La cantante colombiana Shakira expresó su solidaridad con las víctimas del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el lunes 10 de agosto y que, al cierre de esta edición, deja al menos 132 personas fallecidas y unas 570 heridas, según los últimos balances difundidos. La artista, una de las figuras colombianas con mayor reconocimiento internacional, utilizó sus redes sociales para enviar un mensaje de apoyo a las familias afectadas y a un país que enfrenta una de las emergencias sísmicas más graves de los últimos años. Su reacción se produjo mientras los equipos de rescate continúan trabajando entre edificios dañados, viviendas destruidas y zonas donde las comunicaciones y los servicios básicos resultaron afectados. El Servicio Geológico Colombiano confirmó que el movimiento principal alcanzó magnitud 7,4 y tuvo su epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó, a una profundidad de 103 kilómetros.
La reacción de Shakira adquirió una dimensión especial por su vínculo personal con el país. Nacida en Barranquilla, la artista ha mantenido durante décadas una relación estrecha con Colombia y, además de su carrera musical, ha desarrollado proyectos sociales destinados principalmente a la educación y la infancia mediante la Fundación Pies Descalzos.
En su mensaje difundido después del terremoto, la cantante manifestó su dolor por lo ocurrido y expresó su respaldo a las personas afectadas. Su publicación se sumó a una cadena de mensajes de solidaridad de otras figuras colombianas como Maluma, J Balvin, Carlos Vives, Juanes y Camilo, quienes también utilizaron sus plataformas para acompañar a las víctimas.
La declaración de Shakira, sin embargo, llegó en medio de una emergencia que rápidamente dejó de ser un acontecimiento estrictamente sísmico para convertirse en una crisis humanitaria de alcance nacional. El balance de víctimas continuaba aumentando durante las primeras horas y días posteriores al terremoto, a medida que los organismos de socorro ingresaban a zonas afectadas y se confirmaban personas fallecidas que inicialmente habían sido reportadas como desaparecidas.
El Servicio Geológico Colombiano registró el movimiento principal a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, con magnitud 7,4 y una profundidad de 103 kilómetros, con epicentro en San José del Palmar, Chocó. Poco después se registró otro movimiento de magnitud 4,8 en la misma zona, a las 8:18 de la mañana.
La profundidad del terremoto es uno de los elementos que los especialistas deberán estudiar con especial atención. Un sismo de magnitud 7,4 libera una enorme cantidad de energía, pero la profundidad, el tipo de suelo, la distancia respecto de los centros urbanos y la calidad de las construcciones determinan en buena medida el nivel de destrucción.
La tragedia golpeó con particular fuerza al Eje Cafetero y al suroccidente colombiano, con reportes de afectaciones importantes en Pereira, Cali, Armenia, Manizales y municipios del Chocó y Valle del Cauca. La emergencia también provocó interrupciones en servicios de comunicación y electricidad, dificultando durante las primeras horas el contacto entre familias y organismos de rescate.
Un terremoto que volvió a poner a Colombia frente a su historia sísmica
Colombia no es un país ajeno a los terremotos. Su ubicación geográfica la convierte en uno de los territorios sísmicamente activos de América del Sur debido a la interacción de diferentes placas tectónicas y sistemas de fallas.
La historia reciente demuestra que algunos de los terremotos más destructivos del país se han concentrado precisamente en regiones que hoy vuelven a aparecer entre las más afectadas.
En 1999, el terremoto del Eje Cafetero provocó una de las mayores tragedias naturales de la Colombia contemporánea. El desastre destruyó amplias zonas de Armenia y produjo enormes pérdidas humanas y materiales, obligando al país a revisar sus normas de construcción y sus sistemas de respuesta ante emergencias.
Décadas antes, el terremoto de 1962 afectó sectores de Antioquia, Caldas, Risaralda y Valle del Cauca, provocando derrumbes y daños estructurales importantes. El epicentro se ubicó en la zona de Pueblo Rico, Risaralda, y el movimiento fue sentido en una amplia región del territorio nacional.
La repetición histórica demuestra que el terremoto de 2026 no debe interpretarse como un fenómeno completamente inesperado. Lo que cambia es la concentración urbana, la expansión de las ciudades y la cantidad de infraestructura expuesta.
El riesgo no depende solamente de la magnitud
Una de las principales enseñanzas de los grandes terremotos es que la magnitud por sí sola no determina el número de víctimas.
La profundidad del movimiento, la distancia entre el epicentro y las ciudades, el tipo de suelo, la calidad de las edificaciones y la preparación de la población son factores decisivos.
Un terremoto de gran magnitud en una región poco poblada puede causar menos víctimas que otro de menor magnitud ubicado cerca de una ciudad densamente poblada y con edificaciones vulnerables.
En el caso colombiano, la situación se complica porque existen ciudades con sectores modernos construidos bajo normas sísmicas relativamente estrictas y, al mismo tiempo, barrios con viviendas antiguas o construidas informalmente.
Ese contraste puede explicar por qué un mismo terremoto produce daños muy diferentes entre municipios relativamente cercanos.
El balance de víctimas continúa cambiando
Durante las primeras horas posteriores al terremoto, las autoridades habían informado cifras mucho menores. Sin embargo, el número de fallecidos aumentó progresivamente a medida que avanzaron las labores de rescate.
Los últimos balances publicados el 11 de agosto elevaban a 132 los muertos y a unos 570 los heridos, mientras continuaban las operaciones de búsqueda de personas desaparecidas. Algunos reportes también señalaban decenas de personas aún sin localizar, por lo que las autoridades mantienen abierta la posibilidad de que el balance vuelva a cambiar.
