Una pelea que ocurrió hace más de dos décadas volvió a quedar bajo los reflectores después de que una exfigura del Corinthians reconstruyera cómo se produjo el violento enfrentamiento entre Carlos Tévez y el defensor Marquinhos durante un entrenamiento del club paulista en 2005. El episodio, que terminó a los golpes de puño, con ambos futbolistas ensangrentados y el entrenamiento suspendido por Daniel Passarella, fue uno de los primeros grandes conflictos protagonizados por el delantero argentino durante su paso por Brasil. La discusión comenzó durante una disputa por la pelota, pero la reacción de Marquinhos después de recibir un codazo convirtió un lance de entrenamiento en una pelea que obligó a intervenir a varios compañeros. Años después, el episodio continúa formando parte de la turbulenta primera etapa de Tévez en el fútbol brasileño.
El enfrentamiento ocurrió el 29 de abril de 2005, cuando Tévez llevaba apenas unos meses como jugador del Corinthians. El argentino había llegado procedente de Boca Juniors como la gran contratación del proyecto dirigido por el grupo MSI, que había asumido un papel central en la administración del fútbol del club. Su fichaje había generado enormes expectativas en Brasil y el delantero rápidamente se convirtió en uno de los principales referentes del equipo, pero su personalidad intensa también comenzó a generar episodios de tensión dentro y fuera de la cancha.
La pelea ocurrió durante una práctica en Parque São Jorge, en São Paulo, mientras el equipo se preparaba para enfrentar al Botafogo por el Campeonato Brasileño. Tévez tenía la pelota y estaba siendo marcado por Marcos Roberto Barbosa, conocido como Marquinhos, cuando, en la disputa, el argentino levantó el codo y golpeó al defensor en la zona de la nariz. El golpe adquirió una importancia mayor porque Marquinhos todavía se estaba recuperando de una lesión nasal y había pasado recientemente por una cirugía.
Según los relatos publicados entonces, Marquinhos cayó al suelo y comenzó a sangrar por la nariz. Fue ese momento el que cambió completamente el carácter del incidente. El defensor interpretó el golpe como una agresión y se abalanzó sobre Tévez. Lo que había comenzado como una disputa física por la pelota terminó rápidamente en un intercambio de golpes de puño entre ambos jugadores. Los compañeros tuvieron que intervenir para separarlos y evitar que la situación continuara.
La escena fue especialmente llamativa porque ocurrió delante de otros integrantes del plantel y de personas que se encontraban siguiendo el entrenamiento. A diferencia de otros conflictos internos que quedaron limitados al vestuario, el enfrentamiento entre Tévez y Marquinhos fue registrado por cámaras y fotografías, convirtiéndose rápidamente en una de las imágenes más comentadas del fútbol brasileño de aquel momento. La pelea incluso obligó a Passarella a dar por terminado el entrenamiento.
El delantero Gil, compañero de Tévez en aquel Corinthians, también se refirió al episodio. Según las declaraciones recogidas por la prensa brasileña, el atacante dijo que no había podido determinar si el codazo había sido intencional, pero confirmó que el golpe había alcanzado a Marquinhos y manifestó su preocupación porque se trataba de la segunda pelea protagonizada por Tévez con un compañero desde su llegada al club.
El contexto resulta importante porque Tévez ya había protagonizado otro conflicto apenas unas semanas antes. En marzo de 2005, el argentino había tenido un altercado con el mediocampista Carlos Alberto, también durante una actividad del Corinthians. Aquella disputa también terminó con agresiones físicas y una sanción económica, por lo que el episodio con Marquinhos no apareció como un hecho aislado dentro de aquel turbulento comienzo del delantero en Brasil.
La sucesión de incidentes comenzó a construir una imagen pública de Tévez como un futbolista extremadamente competitivo, capaz de llevar la intensidad del partido al límite incluso durante los entrenamientos. En aquella época tenía apenas 21 años y acababa de llegar a un fútbol brasileño donde las expectativas sobre él eran enormes. La prensa de Brasil y Argentina comenzó a seguir con particular atención cada gesto del delantero, convirtiendo cualquier conflicto en un nuevo capítulo de la novela del Corinthians.
La situación de Marquinhos también explica por qué el episodio fue especialmente delicado. El defensor no estaba completamente recuperado de una lesión en la nariz. Algunas informaciones de la época indicaban que había sufrido una nueva fractura o que todavía se encontraba en recuperación después de una intervención quirúrgica. Cuando vio sangre, su reacción fue inmediata. El propio jugador reconocería posteriormente que perdió el control al comprobar que su nariz estaba sangrando.
Al día siguiente, sin embargo, la historia dio un giro. Tévez y Marquinhos se reconciliaron y volvieron a entrenarse con normalidad. El brasileño reconoció que había reaccionado impulsivamente después de ver la sangre y pidió disculpas por haberse lanzado contra el argentino. Tévez, por su parte, afirmó que ambos habían conversado y que el problema estaba resuelto.
