El Gobierno de Venezuela anunció este viernes la aplicación de medidas alternativas a la prisión para 131 personas detenidas, en una decisión presentada como parte del Programa para la Paz y la Convivencia Democrática y vinculada directamente con las negociaciones que mantienen sectores del oficialismo y la oposición. Sin embargo, la cifra anunciada no significa que 131 presos políticos hayan recuperado necesariamente la libertad plena: el Gobierno no detalló qué medidas fueron aplicadas en cada caso y organizaciones de derechos humanos comenzaron a verificar individualmente las salidas. El dato más importante para dimensionar lo ocurrido es otro: el Foro Penal tenía registrados 391 presos políticos al 10 de agosto y, durante la tarde del viernes, solo había podido confirmar inicialmente una fracción de las liberaciones. Por ello, incluso si finalmente se confirma que los 131 forman parte de esa lista, Venezuela continuaría teniendo cientos de personas privadas de libertad por motivos que organizaciones nacionales e internacionales consideran políticos.
La medida fue anunciada por el Gobierno venezolano en un momento extraordinariamente sensible. El país atraviesa una nueva etapa de negociaciones entre sectores del chavismo y la oposición, con participación y presión directa de Estados Unidos, y la liberación de presos políticos se convirtió en uno de los principales indicadores para medir si el diálogo puede producir resultados concretos. El anuncio oficial señala que el Ministerio Público solicitó a los tribunales evaluar la situación jurídica de personas procesadas o condenadas por distintos hechos y que posteriormente los órganos judiciales acordaron sustituir la privación de libertad por otras medidas. El Gobierno insiste en que las decisiones corresponden a los tribunales, mientras la oposición y las organizaciones de derechos humanos reclaman que no se trate simplemente de sustituciones de cárcel por arrestos domiciliarios u otras restricciones, sino de libertad plena y restitución de derechos.
La diferencia entre “excarcelación” y libertad plena es fundamental en este caso. El comunicado gubernamental habla de “medidas alternativas a la privación de libertad”, pero no especifica públicamente, caso por caso, qué tipo de medida recibió cada persona. Eso significa que una persona puede salir de una cárcel y continuar sometida a arresto domiciliario, régimen de presentación, prohibición de salida del país u otras restricciones judiciales. Para las organizaciones que defienden a los detenidos, esa distinción es esencial porque una persona que sigue sin poder desplazarse libremente, comunicarse con determinadas personas o ejercer plenamente sus derechos políticos no ha recuperado necesariamente la libertad que reclama su familia. Reuters señaló precisamente que los detalles de esas medidas todavía no habían sido especificados por el Gobierno.
El número de referencia para conocer la situación antes de las nuevas excarcelaciones es el balance de Foro Penal correspondiente al 10 de agosto de 2026. La organización contabilizaba entonces 391 presos políticos, de los cuales 365 eran hombres y 26 mujeres. El dato también muestra una composición particularmente significativa: 228 civiles y 163 militares. Todos eran adultos. Además, Foro Penal señalaba que 233 personas, el 59,5% del total, no tenían una condena firme, mientras que 158 ya habían recibido sentencia. La ONG también registraba 40 extranjeros entre los detenidos y advertía que se desconocía el paradero exacto de una persona incluida en la lista.
Por lo tanto, la cifra de 391 no debe presentarse como el número exacto de presos políticos que permanecen encarcelados al cierre de este viernes, porque durante el día se produjeron liberaciones y el proceso continuaba. A las 16:30, hora local, Foro Penal había confirmado 29 excarcelaciones, según Reuters; posteriormente, otros reportes elevaron el número de casos verificados. El Pitazo, citando a Foro Penal, informó que a las 16:00 se habían confirmado inicialmente 17 liberaciones y que el proceso continuaba. El propio Foro Penal pidió paciencia para publicar información únicamente después de verificar cada caso.
