La política argentina entró en una nueva etapa de conversaciones reservadas entre sectores que durante meses mantuvieron una relación marcada por enfrentamientos, desconfianza y competencia por el liderazgo del espacio no peronista. En ese contexto, Karina Milei mantuvo una conversación telefónica de unos 25 minutos con Mauricio Macri, mientras Javier Milei recibió durante aproximadamente una hora y media al empresario de medios Daniel Hadad en la Quinta de Olivos. Los dos movimientos se producen cuando La Libertad Avanza y el PRO intentan definir si pueden construir una relación política más estable de cara a 2027. El contacto entre Karina y Macri no fue presentado como una reconciliación definitiva, sino como una señal de apertura para recomponer un vínculo que había quedado prácticamente congelado. En paralelo, el encuentro de Milei con Hadad adquiere interés por el peso del empresario en el sistema de medios argentino y por las discusiones que mantiene públicamente sobre política, tecnología, democracia y comunicación.
El contacto entre Karina Milei y Macri se produjo en un momento particularmente sensible para ambos espacios. La Libertad Avanza necesita ampliar su base política si pretende consolidar el proyecto de reelección de Javier Milei y avanzar con sus reformas en el Congreso, mientras el PRO busca evitar quedar reducido a una estructura secundaria dentro del oficialismo. La posibilidad de una cooperación electoral vuelve a aparecer, pero las diferencias sobre quién tendrá el control político y cómo se distribuirán las candidaturas continúan siendo importantes. La reciente conversación, por lo tanto, debe interpretarse como un movimiento exploratorio y no como el cierre de un acuerdo.
La relación entre Milei y Macri tiene además un antecedente político singular. Macri fue uno de los dirigentes que más contribuyó a que Milei pudiera llegar a la Presidencia en 2023 después de la primera vuelta, pero la relación posterior nunca terminó de transformarse en una alianza orgánica. El expresidente mantuvo una posición de respaldo a determinadas reformas del Gobierno, aunque simultáneamente reclamó mayor reconocimiento al PRO y cuestionó decisiones de la Casa Rosada. Esa combinación de coincidencias ideológicas y disputa por espacios de poder explica buena parte de las tensiones que todavía existen.
El problema no se limita a la relación personal entre los dos dirigentes. También existe una disputa por el electorado. Milei busca consolidar a La Libertad Avanza como la principal fuerza de la derecha argentina y absorber parte del electorado que históricamente acompañó al PRO. Macri, en cambio, necesita conservar una estructura política propia para que el partido no desaparezca detrás del oficialismo. De ahí surge una de las principales contradicciones de cualquier eventual acuerdo: ambos necesitan cooperar, pero ninguno quiere quedar subordinado al otro.
En las últimas semanas aparecieron señales concretas de acercamiento. La posibilidad de construir acuerdos entre La Libertad Avanza y el PRO comenzó a ser discutida nuevamente con mayor intensidad, especialmente en la provincia de Buenos Aires. Allí Diego Santilli aparece como una de las figuras capaces de funcionar como puente entre ambos espacios. El actual jefe de Gabinete conserva su pertenencia formal al PRO, pero trabaja dentro del Gobierno de Milei y ha expresado públicamente su respaldo a la reelección presidencial.
Santilli ocupa, por eso, una posición particularmente delicada. Puede ser funcional para la estrategia electoral de Milei porque conserva vínculos con sectores del PRO, pero también puede convertirse en una pieza importante para el macrismo si finalmente se construye una candidatura competitiva en la provincia de Buenos Aires. La definición de su papel será uno de los indicadores más claros para saber hasta dónde puede avanzar una alianza.
La provincia de Buenos Aires concentra buena parte de la disputa. Allí La Libertad Avanza necesita construir una estructura territorial mucho más sólida para enfrentar al peronismo, mientras el PRO cuenta con dirigentes, intendentes y redes políticas que podrían resultar útiles para el oficialismo. El problema es que ambos espacios pretenden conservar capacidad de decisión sobre las listas y las candidaturas.
El acercamiento también tiene una dimensión nacional. Las elecciones presidenciales de 2027 todavía están lejos, pero la definición de alianzas comienza mucho antes de la campaña formal. Una eventual coalición entre LLA y PRO podría alterar de manera significativa el escenario electoral porque reuniría buena parte del voto que actualmente se encuentra dividido entre distintas expresiones de centroderecha y derecha.
