se aborda de igual manera una inflamación de tendones que un problema de meniscos.
Por eso, antes de comprar suplementos, recurrir a tratamientos anunciados como milagrosos o suspender completamente la actividad física, es preferible conocer qué está ocurriendo realmente dentro de la articulación.
El dolor de rodilla puede ser persistente, pero no necesariamente significa que la persona deba resignarse a vivir con él. La combinación adecuada de diagnóstico, ejercicio terapéutico, control del peso cuando corresponda, medicamentos utilizados correctamente y, en determinados casos, cirugía, puede mejorar considerablemente la movilidad y la calidad de vida.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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