Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, Córcega, apenas unos meses después de que la isla quedara definitivamente bajo control francés. Su infancia transcurrió en una familia de origen corso que había conseguido conservar una posición social privilegiada en medio del cambio político, pero también atravesada por dificultades económicas y por la muerte prematura de su padre. A los nueve años fue enviado a Francia para aprender el idioma y posteriormente ingresó en la escuela militar de Brienne, donde sufrió burlas por su origen, su acento y su carácter reservado. Aquellos años de aislamiento, disciplina y estudio contribuyeron a formar al joven que, antes de cumplir los 17 años, ya había ingresado como oficial de artillería en el ejército francés.
El nacimiento de Napoleón estuvo directamente relacionado con uno de los episodios decisivos de la historia de Córcega. La isla había pertenecido a la República de Génova, pero en 1768 fue cedida a Francia mediante el Tratado de Versalles. La resistencia de los independentistas corsos continuó hasta la batalla de Ponte Novu, librada en mayo de 1769. La derrota de las fuerzas de Pasquale Paoli consolidó el dominio francés y, apenas tres meses después, nació en Ajaccio el niño que originalmente fue bautizado como Napoleone di Buonaparte. Su vida quedaría así vinculada desde el principio a una isla que acababa de perder su independencia.
Su padre, Carlo Buonaparte, pertenecía a una familia de cierta posición y había estudiado Derecho en las universidades de Córcega y Pisa. Durante su juventud estuvo relacionado con Pasquale Paoli, principal dirigente del movimiento independentista corso, e incluso participó en gestiones destinadas a conseguir apoyo internacional para la causa. Sin embargo, después de la derrota de los independentistas, Carlo adoptó una postura pragmática y buscó acomodarse al nuevo poder francés. Consiguió cargos y reconocimientos que posteriormente serían fundamentales para que sus hijos pudieran acceder a instituciones educativas reservadas a familias nobles.
La madre de Napoleón, Letizia Ramolino, ejerció una influencia particularmente importante sobre él. La familia tuvo numerosos hijos, aunque solamente ocho sobrevivieron. Letizia fue descrita como una mujer de carácter fuerte, austera y disciplinada, cualidades que el futuro emperador admiraría durante toda su vida. La situación familiar se complicó cuando Carlo murió prematuramente, dejando a la familia con recursos mucho más limitados y obligando a los hijos mayores a asumir responsabilidades.
La infancia de Napoleón estuvo marcada también por una personalidad que desde muy temprano llamaba la atención. Según los relatos recogidos por sus biógrafos, era un niño autoritario, obstinado y competitivo, especialmente con su hermano Joseph, un año y medio mayor. Esa relación entre ambos resulta significativa porque Joseph era descrito como más tranquilo, mientras que Napoleón mostraba desde pequeño una voluntad mucho más dominante. La imagen posterior del gran estratega militar no puede trasladarse mecánicamente a su infancia, pero algunos rasgos de carácter ya estaban presentes.
A los nueve años comenzó la etapa que cambiaría completamente su vida. Carlo consiguió que Napoleón y su hermano Joseph fueran enviados a Francia para perfeccionar su conocimiento del idioma. En enero de 1779 ingresó en el colegio de Autun, donde debía aprender francés y adaptarse a un ambiente cultural completamente diferente del corso. Su lengua de origen era el corso, con una fuerte influencia italiana, y su dominio inicial del francés era limitado. Esa condición lo convirtió rápidamente en un extranjero dentro del sistema educativo francés.
Después de pocos meses en Autun, Napoleón ingresó en la Escuela Militar de Brienne, donde permaneció entre 1779 y 1784. La institución estaba destinada principalmente a jóvenes de familias nobles y era administrada por religiosos de la orden de los Mínimos. Allí recibió formación en matemáticas, geografía, historia, fortificación y otras disciplinas que posteriormente resultarían fundamentales para su carrera militar. El joven corso mostró una especial inclinación por las matemáticas y por la lectura de historia, especialmente por las obras de Plutarco.
