Dormir de lado con una almohada entre las piernas es una recomendación utilizada para mejorar la posición del cuerpo durante el descanso, especialmente en personas que sienten molestias en la zona lumbar, las caderas o la pelvis. La razón no está simplemente en aumentar la comodidad: al colocar un soporte entre las rodillas y, en algunos casos, también entre las piernas, se busca evitar que la cadera superior caiga hacia adelante y que el tronco rote durante las horas de sueño. Esta corrección puede ayudar a mantener una posición más neutra de la columna y disminuir determinadas tensiones musculares y articulares. Sin embargo, no existe una única postura ideal para todas las personas y la almohada debe adaptarse a la posición corporal y a las necesidades individuales.
Cuando una persona duerme de lado, las piernas quedan una encima de la otra y la cadera superior puede desplazarse hacia adelante. Esa pequeña rotación, mantenida durante varias horas, puede modificar la posición de la pelvis y generar una torsión del tronco. Colocar una almohada entre las piernas funciona como un elemento de separación y soporte que ayuda a mantener las caderas en una posición más equilibrada. Las recomendaciones de Mayo Clinic señalan que flexionar ligeramente las rodillas y utilizar una almohada entre las piernas puede favorecer la alineación de la columna, la pelvis y las caderas y reducir la presión sobre la columna vertebral.
La utilidad de esta posición está especialmente relacionada con la alineación corporal durante el sueño. Mientras una persona está despierta puede modificar conscientemente su postura cuando siente tensión o incomodidad, pero durante el sueño pierde ese control voluntario. Por eso, la superficie del colchón y los elementos de apoyo adquieren importancia. Las directrices de la Asociación Brasileña del Sueño sobre ergonomía durante el descanso señalan que la postura lateral, cuando está correctamente adoptada, permite una mejor distribución de las cargas y puede favorecer la alineación de la columna.
La almohada no tiene que colocarse necesariamente únicamente entre las rodillas. Para algunas personas resulta más útil que abarque una parte mayor de las piernas, especialmente entre las rodillas y los tobillos. Esto mantiene una separación más estable y evita que la pierna superior vuelva a caer hacia adelante durante la noche. Una almohada corporal larga puede cumplir esa función y, además, proporcionar apoyo adicional para los brazos y el tronco.
La altura y el tamaño del soporte también importan. Una almohada demasiado fina puede no separar suficientemente las piernas, mientras que una excesivamente gruesa puede elevar demasiado la cadera y crear otra posición incómoda. El objetivo no es mantener las piernas rígidamente separadas, sino conseguir que la pelvis permanezca en una posición cómoda y relativamente neutra. Las recomendaciones de ergonomía del sueño subrayan que no existe un tamaño universal de almohada apropiado para todas las personas, porque la elección depende de la anatomía, la postura y las características de cada individuo.
El beneficio potencial se observa especialmente en personas que presentan dolor lumbar. Una revisión sistemática publicada en 2025 analizó la relación entre las diferentes posiciones para dormir y el dolor de espalda baja y concluyó que las posturas que mantienen una adecuada alineación, tanto boca arriba como de lado con soporte, pueden ser más favorables que dormir boca abajo. El estudio también señala que una mala alineación durante el descanso puede empeorar determinadas molestias.
En personas con dolor ciático, la posición lateral con una almohada entre las rodillas también puede utilizarse como una medida de comodidad. Cleveland Clinic explica que el soporte entre las rodillas ayuda a alinear las caderas y puede disminuir la presión sobre la pelvis. No constituye un tratamiento de la causa de la ciática, pero puede modificar la posición corporal de manera que algunas personas encuentren menos molestias durante la noche.
Algo similar puede ocurrir con determinadas molestias de cadera. Cuando las piernas permanecen directamente una sobre otra, los puntos de contacto y la posición de la cadera pueden resultar incómodos para algunas personas. La almohada crea una separación y distribuye mejor el apoyo. En determinados problemas musculotendinosos de la región glútea, Cleveland Clinic también contempla el uso de una almohada entre las rodillas como parte de las medidas para mejorar la comodidad durante el descanso.
