El Gobierno argentino responsabilizó a las políticas educativas aplicadas durante los últimos años por el retroceso registrado por los estudiantes argentinos en las pruebas PISA 2025 y sostuvo que los resultados reflejan los efectos acumulados de 12 años de escolaridad. La discusión vuelve a colocar en el centro del debate nacional la calidad de la enseñanza, los aprendizajes fundamentales y la responsabilidad de las distintas administraciones sobre la evolución del sistema educativo.
El Ministerio de Capital Humano, a través de la Secretaría de Educación, difundió este 8 de septiembre su interpretación de los resultados y afirmó que la caída en Matemática, Lectura y Ciencias es consecuencia de políticas educativas implementadas por gestiones anteriores. La cartera señaló que los estudiantes evaluados en PISA 2025 acumularon aproximadamente 12 años de trayectoria escolar, por lo que el desempeño no puede atribuirse exclusivamente a las decisiones de una administración reciente.
El argumento oficial apunta directamente al período de gobiernos kirchneristas, al que atribuye haber instalado una determinada “cultura educativa” durante doce años. La declaración abrió una nueva controversia política porque convierte los resultados de una evaluación internacional en un indicador utilizado para discutir responsabilidades sobre un proceso educativo que atraviesa diferentes gobiernos, reformas y generaciones de estudiantes.
¿Qué mide realmente PISA?
Las pruebas PISA, elaboradas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evalúan a estudiantes de alrededor de 15 años y buscan determinar hasta qué punto pueden aplicar sus conocimientos a problemas de la vida real. No se trata simplemente de comprobar cuánto contenido memorizaron, sino de analizar capacidades para razonar, interpretar información, resolver problemas y utilizar conocimientos en situaciones concretas.
La comparación resulta especialmente importante porque permite observar el desempeño argentino frente a otros sistemas educativos. En la edición 2022, la última disponible antes de los resultados de PISA 2025, Argentina ya se encontraba por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas principales.
En aquella evaluación, Argentina obtuvo 378 puntos en Matemática, 401 en Lectura y 406 en Ciencias, frente a promedios de la OCDE de 472, 476 y 485 puntos, respectivamente.
Una crisis que no comenzó con el actual Gobierno
Los nuevos resultados deben ser analizados dentro de una trayectoria más extensa. Los datos oficiales de PISA 2022 mostraban que, entre 2012 y 2022, el desempeño argentino en Matemática había disminuido alrededor de 10 puntos, mientras que Lectura y Ciencias permanecieron relativamente estables en ese período.
La propia OCDE advertía además que Argentina tenía una proporción muy elevada de estudiantes que no alcanzaban el nivel mínimo de desempeño. En Matemática, apenas 27% de los estudiantes alcanzaba el Nivel 2 o superior, frente al 69% promedio de la OCDE. En Lectura la proporción era del 45%, contra 74% en la OCDE, y en Ciencias del 46%, frente al 76%.
Esto permite colocar el debate actual en una perspectiva más amplia: el deterioro educativo argentino no puede explicarse únicamente por una administración presidencial, aunque el Gobierno actual sostenga que las políticas acumuladas durante períodos anteriores tuvieron un peso determinante.
La pandemia también dejó una huella
El análisis educativo tampoco puede ignorar el impacto de la pandemia de COVID-19. Las escuelas permanecieron cerradas durante largos períodos en numerosos países y millones de estudiantes experimentaron interrupciones en sus procesos de aprendizaje.
En Argentina, las evaluaciones nacionales posteriores mostraron un deterioro particularmente visible en Matemática. La prueba Aprender 2022 registró que el porcentaje de estudiantes secundarios ubicados en los niveles Básico y Debajo del Básico pasó del 71,4% en 2019 al 82,4% en Matemática en 2022. En Lengua, el indicador pasó del 38,3% al 43%.
La pandemia, sin embargo, tampoco constituye una explicación completa. Los datos históricos de PISA muestran que las dificultades argentinas ya estaban presentes antes de 2020, especialmente en Matemática y en la proporción de estudiantes que no alcanzaban las competencias básicas.
El problema va más allá de una pelea política
La discusión entre el Gobierno y el kirchnerismo puede ocupar el centro de la agenda política, pero los resultados plantean un problema mucho más profundo: qué está aprendiendo realmente un estudiante argentino después de pasar más de una década dentro del sistema educativo.
La pregunta afecta a las escuelas públicas y privadas, a los docentes, a las familias y a las autoridades nacionales y provinciales. También involucra cuestiones como la formación docente, la asistencia escolar, la alfabetización inicial, el aprendizaje de Matemática, la comprensión lectora, la infraestructura, la tecnología educativa y las desigualdades socioeconómicas.
Los datos de PISA 2022 ya mostraban que el nivel socioeconómico tenía una relación significativa con el rendimiento. En Argentina, los estudiantes del grupo socioeconómicamente más favorecido superaban en 75 puntos de Matemática a los del grupo más desfavorecido.
El desafío que enfrenta Argentina
Los resultados de PISA 2025 llegan, por lo tanto, en un escenario en el que la educación argentina ya arrastraba dificultades estructurales. El Gobierno de Javier Milei utiliza ahora los datos para justificar una transformación del sistema y responsabilizar a las políticas anteriores; la oposición, previsiblemente, tendrá argumentos para cuestionar esa interpretación y señalar las responsabilidades de la actual administración.
Pero detrás de la disputa política existe una realidad que trasciende a cualquier partido: los estudiantes argentinos necesitan recuperar aprendizajes esenciales para desenvolverse en una sociedad cada vez más tecnológica y competitiva.
La pregunta central no debería ser solamente quién tiene la culpa, sino qué políticas pueden conseguir que un estudiante que ingresa al sistema educativo encuentre, doce años después, las herramientas necesarias para comprender un texto complejo, resolver un problema matemático, interpretar información científica y continuar aprendiendo durante toda su vida.
Los resultados de PISA pueden convertirse así en otra batalla política o en el punto de partida de una discusión educativa de largo plazo. Para Argentina, la segunda opción resulta considerablemente más importante.
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