El médico forense Carlos Mauricio Cassinelli, uno de los especialistas que intervino en el análisis de la muerte de Diego Armando Maradona, declaró ante el tribunal que el exfutbolista presentaba varios signos compatibles con una insuficiencia cardíaca durante los días previos a su fallecimiento y sostuvo que esas señales debieron haber provocado controles médicos más rigurosos, una consulta especializada o incluso una internación hospitalaria. La declaración se produjo en una etapa decisiva del segundo juicio por la muerte del astro argentino, donde la Justicia intenta determinar si siete profesionales de la salud incurrieron en una conducta penalmente reprochable al atenderlo durante su internación domiciliaria. Cassinelli afirmó que había edema en las piernas, falta de aire, ronquidos, hipertensión, taquicardia y alteraciones en la eliminación de líquidos, signos que, considerados en conjunto con los antecedentes cardíacos de Maradona, constituían señales de alarma que no debían ser ignoradas.
La declaración de Cassinelli adquiere especial importancia porque no se trata simplemente de una opinión médica formulada a partir de los acontecimientos posteriores. El especialista fue coordinador de la Junta Médica Interdisciplinaria creada para analizar las circunstancias del fallecimiento y explicó que las conclusiones fueron elaboradas mediante un trabajo conjunto de más de veinte profesionales de distintas especialidades. Según su testimonio, la junta tuvo acceso a las historias clínicas y a los antecedentes médicos disponibles de Maradona.
El perito sostuvo ante los jueces que la muerte no puede analizarse como un episodio cardíaco completamente inesperado. Según su reconstrucción, Maradona atravesaba un proceso de deterioro que podía haber sido detectado antes del desenlace. Cassinelli afirmó que la evidencia disponible permite sostener que murió como consecuencia de una insuficiencia cardíaca congestiva acompañada de edema agudo de pulmón, dentro de un cuadro que ya presentaba señales de descompensación.
La explicación médica resulta central para entender el debate judicial. En una persona con insuficiencia cardíaca, el corazón pierde capacidad para bombear sangre de manera adecuada y el organismo puede comenzar a retener líquidos. Esa acumulación puede manifestarse mediante edemas en las extremidades, aumento de peso, dificultades respiratorias y otros cambios fisiológicos. La literatura médica reconoce el edema periférico, la disnea y la taquicardia entre los signos que pueden acompañar una descompensación cardíaca.
En el caso de Maradona, Cassinelli puso el foco precisamente en la combinación de señales. El edema de las piernas no habría sido un fenómeno aislado: estaba acompañado, según el testimonio, por falta de aire, ronquidos, hipertensión, taquicardia y alteraciones en la diuresis. Para el especialista, el conjunto debía haber encendido una señal de alarma suficientemente clara como para realizar una evaluación presencial y determinar si el paciente podía continuar en su domicilio.
El corazón de Maradona ya presentaba una enfermedad grave
La autopsia realizada después de la muerte de Maradona había revelado previamente una alteración cardíaca importante. Cassinelli ya había explicado durante el primer proceso judicial que el corazón del exfutbolista pesaba más del doble de lo considerado normal y presentaba una miocardiopatía dilatada.
La miocardiopatía dilatada es una enfermedad en la que las cavidades cardíacas se agrandan y el músculo pierde capacidad para contraerse adecuadamente. En el caso de Maradona, la junta médica consideró que existía una enfermedad cardíaca crónica que podía descompensarse y que requería seguimiento y tratamiento.
El perito volvió a señalar durante la audiencia que Maradona tenía antecedentes complejos y que, según la información analizada, su corazón no podía considerarse normal. También sostuvo que la insuficiencia cardíaca podía encontrarse compensada durante determinados períodos, pero que el paciente necesitaba medicación y controles adecuados para mantener esa estabilidad.
La situación adquiere mayor relevancia porque, de acuerdo con el testimonio incorporado al proceso, Maradona habría dejado de tomar poco antes de su muerte un medicamento utilizado para controlar la hipertensión arterial. Cassinelli señaló que los profesionales que estaban a cargo de la atención domiciliaria debían conocer integralmente sus antecedentes y valorar las consecuencias de cualquier modificación del tratamiento.
La internación domiciliaria que quedó bajo la lupa
Maradona fue sometido a una cirugía por un hematoma subdural en noviembre de 2020 y posteriormente fue trasladado a una vivienda ubicada en el barrio privado San Andrés, en Tigre, para continuar su recuperación.
Ese traslado se convirtió en uno de los puntos centrales de la investigación. La acusación sostiene que la internación domiciliaria no contó con las condiciones necesarias para responder a la evolución del estado de salud del paciente y que las señales de deterioro no recibieron una respuesta médica adecuada.
