Paraguay atraviesa durante el gobierno de Santiago Peña una etapa de intensa apertura internacional, con una estrategia que combina nuevos acuerdos comerciales, promoción de inversiones, mayor presencia diplomática y búsqueda de mercados para la producción nacional. El Gobierno presenta esta política como una herramienta para transformar la inserción internacional en crecimiento económico, industrialización y generación de empleo. La estrategia coincide con una mejora de la percepción externa del país: Paraguay alcanzó el grado de inversión y, durante 2026, asumió además responsabilidades internacionales vinculadas con las reuniones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
El objetivo declarado por la administración de Peña es modificar progresivamente la imagen de Paraguay como una economía pequeña y predominantemente exportadora de materias primas para posicionarlo como plataforma de producción, logística, energía e inversiones para Sudamérica. En esa estrategia aparecen como elementos centrales la estabilidad macroeconómica, la disponibilidad de energía hidroeléctrica, los regímenes de maquila, la ubicación geográfica y la posibilidad de utilizar al país como puerta de entrada a los mercados del Mercosur y de otros bloques. Empresarios paraguayos consideran que el posicionamiento internacional conseguido durante los tres primeros años de Peña comenzó a generar mayor interés externo.
Uno de los principales instrumentos de esta política es la diversificación de mercados. El Gobierno busca reducir la dependencia de los destinos tradicionales y ampliar las oportunidades para productos paraguayos en Europa, Asia, Medio Oriente y otros mercados. En su informe de gestión, la Cancillería destacó entre los principales avances el Acuerdo de Asociación entre Mercosur y la Unión Europea, el acuerdo de libre comercio con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), los avances en las negociaciones con Emiratos Árabes Unidos y la internalización del acuerdo Mercosur-Singapur.
La entrada en funcionamiento del acuerdo provisional entre Mercosur y la Unión Europea constituye uno de los acontecimientos comerciales más importantes de este proceso. El acuerdo comenzó a aplicarse provisionalmente el 1 de mayo de 2026 y conecta a ambos bloques en un espacio comercial que reúne a más de 750 millones de personas y representa cerca del 20% del producto bruto mundial. Para Paraguay, el desafío no consiste solamente en obtener acceso preferencial, sino en disponer de capacidad productiva suficiente para aprovechar efectivamente esa apertura.
El mercado europeo puede representar una oportunidad especialmente importante para carne, alimentos, productos agroindustriales, manufacturas y servicios, pero también exige mayores estándares sanitarios, ambientales, laborales y de trazabilidad. Esto significa que la apertura comercial puede beneficiar al productor paraguayo solamente si está acompañada por inversión en infraestructura, tecnología, certificaciones y capacidad de procesamiento. De lo contrario, el país corre el riesgo de continuar exportando principalmente productos primarios mientras otros actores capturan la mayor parte del valor agregado.
La política exterior económica también se ha extendido hacia Asia y Medio Oriente. Paraguay participó durante agosto en actividades de promoción de alimentos en Taipéi, buscando acercar empresas paraguayas a compradores internacionales. Este tipo de participación permite a las compañías nacionales establecer contactos comerciales directamente con importadores, distribuidores y cadenas de supermercados, aunque el verdadero impacto dependerá de la transformación de esos contactos en contratos de exportación permanentes.
En paralelo, el Gobierno intensificó su relación con Emiratos Árabes Unidos, considerado uno de los mercados estratégicos dentro de la nueva política de inserción internacional. La administración de Peña busca atraer capital del Golfo para proyectos de infraestructura, energía, logística y producción, mientras intenta abrir nuevas oportunidades para empresas paraguayas. La estrategia responde a una tendencia internacional en la que países pequeños buscan diversificar sus socios económicos para reducir su exposición a las grandes potencias tradicionales.
El acercamiento internacional también tiene una dimensión financiera. Paraguay logró alcanzar el grado de inversión, una condición que el Gobierno considera fundamental para reducir el costo de financiamiento y aumentar el interés de inversores institucionales. La mejora en la calificación crediticia no significa automáticamente que lleguen inversiones productivas, pero sí puede facilitar el acceso del país a capital internacional en mejores condiciones y mejorar la percepción de riesgo. El propio Gobierno vincula esta mejora con la consistencia de sus políticas macroeconómicas y con el fortalecimiento de su marco institucional.
