Aldo René Ibarra Cubilla, conocido desde hace décadas en el ámbito policial como “el encantador de empleadas”, volvió a quedar bajo la lupa de los investigadores tras ser vinculado con dos hurtos domiciliarios registrados a finales de agosto en Asunción. La Policía sostiene que habría utilizado nuevamente el mismo método que marcó su historial: ganarse la confianza de las personas encargadas de las viviendas, hacerse pasar por alguien cercano a los propietarios y entrar sin utilizar armas ni recurrir inicialmente a la violencia.
Uno de los hechos ocurrió el 23 de agosto en el barrio Sajonia, donde el sospechoso habría ingresado a una vivienda y sustraído aproximadamente G. 100 millones. Días después se produjo otro episodio de características similares en el barrio Obrero, también en la capital paraguaya. La Policía considera que ambos casos presentan elementos coincidentes que apuntan hacia una misma modalidad delictiva.
El jefe de Prevención y Seguridad de Asunción, comisario José Santacruz, explicó que el hombre no suele presentarse como un delincuente. Su estrategia consiste en construir rápidamente una apariencia de confianza. Según la investigación, puede hacerse pasar por familiar, amigo o persona autorizada por los propietarios y convencer a las trabajadoras domésticas de que debe ingresar para retirar, revisar o recoger determinados objetos.
En uno de los casos recientes, la Policía sostiene que Ibarra Cubilla habría conseguido previamente el número telefónico del dueño de la casa. Frente a la empleada realizó una llamada y, después de que el propietario atendiera, habría cortado la comunicación para simular que continuaba conversando con él y que estaba recibiendo instrucciones. Con esa maniobra habría conseguido que le permitieran el acceso a la vivienda.
Se habría presentado como joyero
Una de las víctimas relató a Telefuturo que el hombre se presentó como un supuesto joyero. La estrategia habría consistido en convencer a la trabajadora de que contaba con autorización de los propietarios para retirar joyas que supuestamente serían llevadas a reparación.
Una vez dentro, el sospechoso también habría conseguido acceder a un ropero cerrado. Al no disponer de la llave, habría utilizado un destornillador para forzar la cerradura y apoderarse del dinero que estaba guardado en su interior. Según la denuncia, los G. 100 millones estaban destinados al pago de proveedores de una empresa perteneciente a la familia afectada.
Las cámaras de seguridad resultaron fundamentales para reconstruir el episodio. En las imágenes analizadas por los investigadores se observa al hombre desplazándose tranquilamente dentro de la vivienda junto a la empleada doméstica y, en determinado momento, incluso en presencia de una niña. También habría quedado registrado portando el destornillador utilizado para forzar el mueble.
A partir de las imágenes, los investigadores lograron identificar nuevamente a Ibarra Cubilla y pusieron en marcha un operativo para localizarlo. Hasta el momento permanece prófugo, por lo que la Policía pidió colaboración de la ciudadanía para aportar información que pueda conducir a su ubicación.
Un modus operandi con décadas de antecedentes
El sobrenombre de “el encantador de empleadas” no es reciente. Ibarra Cubilla ya había sido investigado y condenado anteriormente por hechos de características similares. Registros periodísticos muestran que su modalidad comenzó a ser conocida públicamente al menos desde finales de la década de 2000 y principios de la década de 2010.
En 2016, ABC Color informó sobre una nueva condena de seis años de prisión por robo. En aquel momento, el hombre ya cumplía otra condena de 14 años y acumulaba numerosos antecedentes relacionados con hechos como robo, hurto, estafa, apropiación y otros delitos patrimoniales.
La documentación periodística de aquellos años muestra que su método tenía una característica constante: no dependía de la fuerza física para ingresar a los domicilios, sino de la manipulación y el engaño. En algunos casos se presentaba ante empleadas o familiares menores de edad afirmando que había sido enviado por los propietarios para retirar objetos.
En febrero de 2015, además, un tribunal de apelación confirmó la condena de 14 años de prisión que había recibido por un robo domiciliario. Según aquel expediente, había engañado a una empleada para ingresar a una residencia de Asunción y sustraer joyas y dinero en efectivo. En ese momento, la Policía señalaba que tenía 46 antecedentes penales.
La Policía advierte sobre el engaño
El regreso del sospechoso vuelve a poner en alerta a propietarios y trabajadores domésticos, especialmente porque la modalidad utilizada no depende de una entrada violenta. La persona que recibe al supuesto visitante puede creer inicialmente que se trata de alguien conocido o autorizado por la familia.
Por ello, la recomendación policial es no permitir el ingreso de desconocidos únicamente porque afirmen conocer al propietario o aseguren haber recibido autorización telefónica. Cualquier solicitud para retirar dinero, joyas, documentos u otros objetos debería ser verificada directamente con los dueños mediante una comunicación independiente.
También resulta fundamental conservar y revisar las imágenes de cámaras de seguridad ante cualquier incidente, ya que en este caso las grabaciones permitieron a los investigadores volver a identificar al sospechoso.
Las autoridades aclararon además que Ibarra Cubilla no debe ser confundido con otro conocido ladrón domiciliario, Óscar Cirilo Ríos, quien también fue identificado públicamente con sobrenombres relacionados con el engaño a empleadas domésticas. Se trata de personas diferentes, aunque sus modalidades presentan similitudes.
El caso vuelve a demostrar que en determinados delitos domiciliarios la principal herramienta del delincuente no necesariamente es la fuerza, sino la capacidad de generar confianza en pocos minutos. Para las familias, la advertencia es especialmente relevante: una persona que afirma conocer al propietario no debe ser considerada automáticamente de confianza. Verificar su identidad y autorización antes de abrir la puerta puede impedir que una maniobra aparentemente sencilla termine en un perjuicio millonario.
Foto: Gentileza / ABC Color
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