Esto explica una de las principales dificultades para responder a la pregunta de “quiénes son actualmente los presos políticos de Venezuela”. No existe, en este momento de la jornada, una lista pública consolidada y definitivamente actualizada con los 391 nombres originales descontando uno por uno los 131 casos anunciados por el Gobierno. Una investigación responsable no debe tomar una lista anterior, restarle 131 personas de manera automática y presentarla como el registro actual, porque algunos detenidos pueden haber recibido medidas distintas de libertad plena y porque la propia ONG encargada de verificar los casos todavía estaba actualizando su balance durante la tarde.
Lo que sí puede establecerse con seguridad es que Emirlendris Benítez figura entre las personas cuya excarcelación fue confirmada este viernes. Su caso es uno de los más emblemáticos de la represión venezolana. Benítez fue detenida en agosto de 2018 y vinculada judicialmente con el supuesto atentado con drones contra Nicolás Maduro. Organizaciones de derechos humanos han documentado denuncias de tortura, violencia sexual y graves consecuencias físicas y psicológicas durante su detención. Fue condenada a 30 años de prisión en 2022, pese a que organismos internacionales habían cuestionado la legalidad de su detención y proceso. Su salida representa, por tanto, una de las liberaciones de mayor carga simbólica dentro de la nueva ronda.
También fue confirmada la excarcelación de Yolimar Alemán, vinculada al caso conocido como Operación Gedeón, según la Coalición por los Derechos Humanos. El caso Gedeón se refiere a la incursión armada de mayo de 2020 que terminó con la captura de varios exmilitares y contratistas vinculados a una operación destinada a ingresar en Venezuela. Alemán se encontraba entre las personas procesadas dentro de una causa que el Gobierno venezolano presentó como una conspiración armada contra el Estado. Su salida muestra que la nueva medida no está concentrada exclusivamente en detenidos de las protestas posteriores a las elecciones de 2024, sino que alcanza expedientes políticos y de seguridad de diferentes períodos.
Otro nombre confirmado es Marifrancys Marcano, cuya excarcelación también fue reportada por organizaciones de derechos humanos. La información disponible durante la tarde del viernes todavía no permitía establecer de manera consolidada cuáles eran las condiciones judiciales impuestas después de su salida, un dato que resulta relevante porque el Gobierno utiliza el concepto general de “medidas alternativas” sin publicar inicialmente el detalle individual de cada expediente.
En el estado Táchira fue confirmada además la salida de Daniel Zambrano, detenido desde mayo de 2022 y acusado de conspiración con un gobierno extranjero. Zambrano tiene una historia familiar particularmente vinculada con la represión: su hermano Juan Nahir Zambrano, quien tiene autismo, también permaneció detenido y había sido excarcelado en febrero. La liberación de Daniel forma parte de los casos que las organizaciones pudieron verificar directamente durante la jornada del 14 de agosto.
La lista de nombres confirmados, sin embargo, no equivale a la totalidad de los 131 anunciados. Ese punto es esencial. El Gobierno comunicó 131 medidas, pero las organizaciones independientes deben comprobar que cada persona haya salido efectivamente del centro de reclusión, identificar dónde se encuentra, conocer qué medida recibió y verificar si conserva restricciones judiciales. En un sistema donde los familiares han denunciado durante años dificultades para conocer el paradero de detenidos, la verificación individual no es un trámite menor: forma parte del propio proceso de defensa de derechos humanos.
¿Cuántos presos políticos quedan?
Si finalmente los 131 casos anunciados correspondieran íntegramente a personas incluidas en el balance de 391 presos políticos de Foro Penal, el cálculo matemático llevaría la cifra a 260 personas. Pero ese número no puede presentarse todavía como el balance oficial actualizado. La razón es que el Gobierno no publicó inicialmente la lista nominal completa y las organizaciones independientes estaban confirmando progresivamente las salidas. Además, “medida alternativa” no necesariamente equivale a libertad plena. Por eso, el número que puede utilizarse con rigor periodístico en este momento es: 391 presos políticos registrados por Foro Penal antes de la nueva ronda, con decenas de excarcelaciones verificadas durante el 14 de agosto y un proceso que todavía estaba en desarrollo.
