Fortalecer las rodillas no significa solamente trabajar la articulación de manera aislada. Para ejecutar una sentadilla con estabilidad, controlar el descenso y volver a subir sin perder la alineación, intervienen también los cuádriceps, las caderas, los glúteos, los tobillos y la musculatura que mantiene estable el tronco. Por eso, una rutina sencilla de ejercicios específicos puede servir como preparación para movimientos más exigentes y ayudar a mejorar el control de las piernas. Una propuesta difundida recientemente combina ejercicios con bandas de resistencia y variantes de extensión de rodilla para desarrollar fuerza y tolerancia progresivamente, sin comenzar directamente con cargas elevadas. La evidencia disponible respalda el entrenamiento de fuerza como parte importante del manejo de problemas de rodilla, aunque la elección de los ejercicios, la amplitud del movimiento y la carga deben adaptarse a la condición de cada persona.
La sentadilla es un movimiento mucho más complejo de lo que parece. Para descender y regresar a la posición inicial es necesario coordinar simultáneamente tobillos, rodillas y caderas, mientras los músculos del tronco mantienen estable el cuerpo. Cuando alguno de esos componentes carece de fuerza o control, aparecen compensaciones: el peso puede desplazarse demasiado hacia delante o hacia atrás, las rodillas pueden perder su trayectoria respecto de los pies y el movimiento puede hacerse inestable. Por eso, mejorar la sentadilla no consiste únicamente en intentar hacer más repeticiones, sino en construir la capacidad física necesaria para ejecutar cada fase con control.
La rodilla, además, no debería analizarse como una estructura independiente. La fuerza y el control de la cadera influyen en la manera en que la pierna se mueve durante una sentadilla, una zancada o al subir escaleras. Una revisión sistemática sobre dolor patelofemoral encontró que combinar el fortalecimiento de cadera y rodilla puede reducir el dolor y mejorar la actividad física más que trabajar solamente la rodilla. Esto ayuda a explicar por qué los programas de acondicionamiento modernos suelen considerar toda la cadena muscular del miembro inferior y no únicamente la articulación que presenta molestias.
La primera propuesta es la extensión de piernas con banda de resistencia. El ejercicio concentra buena parte del trabajo en el cuádriceps, un grupo muscular fundamental para controlar la rodilla y participar en la fase de subida de la sentadilla. La banda proporciona una resistencia relativamente sencilla de ajustar y permite realizar el movimiento sin necesidad de utilizar grandes cargas externas. La técnica es más importante que la velocidad: la pierna debe extenderse de manera progresiva, evitando tirones y sin bloquear violentamente la articulación al final del recorrido. La propuesta consultada plantea tres series de 15 repeticiones por lado.
El objetivo de este primer ejercicio no es provocar una sensación extrema de esfuerzo, sino aumentar gradualmente la capacidad del cuádriceps para producir fuerza. Una persona que todavía no tiene buena tolerancia a ejercicios como sentadillas profundas o zancadas puede comenzar con movimientos más controlados y utilizar la mejora de la fuerza como paso previo. Cuando el músculo responde mejor, resulta más sencillo mantener una trayectoria estable durante ejercicios que involucran simultáneamente varias articulaciones.
El segundo ejercicio es un sostén isométrico con los talones elevados. A diferencia de un movimiento repetitivo, aquí la persona mantiene durante un período determinado una posición estable, lo que permite trabajar la capacidad de sostener una carga sin necesidad de realizar desplazamientos continuos. La propuesta utiliza tres series de aproximadamente 30 segundos y pone el énfasis en conservar la alineación de las rodillas y distribuir el peso de manera uniforme.
El trabajo isométrico puede ser especialmente útil cuando el problema principal no es solamente la falta de fuerza, sino la dificultad para mantener una posición estable. En una sentadilla, esa capacidad resulta importante durante el descenso y en el punto más bajo del movimiento, donde una pérdida de control puede provocar compensaciones. El ejercicio tampoco exige buscar una profundidad máxima: la prioridad es mantener una postura que pueda controlarse de principio a fin.