Brienne, sin embargo, no fue una experiencia agradable. Napoleón era objeto de burlas por su procedencia, su acento francés, su aspecto físico y su condición de corso. El aislamiento respecto de su familia también tuvo un peso importante. La Fundación Napoleón señala que durante esos años comenzó a sentirse extranjero y adoptó una personalidad más reservada y retraída. El ambiente riguroso de la escuela, las condiciones materiales austeras y la distancia de Córcega contribuyeron a reforzar ese carácter.
Una de las historias más conocidas de aquellos años es la supuesta batalla de bolas de nieve que Napoleón habría organizado entre los estudiantes. La anécdota fue utilizada posteriormente para presentar al joven como un líder natural capaz de organizar a otros muchachos y conducirlos hacia la victoria. Sin embargo, este tipo de relatos debe manejarse con cautela: algunas historias sobre su infancia fueron difundidas o ampliadas después de que Napoleón alcanzara fama, por lo que no todas poseen el mismo grado de respaldo documental.
Lo que sí está sólidamente documentado es su interés por las ciencias exactas. En Brienne estudió aritmética, álgebra y geometría, además de geografía e historia. También recibió instrucción relacionada con fortificaciones y dibujo de mapas, y aprendió a utilizar instrumentos como la brújula. Ese entrenamiento técnico sería especialmente útil cuando posteriormente eligiera la artillería, un arma en la que las matemáticas, la topografía y el cálculo de trayectorias tenían una importancia considerable.
En 1784 pasó a la Escuela Militar de París, donde la formación era más especializada y exigente. Napoleón había comenzado a inclinarse hacia la carrera militar y finalmente se orientó hacia la artillería. La muerte de su padre, ocurrida en 1785, agravó la situación económica de la familia y obligó al joven oficial en formación a completar rápidamente sus estudios para poder comenzar a percibir un salario. Su desempeño académico le permitió superar el examen final y avanzar directamente hacia la carrera militar.
El 1 de septiembre de 1786, con apenas 17 años, Napoleón fue nombrado segundo teniente del Regimiento de La Fère, una unidad de artillería estacionada en Valence. El adolescente corso que pocos años antes había tenido dificultades para adaptarse al idioma francés ya formaba parte del ejército del país que había conquistado su isla natal. Esa contradicción acompañaría buena parte de su identidad política inicial: era corso de nacimiento y sentimiento, pero su futuro profesional estaba ligado al Estado francés.
La relación con Córcega tampoco desapareció durante sus primeros años. Napoleón mantuvo una fuerte identificación con la isla y con la figura de Paoli. Durante su juventud llegó a simpatizar con el nacionalismo corso, pero posteriormente su trayectoria política evolucionaría hacia una identificación cada vez mayor con Francia. Esa transformación resulta fundamental para comprender al personaje: el joven que había sufrido como extranjero en las escuelas francesas terminaría convirtiéndose en el hombre que dominaría buena parte de Europa desde el centro del poder francés.
También es importante separar la imagen posterior del emperador de la realidad del niño. Muchas biografías tradicionales buscaron encontrar en su infancia señales inequívocas del gran estratega que sería décadas después. Pero la historia no funciona de manera tan lineal. Su carácter reservado, su capacidad matemática, su ambición y su voluntad de imponerse pueden identificarse en algunos testimonios tempranos, pero el Napoleón que conquistó territorios, reorganizó Estados y enfrentó a las principales potencias europeas fue producto también de circunstancias políticas, militares y sociales que todavía no existían durante su niñez.
La infancia de Napoleón permite observar, en realidad, la transformación de un joven corso en un militar francés. Nació en una isla que acababa de ser incorporada a Francia, creció en una familia que tuvo que adaptarse al nuevo poder y fue enviado todavía niño a instituciones educativas francesas para construir una carrera que inicialmente parecía simplemente militar. En Brienne sufrió el aislamiento y las burlas, pero desarrolló una particular capacidad para las matemáticas, la historia y la geografía. A los 17 años ya era oficial de artillería. El futuro emperador todavía estaba lejos, pero las circunstancias de su nacimiento, la educación francesa, la disciplina militar y la personalidad formada durante aquellos años habían comenzado a construir el camino hacia uno de los personajes más influyentes de la historia europea.
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