La oposición venezolana fue explícita en este punto. Dinorah Figuera, jefa de la delegación opositora que participa en las negociaciones, reconoció las liberaciones pero advirtió que no todas las personas habían sido liberadas y reclamó que todas recuperen la libertad. Su posición coincide con la de Foro Penal y otras organizaciones: el objetivo final de la negociación debe ser que no existan personas encarceladas por motivos políticos, no simplemente reducir el número de presos.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, interpretó la medida como un paso importante dentro del proceso de reconciliación venezolano. Washington ha convertido la cuestión de los presos políticos en uno de los elementos centrales de su presión sobre las autoridades venezolanas. La Casa Blanca considera que la liberación de detenidos puede funcionar como una señal concreta de voluntad para avanzar hacia una transición institucional y política, aunque todavía existe una distancia considerable entre esa expectativa y la situación real de las cárceles.
El contexto explica por qué las liberaciones adquieren una dimensión internacional. Desde comienzos de 2026, Venezuela ha atravesado un proceso político radicalmente diferente al de los años anteriores y las negociaciones actuales buscan reconstruir instituciones y establecer condiciones para una eventual normalización política. La liberación de detenidos aparece vinculada a ese proceso como una de las primeras medidas capaces de producir un resultado visible para la población y para la comunidad internacional.
Pero la historia de los presos políticos venezolanos no comenzó con la crisis de 2024. Foro Penal documenta 19.184 arrestos por razones políticas desde 2014, mientras más de 14.000 personas que fueron asistidas por la organización han logrado salir de prisión. Además, más de 11.000 personas continúan sometidas a medidas cautelares o restricciones de libertad. Estas cifras muestran que el problema no se reduce a los 391 presos registrados actualmente: existe una estructura mucho más amplia de personas que han pasado por el sistema de detención política o que todavía tienen restricciones judiciales.
Los presos que todavía generan mayor preocupación
Entre los casos que permanecían bajo escrutinio antes de las liberaciones de este viernes se encontraban Yosida Vanegas de Monasterio, Yanin Fabiana Pernía Coronel y José Miguel Estrada, vinculados a expedientes relacionados con el supuesto atentado con drones de 2018. Estos casos han sido documentados durante años por organizaciones de derechos humanos y continúan siendo relevantes por la gravedad de las acusaciones de tortura y por las extensas penas impuestas. Sin embargo, debido a las excarcelaciones anunciadas este viernes, es indispensable verificar individualmente su situación antes de afirmar que continúan físicamente en prisión al cierre de esta edición.
Otro grupo históricamente señalado está compuesto por detenidos vinculados con el sindicalismo, el activismo social y la defensa de derechos humanos. Entre los casos documentados en informes internacionales se encuentran Roberto Campero, dirigente del sector educativo, y Nelson Torrealba, también vinculado al ámbito sindical, además de Juan Valor, exdirigente sindical. Estos casos adquirieron relevancia porque las organizaciones laborales denunciaron que las acusaciones de terrorismo, asociación para delinquir y traición a la patria se utilizaron contra dirigentes que ejercían actividades gremiales. No obstante, al igual que con otros nombres, su estatus exacto al 14 de agosto debe contrastarse con la actualización nominal de Foro Penal después de la nueva ola de excarcelaciones.
También existen casos de militares que forman una parte significativa de la lista. El balance de Foro Penal previo a las liberaciones contabilizaba 163 militares, frente a 228 civiles. Esto significa que cualquier evaluación de la represión política venezolana exclusivamente centrada en dirigentes opositores civiles quedaría incompleta. Una parte considerable de los detenidos corresponde a miembros actuales o retirados de las Fuerzas Armadas acusados de conspiración, rebelión, traición u otros delitos contra la seguridad del Estado.
La cifra de militares es particularmente importante porque demuestra la amplitud de las causas consideradas políticas por Foro Penal. En Venezuela, las acusaciones relacionadas con supuestas conspiraciones militares han generado algunos de los procesos más largos y opacos del sistema judicial. Los familiares de estos detenidos han denunciado dificultades para acceder a expedientes, abogados y visitas, mientras organizaciones internacionales han advertido sobre condiciones de aislamiento y denuncias de tortura en centros de inteligencia y establecimientos militares.
