El Brazilian Jiu-Jitsu está ampliando su presencia en Paraguay y ya no se limita al circuito de atletas que buscan medallas. Profesionales, empresarios y personas con rutinas laborales exigentes están incorporando esta disciplina como una combinación de actividad física, defensa personal, disciplina mental y espacio de socialización. El fenómeno acompaña el crecimiento competitivo del deporte en el país, que en los últimos años aumentó la cantidad de torneos, academias y practicantes y comenzó a producir resultados relevantes en escenarios internacionales.
Durante mucho tiempo, el jiu-jitsu brasileño estuvo asociado principalmente con los competidores que entrenaban para subir al podio. Esa imagen continúa vigente, pero representa solamente una parte de la expansión que experimenta actualmente la disciplina en Paraguay.
El crecimiento de la práctica recreativa entre adultos responde a una transformación en el perfil de quienes llegan al tatami. Ya no se trata únicamente de jóvenes que aspiran a convertirse en atletas profesionales. También aparecen abogados, empresarios, ejecutivos, profesionales independientes y trabajadores de distintas áreas que encuentran en el entrenamiento una actividad diferente de las alternativas tradicionales de gimnasio.
La lógica resulta bastante particular. En un gimnasio convencional, una persona puede entrenar durante una hora y controlar individualmente su esfuerzo. En el jiu-jitsu, en cambio, debe interactuar permanentemente con otra persona, resolver situaciones cambiantes y aprender a mantener la calma cuando el cuerpo está sometido a presión.
Esa característica convierte al deporte en una combinación de actividad física y resolución de problemas.
El practicante no necesita tener como objetivo competir internacionalmente. Puede entrenar para mejorar su condición física, aprender técnicas de defensa personal, desarrollar coordinación y movilidad o simplemente encontrar una actividad que rompa con la rutina laboral.
En el caso de empresarios y profesionales, existe además un componente psicológico que ayuda a explicar su atractivo. El jiu-jitsu obliga a tomar decisiones mientras se está cansado, bajo presión y con información incompleta. Una posición aparentemente favorable puede cambiar en segundos y obligar al practicante a modificar su estrategia.
Esa dinámica tiene un paralelismo evidente con determinados entornos profesionales. Analizar una situación, controlar la reacción emocional, elegir entre varias alternativas y adaptarse rápidamente son habilidades que también aparecen en la gestión empresarial.
El abogado paraguayo Néstor Loizaga, socio del estudio Ferrere, relató anteriormente cómo el Brazilian Jiu-Jitsu influyó en su vida profesional. Según explicó, la disciplina le permitió desarrollar capacidad estratégica, concentración, paciencia y toma de decisiones bajo presión, competencias que posteriormente trasladó a su actividad laboral.
Loizaga también destacó otro aspecto menos visible: el valor de la comunidad. En el tatami, personas con profesiones, ingresos y posiciones sociales muy diferentes entrenan bajo las mismas reglas. El cinturón y la experiencia técnica terminan teniendo más importancia que el cargo que alguien ocupa fuera de la academia.
Ese componente puede resultar especialmente atractivo para quienes pasan buena parte de la semana en reuniones, oficinas y ambientes corporativos. Durante el entrenamiento, el director de una empresa y el empleado de una compañía pueden terminar compartiendo el mismo tatami y aprendiendo uno del otro.
No es casual que algunas academias estén comenzando a presentar el jiu-jitsu como una actividad que va más allá del deporte competitivo. La oferta incluye entrenamiento para adultos, defensa personal, modalidades con y sin kimono y programas dirigidos a distintos niveles de experiencia.
En Asunción, por ejemplo, academias especializadas ofrecen entrenamientos regulares de Brazilian Jiu-Jitsu para adultos y modalidad No-Gi, demostrando que existe una estructura comercial alrededor de la práctica recreativa y deportiva.
La disciplina también tiene una ventaja frente a otros deportes de combate: el objetivo no es golpear al adversario. El sistema se basa principalmente en control, posiciones, derribos, estrangulaciones y llaves articulares, con mecanismos de rendición que permiten detener el combate antes de que se produzca una lesión grave.
Ese componente hace que pueda resultar atractivo para adultos que no necesariamente quieren practicar deportes de contacto basados en golpes.
