La estructura territorial de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) atraviesa una nueva reorganización bajo el gobierno interino de Delcy Rodríguez. De los 29 comandantes de las Zonas Operativas de Defensa Integral (ZODI) que habían sido designados durante la administración de Nicolás Maduro, apenas uno conserva actualmente el mismo cargo, mientras el resto fue sustituido o trasladado mediante cambios realizados en diferentes etapas desde enero. La modificación alcanza directamente a la estructura encargada de la defensa territorial, la seguridad operacional y la coordinación de las fuerzas militares con organismos de seguridad e instituciones públicas. La nueva configuración no se limita a los mandos regionales: también incluye cambios en academias militares y centros de formación de oficiales, lo que amplía el alcance de la reorganización y refuerza la influencia de Rodríguez sobre las distintas estructuras de la FANB.
Las ZODI constituyen uno de los niveles más importantes de la organización militar venezolana. Están integradas dentro de las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI) y funcionan como núcleos del Sistema Defensivo Territorial de la FANB. Desde estas estructuras se planifican y ejecutan operaciones militares locales y se coordina la actuación de las fuerzas armadas con organismos de seguridad y otras instituciones del Estado.
El dato que mejor refleja la magnitud del cambio es el número de comandantes reemplazados. De los 29 oficiales que ocupaban las ZODI tras los nombramientos realizados por Maduro, solamente permanece en el mismo puesto el vicealmirante Aldo Abigail Torres Falcón, comandante de la ZODI Marítima e Insular Atlántica. Los demás cargos fueron modificados mediante una sucesión de decisiones adoptadas desde el comienzo del interinato.
El primer movimiento importante ocurrió el 21 de enero, cuando fueron sustituidos 12 comandantes de ZODI. Posteriormente, algunos de esos oficiales volvieron a ser desplazados de posiciones con capacidad operacional, hasta llegar a una renovación prácticamente completa del mapa territorial de la FANB.
El proceso no parece responder a una única decisión aislada. Los cambios fueron ejecutados por etapas y abarcaron diferentes componentes de la estructura militar. La consecuencia es una transformación progresiva de la cadena de mando territorial, con oficiales que fueron trasladados de una región a otra, ascendidos o destinados a nuevas responsabilidades.
Uno de los nuevos nombramientos es el del vicealmirante Virgilio José Hernández Azuaje en la ZODI Sucre. Su trayectoria incluye funciones dentro de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y responsabilidades relacionadas con armamento y operaciones dentro de la FANB.
La elección de oficiales con experiencia en organismos de inteligencia y estructuras operacionales resulta significativa porque las ZODI no tienen únicamente una función administrativa. Desde ellas se ejerce control territorial y se coordinan operaciones militares y de seguridad.
Entre los oficiales que fueron desplazados aparecen los generales de división José Yunior Herrera Duarte, Rufo Daniel Parra Hernández, José Gregorio Caldera Vivas y José Freitas Gómez, quienes habían estado al frente de las ZODI de Falcón, Miranda, Monagas y Yaracuy, respectivamente. Freitas Gómez pasó posteriormente a comandar la Defensa Aeroespacial Integral.
Aunque el número de sustituciones es elevado, no todos los comandantes fueron removidos. Nueve de los 29 responsables territoriales fueron ratificados, aunque algunos habían sido nombrados durante la propia reorganización realizada en enero.
Entre ellos se encuentran los vicealmirantes Aldo Abigail Torres Falcón, Juan José Solórzano Araujo y Uldren Alberto Gedde Díaz, vinculados respectivamente con las ZODI Marítima e Insular Atlántica, Oriental y Occidental. También continúan varios generales de división en estados como Trujillo, Táchira, Delta Amacuro, Barinas y Aragua.
La nueva distribución incorpora además a varios generales de división en posiciones estratégicas. Geovanny Ramón González fue designado en Amazonas; Miguel Darío Colmenares Coronado asumió en Bolívar; Jesús Manuel Carpio Medina quedó al frente de Carabobo y Crismarth Darío Mavo Sánchez fue enviado a Guayana Esequiba.