La posición de las piernas debe complementarse con una correcta colocación de la almohada que sostiene la cabeza. Si se duerme de lado, la almohada debe tener una altura suficiente para mantener el cuello alineado con el resto de la columna. Una almohada demasiado baja puede hacer que la cabeza caiga hacia el colchón, mientras que una demasiado alta puede inclinarla hacia arriba. La evidencia disponible sobre almohadas muestra que la forma y la altura pueden influir en la alineación cervical, por lo que el soporte de las piernas no debería considerarse de manera aislada.
También existe una alternativa para quienes prefieren dormir boca arriba. En esa postura, la recomendación habitual no es colocar la almohada entre las piernas, sino debajo de las rodillas. Esto produce una ligera flexión de las piernas y puede ayudar a relajar la musculatura de la espalda y conservar la curvatura natural de la región lumbar. Mayo Clinic y Cleveland Clinic coinciden en esta estrategia para determinadas personas con molestias de espalda.
Dormir boca abajo, en cambio, puede generar mayores dificultades posturales para algunas personas. Esta posición obliga normalmente a girar el cuello hacia uno de los lados y puede aumentar la curvatura de la región lumbar. Las directrices de la Asociación Brasileña del Sueño consideran que la posición boca abajo debería evitarse en la mayoría de los casos, especialmente cuando existen problemas musculoesqueléticos, aunque las necesidades individuales pueden variar.
La recomendación tampoco significa que todas las personas deban comenzar a dormir de lado. Si alguien duerme cómodamente, no presenta dolor y descansa adecuadamente, cambiar de posición únicamente por una recomendación general no necesariamente aportará un beneficio. Cleveland Clinic señala que, en términos generales, si una persona está cómoda durante la noche, despierta descansada y no presenta problemas asociados con su postura, no existe necesariamente una razón médica para modificarla.
También es importante no interpretar la almohada como una solución para cualquier dolor de espalda. Si una persona presenta dolor persistente, dolor intenso que empeora progresivamente, debilidad, entumecimiento, alteraciones de la sensibilidad u otros síntomas asociados, la modificación de la postura durante el sueño no sustituye una evaluación médica. El objetivo de la almohada es proporcionar soporte y mejorar la comodidad, no corregir por sí sola una enfermedad de la columna, una lesión o una alteración articular.
La mejor posición puede incluso cambiar durante la vida. El embarazo, una lesión reciente, problemas de cadera, dolor lumbar, ciática o determinadas enfermedades musculoesqueléticas pueden modificar qué postura resulta más conveniente. En algunos casos, una persona puede necesitar experimentar con diferentes alturas de almohada y posiciones hasta encontrar una que reduzca la presión sin crear molestias nuevas.
La clave está, por tanto, en la neutralidad y el confort, no en adoptar una postura rígida. Una buena posición para dormir debe permitir que el cuerpo permanezca apoyado sin torsiones excesivas y que la musculatura pueda relajarse. La almohada entre las piernas es una herramienta sencilla para conseguirlo en quienes duermen de lado, pero su eficacia depende de que la altura, firmeza y ubicación sean adecuadas para cada cuerpo.
Dormir con una almohada entre las piernas no es una fórmula obligatoria para conseguir un mejor descanso, pero puede ser una estrategia útil para quienes duermen de lado y experimentan tensión en la espalda, pelvis o caderas. Al mantener separadas las piernas, el soporte ayuda a reducir la rotación de la pelvis y puede favorecer una alineación más estable de la columna. La evidencia y las recomendaciones clínicas respaldan su utilización principalmente como recurso de posicionamiento y comodidad, mientras que las personas con dolor persistente o síntomas neurológicos deberían buscar una evaluación profesional para determinar la causa del problema.
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