La estrategia internacional de Peña también busca aprovechar la energía como ventaja competitiva. Paraguay posee una posición excepcional en generación hidroeléctrica gracias a Itaipú y Yacyretá, y el Gobierno pretende convertir esa disponibilidad energética en una herramienta para atraer industrias. La discusión actual sobre nuevas industrias electrointensivas, generación solar y una posible reforma institucional del sector energético demuestra que la energía se está convirtiendo en uno de los principales elementos de la política de desarrollo.
La apuesta industrial es especialmente relevante. El Ministerio de Industria y Comercio plantea elevar la participación de la industria en el PIB desde alrededor del 19% hasta aproximadamente 35% en los próximos años, mediante una estrategia que combina inversión, capacitación, cooperativismo y transformación productiva. El objetivo supone pasar de una economía que exporta grandes cantidades de materias primas a otra capaz de procesarlas dentro del país y generar mayor valor agregado.
El régimen de maquila constituye otro de los pilares de esa estrategia. Empresas extranjeras, especialmente brasileñas, han encontrado en Paraguay condiciones competitivas vinculadas con costos laborales, energía, impuestos y proximidad geográfica. El Gobierno intenta utilizar ese flujo para desarrollar cadenas industriales más profundas, aunque existe un interrogante que todavía no está completamente resuelto: cuánto de esas inversiones queda efectivamente en Paraguay en forma de proveedores locales, tecnología, capacitación y empleos de mayor calificación.
Brasil ocupa un lugar particular en esta estrategia. La cercanía con el mayor mercado industrial de Sudamérica permite que Paraguay funcione como plataforma productiva para empresas brasileñas, especialmente en sectores que buscan reducir costos y ampliar su capacidad de exportación. La maquila, la energía relativamente competitiva y la posición dentro del Mercosur son factores que contribuyen a ese atractivo.
Pero la inserción internacional también tiene una dimensión logística. Paraguay necesita carreteras, puertos, hidrovías, aeropuertos y conexiones ferroviarias capaces de sacar la producción hacia los mercados internacionales a costos competitivos. La falta de infraestructura continúa siendo uno de los principales obstáculos para transformar las ventajas geográficas y energéticas en competitividad real.
La conectividad aérea forma parte de esa agenda. Paraguay avanzó durante 2026 en acuerdos de cielos abiertos, destinados a eliminar restricciones y facilitar una mayor oferta de vuelos internacionales. Una mayor conectividad puede tener efectos directos sobre turismo, negocios, comercio y atracción de inversiones, porque reduce uno de los obstáculos tradicionales de una economía mediterránea.
La Presidencia Pro Tempore de Mercosur durante 2026 también le proporciona a Paraguay una plataforma diplomática adicional. Asunción puede utilizar ese período para impulsar temas relacionados con integración física, comercio, turismo, energía y relaciones externas del bloque. La agenda internacional paraguaya, por lo tanto, no se desarrolla únicamente de manera bilateral, sino también desde su posición dentro del proceso de integración regional.
El gran desafío consiste en determinar si la apertura diplomática se está traduciendo efectivamente en desarrollo económico interno. Las visitas presidenciales, los acuerdos, las reuniones empresariales y las campañas de promoción internacional generan visibilidad, pero no necesariamente inversión productiva. Para que una estrategia de inserción internacional tenga resultados duraderos se necesita que los acuerdos sean acompañados por proyectos concretos, capital privado, transferencia tecnológica, empleos y aumento de las exportaciones con mayor valor agregado.
Existe además un riesgo estructural: Paraguay podría ampliar sus mercados internacionales sin modificar sustancialmente su estructura productiva. Si el país continúa dependiendo principalmente de soja, carne, energía eléctrica y otros productos primarios, la diversificación geográfica de los compradores no necesariamente significará una diversificación económica. El salto cualitativo requiere que los nuevos mercados sean utilizados para vender productos procesados, alimentos elaborados, manufacturas, servicios y tecnología.