La reconciliación no evitó el castigo. La dirección del Corinthians decidió sancionar económicamente a ambos futbolistas con una multa equivalente al 10% de sus salarios. El club consideró que, independientemente de quién hubiera iniciado la agresión, un enfrentamiento de esa naturaleza durante un entrenamiento era inaceptable y podía perjudicar la preparación del equipo.
El técnico Daniel Passarella también quedó directamente involucrado en las consecuencias del episodio. El entrenador argentino estaba preparando al equipo para un partido importante y tuvo que interrumpir la práctica cuando los jugadores comenzaron a golpearse. La situación era particularmente incómoda porque Passarella conocía perfectamente la personalidad de Tévez y había asumido la responsabilidad de conducir un plantel en el que las tensiones internas ya comenzaban a generar problemas.
El Corinthians de aquel período era, además, un equipo sometido a una presión excepcional. La llegada del grupo MSI había creado expectativas de construir un plantel poderoso mediante grandes contrataciones. Tévez era la principal estrella del proyecto y su transferencia desde Boca Juniors había costado cerca de 20 millones de dólares, una cifra extraordinaria para el fútbol brasileño de entonces.
El argentino no solamente debía rendir dentro del campo: también se había convertido en una figura central del proyecto comercial y deportivo del club. Cualquier problema protagonizado por él adquiría inmediatamente una dimensión mayor porque la directiva necesitaba proteger la imagen de la inversión realizada. Por eso, las sanciones económicas y los llamados de atención fueron utilizados como una forma de establecer límites dentro de un vestuario que comenzaba a vivir una etapa de enorme efervescencia.
La pelea con Marquinhos tampoco quedó aislada de otros conflictos que rodearon al Corinthians durante aquella temporada. La relación entre jugadores, entrenadores y dirigentes atravesaba frecuentes episodios de tensión, mientras el proyecto MSI generaba disputas internas sobre la conducción del fútbol. La prensa brasileña de la época llegó a describir aquel período como un vestuario donde las discusiones y enfrentamientos eran prácticamente constantes.
Y aquí aparece un elemento que vuelve a hacer interesante la historia tantos años después: Tévez no era simplemente un jugador conflictivo, sino también una de las principales figuras deportivas del Corinthians. Esa combinación hacía que sus enfrentamientos recibieran una atención desproporcionada. El delantero podía ser criticado por su comportamiento durante la semana y convertirse en ídolo apenas unos días después gracias a sus goles.
El argentino había llegado a Brasil después de una etapa extraordinaria en Boca Juniors, donde se había transformado en una de las grandes figuras del fútbol sudamericano. Su llegada al Corinthians representaba su primera gran experiencia fuera de Argentina y lo colocaba inmediatamente en el centro de una rivalidad futbolística particularmente intensa entre argentinos y brasileños.
La adaptación tampoco fue sencilla. En aquel momento Tévez todavía estaba construyendo su carrera internacional y enfrentaba una presión adicional por ser argentino en uno de los clubes más populares de Brasil. Algunos sectores de la prensa y de la afición seguían cada uno de sus movimientos, mientras el jugador desarrollaba rápidamente una relación intensa con la hinchada corinthiana.
Su estilo de juego tampoco ayudaba a bajar la temperatura. Tévez jugaba con enorme agresividad, disputaba cada balón como si fuera el último y no acostumbraba retroceder ante una provocación. Esa característica posteriormente se convertiría en una de las señas de identidad de su carrera, pero en los primeros meses en Corinthians también contribuyó a generar conflictos con compañeros y adversarios.
La prensa brasileña incluso llegó a comparar sus primeros meses en el país con una sucesión de polémicas. Además de las peleas con Carlos Alberto y Marquinhos, Tévez protagonizó discusiones con integrantes del cuerpo técnico y recibió críticas por distintos comportamientos fuera del campo. Algunos medios españoles también comenzaron a seguir sus controversias en Brasil, describiéndolo como una figura que parecía estar permanentemente involucrada en algún nuevo episodio.
Sin embargo, el paso del tiempo modificó considerablemente esa percepción. Tévez terminó convirtiéndose en uno de los grandes ídolos extranjeros de la historia del Corinthians, y su etapa en el club quedó asociada mucho más a sus goles y actuaciones que a las peleas de 2005. El argentino ganó protagonismo deportivo y terminó siendo una pieza fundamental del equipo que conquistó el Campeonato Brasileño de 2005.
Ese contraste es precisamente lo que hace que la vieja pelea vuelva a llamar la atención. El episodio ocurrió cuando la historia de Tévez en Brasil todavía estaba comenzando y nadie podía saber que aquel joven delantero terminaría dejando una huella tan importante en el Corinthians.
Marquinhos, por su parte, tuvo una trayectoria mucho menos mediática. El defensor continuó su carrera profesional después de aquel episodio y permaneció vinculado al fútbol brasileño, pero su nombre quedó inevitablemente asociado en la memoria de los aficionados con aquella pelea con la gran estrella argentina.
