La producción paraguaya de chía atraviesa una fuerte crisis de precios que amenaza con dejar a numerosos agricultores sin recuperar la inversión realizada durante la actual campaña. El kilogramo del grano, que el año pasado llegó a comercializarse alrededor de G. 12.000, actualmente se ofrece entre G. 6.000 y G. 6.500, lo que representa una reducción cercana al 50%. Productores de Canindeyú y San Pedro atribuyen parte de la caída a la presunta entrada masiva de chía procedente de Brasil, que estaría ocupando espacios de almacenamiento y aumentando la oferta disponible en el mercado paraguayo.
El derrumbe del precio ocurre en un momento especialmente delicado para los agricultores, debido a que los costos de preparación de suelo, semillas, fertilizantes, productos agrícolas, maquinaria, cosecha, transporte y almacenamiento ya fueron asumidos. Con valores de comercialización que prácticamente se redujeron a la mitad respecto del año pasado, los productores temen terminar la campaña con pérdidas y quedar sin capacidad financiera para volver a sembrar. La situación afecta especialmente a las zonas productoras de Canindeyú y San Pedro, aunque el impacto puede extenderse a otras regiones donde se cultiva la oleaginosa.
Los agricultores sostienen que una de las causas de la presión sobre los precios sería el ingreso de grandes cantidades de chía brasileña a través de la frontera seca, particularmente por la zona de Ypehú, en Canindeyú. Según sus denuncias, camiones procedentes de Brasil estarían trasladando el producto hacia Paraguay y posteriormente la mercadería terminaría en silos nacionales, compitiendo directamente con la cosecha paraguaya. Los productores reclaman que se determine con precisión el origen del grano que está ingresando al circuito comercial y si toda la mercadería que circula cuenta efectivamente con respaldo legal.
La denuncia adquiere relevancia porque Paraguay se convirtió en uno de los principales actores mundiales de la producción y exportación de chía. Datos sectoriales indican que el país llegó a exportar alrededor de 75.000 toneladas en 2024 y que puede abastecer más de la mitad de la demanda mundial en determinadas campañas. El cultivo se concentra especialmente en departamentos como Canindeyú, San Pedro, Concepción y Alto Paraná, convirtiéndose en una fuente de ingresos para miles de productores y para toda una cadena de procesamiento y comercialización.
La importancia económica del rubro hace que una caída de precios de esta magnitud tenga consecuencias que van más allá de las explotaciones agrícolas individuales. La cadena paraguaya de la chía involucra productores, acopiadores, transportistas, silos, plantas procesadoras, exportadores y trabajadores vinculados a la actividad, además de generar movimiento económico en las comunidades donde se cultiva. Estimaciones sectoriales anteriores situaban en más de US$ 50 millones anuales el movimiento generado por la producción de chía en Paraguay, aunque el valor varía según el volumen producido y las cotizaciones internacionales.
Los productores también cuestionan los controles realizados en la zona fronteriza. Agricultores consultados señalan que camiones cargados con chía circulan por la ruta PY13, entre Curuguaty y Ypehú, pese a la presencia de funcionarios de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT). El reclamo apunta a que no basta con verificar la existencia de una factura: consideran necesario determinar si el producto realmente corresponde al origen declarado y si la documentación utilizada para introducirlo al mercado paraguayo refleja una operación legítima.
La DNIT, por su parte, niega haber constatado contrabando de chía en los controles realizados en la zona. Funcionarios de la institución explicaron que los camiones inspeccionados disponían de las facturas correspondientes y que el procedimiento habitual consiste en controlar la mercadería y su documentación. Sin embargo, los propios funcionarios reconocieron una limitación importante: la existencia de una factura no permite determinar por sí sola dónde fue cultivado el producto. Esa diferencia entre el control documental y la trazabilidad del origen se convirtió en uno de los principales puntos de conflicto entre las autoridades y los productores.
La situación plantea, por tanto, dos problemas diferentes que no deben confundirse. Por un lado, existe una caída comprobada del precio de la chía en el mercado paraguayo. Por otro, existe una denuncia de productores que atribuye parte de esa caída al supuesto ingreso irregular de producto brasileño. Hasta el momento, la DNIT no confirmó que exista un esquema de contrabando de chía en la zona señalada. Por eso, la hipótesis del ingreso ilegal debe continuar siendo investigada y no presentada como un hecho demostrado.
