
En nuestra América, desde la Patagonia hasta la fría Canadá no hemos sido muy proclives a defender el rico patrimonio ambiental que nos legó la naturaleza, ejemplos de dicha lamentable situación sobran. El hombre, a lo largo de su relativamente corta historia en la variopinta superficie de nuestro planeta ha sido un brutal e “inhumano” depredador y ha sido responsable de la extinción de muchas especies animales y vegetales en esta era, denominada por nosotros mismos el Antropoceno.
En este artículo no vamos a rasgarnos las vestiduras, tampoco hablaremos de la resucitación de algunas especies mediante complicados procesos de ingeniería genética, tampoco hablaremos de los esfuerzos que se hacen para salvar y mantener a las especies que quedan todas ellas con un papel trascendental dentro del delicado entramado del equilibrio natural.
Vamos a hablar de una de las especies depredadoras más importantes de Sur américa, una que, al lado del Puma, exitoso animal que se extiende por los tres subcontinentes de nuestra América. Hablaremos del Jaguar (Panthera onca centrales) cuya distribución, aunque se considera que es posible hallarlo desde el sur de México, toda Centroamérica y buena parte de Sudamérica, a decir verdad, se limita prácticamente a las cada vez menores zonas selváticas y boscosas de la Amazonía en Sur América.
Colombia se encuentra de lleno en esa zona donde todavía es posible hallar con alguna frecuencia a este majestuoso depredador, pero también donde los pocos ejemplares restantes requieren de acciones decididas, por parte de los gobiernos, para su protección.
El jaguar es, sin lugar a dudas, el felino más grande de América y uno de los más grandes del mundo, su presencia en la naturaleza es fundamental como especie reguladora de las poblaciones de herbívoros y ahí, precisamente, radica su encontronazo con el ser humano.
Sus dominios, tal como ocurre en el mundo con otras importantes especies de depredadores, se han visto menguados y fragmentados, producto de la terrible y continua deforestación, la transformación de selvas frondosas en sabanas aptas para el pastoreo o para el desarrollo de labores agrícolas o incluso mineras.
Este bello felino es víctima también de la caza furtiva, pues hay comercio ilegal de su piel, sus huesos y colmillos, utilizados en la elaboración de adornos, prendas y remedios utilizados en la medicina “natural”. Pero, aparte de lo anterior, es también víctima de ganaderos que pretenden salvaguardar sus ganaderías.
En estos tiempos de cambios climático son muchos los eventos que pueden afectar la supervivencia del jaguar: Cambios en el régimen de lluvias, sequias e inundaciones
La desaparición del jaguar tendría un impacto devastador en los ecosistemas, desencadenando un aumento descontrolado de sus presas y alterando el equilibrio natural.
Respetado y temido por las comunidades precolombinas que elevaron su figura a la categoría de dioses lo que se ve plasmado en sus cerámicas, su orfebrería, sus pinturas y en sus leyendas.
Pero la extinción del jaguar no sólo afectaría negativamente al medioambiente, a la cultura, cosmovisión e identidad de los pueblos indígenas, también podría truncar procesos de ecoturismo, por tal motivo su conservación es un propósito fundamental que se puede lograr con diversas estrategias:
- Educación a las comunidades de pobladores de las regiones endémicas del jaguar
- Medidas de apoyo y recompensa a los pobladores por su compromiso ambiental en la protección de las especies naturales
- Aprobación y aplicación de legislaciones más fuertes que no sólo protejan al jaguar, a las especies que depredan, sino también a la selva y que sancionen duramente la caza furtiva y el comercio de partes del jaguar
- Creación y protección de áreas refugio.
- Apoyo a programas de investigación que nos permitan conocer más acerca del jaguar, su entorno, las amenazas que enfrenta.
- Concitar esfuerzos y apoyos de índole internacional
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

