
El 27 de marzo de 1525, Wolfgang Reissenbusch ejercía como preceptor en el monasterio de San Antonio. Esto significaba que el señor Reissenbusch había hecho voto de soltería y celibato. Así fue, hasta que la Reforma le proporcionó una nueva perspectiva, una justificación diferente (para casarse). ¿Qué debía hacer? Escribir al apasionado soltero Martín Lutero, por supuesto.
Lutero le respondió:
Se dice que se necesita un hombre valiente para atreverse a tomar esposa. Lo que usted necesita, por encima de todo, es que le animen, le amonesten, le insten, le inciten y le den valentía. ¿Por qué debería demorarse, mi querido y reverendo señor, y seguir sopesando el asunto en su mente? Debe, debería y sucederá en cualquier caso. Deje de pensar en ello y póngase manos a la obra con alegría. Su cuerpo lo exige. Dios lo quiere y le impulsa a ello (Luther: Letters of Spiritual Counsel [Lutero: Cartas de consejo espiritual], p. 274).
Un mes después, el 26 de abril, Reissenbusch se casó con Anna Herzog, hija de la viuda de un sastre pobre. Menos de dos meses después, el 13 de junio, Martín Lutero siguió su propio consejo y se casó con Catalina von Bora. El consejo benefició tanto a Reissenbusch como al propio Lutero, y podría beneficiar también a los solteros indecisos de hoy. Oro para que sea el pequeño empujón que saque de su indecisión, de una vez por todas, a algunos de ustedes que deberían haberse casado.
Pónganse manos a la obra con alegría
Hombres solteros, los bancos de la iglesia se llenan de mujeres piadosas que salen de sus veinte años, pasan por sus treinta y entran en sus cuarenta sin haberse casado. No son pocas las que son auténticas joyas: las Abigail, las Rut, las Priscila y las María. Les encantaría formar un hogar, tener tantos hijos como el Señor les permita, unirse a un hombre de Dios en su misión, pero, lamentablemente, no pueden buscarlo por sí mismas. Algunas se habrían casado de no ser por la inmadurez, el miedo o el egoísmo de algunos varones.
Hermanos, no me interesa menospreciarlos. El mundo lleva ya algún tiempo disfrutando retorcidamente de eso. Pero seamos sinceros: ¿Qué están haciendo algunos de ustedes? Dar largas, retrasar, perder el tiempo, postergar, divertirse, trasnochar, comer comida rápida, ser niños.
El consejo de Lutero es que seas valiente, que dejes solo de pensar en esto, que conozcas la voluntad de Dios para ti y que te pongas manos a la obra con alegría
Siempre padrinos de boda, nunca el novio. Barcos atracados en el muelle, quizá por pensar demasiado, quizá por pereza, quizá por pecado. Las excusas son muchas, pero solo algunas son válidas. Para algunos, la edad adulta parece un destino poco deseable. Así que te conformas, te sientas en la banca, te quedas en la parte menos profunda, juegas al boliche con las barreras levantadas. Quiero algo mejor para ti.
El consejo de Lutero es que seas valiente, que solo dejes de pensar en esto, que conozcas la voluntad de Dios para ti y que te pongas manos a la obra con alegría.
Sé valiente
Se dice que hace falta ser valiente para atreverse a casarse. Lo que necesitas por encima de todo, entonces, es que te animen, te amonesten, te insten, te inciten y te hagan valiente.
Solo había pasado unas pocas horas en persona con (la que ahora es) mi esposa en una conferencia antes de gastarme el poco dinero que tenía en un boleto a un país que no podía señalar en un mapa. Me senté en un asiento diminuto durante un vuelo de trece horas hacia el Medio Oriente para encontrarme con ella en el campo misionero junto a su gente.
«Hermano, ¿vas a cruzar el mundo para encontrarte con una chica que acabas de conocer para ser interrogado por ella y toda su comunidad?». Un amigo se quedó atónito con la historia. Esto no era propio de mí, hasta que lo fue.
¿Qué me dio confianza?
Ella. La conocía lo suficiente como para saber que, si alguna vez me casaba, sería con una mujer como ella. Esta latina de Nueva Inglaterra irradiaba el fuego del evangelio. Tenía una misión. Vi a las mujeres a las que había guiado brillar en su presencia. Cualquier hombre que se atreva a conquistar a una mujer así más vale que se dedique al Señor y a Su obra. No estaba seguro de ser ese hombre, pero estaba dispuesto a subirme a un avión para averiguarlo.
Comunidad. Mis amigos no solían ponerse de acuerdo en casi nada. Pero, milagrosamente, en esto todos coincidían: debía conocer a esa mujer. Al principio intenté escabullirme, todo me parecía poco práctico, una pérdida de tiempo. Pero todos coincidían, con una extraña seguridad, en que debía dejar que el Señor cerrara la puerta.
El matrimonio es claramente el próximo destino hacia el que Dios quiere que viajen la mayoría de los hombres solteros
Confiar en la palabra de Dios. No tenía por qué preguntármelo: Dios me dijo en Su palabra que una esposa que le teme es una corona, una ayudante, un regalo, un lirio, una gloria, una mujer digna de alabanza. No necesitaba escudriñar las estrellas para discernir la mente del Todopoderoso. Él me enseñó qué buscar. Si Él tenía una esposa así para mí, yo sería el elegido de los elegidos.
