Durante años, un piano fue mucho más que un instrumento musical para Lucero Cristal. Fue refugio, compañía y una forma de mantenerse conectada con sus sueños mientras enfrentaba una enfermedad que le cambió la vida. A sus 14 años, la adolescente llegó a aceptar que tendría que desprenderse de él para pagar una nueva cirugía. Pero la solidaridad de desconocidos cambió el desenlace: Lucerito conservará su piano y su operación ya está asegurada.
La historia de Lucero comenzó mucho antes de la reciente campaña solidaria. Cuando tenía 11 años fue diagnosticada con pectus excavatum, una malformación de la caja torácica en la que el esternón crece hacia adentro y puede comprimir los pulmones y el corazón. En 2023, después de una larga batalla de su familia para conseguir los insumos necesarios, fue sometida a una intervención en la que le colocaron barras metálicas para corregir la deformación.
El tratamiento, sin embargo, no significó el final del sufrimiento. Las barras provocaron complicaciones y una herida abierta crónica entre las costillas, que llegó a sangrar y a infectarse. La familia tuvo que afrontar gastos importantes para adquirir medicamentos e insumos que, según denunciaron, no fueron cubiertos por el sistema previsional.
A esto se sumó una realidad especialmente dura para una adolescente: Lucerito dejó de asistir presencialmente a la escuela desde 2021 debido a los intensos dolores. En medio de esas limitaciones, el piano se convirtió en uno de sus principales espacios de contención. Allí encontraba una forma de expresarse y mantener viva una parte de su vida que la enfermedad no había conseguido quitarle.
Cuando vender el piano parecía ser la única salida
Este año, Lucero necesitaba una nueva intervención quirúrgica. La operación debía retirar las barras torácicas que habían sido colocadas tres años antes, y el tratamiento posterior requeriría además controles médicos, medicamentos y un proceso prolongado de recuperación.
La familia, enfrentada a los costos del tratamiento, tomó una decisión que revela hasta dónde había llegado la desesperación: sortear el propio piano de Lucero.
No era un objeto cualquiera. Era el instrumento que había acompañado a la adolescente durante años difíciles. Pero la propia Lucero comprendió la situación y aceptó desprenderse de él para ayudar a financiar su tratamiento. En julio, la familia anunció una rifa cuyo principal premio era el piano acústico vertical marca Doina, con un valor de G. 20.000 por número.
La noticia provocó una enorme reacción entre los paraguayos.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Un desconocido decidió que Lucerito no debía perder su piano
Después de que el caso se hiciera público, un ciudadano que se conmovió con la historia llegó hasta la vivienda de la familia y pidió al padre de Lucero, Sever Del Puerto, que detuviera la rifa del instrumento.
El benefactor se comprometió a conseguir otros premios que pudieran sustituir el piano dentro de la campaña solidaria.
Así, lo que parecía inevitable comenzó a cambiar.
Lucerito podía quedarse con su piano.
Pero la solidaridad todavía tenía algo más preparado.
Otro donante se comunicó con los organizadores para conocer cuánto dinero faltaba para cubrir el presupuesto de la operación. Finalmente, ese aporte permitió salvar el costo de la intervención quirúrgica de alta complejidad, que quedó confirmada para la primera quincena de septiembre.
Incluso el médico decidió ayudar
A la cadena de gestos solidarios se sumó el propio cirujano que realizará la intervención.
El profesional decidió aplicar un descuento del 50% de sus honorarios, reduciendo todavía más la carga económica que debía afrontar la familia. Con la cirugía y la estancia hospitalaria básica cubiertas, la rifa pudo cambiar completamente de objetivo.
Ya no se trata de reunir dinero para comprar una operación.
Ahora se trata de ayudar a Lucero a recuperarse después de ella.
La rifa continúa, pero el piano ya no está en juego
La campaña “Todos por Lucerito” continúa vigente. El sorteo fue reprogramado para el 15 de septiembre de 2026, y cada número tiene un costo de G. 20.000.
Entre los premios figuran una heladera, un horno eléctrico, una licuadora, parrillas, dos vales gastronómicos de G. 500.000, una presentación musical de un violinista, obras de arte, joyas y prendas autografiadas por figuras del deporte paraguayo, entre ellas Dani Vallejo y representantes de Olimpia, Cerro Porteño y Guaraní.
El dinero recaudado tendrá ahora un destino igualmente importante: los gastos posteriores a la cirugía, incluidos días de internación y terapia, estudios médicos, medicamentos, fisioterapia y las sesiones de equinoterapia que Lucero necesitará durante su recuperación.
Una historia que empezó hace tres años y todavía no termina
La historia de Lucerito también recuerda que su familia ya había tenido que luchar contra el sistema de salud antes.
En 2023, cuando Lucero tenía 11 años, su padre recurrió incluso a una acción judicial para conseguir las barras de Nuss que necesitaba. En aquel momento, el costo del instrumental rondaba los US$ 8.000, y una orden judicial había obligado al Ministerio de Salud a proveer los insumos necesarios.
Tres años después, la familia volvió a encontrarse ante una situación límite.
Pero esta vez la historia tomó otro camino.
No fue una institución la que apareció primero. Fueron personas. Un ciudadano anónimo que pidió que Lucerito no entregara su piano. Otro donante que completó el dinero necesario para la operación. Un médico que redujo sus honorarios. Y una comunidad que continúa organizándose para ayudarla a atravesar la recuperación.
El piano vuelve a ser símbolo de esperanza
Hay algo especialmente conmovedor en el desenlace.
Lucero había aceptado entregar su piano porque entendía que su salud estaba primero. No pidió conservarlo a cualquier precio. Estaba dispuesta a sacrificar aquello que amaba para poder seguir adelante.
Ahora no tendrá que hacerlo.
El piano permanecerá en su casa. Y cuando la recuperación lo permita, volverá a acompañar a Lucerito con sus melodías.
Quizás por eso esta historia tiene un significado que va más allá de una cirugía o de una rifa. Porque el piano representa aquello que la enfermedad no pudo apagar: la capacidad de soñar.
La operación está asegurada. La recuperación todavía requerirá tiempo, esfuerzo y recursos. La rifa continúa porque aún quedan medicamentos, controles, terapias y tratamientos por afrontar. Pero la adolescente que alguna vez pensó que debía despedirse de su piano recibió algo que no estaba escrito en ningún presupuesto médico: la solidaridad de un país que decidió no dejarla sola.
Lucerito todavía tiene un camino por delante. Esta vez, sin embargo, lo recorrerá con una certeza distinta: podrá cuidar su salud sin tener que renunciar a aquello que durante años le dio refugio. Y algún día, cuando vuelva a sentarse frente a su piano, cada nota probablemente tendrá un significado diferente: será también la música de una historia en la que la solidaridad llegó a tiempo.
Foto: ABC Color
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