
Los gatos pueden detectar cuando una persona está llorando y modificar su comportamiento, pero la ciencia todavía no permite afirmar que comprendan la tristeza humana de la misma manera que una persona. Lo que sí está respaldado por investigaciones sobre cognición y comportamiento felino es que estos animales son capaces de reconocer cambios en la voz, los gestos, la postura, los olores y las rutinas de quienes conviven con ellos. Cuando esas señales se modifican, algunos gatos buscan acercarse, mientras otros prefieren mantenerse a distancia.
El llanto representa para un gato una alteración evidente de su entorno habitual. Los sollozos cambian el volumen y el ritmo de la voz, mientras que la postura corporal, la respiración y los movimientos también pueden ser diferentes. Para un animal especialmente atento a los patrones de su ambiente, esas variaciones pueden resultar suficientes para generar una respuesta.
La investigación en cognición animal aporta otro elemento interesante. Un estudio publicado en Animal Cognition en 2016 encontró que los gatos podían diferenciar determinadas expresiones emocionales humanas en condiciones experimentales. Los animales mostraron comportamientos diferentes ante expresiones asociadas con estados positivos o negativos, especialmente cuando la persona era su cuidador. Esto demuestra capacidad de discriminación y aprendizaje social, pero no demuestra que los gatos comprendan las emociones humanas con el mismo significado que nosotros les damos.
El oído es uno de los principales mecanismos que podrían explicar estas reacciones. Un gato acostumbrado a escuchar la voz de su dueño puede reconocer fácilmente cuando el tono, el volumen o el ritmo cambian de manera repentina. El llanto, por sus características, puede ser interpretado como una señal inusual dentro del ambiente doméstico.
También interviene el lenguaje corporal. Una persona que llora suele moverse de manera diferente, permanecer más quieta, adoptar otra postura y reducir su interacción habitual. Para un gato, acostumbrado a reconocer rutinas y pequeñas modificaciones en su entorno, esa transformación puede llamar inmediatamente su atención.
El olfato podría aportar otra pieza. Las situaciones de estrés pueden modificar determinados compuestos volátiles presentes en el organismo. Aunque no significa que el gato pueda identificar conscientemente que su dueño está triste, sí puede detectar cambios asociados a una situación diferente de la habitual y relacionarlos con determinados comportamientos.
Por eso algunos gatos reaccionan acercándose. Pueden sentarse al lado de la persona, frotarse contra sus piernas, subirse encima, ronronear o permanecer cerca durante varios minutos. Para quien está llorando, esas conductas pueden sentirse como una forma de consuelo.
Pero existe una diferencia importante entre acompañar y comprender.
Que un gato se acerque cuando su dueño llora no significa necesariamente que piense: “mi dueño está triste y necesita consuelo”. También puede estar respondiendo a un cambio de comportamiento que reconoce como inusual, buscando recuperar una situación familiar o repitiendo una conducta que anteriormente recibió una respuesta positiva.
El ronroneo tampoco debe interpretarse automáticamente como una muestra de tranquilidad o afecto. Los gatos pueden ronronear cuando están relajados, pero también en situaciones de tensión o como mecanismo de autoapaciguamiento. Por eso, un mismo comportamiento puede tener significados diferentes dependiendo del contexto.
Otros gatos reaccionan exactamente al contrario: se esconden, se alejan o evitan el contacto. Eso tampoco significa que sean indiferentes. Para algunos felinos, una persona que llora, habla con una voz diferente o realiza movimientos inesperados representa una situación imprevisible y la respuesta natural puede ser aumentar la distancia.
La personalidad del animal también influye. Hay gatos especialmente sociables que buscan constantemente el contacto con sus dueños, mientras otros prefieren espacios propios y reaccionan ante cualquier alteración alejándose.
La edad, las experiencias anteriores y el vínculo establecido con la persona también pueden modificar la respuesta. Un gato que conoce durante años las rutinas de una familia tiene muchas más referencias para detectar que algo cambió que un animal que acaba de llegar a una casa.
Entre las conductas que pueden aparecer cuando un gato percibe que su dueño está alterado se encuentran sentarse cerca, frotar la cabeza contra la persona, parpadear lentamente, amasar con las patas o simplemente permanecer en el mismo espacio sin buscar contacto físico. Estas señales pueden ser compatibles con afiliación, búsqueda de seguridad o regulación del ambiente.
También puede ocurrir que el animal intente interponerse, maúlle repetidamente o se mueva alrededor de la persona. En esos casos, no necesariamente está intentando “consolar” en sentido humano. Puede estar reaccionando al cambio de rutina o buscando comprender qué está ocurriendo en su entorno.
La mejor respuesta del dueño es respetar la iniciativa del animal. Si el gato se acerca, se puede aceptar el contacto sin forzarlo; si se aleja, conviene darle espacio. Hablar con una voz tranquila y moverse lentamente ayuda a evitar que la situación de tensión se transforme también en estrés para el animal.
No es recomendable sujetar o abrazar al gato para intentar recibir consuelo. Muchos felinos toleran el contacto cuando ellos pueden decidir cuándo acercarse y cuándo retirarse, pero pueden sentirse incómodos si son inmovilizados.
Existe además una señal que los dueños deberían observar con atención. Si los cambios de conducta aparecen de manera persistente y están acompañados por agresividad, falta de apetito, apatía, problemas para utilizar el arenero o aislamiento prolongado, puede existir un problema de estrés o incluso una cuestión médica que requiera evaluación veterinaria.
La relación entre humanos y gatos, por lo tanto, parece ser más compleja de lo que indica la idea popular de que estos animales simplemente “saben” cuándo estamos tristes. La evidencia científica apunta a una capacidad para reconocer señales emocionales y ambientales, aprender asociaciones y modificar su comportamiento en función de ellas.
Eso no significa que exista evidencia suficiente para afirmar que un gato comprende la causa del llanto, conoce la historia que provocó la tristeza o interpreta el estado emocional utilizando conceptos humanos.
Lo que sí parece claro es que un gato puede darse cuenta de que algo cambió en la persona con la que convive. Puede reconocer una voz diferente, una postura inusual, movimientos distintos, cambios en el olor y una ruptura de la rutina. Después responde según su personalidad, sus experiencias y el vínculo que mantiene con esa persona.
Por eso, cuando un gato se acerca mientras su dueño llora, no es necesario elegir entre dos extremos: afirmar que comprende exactamente nuestros sentimientos o decir que su comportamiento carece completamente de significado. La explicación más prudente es que el animal detecta señales asociadas con un cambio emocional y responde utilizando las conductas sociales que ha aprendido.
Y aunque la ciencia todavía no pueda llamar a eso “empatía” en el sentido humano, para muchas personas el resultado tiene un significado igualmente importante: cuando todo parece haber cambiado, su gato simplemente decide quedarse cerca.
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