Una nueva medición de CB Global Data volvió a mostrar un deterioro de la imagen internacional de Javier Milei entre los presidentes latinoamericanos. El mandatario argentino quedó en el puesto 14 entre 18 jefes de Estado evaluados, con 36,8% de imagen positiva y 61,3% de negativa. El resultado implica una caída de un lugar respecto de la medición anterior y profundiza una tendencia que contrasta con los primeros meses de su gestión, cuando Milei llegó a ocupar los primeros puestos de este ranking. El dato adquiere relevancia política porque se conoce mientras el Gobierno intenta ampliar su base territorial, recomponer vínculos con Mauricio Macri y los gobernadores y preparar el escenario para las elecciones de 2027.
La encuesta fue realizada por CB Global Data, consultora que mide mensualmente la valoración de los presidentes de América Latina. La edición de julio incluyó a 18 mandatarios y fue elaborada mediante entrevistas realizadas entre el 3 y el 8 de julio de 2026, con muestras de entre 4.625 y 6.271 casos por país, un nivel de confianza del 95% y un margen de error estimado de entre ±1,2% y ±1,4%.
El resultado para Milei fue particularmente desfavorable. El Presidente argentino obtuvo 36,8% de imagen positiva, mientras que 61,3% de los consultados expresó una valoración negativa. El diferencial entre ambas cifras quedó en –24,5 puntos porcentuales, una fotografía que muestra que el rechazo supera ampliamente al respaldo dentro de la población argentina consultada.
La caída tiene además una dimensión temporal. En la medición anterior, correspondiente a junio, Milei había quedado en el puesto 13, con 37,9% de imagen positiva y 59,6% negativa. En julio perdió 1,1 puntos de aprobación y aumentó su imagen negativa en 1,7 puntos, suficiente para descender una posición dentro del ranking regional.
Pero la historia es más extensa. En mayo, Milei había sufrido una caída mucho más pronunciada y llegó al puesto 16 de 18, con apenas 34,8% de imagen positiva. En junio consiguió recuperar tres posiciones y alcanzar el puesto 13, antes de volver a retroceder en julio. La secuencia muestra que su valoración no sigue una línea descendente absolutamente continua, sino una trayectoria irregular con recuperaciones parciales y nuevas caídas.
Ese comportamiento es importante porque evita una lectura simplista. Milei no está perdiendo respaldo todos los meses al mismo ritmo, pero tampoco consiguió recuperar de manera estable los niveles de popularidad que tuvo durante las primeras etapas de su gobierno.
En la parte superior del ranking volvió a aparecer Nayib Bukele, presidente de El Salvador, con 67,4% de imagen positiva. La segunda posición correspondió a Claudia Sheinbaum, de México, con 65,1%, mientras que Laura Fernández, de Costa Rica, ocupó el tercer lugar con 55,5%.
La distancia entre Milei y los líderes de la clasificación es considerable. Entre el argentino y Bukele existe una diferencia de 30,6 puntos porcentuales en imagen positiva. Frente a Sheinbaum, la brecha alcanza 28,3 puntos.
Ese contraste resulta políticamente significativo porque Milei ha intentado proyectarse como uno de los principales referentes de la nueva derecha latinoamericana. Su relación con Bukele, sus contactos internacionales y su discurso contra la izquierda regional forman parte de una estrategia de posicionamiento que excede las fronteras argentinas.
Sin embargo, el ranking muestra una paradoja: Milei puede tener una influencia política internacional mayor que la que refleja su nivel de aprobación doméstica, pero esa proyección no necesariamente se traduce en popularidad entre los argentinos.
El resultado también debe analizarse dentro del escenario político argentino. La caída de Milei se produce mientras el Gobierno intenta construir una estructura más amplia de cara a 2027, una tarea que obliga al oficialismo a negociar con sectores que hasta hace poco consideraba parte de la política tradicional.
El acercamiento con Mauricio Macri y el PRO, las conversaciones con gobernadores y la estrategia de Diego Santilli para ampliar los acuerdos territoriales forman parte de ese proceso.
La necesidad de ampliar alianzas tiene una explicación concreta. La Libertad Avanza posee una fuerza electoral considerable, pero todavía depende de acuerdos con otros espacios para construir mayorías parlamentarias y una estructura territorial nacional suficientemente sólida.
