El Instituto de Previsión Social (IPS) vuelve a quedar bajo cuestionamiento por una situación que afecta directamente a sus asegurados: medicamentos esenciales que no están disponibles, familias obligadas a comprar tratamientos con recursos propios y dificultades para obtener información clara sobre dónde y cuándo pueden retirar sus insumos. El problema no se limita al desabastecimiento: también expone las consecuencias que tiene para los pacientes una institución que no logra comunicar de manera efectiva qué medicamentos están disponibles y cuáles continúan faltando.
En el Centro de Atención Ambulatoria (CAA) del Hospital Central, pacientes con enfermedades crónicas siguen enfrentando dificultades para mantener tratamientos que no pueden interrumpirse. El caso de Lucas Recalde, paciente con diabetes e hipertensión desde hace seis años, refleja esta situación: acudió al IPS para conseguir dapagliflozina porque la metformina no estaba disponible. También denunció que el losartán lleva más de cinco meses sin aparecer en las farmacias de la institución, obligándolo a comprarlo particularmente.
El problema adquiere una dimensión especialmente delicada cuando se trata de enfermedades crónicas. Para una persona con diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares o cualquier otra patología que requiere medicación permanente, la falta de un fármaco no representa simplemente una incomodidad administrativa. Puede significar modificar el tratamiento, postergar una dosis o asumir un gasto inesperado para evitar una interrupción que podría tener consecuencias sobre su salud.
Familias que deben elegir entre el tratamiento y la economía
Uno de los testimonios más dramáticos recogidos por ABC Color corresponde a Cecilia Ramírez, cuyo padre, en recuperación después de sufrir un accidente cerebrovascular, necesitaba rivaroxabán. Según su relato, la familia esperó desde finales de agosto para recibir el anticoagulante a través del IPS.
Ante la demora, tuvieron que comprarlo en una farmacia privada. Cada caja les costó G. 588.000 y apenas alcanzaba para aproximadamente 15 días de tratamiento. La mujer relató que la situación económica de la familia llegó al extremo de vender bienes para poder continuar comprando los medicamentos. Además, señaló que su madre necesita tratamientos hematológicos de alto costo.
Este tipo de situaciones transforma al paciente y a su familia en una especie de financiadores involuntarios de un tratamiento que, en principio, debería formar parte de las prestaciones del seguro social. Cuando el medicamento falta, el asegurado no puede simplemente esperar indefinidamente: debe decidir entre endeudarse, pedir ayuda, organizar colectas o asumir el costo completo.
Las denuncias de familiares realizadas esta semana muestran que el problema incluso alcanza a pacientes internados. Familiares denunciaron falta de medicamentos, insumos básicos, alimentos y fórmulas nutricionales, con gastos que pueden alcanzar cientos de miles de guaraníes por día.
El problema no es solamente la falta de medicamentos
La investigación de ABC Color también expone otra falla menos visible: la comunicación con los asegurados.
Eleuteria Báez acudió al Centro de Atención Ambulatoria para consultar con una especialista y retirar los resultados de una biopsia. Al llegar descubrió que la dependencia encargada de entregar el estudio no funcionaba durante los fines de semana. Según su testimonio, nadie le había informado previamente que el servicio no atendía los sábados.
El episodio puede parecer menor frente a la falta de medicamentos, pero revela un problema de gestión que afecta directamente al usuario. Para un paciente que debe trasladarse desde otra ciudad, perder un viaje significa tiempo, dinero y, en algunos casos, retrasar un diagnóstico o un tratamiento.
La comunicación deficiente también aparece en los canales digitales. Familiares aseguran que envían consultas por WhatsApp para saber si determinado medicamento está disponible y no reciben respuesta, por lo que terminan trasladándose personalmente hasta una farmacia del IPS para comprobar si existe stock.
El IPS reconoce que el abastecimiento continúa siendo un desafío
La situación denunciada por los asegurados coincide con problemas que la propia administración del IPS ha reconocido públicamente durante los últimos meses.
El presidente del IPS, Isaías Ricardo Fretes, había señalado que la institución recibió una situación crítica de abastecimiento, con aproximadamente 36% de los medicamentos sin contratos vigentes y numerosos productos con stock cero. Según la administración, ese porcentaje había descendido hasta cerca del 17% mediante procesos de contratación en curso.
El problema también tiene una dimensión financiera. El Consejo de Administración debatió recientemente la presión que ejercen sobre las cuentas del IPS los tratamientos de altísimo costo y los amparos judiciales que obligan a la institución a adquirir determinados medicamentos e insumos.
