Durante años, muchas personas interpretaron ciertos problemas cotidianos como simple desorganización, falta de disciplina o distracción. Llegar tarde constantemente, olvidar compromisos, perder objetos, postergar tareas o sentir que la mente funciona a una velocidad difícil de controlar, sin embargo, también pueden formar parte del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en adultos. El problema es que, cuando no fue identificado durante la infancia, puede permanecer oculto durante buena parte de la vida.
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo cuyos síntomas comienzan durante la infancia, aunque pueden adquirir características diferentes con el paso de los años. En la adultez, la hiperactividad visible de un niño que no puede quedarse quieto puede transformarse en una sensación permanente de inquietud, necesidad de estar haciendo algo o dificultad para relajarse. Al mismo tiempo, los problemas de atención y organización pueden adquirir mayor impacto cuando aumentan las responsabilidades laborales, familiares y económicas.
Uno de los aspectos que puede llamar la atención es la dificultad para administrar el tiempo. Una persona puede calcular mal cuánto tardará en prepararse, subestimar el tiempo necesario para llegar a una cita o comenzar una actividad demasiado tarde porque tiene problemas para organizar una secuencia de tareas. Esto puede terminar en retrasos frecuentes, aun cuando exista una intención genuina de llegar a horario.
También aparecen situaciones aparentemente pequeñas, pero repetitivas: buscar las llaves, olvidar dónde se dejó el teléfono, perder documentos, dejar tareas inconclusas o recordar un compromiso cuando ya pasó la hora. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) incluye entre las dificultades habituales del TDAH adulto la desorganización, la procrastinación, los problemas de planificación y gestión del tiempo y la tendencia a perder objetos o olvidar actividades cotidianas.
Otro rasgo puede ser la denominada “mente llena”. No se trata necesariamente de tener más pensamientos que otras personas, sino de experimentar dificultades para mantener la atención en una sola tarea, cambiar constantemente de actividad o sentirse atraído por múltiples estímulos al mismo tiempo. Una persona puede comenzar a trabajar, recordar otra cosa pendiente, consultar el teléfono, iniciar una nueva tarea y terminar el día con varias actividades parcialmente realizadas.
La situación puede resultar particularmente complicada en trabajos que requieren concentración prolongada. Leer documentos extensos, completar formularios, organizar proyectos o seguir instrucciones con varios pasos puede convertirse en un esfuerzo considerable. Paradójicamente, algunas personas con TDAH pueden concentrarse durante largos períodos cuando una actividad resulta especialmente interesante o estimulante, mientras que tareas rutinarias pueden generar una enorme dificultad para mantener la atención.
¿Por qué puede tardar tantos años en detectarse?
Una de las razones es que el TDAH no siempre se presenta de la misma manera. Algunas personas tienen principalmente síntomas de inatención y no muestran una hiperactividad evidente. Otras desarrollan estrategias para compensar sus dificultades y logran mantener un funcionamiento aparentemente normal durante años.
La llegada de nuevas exigencias puede hacer que esas estrategias dejen de ser suficientes. La universidad, un empleo con mayores responsabilidades, la crianza de hijos o la necesidad de administrar simultáneamente diferentes aspectos de la vida pueden hacer visibles problemas que antes estaban parcialmente compensados. Los CDC señalan que los síntomas pueden hacerse más problemáticos cuando aumentan las demandas de la vida adulta.
Además, más de la mitad de los adultos con TDAH en datos estadounidenses analizados por los CDC fueron diagnosticados durante la adultez, una señal de que una parte importante de los casos no se identifica durante la infancia.
No todo olvido significa TDAH
Este punto es fundamental. Llegar tarde alguna vez, olvidar las llaves o perder la concentración no significa que una persona tenga TDAH. Todos podemos experimentar estos problemas, especialmente cuando existe estrés, falta de sueño o exceso de responsabilidades.
Para considerar un diagnóstico, los síntomas deben ser persistentes y suficientemente importantes como para interferir con la vida cotidiana. Además, el TDAH adulto requiere evidencias de que los síntomas ya estaban presentes antes de los 12 años, aunque en aquel momento nadie los hubiera reconocido como parte de un trastorno.
Por eso, durante una evaluación profesional pueden revisarse recuerdos de la infancia, informes escolares y testimonios de familiares o personas que conocieron al paciente en aquella etapa. También pueden utilizarse entrevistas clínicas, cuestionarios estandarizados y evaluaciones psicológicas.
Ansiedad, depresión y problemas de sueño pueden parecerse
La evaluación también debe descartar otras causas. La ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño, determinadas condiciones médicas y el consumo de sustancias pueden producir problemas de concentración, memoria, organización o inquietud similares a los observados en el TDAH. Por eso no existe un único examen que permita diagnosticarlo de manera automática.
El diagnóstico debe realizarlo un profesional capacitado, como un psiquiatra, psicólogo u otro profesional de salud que esté preparado para evaluar el trastorno. La finalidad no es colocar una etiqueta a determinados comportamientos cotidianos, sino determinar si existe un patrón persistente que está afectando el funcionamiento de la persona.
Cuando entender el problema cambia la vida cotidiana
Una identificación adecuada puede permitir que una persona deje de interpretar sus dificultades únicamente como falta de voluntad. El tratamiento puede incluir medicación, psicoterapia y estrategias conductuales, según las características y necesidades de cada paciente.
También pueden incorporarse estrategias prácticas: utilizar calendarios y recordatorios, dividir grandes proyectos en tareas pequeñas, reducir distracciones, establecer rutinas y crear lugares específicos para objetos que suelen perderse. En determinados entornos laborales también pueden ser útiles adaptaciones que faciliten la concentración y reduzcan las distracciones.
Llegar tarde repetidamente, perder objetos, olvidar citas o sentir que la cabeza nunca consigue detenerse no constituye por sí solo una prueba de TDAH. Pero cuando estas situaciones forman parte de un patrón que existe desde hace años y afecta el trabajo, las relaciones o la organización de la vida diaria, merece una evaluación profesional. Para muchos adultos, comprender finalmente el origen de esas dificultades puede significar dejar atrás años de sentirse “desorganizados” o “distraídos” y comenzar a buscar herramientas adecuadas para funcionar mejor.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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