La cadena estadounidense KFC acelera su expansión en Uruguay con un plan de inversión de US$ 18 millones para los próximos seis años, mientras prepara nuevas aperturas fuera de Montevideo y utiliza el mercado uruguayo como laboratorio para probar tecnologías, formatos comerciales y productos que posteriormente pueden llegar a otros países.
KFC llegó oficialmente a Uruguay en julio de 2025, después de que durante aproximadamente siete décadas el país fuera el único mercado de América Latina sin presencia de la reconocida cadena. Un año después, la operación ya cuenta con cuatro locales y tiene previsto avanzar hacia un total de 25 establecimientos en cinco años, con un ritmo aproximado de cuatro aperturas anuales.
La expansión no se limitará a Montevideo. Canelones y Maldonado aparecen entre los próximos objetivos, mientras que Las Piedras se encuentra entre las aperturas previstas. La empresa analiza cada ubicación según población, circulación vehicular, capacidad de consumo y flujo turístico. Para justificar normalmente un establecimiento requiere un área de influencia de entre 80.000 y 100.000 habitantes, aunque el movimiento turístico puede compensar una menor población residente, como podría ocurrir en Colonia.
El nuevo modelo contempla una combinación de locales en centros comerciales, establecimientos a la calle y, posteriormente, formatos drive-thru, destinados a clientes que realizan sus compras directamente desde el automóvil. El primer establecimiento de KFC a la calle en Uruguay demandó una inversión estimada de entre US$ 700.000 y US$ 900.000, según la dirección de la compañía.
Pero el fenómeno uruguayo no se explica únicamente por la cantidad de restaurantes. La operación local fue seleccionada para implementar por primera vez en la región parte de la nueva imagen global de KFC, incluyendo cambios en el diseño de los establecimientos, experiencia del consumidor y propuesta gastronómica. La compañía considera que Uruguay, aunque sea un mercado relativamente pequeño, ofrece una ventaja: capacidad para implementar cambios con rapidez.
Uno de los ejemplos más llamativos es KFCITO, un concepto de cafetería desarrollado íntegramente en Uruguay junto con la agencia local From. La propuesta busca ampliar los momentos de consumo de la marca y convertir los establecimientos en espacios utilizables durante diferentes horas del día. La idea ya despertó interés dentro de la propia red internacional de KFC y otros mercados han mostrado interés en incorporar el concepto.
La innovación también llegó al ámbito tecnológico. KFC Uruguay fue pionero dentro de la franquicia continental en utilizar inteligencia artificial para organizar los turnos laborales, una herramienta que permite combinar los horarios de trabajo con las necesidades de estudio de los empleados. El sistema está siendo replicado posteriormente en otros mercados.
La digitalización del consumidor también presenta cifras significativas. Según la empresa, aproximadamente 95% de las compras en los restaurantes se realizan mediante medios digitales, principalmente a través de los quioscos de autoservicio. La aplicación propia, la página web y los servicios de delivery completan el ecosistema digital.
Otro aspecto relevante es la participación de proveedores uruguayos. Alrededor del 80% de los proveedores de KFC en Uruguay son nacionales, aunque alcanzar ese porcentaje exigió importantes procesos de adaptación. La compañía señaló que inicialmente no existía un proveedor local de pollo que cumpliera todos sus estándares internacionales. Granja Tres Arroyos realizó un proceso de casi un año para certificarse y superar las auditorías requeridas.
El modelo también genera empleo y formación especializada. KFC Uruguay cuenta actualmente con cerca de 200 trabajadores, y parte de sus primeros empleados recibió capacitación durante tres o cuatro meses en Argentina antes de regresar para formar a los nuevos equipos uruguayos. La compañía asegura que prefiere desarrollar internamente a sus trabajadores, particularmente en las áreas de cocina, debido a los exigentes procedimientos de preparación del producto.
La estrategia tiene además una particularidad gastronómica: a diferencia de muchas cadenas de comida rápida, KFC trabaja con pollo fresco, que se marina y empaniza en el propio establecimiento inmediatamente antes de la cocción. Esto obliga a contar con personal especialmente entrenado y explica parte de la cautela de la empresa a la hora de acelerar demasiado la expansión.
La operación uruguaya también está funcionando como espacio de prueba para productos. El menú boneless, basado en pollo sin hueso, fue incorporado desde el inicio y terminó convirtiéndose en una de las propuestas que posteriormente comenzó a extenderse a otros mercados. La dirección local considera que esta capacidad de experimentar y compartir posteriormente los resultados con la red internacional es una de las ventajas de formar parte de una marca global.
El impacto también alcanza a la satisfacción de los clientes. De acuerdo con la empresa, Uruguay ocupa actualmente el primer lugar en el ranking de satisfacción de clientes de YUM!, grupo que opera KFC y otras marcas gastronómicas. La compañía asegura que las nuevas aperturas están superando en ventas sus previsiones iniciales, aunque mantiene una política de crecimiento gradual para preservar los niveles de atención.
La expansión incorpora además una dimensión social. Durante el último año, KFC Uruguay trabajó con el Banco de Alimentos y donó aproximadamente 17.000 platos de comida, equivalentes a unos 6.500 kilos de pollo, con el objetivo de evitar el desperdicio de productos que todavía se encontraban en condiciones adecuadas para el consumo pero que ya no cumplían los estándares internos de presentación destinados a los clientes.
El caso resulta significativo para Uruguay porque muestra cómo un mercado relativamente pequeño puede convertirse en una plataforma regional de innovación cuando combina inversión, proveedores locales, tecnología, formación de trabajadores y capacidad de adaptación. KFC llegó hace poco más de un año y ahora no solo proyecta multiplicar su presencia física, sino que está utilizando desarrollos creados en el país para alimentar decisiones de la compañía a escala internacional.
Con US$ 18 millones proyectados, 25 locales previstos y una estrategia que combina expansión territorial con innovación tecnológica y gastronómica, KFC busca consolidar su presencia en Uruguay. El caso también refleja una tendencia más amplia dentro del Mercosur: mercados de menor tamaño pueden adquirir relevancia internacional cuando consiguen demostrar que son capaces de probar nuevas ideas, adaptarlas rápidamente y convertirlas en modelos exportables.
Foto: El Observador / KFC Uruguay
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