Aunque el cáncer de mama se asocia principalmente con las mujeres, los hombres también pueden desarrollar esta enfermedad porque poseen tejido mamario. Es una enfermedad poco frecuente —menos del 1% de todos los cánceres de mama se producen en hombres—, pero precisamente su rareza puede hacer que los primeros signos sean ignorados o atribuidos a otros problemas. La mayoría de los casos masculinos se diagnostica entre los 60 y 70 años y el síntoma más habitual es la aparición de un bulto o engrosamiento en la mama, generalmente cerca del pezón. También pueden aparecer cambios en el pezón, secreción, alteraciones de la piel o ganglios inflamados. La edad avanzada, los antecedentes familiares, determinadas alteraciones genéticas como las mutaciones BRCA1 y BRCA2, la exposición previa a radiación en el tórax y algunas enfermedades que modifican los niveles hormonales se encuentran entre los principales factores asociados con un mayor riesgo.
La enfermedad se origina cuando las células del tejido mamario comienzan a crecer de manera descontrolada. En los hombres, la cantidad de tejido mamario es mucho menor que en las mujeres, pero existen conductos mamarios y otras estructuras celulares donde puede desarrollarse un tumor. La mayoría de los cánceres de mama masculinos comienza en los conductos y corresponde al denominado carcinoma ductal. Los tumores que se originan en los lobulillos son mucho menos frecuentes debido a que los hombres poseen una cantidad muy reducida de estas estructuras.
La rareza de la enfermedad puede convertirse en uno de los principales obstáculos para el diagnóstico. Muchos hombres desconocen que pueden desarrollar cáncer de mama y, ante un bulto o modificación del pezón, pueden pensar inicialmente en una infección, un golpe, una alteración hormonal o una acumulación de tejido benigno. La Sociedad Estadounidense contra el Cáncer advierte que cualquier cambio inusual debe ser evaluado por un profesional, porque aunque muchas alteraciones mamarias no son cancerosas, solamente una evaluación médica puede establecer la causa.
El bulto en la mama es el signo más frecuente. En muchos casos se trata de una masa firme y que no produce dolor, localizada debajo o alrededor del pezón. No obstante, la ausencia de dolor no permite determinar si una lesión es benigna o maligna. Tampoco todos los tumores presentan exactamente las mismas características al tacto, por lo que no corresponde utilizar la textura o el dolor como único criterio para decidir si un cambio requiere atención.
Otro signo que debe llamar la atención es un cambio en el pezón. Puede producirse retracción, es decir, que el pezón comience a orientarse hacia dentro cuando anteriormente no presentaba esa característica. También pueden aparecer modificaciones en su forma o dirección. Estos cambios no significan automáticamente que exista cáncer, pero sí justifican una consulta médica para determinar su origen.
La secreción por el pezón constituye otro signo posible. El líquido puede ser transparente o contener sangre. En un hombre, la aparición de una secreción que no corresponde a una situación fisiológica debe ser evaluada, especialmente si aparece de manera espontánea o está acompañada por un bulto o una modificación del pezón.
También pueden producirse cambios en la piel de la mama. Entre ellos se encuentran enrojecimiento, descamación, inflamación, pequeñas depresiones o modificaciones de la superficie que pueden darle una apariencia similar a la piel de una naranja. En algunos casos puede aparecer incluso una lesión abierta o úlcera en la piel de la mama o alrededor del pezón.
Los ganglios linfáticos aumentados de tamaño debajo del brazo o cerca de la clavícula constituyen otro posible signo. Los ganglios forman parte del sistema linfático y pueden verse afectados cuando las células cancerosas se desplazan desde la mama hacia tejidos cercanos. Sin embargo, un ganglio inflamado también puede tener numerosas causas no relacionadas con el cáncer, por lo que su presencia tampoco permite establecer un diagnóstico por sí sola.
Uno de los principales factores de riesgo es la edad. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que los hombres pueden desarrollar cáncer de mama a cualquier edad, pero que la enfermedad suele aparecer a edades más avanzadas que en las mujeres. La media de diagnóstico se sitúa aproximadamente entre los 60 y 70 años.