El conflicto tampoco produjo una ruptura definitiva entre ambos. Al día siguiente ya habían hablado y habían decidido dejar atrás el episodio. La rapidez de la reconciliación demuestra que, dentro de un vestuario profesional, una pelea durante un entrenamiento puede tener consecuencias graves en el momento, pero no necesariamente termina destruyendo una relación personal o deportiva.
La frase de Marquinhos después de la pelea resume bien lo ocurrido: la sangre fue el detonante de su reacción. El defensor había sufrido recientemente una operación en la nariz y, al comprobar que nuevamente estaba sangrando, reaccionó impulsivamente. La explicación no justificó la agresión, pero ayudó a entender por qué una disputa aparentemente rutinaria escaló en cuestión de segundos.
También resulta importante aclarar que las fuentes contemporáneas no describieron una pelea planificada ni un conflicto previo entre ambos. La secuencia conocida comenzó con la disputa por el balón, siguió con el codazo, la reacción de Marquinhos y posteriormente el intercambio de golpes. No hay evidencia sólida de que el enfrentamiento haya sido consecuencia de una enemistad personal previa entre los dos jugadores.
Eso no impidió que el episodio alimentara la reputación de Tévez como un futbolista de carácter fuerte. Para algunos observadores, aquella personalidad era precisamente parte de su atractivo; para otros, representaba un riesgo cuando el temperamento superaba los límites de la competencia deportiva.
Con los años, esa misma personalidad se convirtió en uno de los elementos más reconocibles de la carrera del argentino. Tévez protagonizó innumerables duelos intensos, recibió fuertes entradas, discutió con rivales y entrenadores y, en determinadas ocasiones, respondió con una intensidad que trascendía el fútbol estrictamente técnico.
Pero el capítulo de Marquinhos ocurrió en una época muy particular. Era el joven Tévez antes de Manchester United, Manchester City y Juventus, antes de convertirse en campeón de Europa, antes de ser una de las grandes figuras de la selección argentina y mucho antes de regresar a Boca como entrenador.
En 2005 era simplemente el nuevo ídolo argentino que intentaba conquistar Brasil.
Y ya estaba dando titulares.
El episodio también muestra cómo funcionaba el fútbol de aquella época. Las cámaras estaban presentes en los grandes entrenamientos y las imágenes podían llegar rápidamente a los programas deportivos, pero las redes sociales todavía no existían como mecanismo de difusión masiva. Hoy, una pelea de ese tipo probablemente se convertiría en un fenómeno viral en cuestión de minutos, con múltiples ángulos y millones de reproducciones.
En 2005, las imágenes llegaron principalmente a través de la televisión y los diarios deportivos. Aun así, fueron suficientes para convertir el enfrentamiento en una de las historias más comentadas de aquella jornada futbolística brasileña.
La diferencia con la actualidad también explica por qué el episodio reaparece ahora con un componente casi nostálgico. Una nueva generación de aficionados conoce a Tévez principalmente por su trayectoria europea, su paso por la selección argentina o su posterior carrera como entrenador. Para muchos, aquella etapa turbulenta en Corinthians pertenece a una época casi olvidada.
Pero en Brasil todavía existe memoria de aquel Tévez joven, temperamental y explosivo que llegó al Corinthians como una superestrella y que, antes de convertirse en campeón brasileño, protagonizó una pelea que obligó a detener un entrenamiento.
El dato más curioso es que el conflicto terminó sin consecuencias deportivas importantes. Ambos jugadores se disculparon, fueron multados y volvieron a entrenarse al día siguiente. La verdadera huella del episodio terminó siendo mediática y anecdótica.
Y eso permite mirar el caso con perspectiva. Una pelea durante un entrenamiento puede parecer un escándalo en el momento, pero dos décadas después puede transformarse en una historia que explica una época, una personalidad y la cultura de un vestuario.
En el caso de Tévez, además, el episodio quedó atrapado entre dos imágenes completamente diferentes: la del futbolista que perdió el control durante una práctica y la del ídolo que posteriormente conquistó a la hinchada del Corinthians.
La segunda terminó imponiéndose.
Carlos Tévez no quedó en la historia del Corinthians por la pelea con Marquinhos. Quedó por sus goles, por el título brasileño de 2005 y por la relación que construyó con una de las hinchadas más apasionadas de Brasil. Pero aquella escena de abril de 2005 sigue siendo una pequeña radiografía de los primeros meses de una carrera internacional que apenas comenzaba: un delantero argentino de 21 años, recién llegado a Brasil, jugando al límite, recibiendo un golpe, respondiendo y convirtiendo un entrenamiento en una pelea que tuvo que ser frenada por todo el plantel. Veintiún años después, el episodio vuelve a aparecer como uno de los capítulos más llamativos de la etapa brasileña de un jugador que terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras del fútbol sudamericano.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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