Una investigación iniciada en enero de 2026 a partir de un bolso náutico abandonado en la costa de Monte Hermoso permitió a la Justicia argentina reconstruir una presunta organización dedicada al tráfico internacional de cocaína y frustrar, meses después, un nuevo embarque en el río Paraná. El procedimiento terminó con cinco detenidos y el secuestro de aproximadamente 499 kilos de cocaína, distribuidos entre una lancha interceptada en San Nicolás y un domicilio de Ramallo. La pista que permitió avanzar en la pesquisa fue tan sencilla como inesperada: los investigadores identificaron que los bolsos impermeables utilizados para transportar la droga habían sido adquiridos por internet, y siguieron las compras hasta llegar a los presuntos integrantes de la organización.
La investigación comenzó el 2 de enero de 2026, cuando un grupo de guardavidas que realizaba un entrenamiento en las inmediaciones del Camping Americano, en la zona de la Reserva Natural Pehuén Co-Monte Hermoso, encontró un bolso abandonado sobre la costa.
Lo que parecía inicialmente un objeto perdido terminó convirtiéndose en la primera pieza de una investigación por narcotráfico internacional. Dentro había ladrillos de cocaína que, después de los peritajes correspondientes, pesaron aproximadamente 35 kilos y presentaron una pureza superior al 70%.
La ubicación del hallazgo y las características del bolso llamaron inmediatamente la atención de los investigadores. Se trataba de un recipiente impermeable, diseñado para proteger su contenido del agua, algo particularmente útil para una organización que necesitara trasladar droga por vía fluvial o marítima.
La hipótesis de la Fiscalía fue que la cocaína había sido trasladada mediante una embarcación pequeña para intentar colocarla posteriormente en un buque de gran porte con destino internacional.
Ese procedimiento tiene un nombre dentro del lenguaje del narcotráfico marítimo: “rip-off” o contaminación de carga.
La modalidad consiste en introducir clandestinamente droga en un barco comercial sin que la carga figure oficialmente en la documentación. Una embarcación menor puede aproximarse al buque cuando se encuentra navegando o fondeado y entregar los paquetes a través de algún mecanismo de izado, presuntamente con la colaboración de integrantes de la tripulación.
El sistema presenta una ventaja para las organizaciones criminales: permite utilizar una cadena logística comercial legítima para sacar grandes cantidades de estupefacientes del país sin que la droga viaje necesariamente dentro de un contenedor registrado a nombre de los traficantes.
Pero también tiene una vulnerabilidad: la logística deja huellas.
En este caso, una de esas huellas fue precisamente el bolso.
Los investigadores analizaron las características del modelo encontrado en Monte Hermoso y descubrieron que coincidían con bolsos estancos comercializados por una empresa a través de Mercado Libre.
A partir de los registros de compra apareció un dato que cambió el rumbo de la investigación: el 18 de marzo de 2025, uno de los ahora imputados, identificado como Sebastián Di Seri, había adquirido 25 bolsos estancos de 80 litros.
Una compra de esa magnitud podía tener explicaciones legítimas. Los bolsos estancos son utilizados en actividades náuticas, pesca, navegación y otras actividades relacionadas con el agua. Por sí sola, la adquisición no demuestra un delito.
Lo que volvió relevante la operación fue el conjunto de elementos que los investigadores encontraron posteriormente.
Además de los bolsos, aparecieron adquisiciones de equipos de comunicación y localización satelital, un motor eléctrico, una envasadora al vacío, un malacate, una balanza y distintos elementos de seguridad naval.
El dato que despertó todavía más sospechas fue que el comprador, según la investigación, no tenía vínculos conocidos con la actividad náutica.
La Fiscalía comenzó entonces a cruzar información comercial con registros telefónicos, movimientos, geolocalización y comunicaciones entre los sospechosos.
La investigación permitió reconstruir desplazamientos hacia distintos puntos de la costa del río Paraná y establecer presuntos vínculos entre Di Seri y otros integrantes de la organización.
Durante los meses siguientes, los investigadores no se limitaron a seguir las compras. También observaron vehículos, embarcaciones y movimientos de los sospechosos.
El seguimiento alcanzó su punto decisivo durante los primeros días de agosto.
El 7 de agosto, los investigadores detectaron movimientos compatibles con la preparación de una nueva operación en la zona de Ramallo. Tres hombres fueron observados acoplando un tráiler a una camioneta Ford Ranger. Sobre el tráiler transportaban una embarcación semirrígida denominada “Gran Brack”.
Para los investigadores, el conjunto de movimientos ya no parecía casual.
Las comunicaciones y desplazamientos indicaban que una nueva operación de contaminación de un buque podía estar a punto de concretarse.
La Justicia decidió entonces intervenir antes de que la presunta organización pudiera completar la maniobra.
El 8 de agosto, alrededor de las 22.30, efectivos de la Prefectura Naval Argentina interceptaron la embarcación en el kilómetro 351 del río Paraná, en jurisdicción de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires.