Hombres, se necesita audacia para aventurarse a tomar una esposa. Necesitarás una buena mujer a quien cortejar, buenos hombres a tu alrededor y las Escrituras de Dios para envalentonarte, amonestarte, incitarte y fortalecer tu valentía para dejar a tu padre y a tu madre y unirte a una esposa.
Dios lo quiere, el cuerpo lo desea
El matrimonio es claramente el próximo destino hacia el que Dios quiere que viajen la mayoría de los hombres solteros. Pablo da por sentado el matrimonio y la paternidad como algo tan natural para los hombres que supone que la mayoría de los ancianos (esos ejemplos paradigmáticos de masculinidad piadosa en la iglesia) tendrán ambas cosas.
Es cierto que unos pocos tendrán el don de 1 Corintios 7, serán lo que Jesús llama «eunucos por causa del reino de los cielos» (Mt 19:12), pero esto es relativamente raro. Por consiguiente, Lutero escribe a Reissenbusch, definiendo el matrimonio como la norma: «Ahora bien, la castidad no está en nuestro poder, tan poco como lo están las demás maravillas y gracias de Dios. Pero todos estamos hechos para el matrimonio, como lo demuestran nuestros cuerpos y como afirman las Escrituras en Génesis 2: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada”» (Luther: Letters of Spiritual Counsel, p. 273).
La naturaleza nos enseña bien esta lección: nuestros cuerpos masculinos desean el matrimonio. Lutero sabía lo que era estar «revestido de ardiente juventud», como lo llama Agustín. «Por lo tanto», continúa Lutero, «quien quiera vivir solo se embarca en una tarea imposible y se propone ir en contra de la Palabra de Dios y de la naturaleza que Dios le ha dado y preserva en él. El resultado está en sintonía con el intento; tales personas se deleitan en la fornicación y en toda clase de impureza de la carne hasta que se ahogan en sus propios vicios y son llevadas a la desesperación» (p. 273).
Innumerables hombres que no se toman en serio el matrimonio se ahogan en la pornografía y, como resultado, son llevados a la desesperación. Sin embargo, estos mismos hombres no logran establecer la conexión vital entre la pureza y las propuestas de matrimonio. Ahora bien, el matrimonio no es la única estaca de madera con la que se puede apuñalar en el corazón la lujuria vampírica, pero sin duda es un arma santa para aquellos que arden en pasión (1 Co 7:9).
Incluso aquellos que han obtenido la victoria conectan los puntos de forma torpe. He aconsejado: Has cortado el acceso a sitios web, muy bien. Tienes rendición de cuentas y estás renovando tu mente en la Palabra de Dios, maravilloso. ¿Ayuno? Precioso. ¿Matar al dragón para «ver a Dios»? Gloria a Su nombre. Pero déjame preguntarte también: ¿qué pasos has dado hacia el matrimonio?
Hermanos, despierten a la gloria desbordante del matrimonio. Despierten a la gloria de una esposa
Nueve de cada diez veces, aquellos que se toman en serio la lucha contra la lujuria, pero no se esfuerzan por buscar el matrimonio, no se toman tan en serio su lujuria como deberían. Me desconcierta que tantos imaginen ganar la guerra contra sus deseos con un ayuno interminable. Se sientan y miran fijamente el fruto del árbol del que Dios ha dicho: «el día que de él comas, ciertamente morirás», y se dicen a sí mismos: ¡no, no, no! ¡Bien! Sin embargo, han nacido para comer fruto. Su deseo incesante grita que no tienen el don del celibato. Sin embargo, están a unos pocos riesgos gloriosos de distancia de ese pacto bendito que cambia el no, no, no por un ¡sí, sí, sí!
Lutero de nuevo:
No intentemos volar más alto y ser mejores que Abraham, David, Isaías, Pedro… y todos los patriarcas, profetas y apóstoles, así como muchos santos mártires y obispos, todos los cuales sabían que habían sido creados por Dios como hombres, no se avergonzaban de ser y de que se les considerara hombres, se comportaban de acuerdo con eso y no permanecían solos. Quien se avergüenza del matrimonio también se avergüenza de ser hombre o de que se le considere hombre, o bien piensa que puede hacerse mejor de lo que Dios le hizo (p. 275).
Hombres, no traten de ser mejores de lo que Dios los hizo. La guerra ya es bastante dura; no luchen a medias. Sí a una vida libre de pornografía; no a una vida sin esposa.
Ve por la chica
Hermanos, en lo que respecta a buscar esposa, algunos de ustedes «siempre están aprendiendo, pero nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad» (2 Ti 3:7). Ya has oído exhortaciones como esta antes, pero nada ha cambiado. Basta. Da el siguiente paso. Para algunos, eso significa tomarse aún más en serio la santidad para acabar con la lujuria. Para otros, eso significa conseguir un trabajo. Para otros, significa orar y ayunar por una esposa. Para otros, significa dejar de limitarse a pensar en esto e ir a hablar con la chica de la iglesia. Para otros, significa pedirle por fin al padre de la chica de la iglesia su bendición para casarse con su hija.
Hermanos, despierten a la gloria desbordante del matrimonio. Despierten a la gloria de una esposa. Dejen de limitarse a pensar en esto y pónganse manos a la obra con alegría.
Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Greg Morse
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/hombres-postergan-matrimonio/
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