El Gobierno de Javier Milei intenta recuperar el protagonismo político después de varias semanas marcadas por tensiones internas, dificultades legislativas y señales de pérdida de apoyo electoral, especialmente entre los jóvenes, uno de los sectores que resultó determinante para el triunfo de La Libertad Avanza en 2023. La Casa Rosada prepara una nueva etapa que combina ofensiva parlamentaria, reorganización de la comunicación oficial, mayor coordinación con el PRO y una estrategia destinada a recomponer el vínculo con sectores de la sociedad que se alejaron del oficialismo.
La señal más visible será el regreso de Javier Milei a la Casa Rosada, después de casi un mes en el que las reuniones tradicionales de Gabinete habían quedado desplazadas por los encuentros de la mesa política. El Presidente volverá a encabezar este lunes una reunión con sus ministros, mientras en paralelo el oficialismo busca reorganizar su funcionamiento interno y recuperar una agenda política propia. La decisión se produce en un momento en que distintos sectores del Gobierno reconocen que existe una pérdida de apoyos y que la estrategia electoral hacia 2027 necesita comenzar a construirse con mayor anticipación.
El diagnóstico que circula dentro del oficialismo es particularmente significativo: la dirigencia libertaria habla de la necesidad de “volver a enamorar” a una parte del electorado. La expresión refleja una preocupación que va más allá de una caída puntual en las encuestas. El Gobierno identifica un debilitamiento del vínculo con determinados sectores sociales y, especialmente, con los jóvenes que en 2023 encontraron en Milei una alternativa política frente a los partidos tradicionales. Mientras algunos dirigentes consideran difícil recuperar todo el apoyo perdido, otros sostienen que todavía existe margen para revertir la situación antes de las elecciones presidenciales de 2027.
El problema tiene además una dimensión política interna. Milei continúa defendiendo con firmeza el rumbo económico de su administración, pero dentro del oficialismo existe la expectativa de que los resultados económicos terminen traduciéndose en una mejora perceptible en los ingresos y en la vida cotidiana de los ciudadanos. El propio Presidente afirmó recientemente que está haciendo “el mejor gobierno de la historia”, pero esa convicción contrasta con la preocupación de sectores de La Libertad Avanza que detectan una pérdida de entusiasmo social.
La situación es particularmente delicada porque el Gobierno necesita transformar sus resultados económicos y legislativos en una narrativa política capaz de recuperar apoyo. La estrategia no consiste solamente en aprobar leyes: también busca que cada iniciativa sea explicada de manera anticipada y que sus beneficios sean comunicados de forma coordinada antes de que la oposición o diferentes sectores sociales impongan su propia interpretación.
En ese contexto, la comunicación oficial se convirtió en uno de los principales frentes de reorganización. El oficialismo pretende construir un “bloque comunicacional” compuesto por voceros que expliquen cada proyecto y luego amplifiquen esos mensajes en medios de comunicación y redes sociales. La intención es evitar errores como el ocurrido con la discusión sobre la extranjerización de tierras, cuando diferentes referentes de la cultura, el deporte y la música expresaron públicamente su rechazo a la iniciativa.
El nuevo esquema pretende que los funcionarios especializados sean quienes expliquen técnicamente cada propuesta, mientras que las redes sociales funcionen como mecanismo de amplificación. Desde el propio espacio oficialista admiten que hasta ahora existió cierta dispersión entre los distintos equipos de comunicación y que el Gobierno necesita recuperar coordinación para evitar mensajes contradictorios.
En ese proceso adquirió mayor protagonismo Santiago Oria, cineasta y dirigente vinculado al entorno presidencial, quien encabeza su propio equipo de redes. Su estructura ganó espacio durante la gestión de Manuel Adorni y ahora se consolidó como uno de los actores de la estrategia digital cercana a Karina Milei. El movimiento también modifica parcialmente el equilibrio que anteriormente tenía Santiago Caputo sobre la comunicación política digital del oficialismo.
La discusión no es menor porque las redes sociales fueron uno de los principales instrumentos mediante los cuales Milei construyó su identidad política antes de llegar al poder. La capacidad del entonces candidato para instalar debates, confrontar con dirigentes tradicionales y movilizar a usuarios jóvenes fue determinante para ampliar su base electoral.
Ahora el oficialismo reconoce que ese ecosistema perdió parte de su dinamismo. Dentro de La Libertad Avanza existen dirigentes que consideran que el Gobierno dejó de dominar algunas de las batallas culturales que anteriormente le permitían imponer temas en la conversación pública. Una fuente oficialista citada por Infobae describió el escenario como un ecosistema digital más disperso y con menor capacidad de movilización.