El nuevo Marco de Alianza del Banco Mundial para Paraguay, aprobado en julio de 2026 para el período 2027–2034, refleja precisamente esta preocupación. El organismo plantea apoyar la transición hacia una economía más competitiva, resiliente y orientada por el sector privado, con mejores empleos y mayores oportunidades. El respaldo internacional muestra que Paraguay es observado como una economía con potencial, pero también que necesita avanzar desde la estabilidad macroeconómica hacia una etapa de transformación productiva.
La diplomacia económica de Peña también debe ser observada desde el punto de vista de la soberanía de las decisiones económicas. Abrirse al mundo implica atraer capital, aceptar competencia internacional y negociar acuerdos que pueden limitar determinadas políticas proteccionistas. El beneficio esperado es acceder a mercados, tecnología y financiamiento; el costo potencial es aumentar la exposición de productores y empresas nacionales a competidores internacionales más grandes.
Por esa razón, el éxito de la estrategia dependerá de la capacidad del Estado para acompañar a las pequeñas y medianas empresas paraguayas. Una economía abierta puede generar oportunidades enormes para las empresas competitivas, pero también puede dejar atrás a aquellas que no tienen acceso a crédito, tecnología, capacitación o infraestructura. La internacionalización necesita políticas de productividad y desarrollo empresarial para que los beneficios no queden concentrados exclusivamente en grandes exportadores o compañías multinacionales.
La situación también obliga a observar la relación entre crecimiento y distribución. Paraguay puede registrar mayores exportaciones, nuevas inversiones y una mejor calificación crediticia y, al mismo tiempo, mantener problemas de empleo informal, desigualdad territorial y bajos ingresos en determinados sectores. El verdadero indicador de éxito de la inserción internacional no debería ser únicamente cuánto capital extranjero llega, sino cuánto mejora la productividad, cuánto empleo formal se crea y cuánto aumenta el ingreso de los hogares.
En ese sentido, la estrategia internacional de Peña representa una apuesta de largo plazo. El Gobierno intenta utilizar la estabilidad macroeconómica como carta de presentación, la energía como ventaja competitiva, el Mercosur como plataforma regional y los acuerdos comerciales como puerta de acceso a mercados globales. La combinación puede convertir a Paraguay en un actor económico más relevante en Sudamérica, pero solamente si la apertura comercial se acompaña de infraestructura, educación, innovación, industrialización y fortalecimiento institucional.
El momento internacional resulta particularmente favorable en algunos aspectos. Paraguay dispone de energía abundante, estabilidad monetaria, crecimiento económico, una carga tributaria relativamente baja, acceso preferencial a través del Mercosur y una creciente red de acuerdos comerciales. Además, la nueva relación con inversores asiáticos, europeos y del Golfo puede reducir la dependencia histórica de determinados socios. Pero esas ventajas no son suficientes por sí mismas: deben convertirse en proyectos productivos capaces de generar valor dentro del territorio paraguayo.
La gran prueba será entonces pasar de la diplomacia de los anuncios a la economía de los resultados. Cada acuerdo comercial deberá medirse por nuevas exportaciones; cada misión presidencial, por inversiones concretas; cada inversión extranjera, por empleos y proveedores locales; y cada proyecto industrial, por su capacidad de aumentar el valor agregado nacional.
Paraguay está intentando posicionarse como un país pequeño pero estratégicamente conectado con grandes mercados y cadenas regionales de producción. La política de inserción internacional impulsada por Santiago Peña puede convertirse en uno de los pilares del desarrollo paraguayo durante las próximas décadas, pero su éxito no estará determinado por la cantidad de acuerdos firmados, sino por la capacidad de convertirlos en producción, empleo, tecnología, exportaciones y mejores ingresos para la población.
El país tiene ahora una oportunidad que hace pocos años parecía más difícil: ser reconocido internacionalmente como una economía confiable y utilizar esa reputación para atraer capital y abrir mercados. El desafío consiste en no quedarse solamente con la imagen de país estable y barato para invertir, sino avanzar hacia una economía capaz de producir más, exportar productos de mayor valor y participar activamente en las cadenas industriales y tecnológicas de la región.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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