A bordo viajaban cuatro de los sospechosos: Jorge Eduardo Ayala, Damián Andrés Leyria, Antonio Gustavo Straccia y Jorge Alberto Miño.
Los efectivos encontraron siete bolsos estancos de características similares al que había aparecido meses antes en Monte Hermoso.
Esta vez, los bolsos no estaban vacíos.
En su interior había alrededor de 35 paquetes por unidad y las pruebas de campo dieron resultado positivo para clorhidrato de cocaína.
El peso total de la droga encontrada en la embarcación fue de aproximadamente 232 kilos.
La operación, sin embargo, todavía no había terminado.
La información obtenida durante el procedimiento llevó a los investigadores hasta otros inmuebles vinculados con los sospechosos.
El 9 de agosto, la Justicia autorizó cinco allanamientos realizados por la Prefectura.
Uno de ellos tuvo lugar en un domicilio de Ramallo relacionado con Jorge Ayala. Allí, en el garaje, los investigadores encontraron otros ocho bolsos estancos de 80 litros, prácticamente idénticos a los utilizados en la embarcación interceptada.
En esos bolsos había más ladrillos de cocaína.
El peso total de esa segunda partida alcanzó aproximadamente 267 kilos.
La suma de ambos procedimientos produjo una cifra que explica la dimensión de la operación: 499 kilos de cocaína, prácticamente media tonelada.
La droga estaba distribuida entre una embarcación y un domicilio particular, pero la hipótesis judicial apunta a que ambos hallazgos formaban parte de una misma estructura logística.
Los allanamientos también permitieron secuestrar teléfonos celulares, dispositivos electrónicos, documentación, anotaciones, equipos de navegación y localización, GPS, visor nocturno, motor eléctrico, cabos y otros elementos considerados relevantes para la investigación.
El caso dejó así de ser simplemente un decomiso de droga.
Para los fiscales, se trata de una organización con capacidad para comprar equipamiento, movilizar embarcaciones, almacenar grandes cantidades de cocaína, utilizar sistemas de comunicación y operar en diferentes jurisdicciones.
El titular de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR), Diego Iglesias, sostuvo durante la audiencia que la investigación había permitido detectar una organización con una estructura logística y económica importante, presencia territorial y capacidad de operación en distintas zonas del país.
Los cinco detenidos fueron identificados como Sebastián Di Seri, Antonio Gustavo Straccia, Jorge Eduardo Ayala, Jorge Alberto Miño y Damián Andrés Leyria.
La Justicia los imputó como presuntos coautores de contrabando de exportación agravado y tráfico de estupefacientes, entre otros agravantes vinculados con la cantidad de droga y la intervención de tres o más personas.
La jueza federal Gabriela Marrón dictó prisión preventiva para los cinco por 180 días, hasta el 7 de febrero de 2027, mientras avanza la investigación preparatoria.
La causa está bajo la dirección de la Unidad Fiscal de Bahía Blanca, con intervención de la PROCUNAR.
El valor económico de la droga ayuda a explicar por qué las organizaciones están dispuestas a montar una logística compleja para intentar sacarla de Argentina.
Según la estimación presentada por la Fiscalía, los casi 500 kilos de cocaína podrían representar al menos US$ 2,5 millones en una zona portuaria de la provincia de Buenos Aires.
Si el cargamento consiguiera salir del país y llegar a Europa, su valor podría ascender a unos US$ 16 millones.
Y si alcanzara mercados todavía más lejanos, la estimación judicial podría llegar a US$ 45 millones.
La diferencia demuestra una de las razones por las cuales el tráfico internacional de cocaína resulta tan rentable para las organizaciones criminales.
La droga adquiere valor a medida que avanza por la cadena logística y se acerca a los grandes mercados consumidores.
Argentina no necesariamente es el destino final.
En operaciones de este tipo, el país puede funcionar como territorio de tránsito y plataforma logística hacia mercados internacionales, especialmente mediante sus puertos y la extensa red fluvial que conecta el sistema del Paraná con el Río de la Plata y el Atlántico.
El caso vuelve a poner bajo la lupa la Hidrovía del Paraná, una de las principales rutas comerciales de Sudamérica y también un corredor que las organizaciones criminales intentan aprovechar para mover drogas hacia puertos marítimos.
La importancia estratégica de esta vía no es nueva.
En 2022, una investigación denominada Operación Atlantis, realizada por la Prefectura y la Gendarmería, desarticuló una organización que pretendía enviar más de 1,5 toneladas de cocaína hacia Europa utilizando embarcaciones y una modalidad de traslado a mar abierto. En aquella operación se secuestraron bolsos estancos y más de 1.500 kilos de droga en distintos procedimientos en Buenos Aires.
El antecedente es relevante porque demuestra que el uso de bolsos impermeables y embarcaciones menores para alimentar operaciones de tráfico internacional no constituye una improvisación reciente.
Las organizaciones conocen las características de la navegación comercial y buscan explotar los puntos donde el control resulta más complejo.