Por eso, una caída de la imagen presidencial no constituye solamente un problema de popularidad. Puede convertirse en un problema de capacidad de negociación política.
Un gobernador que observa que la aprobación presidencial disminuye puede preguntarse si le conviene comprometer su capital político con el oficialismo o mantener una posición más independiente hasta conocer cómo llegará Milei a las elecciones de 2027.
Lo mismo ocurre con dirigentes del PRO.
Cuanto mayor sea la fortaleza electoral de Milei, menor será el poder de negociación de sus posibles aliados. Cuanto mayor sea su vulnerabilidad, mayor será el precio que esos aliados podrán exigir.
Ese es uno de los motivos por los que los próximos meses serán particularmente importantes para la Casa Rosada.
El Gobierno puede exhibir resultados económicos que considera favorables, especialmente en materia de reducción de la inflación respecto de los niveles registrados durante la crisis de 2023. Sin embargo, la percepción económica de los hogares no siempre evoluciona al mismo ritmo que los indicadores macroeconómicos.
El dato de inflación de julio, de 2,1% mensual, mostró precisamente que el proceso de desinflación todavía enfrenta dificultades. Después de alcanzar 1,9% en junio, el índice volvió a superar el 2%, aunque una parte del aumento estuvo relacionada con factores estacionales. La situación económica continúa siendo, por lo tanto, uno de los principales determinantes de la evaluación presidencial.
La política tiene además otro frente abierto: el empleo y la actividad económica.
La apertura comercial, la reducción del gasto público y las reformas estructurales impulsadas por Milei modificaron las condiciones en las que operan empresas y trabajadores. El Gobierno sostiene que el nuevo esquema permitirá generar una economía más competitiva y atraer inversiones; sus críticos advierten sobre los costos sociales de la transición.
La percepción ciudadana dependerá cada vez más de una cuestión concreta: si la estabilización macroeconómica consigue transformarse en una mejora visible del nivel de vida.
Esa transformación es particularmente importante para el oficialismo porque la inflación dejó de estar en niveles extraordinarios, pero los precios continúan aumentando. Para un ciudadano, que la inflación pase de 20% mensual a 2% mensual constituye una mejora enorme; sin embargo, el costo de vida sigue subiendo.
La diferencia entre desinflación y reducción de precios puede terminar siendo políticamente decisiva.
Los precios no están cayendo. Están aumentando más lentamente. Y si los salarios no recuperan suficiente poder adquisitivo, una parte de la población puede continuar evaluando negativamente la situación económica incluso cuando los indicadores macroeconómicos mejoren.
Ese fenómeno puede ayudar a explicar por qué la recuperación económica no se traduce automáticamente en una recuperación equivalente de la imagen presidencial.
También existe un factor político. El Gobierno atraviesa una etapa de mayor confrontación con sectores opositores, mientras intenta al mismo tiempo negociar con gobernadores y dirigentes que podrían convertirse en aliados.
La estrategia puede funcionar, pero exige que Milei mantenga suficiente respaldo para liderar esas negociaciones.
El ranking de CB Global Data no mide directamente la intención de voto. Imagen positiva presidencial y voto no son sinónimos. Un ciudadano puede desaprobar aspectos de una gestión y, sin embargo, volver a votar por el mismo presidente; del mismo modo, una buena imagen no garantiza una victoria electoral.
Por eso, la encuesta debe interpretarse como un indicador de clima político y no como una predicción de las elecciones de 2027.
Aun así, la evolución resulta relevante porque muestra la magnitud del desafío que enfrenta el oficialismo.
Milei había conseguido construir una identidad política muy fuerte basada en la confrontación con la llamada “casta”, la crítica al sistema político tradicional y la promesa de una transformación radical de la economía argentina.
Ahora, para consolidar su proyecto, necesita hacer algo bastante diferente: negociar con parte de ese mismo sistema político.
La caída en el ranking regional llega precisamente cuando el Gobierno está realizando ese giro pragmático.