Los antecedentes familiares también tienen importancia. Un hombre puede presentar un riesgo mayor si tiene familiares consanguíneos que hayan padecido cáncer de mama. La existencia de varios casos dentro de una familia puede ser una señal de una predisposición genética que merece ser analizada, especialmente cuando los diagnósticos se produjeron a edades relativamente tempranas.
Entre las alteraciones genéticas más relevantes se encuentran las mutaciones heredadas en los genes BRCA1 y BRCA2. Estos genes participan normalmente en mecanismos celulares de reparación del ADN. Cuando presentan determinadas variantes perjudiciales, aumenta la posibilidad de desarrollar algunos tipos de cáncer. En los hombres, la asociación es particularmente importante con BRCA2. La Sociedad Estadounidense contra el Cáncer estima que el riesgo acumulado de cáncer de mama durante la vida puede llegar aproximadamente al 7% en hombres con una mutación heredada de BRCA2, frente a alrededor del 1% para BRCA1.
No todas las predisposiciones hereditarias dependen de BRCA. El NCI señala que también se han relacionado con cáncer de mama masculino alteraciones en otros genes, entre ellos PALB2, PTEN, TP53 y genes vinculados con el síndrome de Lynch. Estas situaciones son menos frecuentes, pero adquieren importancia cuando existen antecedentes familiares compatibles con una predisposición hereditaria al cáncer.
Otro factor relevante es la exposición previa a radiación en el tórax. Los hombres que recibieron radioterapia dirigida al pecho, especialmente como tratamiento contra otros tipos de cáncer a edades más tempranas, pueden presentar un riesgo superior al de la población masculina general. La radiación puede producir alteraciones en el ADN de las células y contribuir al desarrollo posterior de tumores.
También existen situaciones relacionadas con los niveles de estrógeno. Aunque el estrógeno se encuentra en cantidades mucho menores en los hombres que en las mujeres, el organismo masculino produce pequeñas cantidades de esta hormona. Algunas enfermedades pueden modificar ese equilibrio y aumentar la exposición del tejido mamario a los estrógenos. Entre ellas se encuentra el síndrome de Klinefelter, determinadas enfermedades testiculares y la cirrosis hepática.
El síndrome de Klinefelter merece una consideración especial. Se trata de una condición genética en la que los hombres nacen con un cromosoma X adicional, habitualmente con una configuración XXY. Puede estar acompañado por niveles hormonales diferentes de los habituales y por un mayor riesgo de cáncer de mama masculino. El NCI lo incluye entre las condiciones asociadas con una exposición relativamente elevada a estrógenos.
La obesidad constituye otro factor relacionado con el riesgo. El tejido adiposo participa en el metabolismo de las hormonas y puede favorecer niveles más elevados de estrógenos. Estudios epidemiológicos han encontrado una asociación entre un índice de masa corporal elevado y un mayor riesgo de cáncer de mama masculino. El NCI señala además que investigaciones anteriores identificaron una relación entre obesidad y esta enfermedad.
La ginecomastia, caracterizada por un aumento del tejido mamario masculino, también ha sido estudiada en relación con el cáncer de mama. No significa que un hombre con ginecomastia vaya a desarrollar cáncer, pero determinadas investigaciones han encontrado una asociación entre ambas condiciones. El NCI informó que un amplio análisis epidemiológico encontró un aumento del riesgo entre hombres con ginecomastia.
Las enfermedades del hígado, particularmente la cirrosis, también pueden influir porque el hígado participa en el metabolismo de las hormonas. Cuando su funcionamiento está gravemente alterado, puede cambiar el equilibrio entre estrógenos y otras hormonas sexuales. Por ese motivo, las enfermedades hepáticas forman parte de los factores considerados en la evaluación del riesgo de cáncer de mama masculino.
Los problemas testiculares también aparecen entre los factores de riesgo reconocidos. El NCI incluye antecedentes como inflamación de los testículos, testículos no descendidos o la extirpación de uno o ambos testículos. Estas situaciones pueden modificar el equilibrio hormonal y aumentar la exposición relativa a estrógenos.
Tener uno o varios factores de riesgo, sin embargo, no significa que un hombre vaya a desarrollar cáncer de mama. Las organizaciones especializadas subrayan que algunas personas con factores de riesgo nunca desarrollan la enfermedad y que también existen pacientes diagnosticados sin presentar ningún factor de riesgo conocido. Por eso, los factores de riesgo sirven para identificar probabilidades mayores, pero no permiten predecir individualmente quién tendrá cáncer.
