
Asunción, Paraguay
La fisonomía cristiana de Paraguay ha experimentado una transformación profunda y sostenida en las últimas décadas. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que la comunidad evangélica pasó de representar el 6,2% de la población en el año 2002 a consolidarse en un 9,2% en las mediciones recientes. Este crecimiento no solo se traduce en números, sino en una diversificación institucional notable. Hoy en día coexistieron en el territorio nacional denominaciones históricas bien arraigadas —como los menonitas, bautistas, metodistas y presbiterianos— junto con un tejido dinámico y expansivo de comunidades pentecostales y neopentecostales en zonas urbanas y rurales.
Sin embargo, detrás de las grandes cifras y de los templos multitudinarios de las capitales existe una realidad mucho más íntima y desafiante. La inmensa mayoría del mapa eclesial paraguayo está compuesto por iglesias pequeñas, integradas por comunidades de muy escasos recursos económicos y que rara vez superan los 100 miembros por congregación. En este contexto emerge la figura del pastor bivocacional: hombres y mujeres que dividen su tiempo, sus fuerzas y su intelecto entre el llamado sagrado del altar y la necesidad secular del sustento diario.
El doble esfuerzo: Fe y trabajo secular
En cientos de barrios periféricos y compañías del interior de Paraguay, el pastor no vive de la iglesia; por el contrario, sostiene a la iglesia con su propio esfuerzo laboral. Es común encontrar líderes espirituales que durante la semana se desempeñan como carpinteros, constructores, electricistas, vendedores o comerciantes locales.
Esta doble vocación, si bien representa un testimonio de entrega y servicio sacrificial, somete a los pastores a una carga extrema. El desgaste físico de cumplir jornadas laborales seculares se suma a la demandante responsabilidad pastoral: aconsejar a los quebrantados, visitar enfermos, preparar sermones y administrar comunidades vulnerables que carecen de una estructura profesional de apoyo.
El vacío teológico y la respuesta académica adaptada
Uno de los efectos colaterales de este crecimiento acelerado y de la naturaleza humilde de las congregaciones es la falta de formación académica previa. Gran parte de estos pastores bivocacionales asumieron el liderazgo por un llamado interno y el reconocimiento de su comunidad, pero nunca tuvieron la oportunidad de cursar estudios teológicos formales. Las extensas exigencias de los seminarios tradicionales resultan incompatibles con sus horarios de trabajo y sus presupuestos limitados.
Frente a esta carencia, el ecosistema evangélico paraguayo ha tenido que innovar. Se han multiplicado diversos programas de capacitación flexible que operan una o dos veces por semana, adaptados a la realidad del obrero. El gran desafío actual en Paraguay no es solo transmitir doctrina, sino equipar a estos líderes con herramientas de liderazgo cristiano integral. Un pastor al frente de una comunidad pequeña necesita competencias diversas: desde la correcta hermenéutica y predicación del texto bíblico, pasando por la organización institucional y la economía básica, hasta la comunicación estratégica y la gestión social comunitaria.
APEP: Red de contención, unidad y equipamiento
En este complejo escenario, la Asociación de Pastores Evangélicos del Paraguay (APEP) cumple un rol de infraestructura social y espiritual de primer orden. En un trabajo coordinado junto a la Asociación de Iglesias Evangélicas del Paraguay (ASIEP), la APEP funciona como el punto de encuentro y unidad para miles de ministros esparcidos por la geografía nacional.
La labor de la APEP se enfoca en descentralizar el apoyo mediante filiales regionales y locales. La asociación organiza periódicamente:
Reuniones de confraternidad: Espacios esenciales para combatir el aislamiento pastoral y compartir cargas emocionales.
Capacitaciones intensivas: Talleres prácticos sobre aspectos legales, contables y de consejería familiar para complementar la falta de formación formal.
Campamentos y retiros: Encuentros destinados a la renovación espiritual y el descanso de líderes que rara vez gozan de vacaciones.
La realidad del pastorado bivocacional en Paraguay evidencia que la expansión evangélica en el corazón de América del Sur no se sostiene desde plataformas de opulencia, sino desde el esfuerzo diario y silencioso de trabajadores independientes. El fortalecimiento institucional, la educación accesible y el soporte corporativo que brindan entidades como la APEP son los pilares fundamentales para que estas pequeñas iglesias sigan cumpliendo su rol de contención social y desarrollo espiritual en los sectores más necesitados del país
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- Más información a: +595 981394111
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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