Entre los centros de reclusión mencionados repetidamente en investigaciones sobre presos políticos están El Helicoide, Yare II, el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), El Rodeo y dependencias vinculadas con la DGCIM. El hecho de que este viernes las excarcelaciones se hayan producido en lugares como Yare II e INOF muestra que la operación tuvo alcance en diferentes centros y no se limitó a un único establecimiento.
El caso de Emirlendris Benítez es especialmente significativo para entender la situación de las mujeres. Antes de su liberación, Foro Penal registraba 26 mujeres entre los 391 presos políticos. La proporción era mucho menor que la de hombres, pero algunos casos femeninos tienen un componente particularmente grave debido a denuncias de violencia sexual, tortura, embarazos, abortos y enfermedades adquiridas o agravadas durante la prisión. La situación de las mujeres detenidas ha sido objeto de informes específicos de organizaciones venezolanas e internacionales.
La gran incógnita: la lista completa
La pregunta que ahora se hacen familiares, abogados y organizaciones de derechos humanos es quiénes son exactamente los 131 beneficiarios anunciados por el Gobierno. Hasta el momento de esta investigación, el Ejecutivo no había difundido públicamente una lista nominal completa y detallada que permitiera identificar a cada persona, su lugar de reclusión, la causa judicial y la medida aplicada.
Ese vacío de información es importante porque Venezuela tiene antecedentes de anuncios colectivos de liberaciones en los que las organizaciones independientes posteriormente tuvieron que determinar quién había sido efectivamente liberado, quién había recibido arresto domiciliario y quién continuaba detenido. Por eso, Foro Penal insiste en la verificación individual antes de publicar cifras definitivas. El proceso de este viernes seguía activo al momento de los últimos reportes.
En enero de 2026 ya había ocurrido algo similar. El Gobierno anunció sucesivas excarcelaciones y organizaciones de derechos humanos fueron construyendo progresivamente una lista de personas identificadas. Entre los liberados durante esas primeras etapas estuvieron Rocío San Miguel, Biagio Pilieri, Enrique Márquez, Alberto Trentini, Roland Carreño, Carlos Julio Rojas, Rafael Tudares, Javier Tarazona, Perkins Rocha, María Oropeza, Jesús Armas, Luis Somaza, Leocenis García, Juan Pablo Guanipa y Freddy Superlano, entre muchos otros. La liberación de estas figuras redujo considerablemente el número de detenidos conocidos públicamente, pero no eliminó el problema.
La liberación de Juan Pablo Guanipa, por ejemplo, fue una de las más relevantes de febrero, porque se trataba de un dirigente opositor de alto perfil. Freddy Superlano, otro dirigente de Voluntad Popular, también recuperó la libertad durante esa etapa. Estos casos demostraron que las negociaciones podían producir resultados, pero también que las excarcelaciones eran graduales y no necesariamente equivalían a una amnistía general.
La nueva ronda de agosto es diferente por su magnitud anunciada. 131 medidas en un solo día representarían uno de los mayores movimientos de liberación de presos políticos de los últimos meses. Sin embargo, la dimensión real de la medida solo podrá conocerse cuando se complete la verificación y se establezca cuántos recuperaron libertad plena y cuántos quedaron bajo restricciones.
Lo que queda después de las excarcelaciones
Si las liberaciones se confirman en su totalidad, Venezuela pasaría de un registro previo de 391 presos políticos a una cifra potencialmente cercana a 260, pero ese cálculo debe considerarse provisional. Además, la situación no se resolvería con esa reducción. Seguirían existiendo personas condenadas, detenidas preventivamente o sometidas a procesos por motivos que las organizaciones consideran políticos, y continuarían abiertas miles de causas y medidas restrictivas derivadas de años de represión.
El verdadero indicador será si el proceso continúa. La oposición ha pedido que las liberaciones sean sostenidas y que se llegue a la liberación de todos los presos políticos. Si el Gobierno libera a 131 personas y después detiene nuevamente a activistas, sindicalistas, periodistas u opositores, el efecto político del gesto quedaría considerablemente debilitado. Si, por el contrario, las excarcelaciones continúan y se acompañan de reformas judiciales, restitución de derechos y garantías electorales, podrían convertirse en una señal mucho más profunda de cambio institucional.