Karina Milei trabaja en la consolidación territorial de La Libertad Avanza. Santilli busca tender puentes con gobernadores. Luis Caputo intenta sostener el programa económico. Mauricio Macri vuelve a conversar con el oficialismo.
Todo ocurre simultáneamente.
La pregunta es si esa nueva arquitectura política conseguirá recuperar el respaldo que Milei necesita para llegar fortalecido a 2027.
El ranking también ofrece un dato interesante respecto de los otros presidentes de la región. Milei no quedó último, pero sí forma parte del grupo de cinco mandatarios con menor valoración.
Por debajo de él aparecen José Raúl Mulino, de Panamá; Bernardo Arévalo, de Guatemala; José María Balcázar, de Perú; y Delcy Rodríguez, de Venezuela.
Delcy Rodríguez cerró la clasificación con 22,7% de imagen positiva y 70,8% de negativa, mientras Balcázar obtuvo 23% de respaldo y Arévalo 30,8%.
La presencia de Milei en ese grupo resulta llamativa por su posición ideológica y por el nivel de exposición internacional que alcanzó desde su llegada al poder.
En cambio, Santiago Peña, presidente de Paraguay, aparece en una posición considerablemente mejor, aunque tampoco se encuentra en el podio. En mediciones anteriores de CB Global Data había registrado alrededor de 48% de imagen positiva.
También destaca Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, que en la medición de junio había registrado 47,6% de aprobación, aunque con una valoración negativa prácticamente equivalente. El escenario brasileño adquiere especial importancia porque Lula se encamina hacia las elecciones presidenciales previstas para octubre de 2026.
La comparación regional demuestra que los niveles de aprobación presidencial están atravesados por circunstancias nacionales muy diferentes. No existe una única explicación regional para el respaldo o rechazo a los mandatarios.
En Argentina, el desgaste de Milei está vinculado a una combinación de situación económica, expectativas sociales, conflicto político y evaluación de gestión.
La gran incógnita será si el Gobierno puede revertir esa tendencia antes de que comience formalmente la carrera electoral de 2027.
Para ello necesitará algo más que una buena encuesta.
Necesitará que la economía produzca resultados visibles, que los salarios recuperen capacidad de compra, que la inversión se traduzca en empleo y que las negociaciones con gobernadores y aliados políticos produzcan estabilidad.
También deberá evitar que las internas dentro del oficialismo —particularmente las tensiones entre distintos sectores del poder libertario— terminen ocupando más espacio que los resultados de gestión.
El Gobierno tiene todavía tiempo para modificar el escenario.
Pero el ranking deja una advertencia política clara: el capital electoral de Milei ya no puede darse por descontado.
Su liderazgo continúa siendo fuerte dentro de su núcleo de votantes, pero la medición regional muestra que el Presidente necesita ampliar nuevamente su capacidad de convencer a sectores que hoy observan su gestión con distancia o directamente con rechazo.
El desafío es todavía mayor porque 2027 no será una elección exclusivamente sobre Milei. También será un plebiscito sobre el resultado de su programa económico y sobre la capacidad de La Libertad Avanza para gobernar con una estructura política más amplia.
Si la inflación continúa descendiendo y la economía comienza a generar una mejora palpable, Milei podría recuperar parte del terreno perdido.
Si, por el contrario, el costo de vida continúa presionando a los hogares y la actividad no consigue traducirse en mejores ingresos, el deterioro de imagen puede consolidarse.
La encuesta no anuncia el resultado de 2027. Pero sí muestra que Milei llega a esta nueva etapa con menos margen político que el que tenía cuando comenzó su gobierno.
Y existe una ironía detrás del dato.
El Presidente argentino llegó al poder prometiendo romper con la política tradicional y transformar completamente el sistema. Ahora, para asegurar su futuro político, necesita justamente aquello que durante años rechazó: alianzas, acuerdos, estructuras territoriales y negociación con gobernadores y dirigentes tradicionales.
El ranking de agosto —aunque basado en la medición realizada en julio— muestra que esa transformación todavía no se tradujo en una recuperación sostenida de su imagen.
Milei sigue siendo un presidente con enorme capacidad de marcar la agenda política argentina.
Lo que está en discusión ahora es si conserva también la capacidad de ampliar nuevamente su base de apoyo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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