La tercera variante es la extensión de rodillas, nuevamente orientada a fortalecer la musculatura que participa en la extensión de la articulación. La propuesta indica tres series de 15 repeticiones por lado y recomienda realizar el movimiento lentamente, sin forzar el rango final. La ventaja de una variante aislada es que permite concentrarse en la acción de la rodilla sin tener que coordinar al mismo tiempo todo el patrón de una sentadilla.
Este tipo de ejercicio aparece con frecuencia en protocolos utilizados para trabajar la función del mecanismo extensor de la rodilla. Las revisiones sobre programas de fortalecimiento muestran que ejercicios dirigidos a los extensores pueden contribuir a mejorar la fuerza y la función, particularmente cuando forman parte de un programa progresivo. En personas con artrosis de rodilla, por ejemplo, las guías clínicas recomiendan programas de fortalecimiento porque pueden mejorar dolor, función y calidad de vida.
El cuarto ejercicio se realiza desde una posición de apoyo sobre manos y rodillas. Desde allí, una pierna se desplaza hacia atrás de manera controlada mientras el resto del cuerpo intenta permanecer estable. La variante incorpora un componente adicional que no aparece con la misma intensidad en una extensión aislada: además de mover la pierna, obliga a coordinar el movimiento con la pelvis y el tronco. La propuesta plantea tres series de diez repeticiones por lado.
La importancia de este último ejercicio está en el control. No se trata de lanzar la pierna hacia atrás buscando la mayor amplitud posible, sino de mantener la pelvis estable y evitar que la espalda compense el movimiento. Esa capacidad de controlar la posición del cuerpo resulta relevante para numerosos ejercicios del tren inferior y puede servir como transición hacia movimientos en los que la persona tenga que sostener su propio peso mientras desplaza una pierna.
La progresión es uno de los principios fundamentales del entrenamiento de fuerza. Una persona que comienza con poca capacidad muscular no necesita utilizar inmediatamente grandes resistencias. Es preferible dominar primero un movimiento sencillo, aumentar gradualmente el número de repeticiones o el tiempo bajo tensión y posteriormente incrementar la resistencia. Este principio permite que músculos, tendones y articulaciones se adapten de manera progresiva al esfuerzo.
La misma lógica se aplica a las sentadillas. No existe una única profundidad que sea correcta para todas las personas. El rango apropiado depende de la movilidad, la experiencia, la estructura corporal, la fuerza disponible y la capacidad de mantener una técnica adecuada. Una revisión reciente sobre sentadillas profundas encontró que la mayoría de los estudios analizados no mostró efectos negativos sobre la salud articular de la rodilla y concluyó que pueden incorporarse al entrenamiento cuando la técnica es correcta y la carga y el volumen son adecuados.
Esto también permite corregir una idea muy extendida: que las rodillas nunca deberían avanzar por delante de los pies durante una sentadilla. El desplazamiento hacia delante de las rodillas puede formar parte de un movimiento normal cuando se realiza de manera controlada y sin dolor. Lo importante es mantener una trayectoria estable y utilizar un rango que la persona pueda controlar, en lugar de imponer una regla rígida que no tenga en cuenta las diferencias individuales.
La profundidad tampoco debería convertirse en una competencia. Si una persona todavía no puede bajar cómodamente hasta un determinado nivel sin perder la alineación o experimentar dolor, reducir temporalmente el rango puede ser una estrategia razonable. La movilidad y la fuerza pueden desarrollarse progresivamente hasta conseguir una mayor amplitud. Intentar alcanzar desde el primer día una sentadilla profunda puede llevar a compensaciones que dificulten el aprendizaje técnico.
El control de la rodilla durante la bajada es especialmente importante. El movimiento debería realizarse de forma suficientemente lenta como para que la persona pueda detectar si pierde estabilidad. Cuando las rodillas colapsan hacia dentro, el tronco cambia bruscamente de posición o los pies pierden contacto adecuado con el suelo, puede ser necesario reducir la carga, el rango o la dificultad del ejercicio.