La importancia de algunos de estos territorios supera la dimensión puramente administrativa. Bolívar concentra importantes instalaciones mineras y energéticas, mientras que Guayana Esequiba constituye uno de los espacios geopolíticamente más sensibles de Venezuela por la disputa territorial con Guyana.
Otros cambios alcanzaron estados fundamentales para la seguridad y la política nacional. Miranda, La Guaira y el Distrito Capital forman parte del espacio estratégico alrededor de Caracas y concentran instituciones centrales del Estado, instalaciones militares y estructuras de seguridad.
En Miranda fue designado el general de división Ediam Gabriel Lagonell Hernández, quien sustituyó a Rufo Daniel Parra Hernández. Este último había reemplazado previamente a Carlos Eduardo Aigster Villamizar, demostrando la rapidez con la que se han producido algunas modificaciones dentro de la cadena de mando.
En Monagas, el general de división Francisco José Levison Carrillo reemplazó a José Gregorio Caldera Vivas. En Lara fue designado Caldera Vivas, mientras que Antonio Ramón Casadiego Pineda pasó a La Guaira y Okler Roberto Yustiz Castillo asumió en Zulia. Mérida quedó bajo el mando de Hilars José Larrarte Sosa y Apure bajo Luis Enrique Pinto Rosales.
La reorganización también alcanzó Guárico, Cojedes, Capital y Yaracuy, donde fueron designados Amilcar Jesús Cobos Díaz, Roberto Alexander Gil Ugas, Yoel José Córcega Caraballo y Juan Carlos Sorondo Arrieta, respectivamente.
La renovación territorial tiene además un segundo componente: la formación de los futuros cuadros militares.
Mediante las resoluciones 1274 y 1275, emitidas el 11 de agosto, el gobierno de Rodríguez introdujo nuevas designaciones y ratificaciones en las academias de la FANB. El movimiento incluyó la Universidad Militar Bolivariana y distintas academias de los componentes del Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional.
El mayor general de Aviación Gustavo Adolfo Serrano Urdaneta fue designado rector de la Universidad Militar Bolivariana en sustitución de Omar Enrique Pérez La Rosa. Serrano había formado parte del Alto Mando Militar Ampliado y había ejercido previamente funciones relacionadas con operaciones y bases aéreas.
Su traslado desde el Alto Mando a una institución de formación militar muestra que los cambios no consisten exclusivamente en retirar oficiales. También existe un proceso de redistribución de responsabilidades mediante el cual determinados mandos son trasladados a posiciones consideradas estratégicas dentro del sistema educativo y doctrinario de la FANB.
En las academias militares de los diferentes componentes fueron ratificados varios oficiales que ya habían sido designados en enero. Entre ellos aparecen Lansford José Castillo López en la Academia del Ejército, Ronald José Briceño Huerta en la Armada y Franklin Martín Meléndez Rivas en la Guardia Nacional Bolivariana.
La Academia Militar de la Aviación tuvo un cambio específico: Juan Carlos Sorondo Arrieta dejó la dirección y fue reemplazado por Ronald Rolando González Ortega. Sorondo pasó posteriormente a comandar la ZODI Yaracuy.
También hubo modificaciones en las academias destinadas a los oficiales técnicos. El Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional recibieron nuevos responsables en sus respectivos centros de formación.
Estos movimientos son relevantes porque la estructura de formación militar determina, en buena medida, las futuras generaciones de oficiales. Cambiar a los responsables de las academias permite influir no solamente sobre la cadena de mando actual, sino también sobre la formación profesional y doctrinaria de los cuadros que asumirán responsabilidades en los próximos años.
La Academia Militar de Oficiales de Tropa también tuvo un nuevo director, mientras que diferentes centros especializados en comunicaciones, electrónica y ciencias de la salud experimentaron cambios similares.
La reorganización ocurre en un momento especialmente delicado para Venezuela. El país atraviesa una transición política después de la salida de Nicolás Maduro del poder y mientras el gobierno de Rodríguez mantiene negociaciones con sectores de la oposición con participación e influencia de Estados Unidos.
Al mismo tiempo, el gobierno provisional intenta preservar el funcionamiento del Estado y mantener bajo control una estructura militar que históricamente ha tenido un peso considerable dentro de la política venezolana.
