
El presidente de la Alianza Evangélica Latina (AEL), pastor Juan Cruz Cellammare, llamó a los líderes evangélicos de la región a participar activamente en espacios de cooperación interreligiosa para abordar problemáticas sociales y defender causas comunes, pero marcó una clara diferencia entre trabajar junto a otras confesiones y establecer una unidad doctrinal.
Durante su discurso durante el Simposio Internacional de Libertad Religiosa, llevada a cabo en Lima (Perú), ante representantes de las Alianzas y Confraternidades Evangélicas de América Latina, Cellammare desarrolló el concepto de “unidad en la diversidad”, como una propuesta para fortalecer la presencia de las comunidades evangélicas en el ámbito público sin comprometer sus principios de fe.
El pastor reconoció que dentro del mundo evangélico existe cautela frente a expresiones como “diálogo interreligioso” y “ecumenismo”, debido a experiencias que, según señaló, han generado preocupación por un eventual relativismo doctrinal o una pérdida de identidad.
En ese contexto, estableció como principal premisa que cooperar con otras comunidades religiosas no significa compartir sus doctrinas. A su criterio, es posible trabajar conjuntamente en iniciativas de beneficio social sin que esto implique equiparar las distintas confesiones en materia de fe.
“Cooperar no es lo mismo que unirse doctrinalmente”, sostuvo Cellammare, al remarcar que la participación de los evangélicos en espacios de diálogo no supone renunciar a sus convicciones religiosas.
COOPERACIÓN EN CAUSAS SOCIALES
El presidente de la AEL señaló que existen diversos ámbitos en los que considera legítimo y estratégico trabajar junto a otras comunidades religiosas, especialmente cuando se trata de problemáticas que afectan al conjunto de la sociedad.
Entre las áreas mencionadas se encuentran la defensa de la libertad religiosa y de culto, la asistencia humanitaria y social, la atención a personas afectadas por catástrofes, pobreza, hambre o migración forzada, así como la defensa de la vida y la familia.
También incluyó entre las causas de cooperación la protección de niños y adolescentes, la lucha contra la trata de personas y la explotación, la prevención de las adicciones y el narcotráfico, además de iniciativas relacionadas con la paz, la reconciliación y la reducción de la violencia.
A esta agenda sumó la promoción de la educación y los valores cívicos, la participación ante organismos legislativos y gubernamentales en defensa de la libertad de conciencia y el cuidado del medio ambiente, especialmente frente a situaciones que afectan a sectores vulnerables.
Según Cellammare, estos espacios permiten que distintas comunidades religiosas puedan sumar esfuerzos frente a desafíos sociales que trascienden las diferencias de credo.
“UNIDAD DE SERVICIO”, NO UNIDAD RELIGIOSA
El dirigente evangélico insistió en que la propuesta de la AEL no apunta a construir una unidad religiosa o doctrinal entre las distintas confesiones. “La unidad en la diversidad que esta Alianza promueve no es una unidad religiosa: es una unidad de servicio”, expresó.
En ese sentido, sostuvo que la cooperación debe estar enfocada en objetivos concretos de beneficio para las sociedades latinoamericanas, mientras cada comunidad mantiene sus propias convicciones religiosas.
Cellammare puso como ejemplo la posibilidad de que representantes evangélicos compartan espacios con sacerdotes católicos, rabinos, líderes musulmanes u otros referentes religiosos para defender conjuntamente la libertad religiosa y otros derechos, sin que ello implique considerar equivalentes sus respectivas doctrinas.
UNA PRESENCIA ACTIVA EN EL ESPACIO PÚBLICO
El presidente de la AEL también reivindicó el peso de la comunidad evangélica en América Latina y su capacidad para participar en debates públicos y en la construcción de respuestas frente a los principales desafíos sociales de la región.
Durante su intervención, mencionó que la Alianza Evangélica Mundial (AEM/WEA) reúne alianzas regionales y nacionales en distintos países y representa, según los datos citados en su discurso, a unos 600 millones de evangélicos en el mundo.
Asimismo, destacó que la Alianza Evangélica Latina reúne a 22 alianzas y confraternidades nacionales del continente, desde México hasta la Patagonia, y constituye un espacio de representación de la comunidad evangélica latinoamericana ante la Alianza Evangélica Mundial.
LLAMADO A PARTICIPAR SIN RENUNCIAR A LA IDENTIDAD
Al cerrar su mensaje, Cellammare instó a los líderes evangélicos a no temer a la cooperación con otros sectores religiosos y sociales, pero a mantener clara la diferencia entre cooperación cívica y unidad doctrinal.
Su planteamiento apunta a una participación más activa de las iglesias evangélicas en la esfera pública, particularmente en asuntos como libertad religiosa, asistencia social, protección de la niñez, familia, lucha contra la trata y las adicciones, educación, paz social y medio ambiente.
El mensaje final fue, por tanto, una invitación a servir junto a otros en aquellas causas consideradas comunes, manteniendo al mismo tiempo la identidad y las convicciones propias de la fe evangélica.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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