La estabilidad tampoco depende únicamente de la rodilla. Los tobillos necesitan suficiente movilidad para permitir que el cuerpo descienda sin que el talón se levante, mientras que las caderas deben aportar fuerza para controlar la posición de la pelvis. Por esa razón, un programa destinado a mejorar las sentadillas puede incluir trabajo específico para cuádriceps, glúteos, isquiotibiales, caderas y tobillos.
El fortalecimiento puede ser beneficioso incluso cuando existe cierto dolor de rodilla, pero eso no significa que haya que entrenar ignorando las señales del cuerpo. En programas de rehabilitación se utiliza con frecuencia una progresión de cargas que busca aumentar la capacidad de los tejidos sin provocar una irritación excesiva. Si el dolor aumenta claramente durante el ejercicio o permanece significativamente peor después de la sesión, puede ser necesario modificar la intensidad o consultar a un profesional.
En personas con artrosis, la evidencia es especialmente favorable al ejercicio terapéutico. Las guías clínicas del Ottawa Panel concluyeron que diferentes programas de fortalecimiento pueden mejorar el dolor, la función física y la calidad de vida en personas con osteoartritis de rodilla. El beneficio no depende de un único ejercicio, sino de mantener un programa adecuado y sostenible en el tiempo.
La frecuencia también importa. Una sesión ocasional puede generar cierta sensación de trabajo muscular, pero la adaptación requiere estímulos repetidos y recuperación suficiente. Para una persona que comienza, dos o tres sesiones semanales de fortalecimiento pueden constituir una referencia razonable, ajustando el volumen a su nivel de condición física y a la respuesta de las articulaciones.
Los ejercicios con bandas presentan además una ventaja práctica: pueden realizarse en casa y no requieren máquinas de gimnasio. La resistencia puede modificarse utilizando bandas de diferente tensión o cambiando la posición de la banda. Esto facilita que una persona comience con un nivel bajo y aumente progresivamente la dificultad sin necesidad de comprar equipamiento pesado.
Sin embargo, una banda no garantiza por sí misma que el ejercicio sea seguro. Una resistencia excesiva puede hacer que la persona pierda la técnica y compense con la cadera, el tronco o la espalda. La dificultad debe ser suficiente para exigir al músculo, pero no tan elevada como para impedir un movimiento controlado.
La técnica debe prevalecer también sobre el número de repeticiones. Hacer 15 repeticiones con una postura deficiente no necesariamente aporta más beneficio que hacer diez correctamente. En el entrenamiento de fuerza, la calidad del movimiento permite identificar mejor qué músculos están trabajando y reduce la necesidad de utilizar compensaciones para completar la serie.
Otro aspecto importante es diferenciar entre esfuerzo muscular y dolor articular. Sentir que el cuádriceps trabaja o que los músculos se fatigan durante una serie puede ser una respuesta normal al entrenamiento. Un dolor agudo, una sensación de bloqueo, una inestabilidad marcada o una inflamación que aparece o aumenta después del ejercicio son señales diferentes y merecen atención.
Las personas que tuvieron una lesión reciente, cirugía, dolor persistente o síntomas como hinchazón recurrente deberían evitar aplicar una rutina genérica sin evaluación previa. La rehabilitación de una rodilla depende de la causa del problema y del estado de los tejidos. Un ejercicio apropiado para una persona puede no serlo para otra con una lesión diferente.
También es innecesario esperar a que aparezcan problemas para trabajar la fuerza. Mantener una musculatura fuerte alrededor de las articulaciones ayuda a conservar la capacidad funcional a medida que pasan los años. Levantarse de una silla, subir escaleras, caminar por superficies irregulares o cargar objetos son actividades que requieren fuerza y coordinación de las piernas.
Las sentadillas tienen precisamente una relación directa con varias de esas acciones cotidianas. El patrón de flexionar caderas y rodillas para bajar y posteriormente volver a ponerse de pie aparece en numerosos movimientos de la vida diaria. Mejorar la capacidad para realizarlo puede tener beneficios que van más allá del gimnasio.