Este tipo de evolución es habitual después de un terremoto de gran magnitud. Durante las primeras horas, los organismos de emergencia trabajan principalmente con información fragmentada. Hay zonas incomunicadas, edificios que no pueden ser inspeccionados inmediatamente y familias que permanecen sin contacto con sus allegados.
Por eso, los primeros balances nunca deben considerarse definitivos.
Pereira, Cali y otras ciudades enfrentan una segunda emergencia
El terremoto también provocó una emergencia urbana. Edificios afectados, viviendas parcialmente destruidas, calles bloqueadas por escombros y cortes de servicios obligaron a miles de personas a abandonar temporalmente sus hogares.
En algunas ciudades, la población permaneció durante horas en calles y espacios abiertos por temor a nuevas réplicas.
La infraestructura hospitalaria se convirtió en otro punto crítico. El incremento simultáneo de personas heridas obliga a los centros médicos a reorganizar recursos, camas, personal y medicamentos.
La respuesta sanitaria es particularmente compleja cuando el propio sistema de salud se encuentra dentro de la zona afectada y puede sufrir daños en su infraestructura o interrupciones de electricidad y comunicaciones.
Las réplicas mantienen el riesgo
Después de un terremoto de magnitud 7,4, la posibilidad de nuevas réplicas constituye uno de los principales riesgos durante las horas y días siguientes.
El problema no es únicamente que una réplica pueda provocar nuevos daños directamente. Una estructura que ya quedó debilitada por el primer movimiento puede colapsar posteriormente incluso ante un sismo de menor magnitud.
Por eso, los organismos de emergencia han insistido en que la población no debe regresar a edificios que presenten daños estructurales hasta que sean inspeccionados por personal especializado.
El Servicio Geológico Colombiano mantiene el seguimiento de la actividad sísmica y publica los eventos registrados para permitir que las autoridades y la población conozcan la evolución del fenómeno.
Shakira y el papel de los artistas en una tragedia nacional
La participación de Shakira en este momento tiene también una dimensión social.
Los grandes artistas poseen una capacidad de comunicación que puede alcanzar a millones de personas en cuestión de minutos. En situaciones de desastre, sus mensajes pueden ayudar a amplificar campañas de solidaridad, promover donaciones y mantener la atención pública sobre las necesidades de las víctimas.
En Colombia esto ya ocurrió en otras emergencias. Shakira ha utilizado anteriormente su plataforma internacional para apoyar causas relacionadas con educación, infancia y ayuda humanitaria.
Por esa razón, su mensaje después del terremoto no debe interpretarse únicamente como una declaración de una celebridad. En una emergencia de esta magnitud, la participación de figuras públicas puede convertirse en un mecanismo adicional para mantener la solidaridad nacional e internacional.
La cantante, además, no fue la única personalidad colombiana que reaccionó. Maluma, J Balvin, Carlos Vives, Juanes y otros artistas expresaron mensajes de apoyo al país mientras avanzaban las operaciones de rescate.
Antes, ahora y después: el verdadero desafío comienza cuando termina el rescate
El terremoto tendrá tres etapas claramente diferenciadas.
La primera es la emergencia inmediata: rescatar sobrevivientes, localizar desaparecidos, atender heridos, recuperar cuerpos y garantizar alimentos, agua, medicamentos y refugio.
La segunda será la evaluación de daños. Miles de viviendas, edificios públicos, hospitales, escuelas, carreteras y redes de servicios deberán ser inspeccionados para determinar cuáles pueden ser reparados y cuáles tendrán que ser demolidos.
La tercera será mucho más larga: la reconstrucción.
La experiencia de terremotos anteriores demuestra que reconstruir una ciudad puede llevar años. El desafío no consiste únicamente en levantar nuevamente las paredes destruidas, sino en recuperar empleos, escuelas, negocios, infraestructura sanitaria, redes de transporte y la estabilidad emocional de las familias que perdieron sus viviendas o a sus seres queridos.
La pregunta que queda para Colombia
La tragedia también obligará a revisar cuánto ha avanzado realmente el país en materia de prevención sísmica.
Colombia dispone de normas de construcción sismorresistente y de organismos especializados, pero la existencia de una normativa no garantiza que todas las edificaciones existentes hayan sido construidas bajo los mismos estándares.
El terremoto de 2026 puede convertirse en una nueva oportunidad para identificar las zonas donde las construcciones antiguas presentan mayor vulnerabilidad y acelerar programas de reforzamiento estructural.
También será necesario revisar los sistemas de comunicación de emergencia, los planes de evacuación, la capacidad hospitalaria y la coordinación entre municipios, departamentos y Gobierno nacional.
Porque la verdadera dimensión de un terremoto no se mide solamente por la magnitud registrada por los sismógrafos. Se mide por la capacidad de una sociedad para resistir el primer impacto, rescatar a sus ciudadanos y reconstruir después.
Shakira expresó su solidaridad con una frase que resume el sentimiento de millones de colombianos ante la tragedia: su fuerza y su amor están con el país. Pero mientras los mensajes de apoyo recorren las redes sociales, miles de familias enfrentan una realidad mucho más concreta: la búsqueda de familiares, la pérdida de sus hogares y la incertidumbre sobre lo que ocurrirá cuando desaparezca el polvo de los edificios derrumbados.
El terremoto de magnitud 7,4 ya forma parte de la historia sísmica de Colombia. Ahora comienza la etapa más difícil: convertir la emergencia en recuperación, reconstruir las comunidades afectadas y aprender de la tragedia para reducir el impacto de la próxima gran sacudida.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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