El nuevo juicio comenzó en abril de 2026 después de que el primer proceso fuera declarado nulo debido al escándalo relacionado con la actuación de la exjueza Julieta Makintach. El segundo debate comenzó prácticamente desde cero y tiene como objetivo determinar la eventual responsabilidad penal de siete profesionales.
Entre los acusados se encuentran el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz, la médica Nancy Forlini, el médico clínico Pedro Di Spagna, el coordinador de enfermeros Mariano Perroni y el enfermero Ricardo Almirón. Todos enfrentan la acusación de homicidio simple con dolo eventual.
¿Qué significa que los síntomas pudieron haberse detectado?
Este punto puede ser determinante para el juicio.
La cuestión no consiste únicamente en establecer de qué murió Maradona. La causa judicial busca determinar si quienes estaban a cargo de su atención podían prever el deterioro y tenían la obligación profesional de intervenir.
Cassinelli sostuvo que determinadas medidas relativamente básicas podían haber permitido detectar la evolución del cuadro: control de la presión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, balance de líquidos y peso diario. También afirmó que, si el paciente se negaba a determinados controles, el equipo debía comunicar la situación y adoptar otras medidas para garantizar una evaluación adecuada.
La declaración es importante porque transforma la discusión judicial. La pregunta deja de ser solamente si Maradona tenía una enfermedad grave y pasa a ser si los profesionales que lo atendían tenían suficiente información para advertir que esa enfermedad estaba entrando en una fase de descompensación.
El edema y los cuatro litros y medio de líquido
Uno de los elementos que más llamó la atención en los análisis forenses fue la cantidad de líquido acumulado en el organismo.
Durante una declaración anterior, Cassinelli explicó que la autopsia encontró aproximadamente cuatro litros y medio de líquido acumulado, de los cuales alrededor de tres litros estaban en la cavidad abdominal. El especialista señaló entonces que ese volumen no podía formarse de manera repentina y estimó que el proceso había comenzado al menos varios días antes del fallecimiento.
Ahora, en la nueva etapa del juicio, el perito volvió sobre la misma cuestión desde una perspectiva diferente: el edema y la retención de líquidos no serían únicamente hallazgos posteriores a la muerte, sino que existían manifestaciones externas que podían haber sido observadas mientras Maradona todavía estaba vivo.
La diferencia es jurídicamente significativa. Una cosa es descubrir una enfermedad durante una autopsia y otra es determinar que existían signos clínicos visibles que podían haber permitido intervenir antes.
Los últimos días y el deterioro progresivo
Cassinelli sostuvo que el proceso de descompensación no comenzó necesariamente durante las últimas horas de vida. En análisis anteriores había explicado que la acumulación de líquido observada en el cuerpo requería un proceso progresivo y que determinados cambios podían haber comenzado al menos diez días antes de la muerte.
Esto coincide con una de las líneas centrales que la acusación intenta demostrar: que Maradona no murió simplemente como consecuencia de un episodio imprevisible, sino después de atravesar un deterioro progresivo durante su internación domiciliaria.
La fiscalía ya había planteado desde el comienzo del segundo juicio que el deterioro podía observarse antes del fallecimiento y que existieron múltiples señales de alarma. La declaración de Cassinelli proporciona ahora una explicación médico-forense para esa hipótesis.
La cuestión de las últimas 12 horas
Otro elemento que vuelve a aparecer en el proceso es la posible duración de la agonía.
Cassinelli había explicado anteriormente que, debido a la ausencia de controles desde aproximadamente las 00:30 del 25 de noviembre de 2020, no podía establecerse con precisión el momento exacto en que comenzó la fase terminal. Sin embargo, consideró posible que Maradona hubiera permanecido hasta 12 horas en un proceso de agonía antes de su muerte.
La cuestión es especialmente relevante porque el llamado al servicio de emergencias se produjo después del mediodía. Si la hipótesis de una agonía prolongada fuera confirmada judicialmente, significaría que existió un período considerable durante el cual el estado de Maradona pudo haber sido observado y evaluado.
No obstante, es importante distinguir entre una conclusión médico-forense y una responsabilidad penal. Que un paciente presente signos que pudieron ser detectados no demuestra por sí solo que una persona determinada haya cometido un delito. Esa relación causal deberá ser establecida por el tribunal a partir del conjunto de pruebas.
El antecedente de la Junta Médica
La Junta Médica que estudió el caso después de la muerte de Maradona concluyó que el equipo médico había actuado de manera deficiente y que existían circunstancias que podían haber ofrecido al paciente mayores posibilidades de supervivencia si hubiese recibido otro tipo de atención.
