La disminución de los niveles naturales de litio en el cerebro podría estar relacionada con el desarrollo y la progresión de la enfermedad de Alzheimer, según una investigación realizada por científicos de la Escuela de Medicina de Harvard y publicada en la revista científica Nature. El trabajo analizó tejido cerebral de personas sanas, individuos con deterioro cognitivo leve y pacientes con Alzheimer, además de realizar experimentos en modelos animales. Los investigadores encontraron que el litio fue el único de los 27 metales estudiados que presentó una reducción significativa en determinadas regiones cerebrales de personas con deterioro cognitivo leve, considerado una etapa que puede preceder a la enfermedad.
La investigación apunta a un mecanismo hasta ahora poco explorado. El litio se encuentra naturalmente en el organismo y parece desempeñar un papel en el funcionamiento normal del cerebro, pero su disponibilidad cerebral puede disminuir a medida que aparecen alteraciones relacionadas con el Alzheimer. Los científicos observaron que el metal puede quedar atrapado en las placas de beta-amiloide, una de las características principales de la enfermedad, reduciendo así la cantidad de litio disponible para otras funciones celulares. Esta alteración podría generar un círculo perjudicial en el que la pérdida de litio favorezca nuevos procesos asociados con la neurodegeneración.
Para estudiar esta relación, los investigadores compararon aproximadamente 27 metales presentes en el cerebro y la sangre de personas de diferentes condiciones cognitivas. El resultado fue especialmente llamativo en la corteza prefrontal: los niveles de litio estaban reducidos en personas con deterioro cognitivo leve y en pacientes con Alzheimer. Además, menores niveles de litio en determinadas zonas del tejido cerebral estuvieron relacionados con peores resultados en pruebas de memoria y funcionamiento cognitivo. Los investigadores también identificaron una concentración elevada del metal dentro de las placas de beta-amiloide, lo que respalda la hipótesis de que estas estructuras pueden secuestrar el litio.
Los experimentos realizados con ratones aportaron otra pieza importante a la investigación. Cuando los animales fueron sometidos a una reducción significativa del litio disponible en su alimentación, aumentaron los depósitos de beta-amiloide y otras alteraciones características de la enfermedad de Alzheimer, además de observarse procesos inflamatorios en el cerebro, pérdida de conexiones neuronales y deterioro cognitivo. En los modelos animales, la reducción del litio cerebral también estuvo asociada con un aumento de la proteína tau fosforilada, otra de las alteraciones vinculadas con la progresión del Alzheimer.
El estudio también exploró si era posible revertir algunos de estos efectos. Los científicos utilizaron litio orotato, una forma del mineral que, de acuerdo con los experimentos, presenta menor unión a las placas de beta-amiloide y puede mantener una mayor disponibilidad del litio en el tejido cerebral. En los modelos animales tratados con dosis bajas, los investigadores observaron una reducción de alteraciones relacionadas con la enfermedad, menor inflamación, preservación de conexiones neuronales y una recuperación de determinadas funciones de memoria. Estos resultados, sin embargo, fueron obtenidos principalmente en modelos animales y no demuestran que el tratamiento pueda prevenir o curar el Alzheimer en seres humanos.
La investigación adquiere especial interés porque el posible papel protector del litio no parece limitarse a una enfermedad ya establecida, sino que podría estar relacionado con la capacidad del cerebro para resistir los efectos del envejecimiento. Los investigadores encontraron asociaciones entre los niveles cerebrales de litio y determinados indicadores de funcionamiento cognitivo en personas mayores sin deterioro cognitivo diagnosticado. Estos resultados plantean la posibilidad de que una alteración de la regulación natural del mineral pueda formar parte de procesos que comienzan mucho antes de que aparezcan los síntomas clínicos del Alzheimer.
La hipótesis también está siendo analizada desde otras perspectivas científicas. Un trabajo publicado en 2026 en Translational Psychiatry revisó la evidencia disponible y señaló que el litio podría influir en mecanismos relacionados con el sistema colinérgico y la conectividad cerebral. Al mismo tiempo, un ensayo clínico piloto aleatorizado con 80 participantes con deterioro cognitivo leve encontró señales que justifican investigaciones de mayor escala, pero ninguno de sus seis resultados principales alcanzó el nivel de significación estadística previamente establecido. Esto significa que todavía no existe evidencia clínica suficiente para considerar al litio un tratamiento comprobado contra el deterioro cognitivo o el Alzheimer.
Los propios investigadores advierten sobre las limitaciones y los riesgos de trasladar estos resultados directamente a tratamientos para seres humanos. El litio utilizado en dosis farmacológicas puede producir efectos adversos importantes, incluidos problemas renales y de tiroides, por lo que los resultados experimentales no justifican que las personas comiencen a consumir litio, suplementos o medicamentos por cuenta propia. La investigación plantea una nueva vía científica, pero todavía son necesarios ensayos clínicos rigurosos para determinar si mantener o restaurar determinados niveles de litio en el cerebro puede modificar realmente el curso de la enfermedad en seres humanos.
El hallazgo abre una nueva línea de investigación sobre los factores que podrían intervenir en las primeras etapas del Alzheimer. En lugar de considerar únicamente la acumulación de proteínas anormales como un proceso aislado, los científicos están comenzando a estudiar cómo los cambios en el equilibrio de minerales y otros elementos del organismo pueden influir en la salud cerebral. Si futuras investigaciones confirman la relación observada, el litio podría convertirse en una pieza importante para comprender por qué algunos cerebros desarrollan procesos neurodegenerativos y otros mantienen durante más tiempo su capacidad cognitiva.
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