El objetivo de la nueva estrategia será recuperar esa capacidad de instalar temas. Pero el desafío es diferente al de 2023: Milei ya no es un candidato que promete transformar el sistema; es el Presidente que debe defender una gestión, responder por sus resultados y asumir el desgaste propio del ejercicio del poder.
Por eso, la comunicación electoral hacia 2027 tendrá que resolver una contradicción central. El discurso libertario necesita mantener su identidad de ruptura con la política tradicional, pero al mismo tiempo el Gobierno depende cada vez más de negociaciones parlamentarias, alianzas y acuerdos con sectores políticos que forman parte de esa misma estructura tradicional.
La relación con el PRO constituye uno de los ejemplos más claros. El oficialismo prepara un segundo encuentro conjunto con dirigentes del partido, mientras Diego Santilli y los primos Martín y Eduardo “Lule” Menem trabajan en la coordinación entre ambos espacios. La intención es construir acuerdos que permitan al Gobierno avanzar en el Congreso y, eventualmente, consolidar una alianza electoral con vistas a 2027.
La negociación con el PRO adquiere importancia porque La Libertad Avanza necesita ampliar su capacidad legislativa. El Gobierno puede controlar el Poder Ejecutivo, pero para transformar buena parte de su programa en reformas permanentes necesita obtener mayorías o acuerdos en ambas cámaras del Congreso.
La agenda legislativa que se prepara para esta semana refleja precisamente esa prioridad. La Cámara de Diputados debatirá la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y el proyecto denominado Inocencia Fiscal II, mientras el Senado tiene prevista una reunión de Labor Parlamentaria.
La reforma del Banco Central constituye uno de los proyectos de mayor importancia política y económica para el Gobierno. Milei construyó buena parte de su discurso electoral alrededor de una crítica profunda al funcionamiento del sistema monetario argentino y a la emisión de dinero para financiar al Estado. Por eso, cualquier modificación de la Carta Orgánica del BCRA tiene una dimensión que excede la discusión técnica y se conecta directamente con la identidad económica del oficialismo.
El proyecto de Inocencia Fiscal II también forma parte de la estrategia para avanzar sobre el sistema tributario y modificar los mecanismos mediante los cuales el Estado controla determinados movimientos patrimoniales y fiscales. El Gobierno busca presentar estas iniciativas como parte de una transformación estructural de la economía argentina.
Pero para la Casa Rosada, aprobar leyes no será suficiente. El oficialismo necesita convertir esas victorias parlamentarias en resultados políticos perceptibles por la población. Esa es precisamente una de las dificultades que aparecen detrás de la actual reorganización.
Una reforma puede ser aprobada en el Congreso y, sin embargo, no producir inmediatamente un beneficio visible para una familia. La distancia entre una modificación institucional y la experiencia cotidiana de los ciudadanos puede convertirse en un problema electoral si el Gobierno no logra explicar cómo sus políticas terminan impactando sobre salarios, empleo, precios, crédito, inversión y consumo.
Esta cuestión es especialmente relevante en un momento en que el consumo todavía presenta dificultades. Datos recientes sobre supermercados muestran que 22 de las 24 jurisdicciones argentinas se encuentran por debajo de su promedio histórico de ventas reales, una señal de que la recuperación económica todavía no se traduce de manera homogénea en el mercado interno.
Ese escenario puede explicar parte de la preocupación oficialista. La estabilidad macroeconómica no necesariamente produce de manera inmediata una sensación de bienestar en los hogares. Si el ciudadano percibe que el costo de vida sigue siendo elevado, que el consumo permanece restringido o que su ingreso disponible no mejora suficientemente, los indicadores económicos positivos pueden tener un impacto político limitado.
La propia estrategia del Gobierno parece reconocer esa brecha. Milei necesita que las “bondades” del programa económico comiencen a sentirse en los bolsillos, algo que diferentes sectores libertarios esperan que ocurra progresivamente.
Mientras tanto, el oficialismo también intenta recuperar el vínculo con los jóvenes. La caída del apoyo entre ese sector es considerada una señal particularmente sensible, porque fueron precisamente los jóvenes quienes ayudaron a convertir a Milei en un fenómeno electoral nacional en 2023.
El Presidente prepara diferentes actividades dirigidas a ese público. Entre ellas aparece un nuevo recital y un encuentro con militantes en Rosario. Además, participará de una exposición sobre ética e inteligencia artificial ante estudiantes de los últimos años del Colegio ORT, una actividad que busca combinar uno de los temas tecnológicos más importantes de la actualidad con la estrategia de acercamiento a las nuevas generaciones.
El regreso de Milei a ese tipo de escenarios también tiene un significado político. El Presidente necesita recuperar una conexión directa con su base, después de una etapa en la que la gestión gubernamental estuvo dominada por decisiones administrativas, negociaciones parlamentarias y conflictos políticos.