Durante el primer proceso judicial, diferentes peritos describieron lesiones y alteraciones en órganos vitales, incluyendo corazón, pulmones e hígado, además de un edema generalizado. Los testimonios fueron utilizados para reconstruir la evolución de las últimas horas de vida.
La nueva audiencia no parte, por tanto, de una investigación completamente nueva sobre la causa médica de la muerte. El tribunal está revisando nuevamente una enorme cantidad de evidencia después de la nulidad del primer juicio y deberá determinar qué valor probatorio tiene cada testimonio.
Antes: una enfermedad cardíaca que podía estar compensada
Antes de la operación cerebral de noviembre de 2020, Maradona ya tenía una historia clínica compleja. Había atravesado problemas relacionados con su salud cardiovascular, además de otras patologías y antecedentes que exigían seguimiento.
El punto central señalado por Cassinelli es que una miocardiopatía dilatada no desaparece simplemente porque el paciente atraviese un período de estabilidad. Puede permanecer compensada y posteriormente descompensarse ante determinadas circunstancias.
Por eso, el tratamiento de una persona con este tipo de enfermedad requiere controlar signos vitales, síntomas, medicación y evolución del peso y de los líquidos. En un paciente que además se encuentra recuperándose de una intervención neuroquirúrgica, la vigilancia adquiere todavía mayor importancia.
Ahora: la Justicia vuelve a reconstruir las últimas semanas
El segundo juicio busca determinar qué ocurrió entre la operación por el hematoma subdural y el fallecimiento de Maradona el 25 de noviembre de 2020.
La declaración de Cassinelli llega en una fase particularmente importante: la etapa destinada a escuchar nuevamente a los especialistas que analizaron la autopsia y las circunstancias médicas del fallecimiento. La acusación intenta demostrar que las señales de deterioro eran visibles y que el equipo médico tenía herramientas para actuar.
Las defensas, por su parte, tendrán la posibilidad de cuestionar las conclusiones de los peritos, discutir la interpretación de los síntomas y sostener sus propias explicaciones sobre la evolución clínica del paciente.
Después: una decisión que tendrá consecuencias mucho más allá de Maradona
El desenlace del juicio no solo determinará si los acusados son condenados o absueltos. También establecerá un precedente relevante sobre la responsabilidad médica en las internaciones domiciliarias de pacientes complejos.
La pregunta que atraviesa el proceso es hasta dónde llega la obligación de un equipo médico cuando un paciente permanece en su domicilio después de una intervención. ¿Qué controles son indispensables? ¿Quién debe coordinar la atención? ¿Qué ocurre cuando el paciente se niega a colaborar? ¿Cuándo una señal de alarma obliga a trasladarlo nuevamente a un hospital?
En el caso Maradona, estas preguntas adquieren una dimensión extraordinaria porque se trata de uno de los personajes más conocidos de la historia argentina y porque su muerte generó una investigación judicial de alcance internacional.
La declaración de Cassinelli vuelve a colocar el foco en una idea fundamental: la insuficiencia cardíaca no necesariamente aparece de forma instantánea. Puede avanzar mediante señales que, tomadas individualmente, parecen menores, pero que adquieren otra dimensión cuando aparecen juntas en un paciente con una enfermedad cardíaca conocida.
El tribunal deberá ahora determinar si esas señales fueron suficientemente claras, quién tenía la obligación de identificarlas, qué medidas debían adoptarse y, sobre todo, si las presuntas omisiones tuvieron una relación causal jurídicamente relevante con la muerte de Diego Maradona.
Cinco años después de aquel 25 de noviembre de 2020, la pregunta central continúa siendo la misma, pero la evidencia médica que llega ahora al tribunal es cada vez más específica: ¿Maradona estaba destinado a morir aquel día o existió una ventana de oportunidad médica que pudo haber cambiado el desenlace? La respuesta será una de las claves para determinar el futuro judicial de los siete profesionales acusados.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
- ★ESTADOS UNIDOS: El estrés infantil puede dejar una “cicatriz” molecular en el cerebro y alterar la respuesta al estrés durante la vida adulta
- ★REINO UNIDO: Tres minutos de actividad intensa al día podrían reducir el riesgo de cáncer, según un estudio que siguió a más de 59.000 personas
- ★¿Es seguro dormir con perros o gatos? La ciencia encuentra beneficios, pero también riesgos que dependen de la salud y los hábitos de cada hogar
- ★ESTADOS UNIDOS: Marco Rubio asegura que Cuba avanzará hacia un “futuro muy diferente” antes de que termine el mandato de Trump
- ★JAPÓN: La tragedia del vuelo 123 de Japan Airlines, 520 muertos, cuatro sobrevivientes y una falla que permaneció oculta durante siete años


