A 29 años de su muerte, la figura de Teresa de Calcuta continúa asociada a una de las historias de servicio más conocidas del siglo XX. Su recorrido comenzó en los Balcanes, pero fue en la India donde una experiencia espiritual durante un viaje en tren transformó definitivamente su vida y la llevó a dedicarla a los más pobres, enfermos y abandonados.
Nacida como Gonxha Agnes Bojaxhiu el 26 de agosto de 1910 en Skopie, entonces parte del Imperio otomano y actualmente capital de Macedonia del Norte, provenía de una familia de origen albanés. Desde muy joven manifestó interés por la vida religiosa y por el trabajo misionero. A los 18 años dejó su hogar y viajó a Irlanda para incorporarse a las Hermanas de Loreto, donde adoptó el nombre de Teresa en referencia a Santa Teresa de Lisieux. Poco después fue enviada a la India.
Su llegada a Calcuta el 6 de enero de 1929 marcó el comienzo de una relación que duraría toda su vida con la India. Durante aproximadamente dos décadas trabajó como profesora en la escuela de las Hermanas de Loreto y posteriormente llegó a ocupar el cargo de directora. Su vida, hasta entonces, transcurría principalmente dentro del ámbito educativo y religioso.
El punto de inflexión ocurrió el 10 de septiembre de 1946, durante un viaje en tren desde Calcuta hacia Darjeeling. Teresa describió posteriormente aquella experiencia como una “llamada dentro de la llamada”: una convicción espiritual que interpretó como una invitación a abandonar su vida relativamente protegida y salir al encuentro de quienes vivían en condiciones de extrema pobreza.
La experiencia no produjo un cambio inmediato. Durante casi dos años atravesó un proceso de discernimiento y obtuvo finalmente la autorización eclesiástica necesaria. En 1948 abandonó el convento de Loreto, comenzó a utilizar el sari blanco con borde azul que posteriormente se convertiría en uno de los símbolos más reconocibles de su congregación y se instaló en los barrios más pobres de Calcuta.
De una mujer sola a una organización mundial
Teresa comenzó atendiendo directamente a personas que encontraba en las calles y en los barrios marginales. Visitaba familias, cuidaba enfermos y acompañaba a personas que se encontraban en situaciones de extrema vulnerabilidad.
Poco a poco, algunas de sus antiguas alumnas se unieron a ella. El 7 de octubre de 1950, las Misioneras de la Caridad fueron reconocidas oficialmente en la arquidiócesis de Calcuta. Quince años después, en 1965, la congregación obtuvo reconocimiento de derecho pontificio, lo que facilitó su expansión internacional.
La organización comenzó a establecer comunidades fuera de la India y posteriormente llegó a numerosos países de Asia, África, Europa y América. Teresa también impulsó ramas masculinas, comunidades contemplativas y grupos de colaboradores laicos para ampliar el trabajo con personas pobres, enfermas y abandonadas.
La dimensión alcanzada por aquella iniciativa resulta significativa. Al momento de su muerte, en 1997, las Misioneras de la Caridad contaban con 3.842 religiosas distribuidas en 594 casas de 120 países, según los datos publicados por la Santa Sede.
El reconocimiento internacional llegó después
Durante los años de expansión de su obra, Teresa recibió numerosos reconocimientos. Entre ellos se encuentra el Premio Nobel de la Paz de 1979, concedido por su trabajo humanitario.
El reconocimiento internacional convirtió a la religiosa en una de las figuras más conocidas del siglo XX. Sin embargo, su mensaje continuó centrado en una idea sencilla: atender a quienes quedaban fuera de la sociedad y defender la dignidad de cada persona, especialmente de quienes carecían de recursos y apoyo.
Su figura también generó debates y críticas, particularmente en torno a algunos aspectos de sus posiciones religiosas y a las condiciones de determinadas instituciones vinculadas con su obra. Esa dimensión forma parte de la discusión histórica sobre su legado, aunque no modificó la enorme influencia que alcanzó su modelo de servicio.
Una vida marcada también por la oscuridad interior
Uno de los aspectos menos conocidos de su historia apareció con mayor claridad después de su muerte. Aunque públicamente era identificada con una profunda espiritualidad, sus escritos y testimonios revelaron que durante largos períodos experimentó una intensa sensación de silencio y distancia de Dios.
La propia tradición de la Iglesia describió esa experiencia como una “oscuridad” interior. Lejos de abandonar su trabajo, Teresa continuó desarrollando su misión mientras atravesaba aquella crisis espiritual.
Este contraste entre una figura pública asociada con la fe y una vida interior marcada por dudas y sufrimiento contribuyó posteriormente a una comprensión más compleja de su personalidad.
Sus últimos años y la canonización
Teresa continuó trabajando pese al deterioro de su salud. Murió en Calcuta el 5 de septiembre de 1997, a los 87 años. El Gobierno de la India le concedió un funeral de Estado y su tumba se convirtió posteriormente en un lugar de peregrinación para personas de diferentes procedencias y creencias.
El proceso de canonización comenzó poco después de su muerte. En 2003, el papa Juan Pablo II la beatificó y, finalmente, el 4 de septiembre de 2016, el papa Francisco la canonizó en Roma como Santa Teresa de Calcuta.
Hoy, cada 5 de septiembre, la Iglesia Católica recuerda a Teresa de Calcuta, precisamente en la fecha de su fallecimiento. Su historia continúa siendo utilizada como referencia internacional de servicio a los pobres y de compromiso con personas que viven en condiciones de extrema vulnerabilidad.
La historia de Teresa de Calcuta comenzó con una joven que abandonó su hogar para convertirse en misionera, pero adquirió una dimensión mundial después de aquella experiencia espiritual ocurrida en un tren. Desde entonces, su vida dejó de estar concentrada en las aulas y pasó a las calles de Calcuta. Décadas después, aquella decisión personal había dado origen a una organización presente en numerosos países y había convertido su nombre en uno de los símbolos más reconocibles de la solidaridad del siglo XX.
Foto: Archivo / Infobae
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