La campaña hacia 2027, aunque todavía lejana, comienza a condicionar las decisiones del oficialismo. La discusión interna ya no se limita a cómo administrar el Gobierno, sino a cómo construir una estructura política capaz de sostener el proyecto libertario más allá del mandato actual.
La eventual reelección de Milei dependerá de múltiples factores: desempeño económico, inflación, salarios, empleo, seguridad, relación con las provincias, capacidad legislativa y evolución de la oposición. Pero también dependerá de la capacidad del Gobierno para mantener un vínculo emocional con una sociedad que lo votó precisamente porque prometía una transformación profunda.
Ese vínculo parece ser hoy uno de los principales desafíos.
El problema es que la política libertaria nació en buena medida de la confrontación con el sistema político tradicional, mientras que el Gobierno ahora necesita negociar con ese mismo sistema para avanzar en el Congreso. La relación con el PRO es el ejemplo más evidente, pero no el único.
La construcción de mayorías parlamentarias obliga a establecer acuerdos, negociar modificaciones y aceptar compromisos. Cada concesión puede mejorar la capacidad de gobernar, pero también puede generar críticas dentro de una militancia que apoyó a Milei precisamente por su discurso de ruptura.
De ahí surge una tensión que el Gobierno deberá administrar durante los próximos meses: ser más pragmático en el Congreso sin perder la identidad política que le permitió llegar al poder.
En las redes sociales ocurre algo parecido. La estrategia de confrontación permanente puede mantener una base de seguidores movilizada, pero también puede generar desgaste entre sectores moderados. Por eso, el oficialismo busca ahora combinar la intensidad característica de Milei con una comunicación más ordenada y profesional.
La Casa Rosada pretende que cada proyecto tenga un relato político, voceros identificables, argumentos técnicos y una estrategia digital coordinada. El objetivo es evitar que el Gobierno llegue tarde a las discusiones públicas y que la oposición, organizaciones sociales o referentes culturales sean quienes definan el significado de cada iniciativa.
En términos electorales, se trata de una modificación importante.
Durante la campaña de 2023, Milei consiguió que la discusión política girara alrededor de sus propios temas: inflación, casta política, déficit, emisión, dolarización, libertad económica y ruptura con el sistema tradicional. Ahora el Gobierno intenta recuperar esa capacidad de fijar agenda desde una posición mucho más compleja: debe defender una gestión concreta y explicar resultados.
El oficialismo también enfrenta un problema de expectativas. Una parte de sus votantes esperaba una transformación rápida y profunda, mientras que muchas reformas requieren tiempo para producir efectos. La diferencia entre las expectativas generadas durante la campaña y la velocidad real de los cambios puede contribuir al desgaste político.
Por eso, “volver a enamorar” no significa solamente recuperar una estrategia publicitaria. Implica reconstruir una expectativa de futuro.
Milei necesita convencer a sus votantes de que el sacrificio económico realizado durante la primera etapa de su gestión tiene un resultado concreto y que el país se dirige hacia un escenario mejor. Si esa percepción se consolida, el oficialismo puede recuperar parte del apoyo perdido. Si no ocurre, la oposición tendrá un argumento poderoso para disputar el electorado en 2027.
El Gobierno se encuentra así ante una nueva etapa.
La prioridad ya no es solamente sobrevivir políticamente o aprobar reformas aisladas. Es demostrar que puede transformar su programa económico en una mejora social perceptible, recuperar el control de la agenda pública, reconstruir su relación con los jóvenes y ampliar su base electoral sin perder la identidad libertaria.
La vuelta de Milei a la Casa Rosada, la reactivación de las reuniones de Gabinete, la ofensiva legislativa, el acercamiento al PRO y la reorganización de la comunicación forman parte de una misma estrategia: recuperar iniciativa antes de que el desgaste político se transforme en una tendencia electoral irreversible.
La elección de 2027 todavía está lejos, pero dentro de La Libertad Avanza el reloj electoral ya comenzó a correr. El desafío para Milei será demostrar que la transformación que prometió en 2023 todavía conserva capacidad de entusiasmar a una sociedad que ahora juzga al libertario no por lo que promete, sino por los resultados concretos de su gobierno.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Paraguay: médicos llevan su reclamo a las calles y ponen a prueba la capacidad del sistema sanitario
- ★Argentina atraviesa una semana de frío persistente: Buenos Aires tendrá mañanas gélidas y lluvias hacia el jueves
- ★Argentina: Milei busca recuperar la iniciativa política, ordenar su comunicación y reconstruir el vínculo con el electorado
- ★Estados Unidos: los cuatro astronautas de Artemis II recibirán la Medalla de Honor del Congreso por su histórico viaje alrededor de la Luna
- ★Argentina: científicos desarrollan una vincha inteligente que utiliza el sueño para estudiar y prevenir el deterioro cognitivo


