
«Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?».
El grito de abandono es uno de los versículos más profundos y controvertidos de las Escrituras. ¿Qué significa? ¿Y qué le sucedió a la Trinidad en ese momento? El abandono de Cristo no fue solo lenguaje poético, por lo que plantea profundos retos para nuestra comprensión de la salvación y de quién es Dios.
Probablemente ya te hayas planteado estas preguntas antes.
Lo curioso es que este grito de abandono solo aparece tres veces en la Biblia. Mateo 27:46 y Marcos 15:34 lo mencionan como la única frase de Cristo que recogen desde la cruz, y es una cita del Salmo 22:1. Por lo demás, el grito no se menciona explícitamente en ningún otro lugar de la Biblia.
Al proferir el grito de abandono, el Hijo fue verdaderamente abandonado por el Padre, pero solo en Su naturaleza humana, no en Su divinidad. Esta es la interpretación ortodoxa histórica de este clamor, pero para comprender lo que significa, necesitamos entender mejor la Trinidad, la encarnación y la diferencia entre persona y naturaleza.
Uno de los miembros de la Trinidad se hizo uno de nosotros
Siempre debemos comenzar con lo que es claro y fundamental en las Escrituras para interpretar lo que no lo es. Por eso partimos de los fundamentos de Dios y de la encarnación. Seguiremos la enseñanza de las Escrituras sintetizada en los credos, en particular el de Calcedonia (451 d. C.).
Hay un solo Dios (Dt 6:4). Él es simple (no está compuesto de partes, Éx 3:14), inmutable (inalterable, Stg 1:17), impasible (no puede sufrir, Mal 3:6) y eterno (no está sujeto al tiempo, Dt 33:27).
El único Dios existe en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre es Dios (Ef 1:3), el Hijo es Dios (2 P 1:1) y el Espíritu Santo es Dios (Hch 5:3-4). Estas tres personas son el único Dios.
El Hijo fue verdaderamente abandonado por el Padre, pero solo en Su naturaleza humana, no en Su divinidad
Entonces, pasemos a la encarnación. Dios Hijo asumió la naturaleza humana en unión con Su naturaleza divina. Una sola persona en dos naturalezas (Fil 2:6-8). Por último, llegamos a la cruz y al grito de abandono pronunciado por el Hijo encarnado a Su Padre.
Una hermosa continuidad se hace evidente en la progresión desde la Trinidad (un solo Dios en tres Personas) hasta la encarnación (una sola Persona en dos naturalezas). Esta progresión nos da pistas sobre cómo entender ese clamor. Dios Hijo fue verdaderamente abandonado por el Padre en la cruz, pero ese abandono se limitó a la humanidad del Hijo en la encarnación.
Desglosemos esta afirmación y veamos cómo se desarrolla en los evangelios.
El “qué” y el “quién”
Hemos hablado de personas y naturalezas, pero ¿cuál es la diferencia? Esta pregunta afecta a nuestra comprensión de la Trinidad (un solo Dios en tres Personas) y de la encarnación (una sola Persona en dos naturalezas, humana y divina), así como a la doctrina de la humanidad. Daremos unas breves definiciones y luego las aplicaremos.
Para simplificar las cosas, podemos decir que una naturaleza es el «qué» de una cosa. Una persona es mucho más difícil de definir, pero, de nuevo, lo simplificaremos diciendo que una persona es una forma única y relacional de ser una naturaleza. Podemos decir que la naturaleza es la respuesta a la pregunta «¿qué?», mientras que la persona es la respuesta a la pregunta «¿quién?».
En la Trinidad, la naturaleza divina es la «divinidad» de Dios; es lo que hace que Él sea Dios. Las Personas trinas son formas únicas y relacionales de ser la naturaleza divina. Es decir, Dios existe simultánea y permanentemente como Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la encarnación, el Hijo, que es una forma única y relacional de ser Dios, asume la naturaleza humana en unión consigo mismo. Para nosotros, nuestra naturaleza es humana, y tú y yo somos formas únicas y relacionales de ser humanos.
¿Puede Dios comer pan?
¿Cómo se aplica la diferencia entre persona y naturaleza en la Trinidad y la encarnación a lo que leemos sobre el Señor Jesús en los evangelios?
