
De todos los sectores industriales que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea transformará en los próximos años, ninguno es tan complejo, tan políticamente sensible y tan estratégicamente determinante como el automotriz. El sector vehicular es el corazón de la integración productiva entre Argentina y Brasil dentro del Mercosur, el área donde el bloque ha logrado construir sus cadenas de valor más integradas y donde cualquier cambio en las condiciones de competencia tiene consecuencias que se extienden a decenas de industrias de partes, componentes, acero, aluminio, plásticos y electrónica. La nueva dinámica comercial establecida por el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea altera profundamente la competitividad de diversos sectores de la economía sudamericana. Al conectar el Mercosur a un mercado de alto poder adquisitivo, el tratado genera oportunidades distintas para el campo y para la ciudad, equilibrando el aumento de las exportaciones agrícolas con la posibilidad de reindustrialización por medio de tecnología accesible. Para el sector automotriz, el acuerdo prevé la reducción progresiva de los aranceles sobre vehículos europeos, que actualmente alcanzan el 35% en Brasil y Argentina.
La reducción del 35% al 0% sobre los vehículos europeos no ocurrirá de un día para el otro: el acuerdo establece un período de desgravación gradual de entre diez y quince años para los vehículos de combustión interna, con un período más corto para los vehículos eléctricos e híbridos que ya bajaron sus aranceles desde el primer día. Esta gradualidad fue negociada específicamente para dar tiempo a la industria automotriz del Mercosur —que emplea directamente a más de 400.000 personas en Brasil y Argentina— para adaptarse a la mayor competencia europea antes de que la apertura sea total. Sin esa gradualidad, la apertura inmediata habría generado un shock competitivo que la industria regional no estaba en condiciones de absorber sin pérdidas masivas de empleo y de capacidad instalada. La ANFAVEA, la asociación de fabricantes de vehículos del Brasil, negoció intensamente para asegurar ese período de transición, y sus dirigentes lo reconocen como el aspecto del acuerdo que más protege la viabilidad de corto plazo de la industria mientras esta se prepara para el escenario de competencia abierta del futuro.
La industria automotriz del Mercosur tiene un perfil competitivo peculiar que el acuerdo con Europa va a poner a prueba de maneras inéditas. El sector produce principalmente vehículos de gama media-baja orientados al mercado doméstico y a la exportación regional dentro del bloque, con tecnología que en muchos casos está dos o tres generaciones por detrás de la que los fabricantes europeos ofrecen en sus mercados domésticos. Volkswagen, Fiat, Renault, Stellantis y otros fabricantes europeos que tienen plantas en Brasil y Argentina producen versiones adaptadas de sus modelos para el mercado local, pero con equipamiento y tecnología más básicos que los que ofrecen en Europa. El acuerdo puede incentivar a esos mismos fabricantes a traer versiones más actualizadas y tecnológicamente avanzadas de sus modelos al mercado latinoamericano, ya que la competencia con las importaciones europeas directas los obligará a elevar el estándar de sus productos locales para no perder mercado.
Lo que está verdaderamente en juego en el sector automotriz del Mercosur no es solo la supervivencia de las plantas industriales existentes: es la oportunidad —o el riesgo— de convertir la transición hacia los vehículos eléctricos en un salto cualitativo para la industria regional. El Mercosur tiene el litio que las baterías eléctricas necesitan, tiene la energía renovable que la carga eléctrica requiere y tiene el capital humano para desarrollar industrias de alto valor agregado en este sector si las políticas industriales son las correctas. La pregunta que el acuerdo con Europa fuerza a responder es si la industria automotriz del bloque aprovechará la transición eléctrica para modernizarse y competir, o si quedará rezagada como ensambladora de tecnología importada en un sector donde los países que lideren la producción de baterías y motores eléctricos tendrán la ventaja competitiva del siglo XXI.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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