El control de la FANB es uno de los elementos centrales de cualquier transición venezolana. La institución militar no solamente posee capacidad de fuerza, sino que también tiene presencia territorial, influencia política y responsabilidades en materia de seguridad.
Por esa razón, cualquier modificación profunda de sus mandos puede tener consecuencias que exceden el ámbito estrictamente castrense.
La sucesión de cambios también puede interpretarse como un intento de asegurar que los principales centros de poder militar estén ocupados por oficiales cuya permanencia dependa de la nueva estructura de gobierno. Sin embargo, determinar las motivaciones individuales de cada nombramiento requiere mayor información que la disponible públicamente.
Lo que sí resulta comprobable es la magnitud de la renovación. En apenas algunos meses, el mapa de los mandos territoriales venezolanos prácticamente dejó de coincidir con el que existía durante la administración de Maduro.
La reorganización tampoco debe separarse de los cambios anteriores en el Alto Mando Militar. Rodríguez ya había realizado modificaciones en los principales componentes de la FANB, incluyendo Ejército, Armada, Aviación, Guardia Nacional y Milicia.
A finales de julio también se informó del retiro de 110 generales y almirantes, una medida que profundizó la renovación de la estructura superior de la institución militar.
De esta manera, los cambios territoriales forman parte de un proceso mucho más amplio. Primero fueron modificados sectores del Alto Mando; posteriormente se reorganizaron los comandos regionales y ahora se introdujeron nuevos movimientos en las instituciones encargadas de la formación de oficiales.
El resultado es una FANB que, al menos en términos de sus principales cuadros de mando, presenta una composición significativamente diferente de la que existía al comienzo de 2026.
La pregunta política será hasta qué punto esta renovación contribuirá a una profesionalización de las Fuerzas Armadas o, por el contrario, consolidará una nueva estructura de lealtades alrededor del gobierno provisional.
La respuesta dependerá de cómo evolucionen las instituciones venezolanas durante la transición. Si el proceso avanza hacia elecciones competitivas, separación de poderes y subordinación militar al poder civil, la reorganización podría terminar formando parte de una transformación institucional más amplia.
Si, en cambio, los cambios son utilizados fundamentalmente para garantizar el control político sobre las Fuerzas Armadas, podrían convertirse en una nueva fuente de concentración de poder.
La cuestión es especialmente relevante porque la reconstrucción de Venezuela requiere una institución militar profesional y estable. Las Fuerzas Armadas deberán garantizar la seguridad nacional, pero también respetar las reglas constitucionales y permanecer subordinadas a las autoridades civiles legítimas.
La renovación de mandos, por sí sola, no garantiza ninguna de esas condiciones. Lo determinante será la doctrina institucional, el respeto a la cadena constitucional de autoridad y la capacidad de los nuevos responsables para actuar dentro de un marco profesional.
En este contexto, las academias militares adquieren una importancia particular. Allí se forman los oficiales que posteriormente ocuparán posiciones de mando. Los cambios realizados en agosto indican que la reorganización no está pensando únicamente en el presente, sino también en el futuro de la institución.
Venezuela se encuentra así ante una transformación militar de gran alcance. Los nombres cambian, las regiones cambian y las posiciones cambian, pero el desafío central permanece: construir una Fuerza Armada que pueda cumplir sus funciones sin convertirse nuevamente en un actor determinante de la disputa política.
La reconfiguración ejecutada por Delcy Rodríguez alcanza prácticamente toda la estructura territorial de la FANB. De los 29 comandantes de ZODI designados durante la etapa de Nicolás Maduro, solamente uno permanece en el mismo cargo, mientras nueve fueron ratificados y el resto reemplazado o trasladado. A estos movimientos se sumaron cambios en la Universidad Militar Bolivariana y en distintas academias de formación de oficiales. La magnitud de la operación muestra que no se trata de una modificación administrativa menor, sino de una profunda renovación de la cadena de mando militar venezolana. El verdadero significado político de estos cambios dependerá de cómo evolucione la transición del país: si Venezuela avanza hacia instituciones democráticas, una Fuerza Armada profesional y subordinada al poder civil será indispensable; si la reorganización termina utilizándose para construir nuevas lealtades políticas, el cambio de nombres podría simplemente sustituir una estructura de poder por otra.
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