Sin embargo, reducir el jiu-jitsu a una actividad “sin golpes” sería simplificar demasiado. El entrenamiento puede ser físicamente exigente y requiere preparación, técnica, supervisión y respeto estricto por las reglas de seguridad. Caídas, torsiones y esfuerzos intensos forman parte de la práctica, por lo que una enseñanza adecuada resulta fundamental.
El crecimiento paraguayo también tiene una explicación deportiva. En mayo de 2026, el presidente de la Federación Paraguaya de Jiu-Jitsu, Lionel Bareiro, señaló que el número de torneos había aumentado considerablemente. Según explicó, la federación pasó de organizar aproximadamente un campeonato cada dos meses a realizar uno o dos eventos mensuales en Asunción, Gran Asunción y ciudades del interior.
La participación también creció. Los campeonatos habituales reúnen aproximadamente 150 a 180 atletas, mientras que eventos internacionales de mayor dimensión pueden multiplicar esa cifra. La federación había previsto para el AJP Tour Paraguay una participación de entre 450 y 500 competidores, con representantes de alrededor de 15 países.
Ese crecimiento competitivo genera un efecto de arrastre. Cuando una disciplina comienza a producir campeones y eventos de mayor escala, aumenta su visibilidad, aparecen nuevos patrocinadores y más personas se interesan por comenzar a practicarla.
El ejemplo más reciente es Sergio Villasanti, quien en 2026 consiguió el bicampeonato en el Campeonato Brasileño de Jiu-Jitsu. El resultado tuvo una repercusión particular porque Brasil continúa siendo una de las principales potencias mundiales de esta disciplina y un escenario de enorme exigencia competitiva.
Pero Villasanti no es el único caso. La Secretaría Nacional de Deportes reconoció en enero de 2026 a Pámela Carolina Bóbeda Aguirre, primera mujer paraguaya en alcanzar el cinturón negro y campeona mundial de la Federación Internacional de Brazilian Jiu-Jitsu. Bóbeda consiguió además repetir el título mundial en diciembre de 2025, después de haber conquistado el campeonato de 2024.
Estos resultados modifican la percepción de la disciplina. Para alguien que nunca practicó jiu-jitsu, ver a paraguayos compitiendo y ganando en Brasil o en campeonatos mundiales puede convertir un deporte relativamente desconocido en una alternativa atractiva.
La expansión tampoco se limita a los adultos. La Federación Paraguaya de Jiu-Jitsu señala un crecimiento importante de la práctica infantil, mientras que los entrenadores destacan que los niños suelen percibir el entrenamiento como una actividad dinámica y lúdica.
La llegada de nuevas generaciones es importante porque permite construir una base deportiva a largo plazo. Un niño que comienza a entrenar a los 7 u 8 años puede llegar a la adolescencia con una formación técnica considerable y, eventualmente, decidir si quiere competir o continuar practicando de manera recreativa.
Para los adultos, el recorrido es diferente. Muchos llegan al jiu-jitsu después de años de vida sedentaria o de rutinas laborales intensas. La disciplina les ofrece una estructura de entrenamiento donde la progresión no depende únicamente de cuánto peso pueden levantar o cuántos kilómetros pueden correr.
Aquí aparece uno de los aspectos más particulares del sistema de graduación por cinturones. El progreso es lento y acumulativo. Un principiante debe aprender posiciones básicas, defensa, escapes y controles antes de avanzar hacia técnicas más complejas.
Esa progresión puede resultar especialmente atractiva para profesionales acostumbrados a trabajar con objetivos de mediano y largo plazo. En el jiu-jitsu, la mejora suele medirse en meses y años, no en una semana.
También existe un componente de humildad. Un empresario acostumbrado a tomar decisiones y dirigir equipos puede encontrarse, durante sus primeros entrenamientos, en una situación donde una persona físicamente más pequeña o con menos edad consigue controlarlo gracias a una técnica que todavía desconoce.
El tatami elimina rápidamente muchas de las jerarquías que existen fuera de él.
Eso puede explicar por qué algunas personas terminan desarrollando una relación mucho más profunda con el deporte de la que inicialmente esperaban. Lo que comienza como una actividad física puede convertirse en una comunidad, una rutina semanal y una forma de administrar el estrés.
El componente social también tiene una dimensión empresarial. Las academias reúnen profesionales de distintas áreas y crean espacios donde se generan relaciones personales que, en algunos casos, pueden trasladarse posteriormente al mundo de los negocios.