El sistema “rip-off” también tiene una particularidad: requiere coordinación.
No basta con conseguir cocaína.
Hay que transportarla hasta el río, disponer de una embarcación adecuada, acercarse al buque seleccionado, transferir los paquetes, conocer sus movimientos y, eventualmente, contar con información sobre su tripulación o sus sistemas de seguridad.
Por eso, los investigadores consideran especialmente importantes los teléfonos, dispositivos satelitales, GPS y equipos electrónicos secuestrados.
Esos elementos pueden permitir reconstruir comunicaciones y movimientos y determinar si los cinco detenidos actuaban solos o formaban parte de una red mucho más amplia.
También pueden ayudar a establecer quién proporcionó la droga, quién financió la logística y cuál era el destino concreto del cargamento.
Esta última pregunta todavía no está completamente resuelta.
La investigación deberá determinar qué buque pretendían contaminar, quién esperaba recibir la droga y qué estructura internacional estaba detrás de la operación.
Ese punto es fundamental porque decomisar casi 500 kilos representa un golpe importante, pero no necesariamente significa que la organización haya quedado completamente desarticulada.
Una red internacional puede funcionar mediante diferentes niveles: productores, compradores, transportistas, financistas, operadores logísticos, contactos portuarios y receptores en el extranjero.
La captura de cinco personas puede afectar una parte de la cadena, pero la investigación deberá avanzar sobre los demás integrantes.
Los dispositivos electrónicos pueden convertirse ahora en una especie de mapa de la organización.
Mensajes, llamadas, ubicaciones, fotografías, transferencias y contactos pueden revelar conexiones que no aparecen en la superficie de la investigación.
Por eso la Justicia ordenó realizar peritajes sobre los dispositivos electrónicos incautados y también dispuso la inhibición general de bienes de los cinco imputados.
El objetivo es doble: establecer responsabilidades penales y seguir el dinero.
Porque detrás de una operación de casi media tonelada de cocaína no existe solamente una logística física.
Existe también una estructura financiera.
Comprar vehículos, embarcaciones, equipos satelitales, motores, dispositivos de navegación y grandes cantidades de bolsos requiere dinero.
El análisis de esos movimientos puede ser tan importante como encontrar la droga.
Y aquí aparece uno de los detalles más llamativos de la investigación: una compra aparentemente legal realizada por internet terminó convirtiéndose en una de las pistas centrales de una causa de narcotráfico internacional.
La compra de 25 bolsos no era ilegal.
Lo que despertó la atención de los investigadores fue la combinación entre esa adquisición y todo lo que apareció después: ausencia de una actividad náutica que justificara el volumen, equipos especializados, movimientos hacia el Paraná, comunicaciones y finalmente droga escondida en bolsos del mismo tipo.
Es una muestra de cómo las investigaciones modernas contra el crimen organizado dependen cada vez más del cruce de grandes volúmenes de información.
Una compra, aislada, puede no significar nada.
Una geolocalización, tampoco.
Un llamado telefónico, por sí solo, puede ser irrelevante.
Pero cuando todas esas piezas encajan en una misma secuencia, pueden reconstruir una operación criminal antes de que llegue a concretarse.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en el río Paraná.
Los investigadores no esperaron a que la droga llegara a un puerto europeo.
La interceptaron antes.
Y eso puede haber evitado que una carga valorada en millones de dólares ingresara a los circuitos internacionales del narcotráfico.
La causa, sin embargo, todavía está lejos de terminar.
Los cinco detenidos permanecen bajo prisión preventiva y la Justicia deberá avanzar sobre los elementos electrónicos y financieros secuestrados.
También tendrá que determinar si existen otros integrantes de la organización, contactos en puertos, vínculos internacionales y eventuales compradores o receptores en Europa.
La investigación iniciada en una playa de Monte Hermoso terminó, de esta manera, siguiendo una ruta mucho más larga: de un bolso encontrado por casualidad a una compra por internet; de la compra a una red de movimientos; de los movimientos a una embarcación en el Paraná; y de allí a casi media tonelada de cocaína lista para entrar en una operación de exportación clandestina.
El caso muestra también que el narcotráfico internacional ya no depende exclusivamente de grandes estructuras visibles.
Puede esconderse detrás de compras comerciales comunes, vehículos aparentemente normales, pequeñas embarcaciones y equipos adquiridos legalmente.
La diferencia está en cómo se utilizan.
Y esta vez, la pista quedó flotando durante meses hasta que los investigadores pudieron unir todas las piezas.
El bolso encontrado en enero parecía un objeto abandonado.
En realidad, era la primera señal de una operación que, según la Fiscalía, podía haber llevado cientos de kilos de cocaína desde Argentina hacia Europa.
La droga no llegó al barco. La organización tampoco consiguió completar la maniobra. Pero la investigación ahora tiene un objetivo todavía mayor: descubrir quién estaba esperando esos casi 500 kilos al otro lado del océano.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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