La presión sobre el mercado también puede explicarse por factores comerciales más amplios. La cotización de un producto agrícola depende de la relación entre oferta, demanda, inventarios, contratos de exportación y precios internacionales, por lo que una disminución de casi 50% en el valor recibido por los productores no necesariamente puede atribuirse a una única causa. Sin embargo, si se confirma que grandes volúmenes de producción extranjera están ingresando al mercado interno durante la comercialización de la cosecha paraguaya, el efecto sobre la oferta disponible y sobre la capacidad de negociación de los agricultores podría ser significativo.
La crisis llega después de años en los que la chía fue presentada como uno de los productos agrícolas paraguayos con mayor potencial de crecimiento internacional. El país desarrolló una cadena especializada orientada a mercados exigentes de Estados Unidos, Europa y Asia, particularmente Japón. El sector había apostado a la calidad, trazabilidad y especialización como elementos diferenciadores frente a otros productores mundiales.
Precisamente por esa posición internacional, los productores consideran que Paraguay debe proteger la trazabilidad y la reputación de su producción, además de garantizar condiciones de competencia que permitan sostener el cultivo. Una eventual mezcla de producción nacional con producto extranjero sin una identificación adecuada podría generar problemas no solamente para el precio interno, sino también para la capacidad de demostrar el origen de la mercadería destinada a mercados internacionales.
El problema económico para el agricultor es inmediato. Cuando el precio de venta cae mientras los costos de producción permanecen elevados, el margen de rentabilidad puede desaparecer rápidamente. Un productor que realizó la inversión tomando como referencia precios anteriores puede encontrarse ahora obligado a vender a un valor muy inferior al esperado, especialmente si necesita liberar espacio de almacenamiento o cumplir con obligaciones financieras relacionadas con la campaña.
Los agricultores de Canindeyú y San Pedro ya comenzaron a organizarse para reclamar respuestas. Entre las medidas planteadas aparecen mayores controles fronterizos, investigación sobre el origen de las cargas, combate efectivo al contrabando y mecanismos que permitan recuperar un precio considerado justo para la producción nacional. Los productores también advierten que podrían realizar movilizaciones si las autoridades no ofrecen una respuesta concreta.
El riesgo no termina con la campaña actual. Si numerosos agricultores abandonan la producción debido a la falta de rentabilidad, Paraguay podría enfrentar una reducción de superficie sembrada en los próximos ciclos, con consecuencias para las plantas procesadoras, los exportadores y los mercados internacionales que dependen de la oferta paraguaya. La pérdida de confianza también podría dificultar el acceso al crédito para pequeños y medianos productores que necesitan financiar cada nueva campaña.
La crisis de la chía plantea además una cuestión estratégica para la política agrícola paraguaya: cómo proteger al productor nacional sin distorsionar un mercado que depende de las exportaciones y del comercio internacional. Las autoridades deberán encontrar un equilibrio entre el control efectivo de las fronteras, la trazabilidad de las mercaderías, el cumplimiento de las normas comerciales y la protección de una cadena productiva que genera ingresos y empleo en varias regiones del país.
Mientras los productores reclaman medidas urgentes, la DNIT sostiene que los cargamentos controlados cuentan con documentación, pero reconoce que la factura no permite determinar por sí misma el lugar de producción. Esa brecha de control es precisamente uno de los puntos que requieren una investigación más profunda. Determinar el origen real de la chía que está ingresando a los silos paraguayos permitiría saber si existe efectivamente una competencia irregular procedente de Brasil o si el derrumbe de los precios responde principalmente a condiciones del mercado internacional.
Por ahora, el dato más concreto es la pérdida de valor sufrida por los agricultores: de aproximadamente G. 12.000 por kilogramo el año pasado a entre G. 6.000 y G. 6.500 actualmente. Una reducción de semejante magnitud coloca a la producción paraguaya ante una situación crítica y obliga a revisar no solamente los controles fronterizos, sino también las condiciones de comercialización, almacenamiento, exportación y financiamiento del sector.
La chía pasó en pocos años de ser un cultivo relativamente pequeño a convertirse en uno de los productos paraguayos con presencia destacada en el mercado mundial de alimentos saludables. El desplome actual constituye, por ello, una advertencia para toda la cadena: si el productor no puede cubrir sus costos, la ventaja exportadora construida durante años puede comenzar a deteriorarse. El Gobierno deberá determinar si existen irregularidades en el ingreso de producto extranjero y, paralelamente, evaluar qué instrumentos pueden contribuir a evitar que una crisis coyuntural termine provocando el abandono de un cultivo estratégico para la agricultura paraguaya.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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