No significa que el jiu-jitsu sea una herramienta automática para conseguir clientes o cerrar contratos. Su valor está más bien en generar redes humanas basadas primero en la convivencia y el respeto, algo que posteriormente puede producir vínculos profesionales de manera natural.
Esa característica diferencia al deporte de determinados espacios de networking empresarial donde el objetivo comercial está explícito desde el primer momento.
En el tatami, la relación comienza de otra manera: alguien necesita un compañero para entrenar, ambos se ayudan a mejorar y con el tiempo construyen confianza. El negocio, si aparece, es secundario.
La expansión de la disciplina también está generando una pequeña industria alrededor del deporte. Academias, indumentaria especializada, torneos, seminarios, preparación física, nutrición, viajes para competir y patrocinio forman parte de un ecosistema que crece a medida que aumenta el número de practicantes.
La propia Secretaría Nacional de Deportes ha acompañado eventos vinculados al jiu-jitsu. En 2024, por ejemplo, la institución respaldó la realización de una Masterclass de Brazilian Jiu-Jitsu con el campeón mundial Tainan Dalpra y destacó el crecimiento de la disciplina en Paraguay.
La Federación Paraguaya de Jiu-Jitsu, además, cuenta actualmente con plataformas para organizar torneos, rankings nacionales, academias afiliadas y programas de desarrollo, una señal de que el deporte está avanzando hacia una estructura institucional más profesionalizada.
Ese proceso resulta importante porque el crecimiento de una disciplina no puede depender exclusivamente del entusiasmo de sus practicantes. Para consolidarse necesita reglamentos, formación de entrenadores, categorías, arbitraje, competencias regulares, sistemas de ranking y vías de representación internacional.
Paraguay parece estar construyendo progresivamente esa estructura.
El siguiente desafío será conseguir que el crecimiento recreativo y competitivo se traduzca también en mayor apoyo privado. Los atletas que compiten internacionalmente enfrentan gastos de viajes, inscripción, alojamiento, preparación física y equipamiento que muchas veces deben cubrir con recursos propios.
La historia de Belén Salinas, medallista mundial paraguaya, muestra esa dificultad. Después de conquistar el bronce en el Mundial de Jiu-Jitsu 2025 en São Paulo, la atleta planteó la necesidad de conseguir mayor respaldo económico y patrocinadores para continuar compitiendo en torneos internacionales.
Esto abre otra oportunidad para el sector empresarial. Si el jiu-jitsu continúa ampliando su público entre profesionales y empresarios, también puede convertirse en un espacio interesante para marcas deportivas, empresas de salud, alimentación, tecnología, servicios financieros y otros patrocinadores.
La disciplina tiene además una ventaja comercial: no depende exclusivamente del calendario de grandes eventos. Una academia puede mantener actividad durante todo el año, con alumnos recreativos que pagan una membresía mensual aunque nunca participen en una competencia.
Eso convierte al practicante amateur en una pieza central del negocio.
Y probablemente ahí esté ocurriendo el cambio más importante. El jiu-jitsu paraguayo ya no necesita que todos sus practicantes quieran ser campeones para crecer.
Puede crecer porque una persona de 40 años quiere mejorar su estado físico, porque un empresario busca desconectarse de la oficina durante una hora, porque un profesional quiere aprender defensa personal o porque alguien simplemente encontró una comunidad en la que disfruta entrenar.
El deporte competitivo seguirá siendo el escaparate más visible. Las medallas internacionales ayudan a construir prestigio y atraen nuevos practicantes. Pero detrás de esos campeones existe una base mucho más amplia de personas que entrenan sin subir nunca a un podio.
Ese mercado silencioso puede terminar siendo el verdadero motor económico de la disciplina.
El jiu-jitsu, en definitiva, está dejando de presentarse únicamente como una actividad para luchadores. En Paraguay comienza a consolidarse también como una herramienta de bienestar, disciplina, socialización y desarrollo personal para adultos que viven bajo presión profesional.
La paradoja es interesante: una disciplina nacida para resolver combates puede terminar siendo utilizada por empresarios y profesionales precisamente para aprender a manejar mejor los conflictos, la presión y la incertidumbre de la vida cotidiana.
Y quizás por eso el crecimiento del jiu-jitsu paraguayo no se mida solamente por cuántas medallas consiga el país.
También habrá que mirar cuántos profesionales dejan el traje y se ponen el kimono para descubrir que, durante una hora, el cargo, la empresa y la agenda quedan fuera del tatami.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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