También será fundamental conocer qué ocurre con las sentencias. De los 391 registrados por Foro Penal al 10 de agosto, 158 tenían sentencia firme y 233 no habían sido condenados. Una liberación sin revisión de las causas puede dejar intactas condenas, antecedentes, inhabilitaciones y restricciones políticas. Por eso, las organizaciones reclaman no solamente sacar a las personas de las cárceles, sino restituir integralmente sus derechos.
El caso de la jueza María Lourdes Afiuni, que recibió libertad plena el 8 de agosto después de más de 16 años de proceso judicial, representa precisamente otro nivel de reparación. Su caso había comenzado en 2009, después de que Hugo Chávez ordenara públicamente su detención. Afiuni sufrió prisión, arresto domiciliario y graves violaciones de derechos humanos antes de obtener la libertad plena. Su salida pocos días antes del anuncio de las 131 excarcelaciones fue interpretada por organizaciones de derechos humanos como otra señal de un posible cambio en la política penitenciaria.
El Gobierno necesita ahora demostrar que las nuevas medidas no son solamente una operación destinada a mejorar su posición en la mesa de negociación. La prueba será la continuidad, la transparencia y la libertad efectiva de los beneficiarios. Publicar la lista completa de los 131, especificar qué medida recibió cada uno, permitir el acceso de abogados y familiares y verificar que no existan nuevas detenciones políticas serían pasos fundamentales para transformar el anuncio en una medida de verdadera apertura.
Para la oposición, el desafío también es complejo. La delegación encabezada por Dinorah Figuera participa en un diálogo que no incluye a todos los sectores opositores y que ha sido cuestionado por figuras como María Corina Machado. Sin embargo, la liberación de presos es una de las pocas cuestiones capaces de generar un consenso amplio entre prácticamente todas las corrientes opositoras: independientemente de las diferencias políticas, las familias reclaman que sus allegados regresen a casa.
Conclusión: 131 es una cifra importante, pero todavía no es el final
El anuncio venezolano representa un movimiento significativo, pero sería prematuro presentarlo como el fin de la crisis de los presos políticos. Antes del anuncio había 391 presos políticos registrados por Foro Penal; durante el 14 de agosto se confirmaron progresivamente decenas de excarcelaciones y el Gobierno afirmó haber otorgado 131 medidas alternativas. La diferencia entre ambas cifras deberá resolverse con una lista nominal y una verificación independiente.
Lo más importante es que algunos casos emblemáticos ya comenzaron a salir: Emirlendris Benítez, Yolimar Alemán, Marifrancys Marcano y Daniel Zambrano figuran entre las personas cuya excarcelación fue confirmada durante la jornada. Pero todavía no es posible afirmar responsablemente que los otros 127 beneficiarios hayan recuperado la libertad plena ni que los 131 procedan exclusivamente de la lista de presos políticos de Foro Penal.
Por eso, para una cobertura periodística rigurosa, la cifra que debe manejarse esta noche es doble: 131 medidas anunciadas por el Gobierno y 391 presos políticos registrados por Foro Penal antes de esta nueva ronda. El número definitivo de personas que permanecen encarceladas deberá establecerse una vez que Foro Penal y las demás organizaciones terminen de verificar las excarcelaciones.
Y existe una última cuestión que será determinante: quiénes siguen dentro de las cárceles venezolanas después de esta operación. Esa lista es la que realmente permitirá medir el alcance del acuerdo político. Mientras no sea publicada y verificada, afirmar que Venezuela liberó a todos los presos políticos o que quedan exactamente 260 sería adelantarse a los hechos.
La liberación de 131 personas puede ser el mayor avance penitenciario de esta nueva etapa política venezolana, pero todavía no constituye una solución. La verdadera prueba será si Caracas publica los nombres, permite verificar cada caso, elimina las restricciones políticas y continúa liberando a quienes permanecen detenidos. Con más de 300 casos todavía por esclarecer tras el anuncio y cientos de familias esperando respuestas, la negociación apenas ha comenzado a tocar uno de los puntos más sensibles de la crisis venezolana: quién puede volver a casa y quién continúa tras las rejas por razones políticas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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