La seguridad continúa siendo el principal desafío para Colombia en el inicio del nuevo gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, que durante las últimas 24 horas reafirmó su estrategia de fortalecer las operaciones militares y policiales contra las organizaciones armadas ilegales que operan en distintas regiones del país. Las autoridades sostienen que la prioridad del Ejecutivo será recuperar el control territorial en departamentos históricamente afectados por el narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y los enfrentamientos entre grupos armados, en un escenario que continúa generando preocupación tanto a nivel nacional como internacional.
Desde su llegada a la Presidencia, De la Espriella ha impulsado un cambio de estrategia respecto a la política de seguridad aplicada durante la administración anterior. El nuevo gobierno ha manifestado que reforzará la presencia permanente de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional en zonas donde mantienen influencia organizaciones como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las FARC, el Clan del Golfo y otras estructuras criminales dedicadas al narcotráfico y la minería ilegal. Paralelamente, el Ejecutivo anunció una mayor cooperación con aliados internacionales para fortalecer las capacidades de inteligencia, vigilancia aérea, control fronterizo y combate al crimen organizado transnacional, considerado actualmente una de las principales amenazas para la estabilidad del país.
Uno de los focos de mayor preocupación continúa siendo la región del Catatumbo, así como extensas zonas de Cauca, Nariño, Chocó, Arauca y Norte de Santander, donde los grupos armados ilegales mantienen una fuerte capacidad operativa y continúan disputándose corredores estratégicos utilizados para el tráfico de drogas hacia los mercados internacionales. Estas organizaciones también obtienen recursos mediante la extorsión, el secuestro, la explotación ilícita de minerales y el contrabando. Las autoridades consideran que la combinación de estas economías ilegales ha fortalecido financieramente a las estructuras criminales, dificultando las operaciones estatales y prolongando los conflictos armados en distintas regiones del país.
En el plano político, la nueva administración enfrenta además el desafío de construir consensos dentro de un Congreso altamente fragmentado. Las recientes decisiones relacionadas con la conformación de las mesas directivas legislativas evidenciaron que el Gobierno todavía no dispone de una mayoría estable para impulsar sus principales reformas. Analistas consideran que la gobernabilidad será uno de los factores determinantes para avanzar en los proyectos relacionados con seguridad, justicia, desarrollo económico e inversión pública. Al mismo tiempo, distintos sectores sociales han solicitado que la estrategia contra el crimen organizado esté acompañada por políticas dirigidas a reducir la pobreza, fortalecer la educación, ampliar las oportunidades laborales y consolidar la presencia institucional del Estado en las regiones históricamente más vulnerables.
En el ámbito económico, el Gobierno sostiene que la recuperación de la seguridad constituye un requisito indispensable para atraer inversiones nacionales y extranjeras. Sectores como la minería, la energía, la infraestructura, el turismo y la agroindustria continúan enfrentando importantes dificultades debido a la presencia de grupos armados en diversas zonas productivas. Las autoridades consideran que mejorar las condiciones de seguridad permitirá incrementar la confianza empresarial, impulsar nuevos proyectos de inversión y fortalecer el crecimiento económico del país. Organismos internacionales coinciden en que la estabilidad institucional y el control efectivo del territorio serán factores decisivos para consolidar el desarrollo económico colombiano durante los próximos años.
Especialistas en asuntos de seguridad señalan que Colombia atraviesa una nueva etapa en su política de defensa, caracterizada por un mayor énfasis en el uso de la fuerza contra las organizaciones criminales y una estrecha cooperación con aliados internacionales. No obstante, advierten que la solución al conflicto no dependerá exclusivamente de las operaciones militares, sino también de la capacidad del Estado para fortalecer la justicia, combatir la corrupción, ampliar la presencia institucional y generar oportunidades económicas en las regiones más afectadas por décadas de violencia. El éxito de la nueva estrategia será determinante no solo para la estabilidad interna de Colombia, sino también para la seguridad regional, considerando que las redes del narcotráfico y del crimen organizado operan a través de varios países de América Latina.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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