Por eso, fortalecer las rodillas no debería interpretarse exclusivamente como una estrategia para conseguir mejores resultados deportivos. También puede formar parte del mantenimiento de la autonomía física. Una persona que conserva fuerza en las piernas y capacidad para levantarse, caminar y subir escalones tiene mayores recursos funcionales frente al proceso normal de envejecimiento.
El objetivo final de los cuatro ejercicios no es reemplazar las sentadillas, sino preparar mejor al cuerpo para realizarlas. Las extensiones permiten desarrollar fuerza específica; el sostén isométrico trabaja la estabilidad; el ejercicio en apoyo de manos y rodillas incorpora coordinación; y la posterior progresión hacia sentadillas permite trasladar esas capacidades a un movimiento funcional más completo.
La secuencia también permite entender una regla básica del entrenamiento: primero se construye capacidad y después se aumenta la exigencia. Si una persona no puede controlar una variante sencilla, aumentar el peso o buscar una mayor profundidad probablemente no resolverá el problema. En cambio, desarrollar fuerza y coordinación puede permitir que el movimiento más complejo se vuelva progresivamente más natural.
No existe, por tanto, un ejercicio mágico para “proteger” las rodillas. La salud articular depende de múltiples factores, entre ellos la fuerza muscular, el peso corporal, la actividad física, las lesiones previas, la edad, la movilidad y determinadas enfermedades. Un programa equilibrado debe considerar ese conjunto y adaptarse a la persona.
La evidencia disponible tampoco respalda la idea de que las sentadillas sean inherentemente dañinas para las rodillas. Los estudios revisados sugieren que pueden formar parte de programas de entrenamiento y que incluso las variantes profundas pueden realizarse de manera segura cuando existe una técnica adecuada y las cargas y volúmenes son razonables.
El verdadero riesgo aparece cuando se combina una carga que la persona todavía no puede controlar con una técnica deficiente, una progresión demasiado rápida o la intención de ignorar un dolor persistente. La solución no es necesariamente abandonar el ejercicio, sino identificar qué componente debe modificarse.
Una rutina de fortalecimiento puede comenzar con movimientos sencillos, pocas series y cargas moderadas. A medida que aumenta la tolerancia, se puede incrementar gradualmente la resistencia o pasar a ejercicios que involucren más articulaciones. Esa progresión permite que el entrenamiento acompañe la capacidad real de la persona en lugar de exigirle desde el principio un nivel para el que todavía no está preparada.
Las rodillas no necesitan ser protegidas del movimiento, sino preparadas para tolerarlo. Una combinación de fuerza, control y progresión puede mejorar la capacidad para realizar sentadillas y otros movimientos del tren inferior, siempre que los ejercicios se adapten a las características de cada persona. Las extensiones con banda, los ejercicios isométricos, las extensiones controladas y las variantes en apoyo de manos y rodillas pueden utilizarse como una base antes de aumentar la dificultad. La evidencia disponible respalda el fortalecimiento como herramienta para mejorar la función y reducir molestias en diferentes problemas de rodilla, y también indica que las sentadillas no son perjudiciales por definición: la profundidad, la carga y la técnica deben ajustarse individualmente. El objetivo no es conseguir la mayor cantidad de repeticiones ni bajar lo máximo posible, sino desarrollar suficiente fuerza y control para que cada movimiento pueda realizarse de manera estable, progresiva y sin dolor.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Argentina: Los Leones debutan ante Japón en el Mundial de hockey y comienzan el camino hacia el título
- ★Argentina: una docente enfrenta un juicio por el presunto abuso de tres alumnos en Chubut
- ★Argentina: el Banco Central redujo la compra de reservas para contener la presión sobre el dólar
- ★Argentina: Milei busca recomponer el vínculo con el PRO mientras evalúa completar la Corte Suprema
- ★Argentina: murió un hombre tras ser embestido por una camioneta que volcó sobre la vereda en Mar del Plata


