El Programa Nuclear de la Marina de Brasil se convirtió en 2025 en el principal destino de las inversiones militares del país, desplazando al proyecto de los cazas Gripen, que había ocupado esa posición desde 2016. El programa recibió aproximadamente R$ 1.400 millones, un salto significativo frente a los R$ 311 millones registrados en 2024. El incremento coloca el desarrollo de la tecnología nuclear naval en el centro de las prioridades estratégicas brasileñas y coincide con la decisión del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de preservar los recursos destinados al futuro submarino de propulsión nuclear Álvaro Alberto.
El aumento de recursos se produce en una etapa decisiva de un proyecto que busca dotar a Brasil de capacidad propia para operar un submarino de propulsión nuclear. El programa contempla el dominio de diferentes etapas tecnológicas, entre ellas el ciclo del combustível nuclear, el desarrollo del reator y la infraestructura necesaria para la generación de energía nucleoeléctrica. El objetivo no es la fabricación de armamento nuclear: Brasil abandonó oficialmente cualquier proyecto de desarrollo de armas nucleares y mantiene sus compromisos internacionales de no proliferación. La apuesta de la Marina está vinculada al desarrollo de una plataforma militar de propulsión nuclear y a la consolidación de capacidades científicas e industriales nacionales.
La prioridad presupuestaria adquiere especial relevancia porque el programa enfrenta todavía etapas técnicas complejas. La integración del sistema de propulsión nuclear con el casco del submarino representa uno de los principales desafíos pendientes, mientras la Marina continúa desarrollando y probando los componentes necesarios para que el sistema possa operar de manera segura. El proyecto también mantiene negociaciones y procedimientos de verificación internacional relacionados con el uso del combustível nuclear, dentro del marco de las obligaciones asumidas por Brasil ante los organismos internacionales.
El movimiento presupuestario también revela un cambio dentro de la distribución de los grandes programas de defensa brasileños. Mientras el programa nuclear recibió R$ 1.400 millones en 2025, el proyecto de los cazas Gripen registró R$ 965 millones, por debajo de los R$ 1.600 millones destinados en 2024. La adquisición de las aeronaves, además, continúa por debajo del calendario inicialmente previsto: el contrato firmado en 2014 contemplaba 36 unidades y establecía un cronograma de entregas que debía completarse antes de lo que finalmente está ocurriendo. Hasta ahora fueron entregados 11 aparatos y la previsión actual apunta a que la última unidad de ese contrato llegue recién en 2032.
La decisión de reforzar el programa nuclear se produce además en un contexto de presión sobre el presupuesto de Defensa. La Marina había advertido durante 2026 sobre la necesidad de recursos adicionales para evitar nuevos retrasos en el submarino nuclear, mientras el gobierno federal enfrentaba restricciones fiscales y contingenciamentos presupuestarios. En mayo, el Ministerio de Defensa sufrió un contingenciamento de aproximadamente R$ 4.363 millones. Días atrás, durante una visita al Centro Industrial Nuclear de Aramar, en Iperó, São Paulo, Lula afirmó que buscaría garantizar los recursos necesarios para evitar que la falta de continuidad financiera comprometa el proyecto.
Para el gobierno brasileño, el programa tiene una dimensión que supera el ámbito estrictamente militar. El desarrollo de tecnología nuclear propia es presentado como un instrumento de soberanía tecnológica, formación científica e industrialización, con potencial para generar conocimientos aplicables también al sector energético y a otras áreas estratégicas. Durante su visita a Aramar, Lula vinculó el proyecto con la necesidad de ampliar la autonomía tecnológica brasileña y sostuvo que el país debe mantener capacidad para desarrollar tecnologías consideradas estratégicas frente a un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas.
El protagonismo alcanzado por el Programa Nuclear de la Marina representa, por tanto, un cambio relevante en las prioridades de inversión de las Fuerzas Armadas brasileñas. La concentración de recursos en el proyecto del submarino Álvaro Alberto muestra que Brasil busca completar una iniciativa tecnológica iniciada hace décadas y convertirla en una capacidad permanente del Estado. Al mismo tiempo, el avance continuará condicionado por la disponibilidad presupuestaria, la superación de las etapas técnicas pendientes y el cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por el país en materia de uso pacífico de la energía nuclear.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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