Pero el acuerdo no está garantizado. Las desconfianzas acumuladas siguen presentes. Dentro del PRO existe preocupación por la posibilidad de que La Libertad Avanza utilice una alianza para absorber dirigentes y estructura territorial sin conceder al macrismo un peso proporcional. Del lado libertario, existe la sospecha de que Macri podría intentar conservar una cuota de poder que eventualmente limite la autonomía de Milei.
Ese conflicto de fondo explica por qué la conversación entre Karina y Macri es relevante. La secretaria general de la Presidencia se ha convertido en una de las principales responsables de la construcción política de La Libertad Avanza. Su intervención directa significa que el acercamiento no está siendo dejado exclusivamente en manos de operadores secundarios. Al mismo tiempo, Macri continúa siendo la figura central del PRO y conserva capacidad para influir sobre dirigentes y sectores del partido.
La reunión que posteriormente se proyecta con distintos dirigentes puede ser incluso más importante que la conversación inicial. En los últimos días ya se había informado sobre un encuentro destinado a reunir a Diego Santilli, Eduardo «Lule» Menem, Cristian Ritondo y Fernando de Andreis para explorar un entendimiento entre ambos espacios. La presencia de esos dirigentes muestra que el diálogo busca pasar del contacto personal a una negociación política concreta.
Cristian Ritondo representa una pieza importante porque mantiene una posición de conducción dentro del PRO bonaerense y ha participado de las conversaciones con el oficialismo. Fernando de Andreis, por su parte, es uno de los dirigentes históricamente más cercanos a Macri. Del lado libertario, Lule Menem ocupa un lugar relevante en la estructura política de Karina Milei. Santilli funciona como el punto de contacto más evidente entre ambas partes.
El objetivo inmediato no necesariamente sería cerrar una alianza presidencial. Antes deberán resolverse cuestiones mucho más concretas: acuerdos legislativos, armado territorial, candidaturas provinciales y la relación entre las estructuras partidarias. Una eventual alianza nacional de cara a 2027 probablemente dependerá de cómo funcionen esos primeros acuerdos.
En paralelo, la aparición de Daniel Hadad en la Quinta de Olivos introduce otro elemento en el escenario. El fundador de Infobae mantuvo durante aproximadamente una hora y media una reunión con Javier Milei. El encuentro resulta relevante por el peso que tiene Hadad en el sistema de medios argentino y porque se produce en un momento en el que el Gobierno mantiene una relación particularmente conflictiva con determinados sectores de la prensa.
Hadad, además, había expuesto públicamente días antes sobre política, tecnología y comunicación. En una presentación realizada en el Círculo Italiano de Buenos Aires, cuestionó la crispación política, advirtió sobre los riesgos de la inteligencia artificial para el debate público y sostuvo que la tecnología y los algoritmos pueden modificar profundamente la forma en que las sociedades reciben información.
Su encuentro con Milei, sin embargo, no permite concluir automáticamente que exista un acuerdo político o mediático. No se ha difundido públicamente una agenda detallada de la conversación. Por eso, cualquier afirmación sobre decisiones concretas tomadas durante esa reunión debe ser tratada como interpretación y no como un hecho confirmado.
Lo que sí puede observarse es que Hadad no es un empresario ajeno a la política argentina. Su trayectoria al frente de distintos medios lo colocó históricamente en contacto con gobiernos, dirigentes y figuras de poder. En los últimos meses, además, volvió a aparecer con mayor frecuencia en la escena pública por su participación en debates sobre medios, inteligencia artificial y futuro de la comunicación.
La reunión con Milei también se produce en un momento de transformación dentro del propio universo mediático. La inteligencia artificial está modificando los modelos tradicionales de producción periodística, distribución de contenidos y relación con las audiencias. Hadad ha defendido públicamente la necesidad de que los medios desarrollen herramientas propias y adapten sus redacciones a esta transformación tecnológica.