El diagnóstico comienza generalmente con una evaluación clínica. El médico examina la mama, el pezón y los ganglios, además de preguntar por los antecedentes personales y familiares. Si existe una alteración sospechosa, pueden utilizarse estudios de imagen como mamografía y ecografía. Cuando las imágenes muestran una lesión que requiere confirmación, normalmente se realiza una biopsia para analizar el tejido.
A diferencia de lo que ocurre con las mujeres, no existe un programa general de mamografías periódicas para todos los hombres. El NCI señala que la mamografía de detección no suele recomendarse de forma rutinaria en hombres, incluso entre quienes tienen determinados factores de riesgo. En personas con una predisposición elevada, el médico puede establecer una estrategia individual de vigilancia basada en los antecedentes y las características del paciente.
Esto hace que el reconocimiento de los cambios físicos tenga un papel particularmente importante. Un hombre que detecte un bulto, una modificación persistente del pezón, secreción, alteraciones de la piel o un ganglio aumentado no debería esperar a que el problema desaparezca por sí solo sin haber consultado. La mayoría de los cambios mamarios no son cáncer, pero la evaluación temprana permite distinguir entre una alteración benigna y una lesión que necesita estudios adicionales.
El diagnóstico tardío constituye una preocupación particular en los hombres. Debido a que el tejido mamario masculino es reducido, un tumor puede alcanzar estructuras cercanas con mayor rapidez. Además, la falta de conciencia sobre la posibilidad de cáncer de mama puede retrasar la consulta. El NCI señala que los hombres presentan una supervivencia ligeramente inferior a la de las mujeres, en parte porque con frecuencia son diagnosticados en etapas más avanzadas.
Los datos disponibles muestran también cuánto puede cambiar el pronóstico según el momento del diagnóstico. El NCI estima una supervivencia relativa a cinco años de aproximadamente 95% para el cáncer de mama masculino localizado, cuando permanece limitado a la mama; alrededor del 84% cuando se ha extendido a regiones cercanas, y cerca del 20% cuando ya presenta metástasis a distancia. Estas cifras son estadísticas poblacionales y no predicen el resultado individual de un paciente.
La enfermedad puede recibir tratamientos similares a los utilizados en mujeres, dependiendo de sus características biológicas y de la etapa en que sea diagnosticada. La estrategia puede incluir cirugía, radioterapia, terapia hormonal, quimioterapia, terapias dirigidas u otros tratamientos sistémicos. La elección depende del tipo de tumor, los receptores hormonales, la extensión de la enfermedad y las condiciones particulares de cada paciente.
La prevención absoluta tampoco es posible porque muchas de las causas de las alteraciones celulares que originan el cáncer no se conocen. Sin embargo, algunos factores modificables pueden abordarse. Mantener un peso saludable, realizar actividad física, evitar el consumo excesivo de alcohol y controlar enfermedades que puedan afectar el equilibrio hormonal forman parte de las medidas generales de reducción del riesgo.
El mensaje central de los especialistas es que el cáncer de mama masculino no debe ser considerado imposible simplemente porque sea poco frecuente. La probabilidad es mucho menor que en las mujeres, pero el tejido mamario masculino puede desarrollar tumores. Esa diferencia entre “poco frecuente” y “imposible” es fundamental para reconocer los signos de alerta.
El cáncer de mama en hombres sigue siendo una enfermedad poco frecuente, pero su baja incidencia no justifica ignorar los cambios que aparecen en el pecho. Un bulto nuevo, alteraciones del pezón, secreción, modificaciones de la piel o ganglios inflamados son señales que deben ser evaluadas por un profesional, aunque finalmente la causa resulte ser benigna. El riesgo aumenta especialmente con la edad, los antecedentes familiares, determinadas mutaciones hereditarias —sobre todo BRCA2—, la radiación previa en el tórax y algunas condiciones relacionadas con el equilibrio hormonal. La ausencia de factores conocidos tampoco elimina la posibilidad de desarrollar la enfermedad. Debido a que los hombres no suelen someterse a mamografías de detección de manera rutinaria, reconocer los cambios y consultar sin demora adquiere una importancia particular para conseguir un diagnóstico en una etapa en la que las posibilidades de tratamiento son mayores.
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