La quiropraxia suele asociarse con el sonido de las articulaciones al ser manipuladas, pero su abordaje va mucho más allá del conocido “crujido” de la espalda. La disciplina utiliza distintas técnicas manuales y busca evaluar el funcionamiento del sistema musculoesquelético para abordar determinadas molestias, especialmente aquellas relacionadas con la columna y el aparato locomotor.
La manipulación vertebral consiste en aplicar movimientos controlados sobre determinadas articulaciones de la columna, y puede realizarse mediante diferentes técnicas. Algunas utilizan impulsos rápidos y de pequeña amplitud, mientras que otras recurren a movilizaciones más suaves. La Organización Mundial de la Salud reconoce la terapia de manipulación espinal como una de las intervenciones que puede ofrecerse a adultos con dolor lumbar primario crónico, aunque con una recomendación condicional y evidencia de certeza muy baja.
Esto significa que la quiropraxia no debería entenderse simplemente como una práctica destinada a “acomodar” huesos o producir sonidos articulares. El objetivo terapéutico es abordar determinados problemas musculoesqueléticos mediante una evaluación y un tratamiento individualizado.
El dolor de espalda constituye uno de los problemas de salud más frecuentes en la población mundial. La OMS señala que el dolor lumbar es una de las principales causas de discapacidad y que su tratamiento requiere considerar diferentes factores que pueden influir en la aparición y persistencia de los síntomas.
Por esa razón, las recomendaciones internacionales plantean un enfoque más amplio que una única técnica. Ejercicio, educación, intervenciones físicas, estrategias psicológicas y determinados medicamentos pueden formar parte del tratamiento, dependiendo de las características de cada paciente.
Dentro de ese conjunto de alternativas aparece la manipulación espinal.
El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de Estados Unidos (NCCIH) explica que la manipulación espinal puede producir pequeñas mejoras en el dolor y la función de personas con dolor lumbar tanto agudo como crónico. Sin embargo, también señala que la evidencia disponible no permite considerar esta técnica como una solución universal para todos los pacientes.
La diferencia entre manipulación y movilización también resulta importante. La manipulación utiliza un impulso controlado sobre una articulación, mientras que la movilización emplea movimientos pasivos más suaves, sin el mismo tipo de impulso rápido.
El famoso sonido que muchas personas identifican con la quiropraxia aparece habitualmente durante determinadas manipulaciones. Ese ruido, sin embargo, no constituye por sí mismo una demostración de que una articulación haya sido “recolocada” o de que el tratamiento haya funcionado.
El sonido puede producirse por cambios de presión dentro de la articulación y no debe confundirse con el objetivo terapéutico de la intervención.
Por eso, una sesión de atención musculoesquelética no necesariamente implica que el profesional tenga que hacer crujir la espalda o el cuello.
Existen técnicas de movilización, estiramiento, trabajo sobre tejidos blandos y otros procedimientos manuales que no requieren producir ese sonido. La elección depende de la evaluación realizada y de las características de cada persona.
El tratamiento del dolor lumbar también exige determinar qué está provocando las molestias.
El dolor puede estar relacionado con factores musculares, articulares, posturales, sobrecarga física, sedentarismo u otras condiciones. En algunos casos, sin embargo, puede ser consecuencia de una enfermedad o lesión que requiere otro tipo de atención médica.
Por eso, no todo dolor de espalda debe tratarse mediante manipulación.
Una evaluación adecuada resulta especialmente importante cuando el dolor es intenso, persiste durante mucho tiempo, aparece después de un traumatismo o está acompañado por otros síntomas.
También existen situaciones en las que determinados procedimientos de manipulación pueden estar contraindicados. La OMS ha señalado la importancia de identificar factores de riesgo antes de realizar manipulaciones de la columna y de adaptar las técnicas cuando existen condiciones que pueden aumentar el riesgo.
Entre las señales que requieren una evaluación médica antes de considerar cualquier tratamiento manual se encuentran debilidad o pérdida de sensibilidad, alteraciones del control de esfínteres, traumatismos importantes, fiebre u otros síntomas que puedan indicar una enfermedad subyacente.
La seguridad depende en buena medida de que el profesional conozca el estado de salud del paciente antes de aplicar una técnica.
El NCCIH recomienda informar al profesional sobre enfermedades previas y medicamentos que se estén utilizando, precisamente porque determinadas condiciones pueden aumentar los riesgos asociados con la manipulación.
En la mayoría de las personas, los efectos adversos de la manipulación espinal son leves y transitorios. Puede aparecer dolor o molestia temporal, rigidez, cansancio o dolor de cabeza, síntomas que generalmente desaparecen en poco tiempo.
Los eventos graves son considerados muy poco frecuentes, aunque existen reportes médicos y por eso las técnicas deben ser realizadas por profesionales adecuadamente formados y después de una evaluación apropiada.
Una consideración especial corresponde a las manipulaciones de la zona cervical.
El NCCIH señala que determinados movimientos de manipulación del cuello han sido asociados con casos de disección de las arterias cervicales, una complicación poco frecuente que puede provocar un accidente cerebrovascular. La evidencia disponible no establece con certeza que la manipulación sea la causa de estos eventos, pero el posible riesgo debe ser considerado e informado.