Existe además un contexto político que vuelve más sensible cualquier reunión entre el Presidente y un empresario de medios. El Gobierno de Milei mantiene enfrentamientos frecuentes con periodistas y medios de comunicación, mientras sus dirigentes han cuestionado reiteradamente la influencia de la prensa tradicional. Al mismo tiempo, Milei utiliza intensamente las redes sociales y mantiene una estrategia comunicacional basada en la confrontación directa con sus críticos.
Por eso, una reunión prolongada con un empresario de medios puede tener diferentes lecturas. Puede tratarse de una conversación institucional, un intercambio sobre la situación política, una discusión relacionada con medios y tecnología o simplemente un encuentro personal. Sin información oficial sobre el contenido, no corresponde atribuirle una finalidad específica.
El punto políticamente más significativo del episodio, en realidad, está en la coincidencia temporal de ambos movimientos: mientras Karina intenta recomponer el vínculo con Macri, Javier Milei recibe a una figura de peso del mundo empresarial y mediático. El Gobierno está ampliando sus canales de diálogo en momentos en que busca fortalecer su posición política para los próximos años.
Ese cambio de dinámica contrasta con la etapa anterior, marcada por una fuerte confrontación con sectores que el oficialismo consideraba parte de la vieja política. La Libertad Avanza llegó al poder precisamente con un discurso de ruptura con las estructuras tradicionales. Sin embargo, la consolidación de un Gobierno necesita construir acuerdos, obtener votos legislativos y formar alianzas territoriales.
La situación es particularmente importante porque Milei ya no gobierna desde la posición de un outsider sin responsabilidades institucionales. Su objetivo es consolidar un proyecto político de largo plazo y obtener la reelección. Para eso necesita transformar la victoria electoral de 2023 en una estructura política capaz de competir en todo el país.
El PRO puede aportar parte de esa estructura. Tiene dirigentes con experiencia ejecutiva, legisladores, intendentes y una red territorial que La Libertad Avanza todavía está construyendo. Pero esa ventaja también tiene un costo: incorporar al PRO implica negociar con dirigentes que poseen intereses propios y que no necesariamente aceptarán una integración completa al esquema libertario.
Macri, por su parte, enfrenta el dilema inverso. Si el PRO se presenta solo en 2027, corre el riesgo de dividir el electorado opositor al peronismo y facilitar una victoria libertaria o peronista dependiendo del distrito. Si acuerda con Milei, puede obtener posiciones y conservar influencia, pero existe el riesgo de que el PRO termine diluyéndose dentro de La Libertad Avanza.
La conversación con Karina puede ser interpretada como un intento de encontrar un punto intermedio: cooperar sin resolver todavía la disputa por el liderazgo. Es una fórmula políticamente lógica porque permite mantener abiertas las opciones mientras se evalúan los resultados de los acuerdos territoriales.
También es significativo que el acercamiento ocurra a través de Karina y no mediante una reunión directa entre Milei y Macri. La relación personal entre ambos dirigentes continúa siendo compleja. Aunque Milei ha expresado en distintas oportunidades su reconocimiento hacia Macri y ha dejado abierta la posibilidad de volver a reunirse con él, todavía persisten diferencias sobre el papel que debe desempeñar el PRO.
En declaraciones anteriores, Milei incluso había señalado que no tendría problemas en volver a compartir una comida con Macri y había expresado afecto por el expresidente. Ese tono más conciliador contrasta con otros momentos en los que el Gobierno y dirigentes libertarios cuestionaron duramente al macrismo.
La relación, por lo tanto, no puede entenderse como una ruptura definitiva ni como una alianza consolidada. Es una relación de cooperación y competencia al mismo tiempo.
Ese modelo podría prolongarse durante meses. El oficialismo necesita los votos del PRO para determinadas reformas, mientras el PRO necesita mantener una relación funcional con el Gobierno para no quedar aislado. La negociación legislativa se convierte así en un laboratorio de lo que podría ser una futura alianza electoral.
También está en juego la definición del liderazgo de la oposición no peronista. Si Milei consigue absorber al PRO, podría convertirse en el principal referente de ese espacio durante la próxima década. Si Macri logra preservar una estructura autónoma, el escenario podría mantenerse dividido y dar lugar a una competencia interna por el liderazgo.