La administración sostuvo además que cerca del 80% del dinero destinado a la compra de insumos médicos se concentra en aproximadamente el 20% de los asegurados, debido principalmente al costo de terapias para enfermedades complejas y tratamientos oncológicos.
Esto coloca al IPS frente a una ecuación particularmente difícil: debe garantizar medicamentos para enfermedades comunes y crónicas, pero al mismo tiempo financiar tratamientos extremadamente costosos para un grupo menor de pacientes.
El desabastecimiento tiene varias causas
La falta de medicamentos no responde necesariamente a un único problema. En julio, la Gerencia de Abastecimiento y Logística explicó que el parque sanitario había pasado de recibir unos G. 220.000 millones mensuales a un promedio de apenas G. 60.000 millones, debido a restricciones relacionadas con la disponibilidad financiera establecida por la normativa presupuestaria.
A esto se suman dificultades con proveedores. La institución informó que 134 medicamentos considerados críticos no estaban llegando a los asegurados porque empresas proveedoras no estaban cumpliendo determinadas órdenes de compra vigentes.
La administración también ha mencionado la necesidad de reestructurar las finanzas del seguro. Según información oficial del IPS, la institución aseguró recursos para la compra de medicamentos hasta febrero de 2027, aunque el propio presidente reconoció que se trata de una solución transitoria y que se necesita una reforma estructural para garantizar la sostenibilidad.
Una herramienta digital que todavía debe demostrar su eficacia
En agosto, el IPS habilitó una herramienta dentro de Mi IPS para que los asegurados puedan consultar en línea la disponibilidad de medicamentos en diferentes establecimientos del país. El sistema permite buscar un medicamento y verificar en qué dependencia existe disponibilidad.
La medida apunta precisamente a reducir los viajes innecesarios de los pacientes y mejorar la información. Sin embargo, los testimonios recogidos en los últimos días muestran que persiste una brecha entre las herramientas anunciadas y la experiencia cotidiana de algunos asegurados.
La existencia de una plataforma digital no resuelve por sí misma un problema de stock. Para que el sistema sea realmente útil, la información debe actualizarse correctamente y los pacientes deben poder confiar en que aquello que aparece como disponible efectivamente estará en la farmacia cuando lleguen a retirarlo.
El contraste: también existen avances
La situación no significa que todo el sistema del IPS se encuentre paralizado. La institución informó recientemente sobre iniciativas destinadas a ampliar el acceso a estudios diagnósticos y servicios en el interior. Por ejemplo, el puesto sanitario de Mauricio José Troche comenzó a tomar y derivar muestras para análisis laboratoriales, evitando que los asegurados tengan que desplazarse a otros establecimientos. El servicio registró 25 pacientes en su primer día y el puesto cuenta con 4.571 asegurados fichados.
También se realizaron 654 ecografías durante una maratón de estudios desarrollada entre el 24 y el 30 de agosto en nueve establecimientos del área central.
Estos avances muestran que existen áreas donde la institución puede mejorar el acceso y acercar servicios a los pacientes. Pero para los asegurados que necesitan un medicamento diariamente, una mejora administrativa no sustituye la disponibilidad del tratamiento.
El verdadero costo de la crisis
El problema del IPS tiene una dimensión que no aparece completamente en los balances financieros. Cada medicamento que falta representa para una familia una decisión económica; cada viaje innecesario implica tiempo y dinero; cada información que no llega a tiempo puede convertirse en una consulta perdida o en un tratamiento retrasado.
Y cuando se trata de pacientes oncológicos, trasplantados, personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión o recuperación de un ACV, la continuidad del tratamiento puede ser determinante.
El propio IPS informó el 8 de septiembre que recibió a representantes de la Asociación de Asegurados y a pacientes trasplantados preocupados por la disponibilidad de sus medicamentos. La institución señaló que los fármacos requeridos se encontraban en un proceso avanzado para que los laboratorios pudieran iniciar su provisión.
La crisis, por lo tanto, no puede medirse únicamente por el número de medicamentos contratados o por los procesos de compra en marcha. Debe medirse también desde el lugar del paciente que llega a una farmacia, presenta su receta y escucha que el medicamento no está disponible.
Para el IPS, el desafío inmediato es recuperar la regularidad del abastecimiento, mejorar la información que reciben los asegurados y garantizar que las soluciones financieras no sean solamente temporales. Para los pacientes, mientras tanto, la prioridad es mucho más sencilla: poder recibir a tiempo el medicamento que necesitan para seguir viviendo con seguridad.
Foto: Archivo ABC TV / ABC Color
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