Paraguay atraviesa un momento de creciente visibilidad internacional. Inversión, energía, tecnología, infraestructura, producción y estabilidad macroeconómica aparecen cada vez con mayor frecuencia entre los factores que despiertan interés sobre el país. Pero atraer miradas no es suficiente: el verdadero desafío será transformar esa atención en inversiones duraderas, nuevas empresas, empleos, capacitación y mayor participación de los actores nacionales.
La discusión adquiere especial relevancia porque Paraguay ya comienza a recibir señales concretas de interés extranjero. Durante el primer semestre de 2026, por ejemplo, el programa Investor Pass registró 140 Constancias de Inversionista Extranjero, asociadas a una inversión declarada de US$ 31,03 millones y la expectativa de generar 1.026 empleos. Los inversores proceden, entre otros mercados, de Brasil, España, Argentina, Suiza y Estados Unidos.
La atención sobre Paraguay tampoco se limita a un único sector. El país busca aprovechar sus condiciones energéticas, su ubicación geográfica, la producción agroindustrial, las oportunidades tecnológicas y el desarrollo de infraestructura para posicionarse como una plataforma de negocios dentro de Sudamérica. La cuestión central es si esas ventajas pueden transformarse en proyectos que permanezcan y generen capacidades locales.
De país observado a país elegido
El interés internacional coloca a Paraguay ante una competencia regional. Los países compiten no solamente por capital financiero, sino también por talento, empresas, mercados, innovación y proyectos de largo plazo. En esa competencia, contar con estabilidad económica es importante, pero no suficiente.
La previsibilidad institucional, la infraestructura, el capital humano, la facilidad para hacer negocios y la confianza también pesan en las decisiones empresariales. Una empresa puede interesarse por un país debido a sus costos o incentivos, pero necesitará encontrar posteriormente condiciones que le permitan producir, contratar personal, acceder a proveedores, transportar sus productos y expandirse.
Esto explica por qué el momento actual debe ser aprovechado con una visión de largo plazo. La inversión extranjera puede ser el comienzo de un proceso, no el resultado final. Si una empresa llega pero no encuentra proveedores preparados o trabajadores con las capacidades requeridas, parte del potencial económico termina perdiéndose.
La energía puede convertirse en una ventaja industrial
Uno de los activos estratégicos de Paraguay es su disponibilidad de energía eléctrica. Pero convertir esa ventaja en desarrollo exige mucho más que disponer de electricidad competitiva.
La energía puede favorecer la instalación de industrias, centros tecnológicos, proyectos de infraestructura digital y nuevas actividades productivas. Sin embargo, para que eso ocurra se necesitan redes, infraestructura adecuada, profesionales capacitados y políticas capaces de conectar la disponibilidad energética con proyectos de inversión concretos.
El desafío, por tanto, consiste en pasar de vender una ventaja a construir una economía alrededor de esa ventaja.
Tecnología y talento serán determinantes
La transformación digital también abre una oportunidad. Paraguay puede beneficiarse de la expansión de servicios tecnológicos, tercerización, inteligencia artificial, análisis de datos y actividades empresariales que pueden operar desde el país hacia mercados internacionales.
Pero la tecnología por sí sola no genera productividad. Requiere personas preparadas para utilizarla y empresas capaces de incorporarla a sus procesos.
En este punto aparece uno de los desafíos más importantes: formar capital humano al mismo ritmo en que crecen las oportunidades. Si el país logra atraer inversiones tecnológicas pero no desarrolla suficientes profesionales, técnicos y especialistas, una parte de esas oportunidades podría terminar desplazándose hacia otros mercados.
Las empresas paraguayas también deben formar parte del proceso
La llegada de capital extranjero puede dinamizar sectores completos, pero el impacto será mucho mayor si las pequeñas y medianas empresas paraguayas consiguen integrarse a las nuevas cadenas de valor.
Eso implica preparar proveedores locales, mejorar estándares, profesionalizar procesos y facilitar el acceso a financiamiento y tecnología. Una inversión internacional debería generar no solamente puestos de trabajo directos, sino también nuevas oportunidades para empresas nacionales.
El efecto multiplicador aparece precisamente cuando una compañía extranjera encuentra proveedores locales, contrata trabajadores paraguayos, desarrolla capacidades y genera nuevos negocios alrededor de su actividad.
El Estado, las empresas y la academia tienen que conectarse
Otro de los puntos centrales es la coordinación. El desarrollo económico no depende exclusivamente del Gobierno ni del sector privado. Universidades, empresas, gremios, sistema financiero, organismos públicos y cooperación internacional tienen capacidades diferentes que pueden complementarse.
La oportunidad aparece cuando esas capacidades se conectan alrededor de objetivos concretos. La formación profesional debe responder a las necesidades productivas; las empresas deben identificar las capacidades que necesitarán; el sistema financiero debe acompañar nuevos emprendimientos y el Estado debe ofrecer reglas claras y previsibles.
Esa articulación puede determinar si el actual interés internacional se convierte en una etapa pasajera o en un proceso sostenido.
El verdadero desafío: que Paraguay tenga razones para que los inversores se queden
Paraguay ya consiguió algo importante: lograr que más actores internacionales comiencen a mirar hacia el país. La siguiente etapa será mucho más exigente.
El objetivo no debería ser únicamente aumentar el número de inversiones que llegan, sino conseguir que esas inversiones crezcan, incorporen proveedores nacionales, generen empleo de calidad, desarrollen tecnología y contribuyan a formar nuevas capacidades.
En otras palabras, Paraguay necesita pasar de estar “de moda” a convertirse en una opción permanente dentro de las decisiones de inversión de la región.
El momento actual puede representar una oportunidad para consolidar una nueva imagen económica del país. Pero la atención internacional es apenas la puerta de entrada. La verdadera prueba será demostrar que Paraguay puede ofrecer condiciones para invertir, producir, innovar y crecer durante muchos años.
El país consiguió que el mundo empezara a mirar. Ahora debe conseguir que quienes miran encuentren suficientes razones para quedarse.
Foto: Roman Prysiazhniuk / ABC Color
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