El peronismo observa naturalmente ese proceso. Una alianza sólida entre Milei y Macri podría dificultar su recuperación electoral, especialmente si consigue reunir votos de sectores que tradicionalmente se dividieron entre el PRO, otros espacios de centroderecha y el propio libertarismo.
Por el contrario, una ruptura entre ambos podría abrir una oportunidad para una tercera fuerza o para el peronismo en aquellos distritos donde la división del voto sea decisiva.
En este contexto, la figura de Diego Santilli adquiere una importancia que excede su actual cargo. El jefe de Gabinete puede convertirse en uno de los principales operadores de la eventual integración entre ambos espacios. Su relación simultánea con el PRO y con el Gobierno le permite actuar como interlocutor, aunque también lo coloca en una posición políticamente sensible.
Santilli ya declaró que considera que el liderazgo actual pertenece claramente a Milei y que desea que el Presidente sea reelegido. Esa posición reduce la distancia entre el dirigente del PRO y el proyecto libertario, aunque formalmente continúe vinculado al partido de Macri.
La cuestión será determinar si esa fórmula puede reproducirse en otros dirigentes. No todos los sectores del PRO tienen la misma disposición hacia Milei. Algunos quieren un acuerdo amplio; otros defienden una identidad partidaria independiente y rechazan una integración completa.
Dentro de La Libertad Avanza también existen sectores que consideran innecesario ceder espacio al PRO. Desde esa perspectiva, el crecimiento electoral del oficialismo debería producirse absorbiendo directamente a los votantes y dirigentes de la estructura amarilla, sin concederle una capacidad de negociación demasiado grande.
Ese es probablemente el principal obstáculo para una alianza. No se trata de diferencias ideológicas profundas, porque Milei y Macri comparten posiciones en cuestiones económicas y en su rechazo al kirchnerismo. Se trata fundamentalmente de una disputa por poder, candidaturas, territorio y liderazgo.
La conversación de 25 minutos entre Karina y Macri no resuelve ese problema, pero demuestra que ambas partes consideran que todavía vale la pena mantener abierta la negociación.
La reunión de Milei con Hadad pertenece a otro plano, pero aparece dentro de la misma fotografía política: el Presidente está ampliando contactos con actores externos a su círculo político inmediato mientras prepara una nueva etapa de consolidación de poder.
La importancia de estos movimientos estará en lo que ocurra después. Si el diálogo entre Karina y Macri deriva en reuniones operativas, acuerdos provinciales y coordinación legislativa, se podrá hablar de una verdadera recomposición de la relación. Si, en cambio, queda limitado a un contacto puntual sin resultados concretos, habrá sido principalmente una señal política.
Por ahora, la información disponible permite afirmar que el canal de comunicación fue reabierto. También permite confirmar que el acercamiento ocurre en un contexto donde La Libertad Avanza y el PRO están evaluando una cooperación más amplia de cara a 2027.
Lo que todavía no puede afirmarse es que exista una alianza cerrada, una fórmula electoral definida o un acuerdo sobre candidaturas. Esos elementos permanecen en negociación.
El dato central de la jornada no es una alianza ya concretada, sino la reapertura de canales de diálogo entre actores que durante meses estuvieron enfrentados. Karina Milei volvió a hablar directamente con Mauricio Macri, mientras Javier Milei recibió a Daniel Hadad en Olivos. En el caso del PRO y La Libertad Avanza, el movimiento se produce cuando ambos espacios tienen incentivos para cooperar, pero también razones para desconfiar. Milei necesita ampliar su estructura territorial y parlamentaria si pretende consolidar su proyecto hacia 2027; Macri necesita evitar que el PRO pierda definitivamente su autonomía y quede absorbido por el oficialismo. Diego Santilli aparece como una pieza clave en esa negociación, especialmente por su posición dentro del Gobierno y sus vínculos con el macrismo. El encuentro de Milei con Hadad, por su parte, debe interpretarse con mayor cautela: no existen datos públicos suficientes para establecer qué acuerdos se discutieron, pero la reunión confirma el interés del Presidente en mantener contacto con una figura de gran peso en el sistema de medios argentino. En conjunto, los movimientos muestran un Gobierno que comienza a combinar la confrontación que caracterizó buena parte de su primera etapa con una política más pragmática de negociación y construcción de alianzas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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