Por ese motivo, las manipulaciones cervicales requieren especial prudencia, particularmente cuando existen factores de riesgo o síntomas que todavía no han sido evaluados.
La quiropraxia tampoco debería presentarse como una alternativa que sustituye automáticamente a la medicina convencional.
Las recomendaciones de la OMS para el dolor lumbar crónico promueven un modelo integral, centrado en la persona y coordinado, en el que pueden combinarse diferentes intervenciones según las necesidades individuales.
Esto significa que un paciente puede beneficiarse de educación sobre el dolor, ejercicio terapéutico, actividad física, fisioterapia, tratamiento psicológico cuando corresponda y otras intervenciones, además de determinadas técnicas manuales.
La manipulación espinal es una herramienta dentro de un tratamiento, no necesariamente el tratamiento completo.
Otro aspecto importante es la diferencia entre aliviar un síntoma y resolver la causa de un problema.
Una persona puede experimentar una disminución del dolor después de una sesión, pero eso no significa necesariamente que se haya eliminado el factor que originó la molestia.
Por esa razón, un tratamiento responsable debería contemplar también hábitos, actividad física, movilidad, fortalecimiento muscular y educación del paciente, cuando corresponda.
La OMS recomienda precisamente que el manejo del dolor lumbar crónico considere el conjunto de factores físicos, psicológicos y sociales que pueden influir en la experiencia del dolor.
El sedentarismo es uno de los elementos que puede contribuir a problemas musculoesqueléticos. Pasar muchas horas sentado, mantener determinadas posiciones durante períodos prolongados o realizar esfuerzos físicos sin preparación pueden favorecer la aparición de molestias.
Pero tampoco existe una única postura “perfecta” que garantice que una persona nunca tendrá dolor de espalda.
El movimiento regular y una adecuada condición física tienen un papel más importante que intentar mantener una postura rígida durante todo el día.
En ese sentido, la educación del paciente forma parte importante del abordaje moderno del dolor.
Conocer cómo funciona el cuerpo y comprender qué actividades pueden realizarse de forma segura puede ayudar a reducir el miedo al movimiento y favorecer la recuperación.
También es importante evitar la idea de que una columna dolorida necesariamente está “fuera de lugar” y debe ser corregida mediante una manipulación.
El dolor no siempre significa que una vértebra esté desplazada. Existen numerosos mecanismos que pueden producir dolor y limitación funcional sin que exista una articulación que necesite ser “recolocada”.
Esta distinción permite comprender por qué las terapias modernas para el dolor lumbar suelen combinar diferentes estrategias.
La evidencia disponible indica que la manipulación puede aportar beneficios modestos para determinados pacientes, pero no funciona de la misma manera para todas las personas.
Por eso, la expectativa también debe ser realista.
Una sesión no necesariamente eliminará un dolor que lleva meses o años presente. En muchos casos, la recuperación requiere tiempo y la participación activa del paciente.
El ejercicio terapéutico ocupa un lugar especialmente importante dentro de las recomendaciones internacionales para el dolor lumbar crónico.
La OMS incluye los programas de ejercicio entre las intervenciones recomendadas y plantea que el tratamiento puede requerir una combinación de diferentes herramientas.
Esto modifica la imagen tradicional de una consulta en la que el paciente simplemente se acuesta en una camilla y el profesional realiza una serie de manipulaciones.
Un abordaje más integral puede incluir evaluación, tratamiento manual cuando está indicado, ejercicios, recomendaciones para la actividad cotidiana y seguimiento de la evolución.
La duración y frecuencia del tratamiento también deberían depender de la respuesta individual.
No existe una cantidad universal de sesiones que todas las personas necesiten.
Si el dolor no mejora, empeora o aparecen nuevos síntomas, la estrategia debe revisarse y puede ser necesario recurrir a otros profesionales de la salud.
En determinadas situaciones, el paciente puede necesitar evaluación médica, estudios complementarios o tratamientos diferentes.
La principal conclusión es que la quiropraxia no debería reducirse al sonido producido durante una manipulación.
“Hacer crujir” la espalda es solamente una posible consecuencia de determinadas técnicas; no es el objetivo fundamental de toda atención quiropráctica.
El verdadero objetivo debe ser mejorar la función, disminuir el dolor cuando sea posible y ayudar a que la persona recupere su capacidad para realizar sus actividades.
Las recomendaciones internacionales respaldan un enfoque que combina diferentes herramientas y evita depender de una sola intervención.
La evidencia científica disponible permite considerar la manipulación espinal como una opción para determinados casos de dolor lumbar, pero con beneficios generalmente modestos y sin convertirla en una solución universal.
Por eso, antes de buscar simplemente a alguien que “haga sonar” la espalda, el primer paso debería ser comprender de dónde proviene el dolor y determinar qué tratamiento resulta apropiado para cada persona.
La quiropraxia puede formar parte de ese abordaje en determinados pacientes, especialmente cuando existe una indicación adecuada y el tratamiento es realizado por un profesional debidamente formado.
El mensaje central es sencillo: la salud de la espalda no depende de cuántas veces “cruja”, sino de una evaluación correcta, un tratamiento adecuado y una estrategia que ayude a recuperar y mantener la función.
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