Cuando Jesús comió pan con Sus discípulos, ¿qué estaba ocurriendo realmente? ¿Estaba comiendo la naturaleza divina? No. ¿Por qué no? Porque la naturaleza divina no tiene cuerpo; es Espíritu (Jn 4:24). Pero ya hemos visto que Dios Hijo asumió la naturaleza humana en la encarnación y se hizo humano. Ahora la pregunta es mucho más sencilla. ¿Estaba comiendo la naturaleza divina? No, sino que era Dios Hijo quien comía según Su naturaleza humana. Pero a veces, como en algunos de los milagros y en la transfiguración, vemos claramente destellos de la divinidad de Cristo.
Resulta más claro si pensamos en nuestra propia experiencia. Cuando como pan, ¿qué está pasando? No decimos: «Mi cuerpo está comiendo pan». Simplemente decimos: «Estoy comiendo pan». Esto tiene sentido porque yo, como persona, tengo una naturaleza; soy humano (una persona en una naturaleza). No tiene sentido hablar de una persona que come sin una naturaleza («estoy comiendo, pero mi cuerpo no está involucrado») ni de una naturaleza que come sin una persona («mi cuerpo está comiendo, pero no estoy involucrado»). Yo como en mi naturaleza humana.
La misma lógica directa se aplica cuando pensamos en la encarnación. Solo que resulta más desafiante porque Jesús es una Persona en dos naturalezas: es plenamente Dios y plenamente hombre. Aquí no hay contradicción, ni tampoco paradoja. Pero es profundamente misterioso.
Podemos resumirlo diciendo que todo lo que le ocurre a cualquiera de las naturalezas de Cristo —ya sea la humana o la divina— le ocurre a la Persona. Es sumamente importante aquí enfatizar la plena unidad de Cristo. No podemos separar ni dividir Sus dos naturalezas, ni podemos confundirlas ni mezclarlas. Si lo hacemos, acabamos cayendo en una peligrosa herejía que compromete el evangelio. El Señor Jesucristo es el único Dios-hombre, el único Hijo unigénito de Dios encarnado.
Abandonado como uno de nosotros
Ahora podemos volver al grito de abandono, y espero que puedas ver adónde queremos llegar. Cuando Jesús clamó: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?», lo decía en serio. Se quedó desprotegido frente a todo el dolor físico atroz, a las fuerzas de las tinieblas y a la ira de Dios por nuestro pecado. A diferencia de lo ocurrido en el bautismo y la transfiguración de Cristo (Mt 3:17; 17:5), ahora no había ninguna voz reconfortante que viniera del cielo.
Sin embargo, podemos decir más. Dios Hijo fue abandonado —dejado sin defensa ante la ira de Dios—, pero solo con respecto a Su naturaleza humana. El apóstol Pedro lo captó a la perfección: «Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz» (1 P 2:24). Fue verdaderamente el Hijo quien fue abandonado, pero en Su cuerpo. La naturaleza divina no fue abandonada ni murió. Pero el Hijo fue abandonado y el Hijo murió en Su naturaleza humana.
El Dios impasible, en la persona del Hijo, asumió la naturaleza humana, sangró, fue abandonado y murió por nosotros y por nuestra salvación
Cuando entendemos así el clamor de abandono, defendemos la clara enseñanza de las Escrituras y de los credos de que Dios no puede sufrir, pero también hacemos justicia a la fuerza de las palabras de Cristo desde la cruz. Mantenemos la unidad perfecta e inquebrantable del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y podemos ver que el Hijo fue verdaderamente abandonado por el Padre, pero solo según Su humanidad (He 2:14-17).
La distinción entre personas y naturaleza en la Trinidad es crucial. Sin ella, no podemos evitar que el abandono y la muerte se infiltren en la propia naturaleza divina, incluso si decimos que Cristo fue abandonado según Su humanidad.
Para llegar a esta conclusión, hemos seguido un importante e histórico razonamiento lógico. La ortodoxia histórica clásica siempre parte de los fundamentos de la doctrina de Dios, la Trinidad, y se desarrolla hasta la obra de Cristo en la cruz. Este es el orden de los credos. Si lo hacemos al revés, distorsionamos la doctrina bíblica de Dios al enfocarla a través del prisma del sufrimiento humano.
Dios no puede sufrir ni cambiar en Su condición de Dios, y ahí es donde encontramos esperanza ante el sufrimiento. El Dios impasible, en la persona del Hijo, asumió la naturaleza humana, sangró, fue abandonado y murió por nosotros y por nuestra salvación.
En esta gran salvación, el Dios trino y perfecto habita en nosotros por medio del Espíritu Santo. No estamos abandonados; somos acogidos en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Publicado por: Thomas Brand
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/abandono-realmente-padre-hijo/
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